El Plan contra la economía sumergida: ¿Es una buena idea?

de José Ignacio Conde-Ruiz y Florentino Felgueroso

Aunque se desconocen aún los detalles del plan del Gobierno para hacer aflorar la economía sumergida, la información aparecida en prensa indica que éste incluirá dos fases. La primera (“la zanahoria”) consistirá en un periodo de gracia durante el cual, tanto empresarios como trabajadores, podrán regularizar su situación. La segunda fase (“el palo”) consistiría en una campaña de persecución de los infractores y un endurecimiento de las sanciones. ¿Es ésta una buena idea?

La teoría

Un balance de los pros y contras teóricos de aumentar la represión contra el empleo irregular, nos indica que hemos de ser muy cautos con este tipo de estrategias:

  • La decisión de contratar trabajadores en condiciones irregulares se tomará cuando el ahorro de costes es mayor que la penalización por no pagar las cotizaciones a la Seguridad Social. Un aumento de la penalización o de la supervisión, afectaría a esta decisión doblemente: parte del empleo se tornaría en regular, pero al internalizar el aumento de las sanciones, también se reduciría el empleo, aumentando el paro. Además, si las empresas tienen plantillas mixtas, con trabajadores contratados de forma regular e irregular, y estos son complementarios, el aumento de la represión también afectaría negativamente a la decisión de contratación regular, perjudicando no sólo a los gastos públicos (más prestaciones), sino posiblemente también a los ingresos.
  •  El ahorro de costes no sólo se produce cuando no se pagan las cotizaciones, sino que usualmente está asociado con el no cumplimento de regulaciones laborales, en especial, los salarios y otras condiciones mínimas establecidas en los convenios colectivos y la legislación contractual (desde qué tipo de trabajador se puede contratar legalmente y cómo, hasta el coste de las indemnizaciones por despido). Es muy probable que las empresas tengan mayores dificultades para asumir estos costes en su inicio. Por ello, una mayor represión que reduzca las oportunidades de beneficios en la economía sumergida, afectaría a la creación de nuevas empresas. Pero además, la “ilegalidad” también se puede convertir en una trampa: una economía que se encuentre en un equilibrio de baja productividad, con pequeñas empresas que no tienen incentivos para crecer con tal de no tener que asumir mayores sanciones.
  • Al no cotizar, los trabajadores renuncian a derechos (prestaciones por desempleo, pensiones) y muy probablemente, aunque acepten un empleo irregular, continúan buscando un mejor empleo. Por ello, el modelo en el que nos hemos de fijar es uno en el que tanto parados como trabajadores irregulares siguen buscando empleo. Y en este caso, como bien muestran Boeri y Garibaldi , el empleo irregular y el desempleo pasan a ser en realidad dos caras de la misma moneda. Políticas que reduzcan el desempleo también reducirían endógenamente el empleo irregular, mientras que resulta muy difícil reducir el empleo irregular sin incrementar el desempleo. Un aumento en las sanciones, de forma paradoxal, aumentaría la proporción de empleos sumergidos al generar una menor disponibilidad de vacantes por persona que busque empleo y reducir así su probabilidad de encontrar un buen empleo. De ahí que la duración de los empleos irregulares se incremente, induciendo a que aumente su peso sobre el empleo total.

Un poco de evidencia

Para aportar evidencia sobre los efectos de una política del tipo que se esta barajando al estilo “zanahoria primero, palo después” como lucha contra el empleo irregular, podemos acudir a los procesos de regularización de inmigrantes que se han producido a lo largo de pasada década. Prácticamente todos siguieron el método de “la zanahoria y el palo”, sin embargo la del año 2005 fue la única que se hizo con suficiente control administrativo exigiendo la presentación de un contrato laboral para conseguir la normalización en el país.

