Mujeres inmigrantes, parias de nuestro mercado de trabajo

En una semana marcada por el exilio y las pensiones, no viene mal recordar a un colectivo que va a cumplir cerca de dos décadas de importante participación en nuestro mercado de trabajo: las mujeres inmigrantes. En particular, analizar cuál es su situación laboral actual en un país con un mercado de trabajo bulímico y damnificado por la precariedad.

La mejora de la productividad y la inmigración son las dos grandes esperanzas de aquellos que no ven necesaria una reforma sustancial del sistema de pensiones para garantizar su sostenibilidad. La llegada de esta nueva inmigración masiva y su contribución al sistema dependerán, entre otros factores, de su empleo y también de la calidad del mismo.

Los inmigrantes pagaron caro el pato de la Gran Recesión (GR) y, como consecuencia, los saldos migratorios con el extranjero de personas de nacionalidad extranjera se tornaron en negativas al principio de esa crisis. Se tardó una década en recuperar los saldos migratorios anteriores a la GR. Sólo han transcurrido dos años desde entonces, y hemos de hacer frente a una nueva crisis. Es relevante, por lo tanto, analizar si los inmigrantes son de nuevo los paganos de esta nueva crisis y si se puede repetir la historia. En la GR, las principales víctimas fueron los hombres y los cambios en los saldos migratorios afectaron especialmente a la población extranjera masculina residente en España. Desde entonces, y contrariamente al período pre-GR, las mujeres tienen un mayor peso en la población con nacionalidad extranjera. El número de mujeres con nacionalidad (única) extranjera ya se sitúa al nivel de 2011, pero además también ha crecido de forma notable la población de aquellas con doble nacionalidad, española y extranjera.

Además de ser más numeroso, también se han producido notables cambios en la composición de este colectivo por país de origen. Si nos fijamos en las cinco nacionalidades con mayor peso en la actualidad entre las mujeres en edad laboral (un 45% de todas las mujeres con nacionalidad extranjera de 16 a 64 años), observamos que la población de mujeres con nacionalidad marroquí ha pasado a ser las más numerosos en la última década, superando a la población rumana que parece haberse estancada con el inicio de la GR. Por otro lado, las mujeres ecuatorianas se han reducido a la mitad desde entonces, y esta disminución se ha compensado por la creciente llegada de mujeres venezolanas, en especial en los últimos 3 años.Estos cambios no deberían ser neutrales para el mercado de trabajo debido, entre otros factores, al nivel educativo de las inmigrantes. Así, las inmigrantes marroquíes tienen la menor proporción de mujeres con educación superior (5-6%), al igual que las ecuatorianas (15-16%). Por el contrario, las mujeres venezolanas tienen una alta y creciente proporción de tituladas en estudios de nivel superior, cercana ya al 70%, unos 27 pp más que las mujeres con nacionalidad (única) española. Constituyen por lo tanto una buena referencia para estudiar si la educación superior es un factor de integración y mejora la situación de empleo de los inmigrantes (no UE).

El paro, el subempleo y los ERTE entre las mujeres inmigrantes: el impacto de la crisis del Covid-19

Empecemos analizando la evolución de indicadores de infrautilización del trabajo que introducimos en varias entradas de este blog (recientemente, aquí)

Aquí, mostramos que las tasas de paro (u3) llegaron hasta el 35.5% en el 3º trimestre de 2020 entre las mujeres de nacionalidad extranjera, aumentando unos 11 pp desde el 4º trimestre de 2019, por un 1.4 pp entre las mujeres de nacionalidad española.  En el caso de los varones, los extranjeros aumentaron en 5.1pp y los nacionales en 1.0 pp. El Estado de Alarma ha tenido por lo tanto un impacto considerable en la tasa de paro de las mujeres inmigrantes. Por otra parte, el indicador U6 que recoge, además del desempleo, las situaciones de subempleo y los inactivos que desean trabajar y están disponibles, alcanzó en el T3 2020 el 52% casi 15 pp más que la tasa de paro) entre las mujeres extranjeras y cerca de 17 pp más que las nacionales. Finalmente, las mujeres inmigrantes también se han beneficiado de los ERTE, en una proporción prácticamente idéntica a los varones y a las mujeres de nacionalidad (única) española. Así, en el T2 2020, las mujeres extranjeras llegaron a tener un U8 (que sumar las personas en ERTE a U6) del 68.7%, es decir, más de 2/3 de este colectivo que deseaba trabajar estuvo en una situación de infrautilización laboral, 20 pp más que las mujeres nativas.Pero existen importantes diferencias entre nacionalidades y nivel educativo. Así, las mujeres marroquíes de bajo nivel educativo (el 95% de las mismas, y recordemos que  es la nacionalidad con mayor peso actual) tuvieron en el último trimestre una tasa de paro del 68.3% y llegaron a un U8 del 80%. Así mismo, las venezolanas de menor nivel educativo (cuyo número creció recientemente de forma intensa) tuvieron una tasa de paro cercana al 52%, y un U8 del 65%! Pero incluso entre las mujeres con educación superior, las tasas de paro han sido muy elevadas, casi triplicando las de las nativas entre las venezolanas y las colombianas. El subempleo (diferencia entre U5 a U6) también es considerable entre las mujeres venezolanas.