En el Gráfico 1, se muestra el número de ocupados de nacionalidad extranjera según los datos de la EPA y según la afiliación en alta laboral en la Seguridad Social. La desviación entre ambas medidas se puede utilizar como una proxy del empleo irregular (véase aquí y aquí). Con la regularización del 2005, dicha desviación se redujo a niveles mínimos, recayendo una vez finalizado “el período de gracia” y la vuelta a la “represión”, para mantenerse en el 70%, cifra prácticamente inalterada con el inicio de la crisis.

¿Surgieron nuevas empresas?

 

El Gráfico 2 muestra dos tipos de información. En la parte izquierda aparecen las tasas de variación interanual del número de empresas (aquí, cuentas de cotización) que se dan de alta en la Seguridad Social, así como del número de empresas ya existentes que aumentaron su empleo. En la parte derecha, se han dibujado las tasas de variación interanual de las nuevas contrataciones (o emparejamientos entre trabajadores y empresas) por nacionalidad (española o de fuera de la UE-15) y antigüedad de la cuenta de cotización de la empresas (excluyendo las contrataciones realizadas vía ETT y las de las Administraciones Públicas).

Para el año 2005, se observan aumentos relativos muy sustanciales (en comparación con los dos años anteriores y posteriores) tanto en el número de empresas de nuevo registro en la Seguridad Social, como en el de empresas ya registradas que aumentaron su empleo. La vinculación entre estos hechos y el proceso de normalización se muestra en la parte derecha del gráfico: el número de nuevos emparejamientos “legales” entre trabajadores inmigrantes y nuevos centros de cotización aumento ese año un 120%, y los emparejamientos con centros ya registrados en la Seguridad Social lo hizo en un 80%. Es decir la regularización permitió que muchas empresas existentes se convirtieran en centros de cotización, pero también que aflorara empleo irregular de empresas ya existentes, es decir, con plantillas mixtas, de trabajadores legales e ilegales.

Conclusiones

La evidencia procedente de la última normalización masiva de trabajadores inmigrantes parece indicar que las políticas del tipo “zanahoria, primero, y palo, después” pueden tener efectos positivos tanto para la reducción del empleo irregular como para el nacimiento de empresas “legales” (es decir, empresas existentes que se convierten en nuevos centros de cotización). Sin embargo, aunque este tipo de políticas muestren los efectos benignos de una reducción en la penalización (mediante amnistía), cuando ésta es transitoria y vuelven a aumentar las medidas represivas también vuelve a crecer el empleo sumergido.

Por ello, una lección que podemos extraer de esta experiencia es que políticas basadas exclusivamente en reprimir la economía sumergida, no nos sacarán de la actual trampa fiscal (déficit público, pobres servicios públicos y un estado de bienestar raquítico en correspondencia con unos ingresos deficientes). Estas políticas tienen efectos ambiguos que se pueden tornar en perversos, aumentando aún más a la larga el empleo irregular y el desempleo. Para evitarlos seria conveniente acompañar las medidas anunciadas por el ejecutivo con otras dirigidas a generar una menor asfixia sobre las pequeñas empresas.

De poco servirá el Plan anunciado si no se acierta con una reforma decisiva de la negociación colectiva, sin una reforma laboral que consiga por fin un marco contractual más flexible, y sin una reforma real de las políticas activas, que mejore los procesos de emparejamiento y la productividad de los trabajadores que se encuentran en la trampa de paro y del empleo sumergido.

Hay 25 comentarios
  • ¿Y los beneficios en términos de competencia? Las empresas “irregulares o ilegales” ejercen una competencia desleal frente a las empresas estrictamente escrupulosas con la legalidad, pues su estructura de costes es manifiestamente menor. Asfixiando a los tramposos se puede aliviar a los honestos, ¿no? que, en consecuencia podrán crecer más y generar empleo.

  • El dinero, sea blanco o negro, siempre termina aflorando, y una parte importante del negro se blanquea mediante facturas ficticias (mejor nombrarlas así en cambio de falsas)
    Unas empresas necesitan blanquear para pagar a sus proveedores y otras ennegrecer para pagar a otros proveedores (mejor llamarlo así en cambio de corruptos). Luego está la droga, y eso si que es difícil de blanquear a menos que la banca y unas cuantas grandes empresas estén metidas en el ajo, empresas que precisan de otras más pequeñas para limpiar su casa.
    Qué hacemos entonces con el dinero de la droga, que es mucho y circula libremente.
    Pues lo llevamos a otro sitio o a un paraíso fiscal, en cambio de dejarlo en casa.
    Yo no quiero ser mal pensado, pero lo cierto es que ya no es negocio invertir en inmobiliaria, en terreno… y eso puede durar veinte años si no me equivoco. El dinero oscuro ha perdido las ganas de quedarse en España.
    Nuestro problema es que cada día queda menos dinero, España se vacía. Si sacamos el oscuro, aún se vaciará más. O igual nuestros gobernantes tienen una idea mejor para eso y no se atreven a contárnosla.

    Hace poco edité un tema sobre eso en mi blog, en particular sobre el dinero negro u oscuro, que es mejor llamarlo así. A bote pronto parece una novela de ficción, incluso una chiquillada por lo disparatado del asunto, pero mira… es lo que hay.

  • Estupendo análisis. Solo cabe corresponder con un pequeño comentario basado en una visión personal. No se dice explícitamente pero sí sugiere de manera bastante evidente que una reducción/adaptación de los costes que cargan al trabajo, Cotizaciones Sociales y de otras regulaciones laborales, especialmente en las empresas que no son muy grandes, reduciría la economía sumergida. Igualmente mayores beneficios ligados al trabajo legal incluidos los indirectos, como la nacionalidad, reducen la economía sumergida.

    Así, las empresas se “sumergen”, no sólo por el tipo impositivo sino por los cotes/beneficios administrativos, pero también diría yo en función de la competencia sumergida existente. Aspecto importante este último pues tiene efectos perversos sobre todas las empresas que operan en plena legalidad y con márgenes de beneficios reducidos que se vuelven inviables en condiciones de existencia de economía sumergida. También muchas iniciativas potencialmente beneficiosas no se desarrollarán por la competencia desleal de la economía sumergida.

    Como en muchas otras ocasiones, los mayores perjudicados de la economía sumergida son las empresas legales, los que pagan el absentismo son los trabajadores legales, los que se hacen cargo del fraude fiscal son los contribuyentes que aplauden en fraude de su vecino.

    Gracias

  • Buen artículo. Da pie para dejar nuestros sueños correr un poquito.

    Sin mucha materia invisible no se pueden explicar ni el Universo ni su expansión.

    Vivo, muy a mi pesar, en la economía visible y me muero de envidia hacia los seres libres de verdad, la sal de la tierra, los que reciclan la vida y le dan sentido. Los sumergidos son los auténticos creadores libres, los intrépidos que moran donde habita la materia oscura. La madre de todos los misterios, el seno vital donde el hastío muere y la ilusión renace.

    Nosotros, los esclavos legales con disonancia cognitiva, los que trabajamos de sol a sol para un amo que se lleva el 70% de los cash flows que por nuestras manos circulan, somos simplemente los molinos de la entropía. Carne de supernova.

    ¿Para esto atravesamos llenos de vida e ilusión la Puerta de Tannhäuser… en la oscuridad del crepúsculo al nacer nuestra galaxia?, ¿Para ser reciclados como carnaza fiscal mientras aquellos momentos de ensueño se pierden en el tiempo como lágrimas en la lluvia…?
    ¿Es, acaso, ya hora de morir?”

    ¿Para esto nacimos?
    ¿Para qué, entonces?