Entre las mujeres de nivel educativo bajo, los indicadores u6 (paro, desánimo y subempleo) de las mujeres inmigrantes se igualan con la media de las nativas entre  las que llevan más de 20 años de residencia en España, mientras que para las de educación superior, si bien se reducen las diferencias con las nativas considerablemente con el paso de los años, no llegan a igualarse ni entre las que llevan más de 20 años de residencia.

La segregación ocupacional

No sólo existen muy importantes problemas de empleo y subempleo entre las mujeres inmigrantes, también de segregación ocupacional, en especial entre las marroquíes con bajo nivel educativo y entre las venezolanas con nivel educativo superior (la de mayor llegada en años recientes): sólo un 23.7% de las que trabajan (el 65% de las activas), lo hace en ocupaciones de técnicos y profesionales y un 53% en ocupaciones de administrativos o de servicios.

Conclusiones

Este ejercicio meramente descriptivo pretendía llamar la atención sobre varios hechos. En primer lugar, que las mujeres inmigrantes tienen un peso cada vez mayor entre un colectivo que algunos han considerado como potencial salvador de nuestro sistema de pensiones. Pero pasa el tiempo, y los problemas de empleo, subempleo y segregación que padece este colectivo no parecen presentar mejoras reales. La crisis del Covid-19 ha puesto de nuevo en evidencia que son el colectivo más vulnerable, el  pagano de las crisis, alcanzando indicadores de paro e infrautilización elevadísimos. También es el más precarizado en las fases expansivas.  Se deberá hacer un especial seguimiento al colectivo de mujeres venezolanas, el primer colectivo extenso de mujeres de origen extranjero (fuera de la UE)  con un nivel educativo promedio más elevado que el de las mujeres nativas. Su  llegada masiva reciente ha venido a compensar la salida de una parte importante de mujeres de otras nacionalidades, especialmente, las ecuatorianas. Sus altas tasas de paro y sobre todo su elevado nivel de segregación pueden deberse de momento al escaso tiempo que ha pasado desde el inicio de esta inmigración masiva. Sólo cabe esperar que no pasen veinte años para que se produzca un convergencia en empleo con las nativas, entre las  que permanezcan este tiempo en nuestro mercado de trabajo.

Hay 3 comentarios
  • Muchas gracias por el post. Trata un tema muy relevante y que resulta a menudo políticamente incorrecto. Aunque todos los seres humanos nacemos iguales, el efecto de la inmigración sobre la economía y, en concreto, sobre la financiación de las pensiones depende no linealmente de su volumen y de sus características (capital humano, procedencia, etc.). Decir que la inmigración, en general, puede salvar las pensiones tiene poco sentido .

  • Fría (gélida) y atinada disección la que el señor Felgueroso hace de un sector de la población fuera del alcance del “estado del bienestar” y del bienestar del estado. Un sector rebelde; escasamente votante, temeroso y acosado por las más crudas y diversas estrecheces.
    Las explicaciones, vocabulario y razonamientos económicos, en esta ocasión, requieren de complementos con un fuerte contenido Humanista y Piadoso; palabras, que en mi opinión, no desentonan en absoluto con el bisturí helado y afilado empleado en el análisis (fantástico) del Profesor de Vetusta.
    El famoso y empalagoso palabro “inclusividad” parece encajar como remedio (leve) a lo expuesto

  • Me alegro mucho de volver a encontrar al Profesor Felgueroso. Es lo bueno de volver.

    Una queja frecuente entre los trabajadores inmigrantes con los que trabajo es que muchos españoles en paro (unos cuatro millones hoy día) no quieren trabajar y ponen como ejemplo que de una u otra forma “ellos” siempre encuentran un quehacer remunerado por tener una mayor necesidad.

    Otra cosa que les sorprende es la cantidad de mecanismos teóricamente paliativos de situaciones de penuria que se convierten en estructurales y generan una fuente de renta que termina resultando en unas dimensiones ciclópeas del Free-Riding que algunas etnias han convertido en una forma de arte.

    Y otra cosa que comprenden pero que ven como negativo para su empleo es esa regla –demagógica, dicen– de establecer un sueldo mínimo que les impide entrar en el mercado de trabajo o les echa del mismo. Y más en un ciclo de pauperización largo como el que vivimos.

    Una de estas personas me dijo no hace mucho que “Ustedes parecen muy preocupados por el empleo pero en realidad sus leyes son una fábrica de parados”.

    Es decir, tenemos sobre la mesa los mismos problemas de hace 15 años pero agravados.

    Saludos y muchas gracias a D. Florentino por el artículo,.

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