  • En el ámbito de la economía sumergida hay bastante hipocresía. En la defensa del ‘bien general’ se mantiene una situación que resulta claramente injusta.
    Se beneficia a los que incumplen mientras que a los que contribuyen se les presiona más y más. La idea es sencilla, que los que cumplen no dejen de hacerlo y que los que no lo hacían que empiecen a cumplir sólo si el efecto marginal que esto produce es positivo. En caso contrario, es mejor que sigan sin cumplir pues el bienestar neto global se reduciría. Impecable.
    Si se quisiera acabar con la economía sumergida bastaría con potenciar los sistemas electrónicos de pago y eliminar los billetes. Las transacciones de bajo valor en las que los costes podrían ser mayores podrían mantenerse con monedas o tarjetas monedero.
    ¿Por que no se hace? Porque no le interesa a los que tienen la capacidad de decidir.
    Una anécdota: cuando conseguí el grado de doctor decidí comprar una toga en una de las pocas tiendas especializadas que existen en Madrid. Los académicos somos unos clientes muy puntuales, utilizamos poco las togas con lo que nos duran mucho. Los clientes ‘de verdad’ son los juristas y, entre ellos los fiscales, jueces y magistrados.
    A la hora de pagar con tarjeta, era un buen pico, me dijeron que allí ‘eso’ no se trabajaba, que tenia que ser ‘cash’. A ninguno de los personajes que, año tras año, han pasado por esa tienda les importó que probablemente se estuviera evadiendo impuestos, si con ello les resultaba más baratos la adquisición de los signos externos de su alta posición.
    ¿Qué podemos esperar si los que deberían dar ejemplo se hacen cómplices de estas prácticas?

  • con el debido respeto, después de leer su post, me parece más una justificación de la economía sumergida que otra cosa. espero que hagan el mismo tipo de reflexión coste/ beneficio, incentivos,…. sobre el absentismo laboral, en lugar de plantearlo como un comportamiento tramposo y aprovechado
    para acabar con la economía sumergida hay que favorecer una negociación colectiva más descentralizada, en otras palabras, qeuel empresario tenga más poder para modificar las condiciones laborales? .
    para oquendo: el trabajador que acepta trabajar en la economia sumergida porque no tiene más remedio también es “creador libre”?…a veces pienso que estamos en planetas diferentes!

  • Para Albert y Fede.

    Hola, Albert & Fede. Un poquito de humor y otro poquito de reflexión. Dejemos de aceptar mantras que no resisten tres segundos de análisis ni una pregunta resabiada. Por lo menos mientras la juventud dure. Ya nos dará tiempo la vida para ser escépticos.

    Claro que hemos de pagar impuestos. Eso no lo discute nadie. ¿Pero cuánto? ¿Tiene nuestro tipo de estado límites?

    Es incuestionable que hemos perdido memoria histórica y que determinados asuntos se pasan muy por encima en nuestras universidades. En todas. Las de aquí y las de acullá.

    Repasen por favor la Teoría General…. Me parece que viene en los “concluding remarks”. Cuando John Maynard se pregunta qué sucedería si el estado se llevase el 25% de lo que produce la economía privada.
    Por aquel entonces no llegaba al 10 o al 12% y lo que él conocía era un estado imperial cuyos gastos los pagaban, by and large, sus clientes cautivos de ultramar.

    Este es el contexto en el cual se forjó lo esencial de la economía ortodoxa actual. Y desde entonces se ha corrido un tupido velo sobre el asunto mientras el Leviathan Hegeliano no ha dejado de crecer como un Saturno que engulle uno tras otro a los frutos de su propia estirpe. Hoy ni siquiera espera a que nazcan.

    Una fiscalidad como la actual en España que, sin apurar mucho, supera el 65 o 70% de lo que pagamos por cualquier producto privado, debiera mover a cualquier científico social a preguntarse si nos hemos vuelto locos y cuánto puede a durar tal sistema. ¿Qué concepto del ser humano tiene un sistema así? ¿El hormiguero?

    La gama de grises lleva tiempo en el azabache. Perdió la razón.

    Saludos

  • Manu,
    La dimensión del Estado -y por tanto de los impuestos- es una cuestión que puede y debe debatirse, pero no parece razonable que unos paguen impuestos y otros no.
    ¿O es justo -o incluso eficiente, desde el punto de vista económico- que los comerciantes de automóviles tengan que declarar sus ventas y los de paños -y togas- no?

  • para manu : lo que dice fede es cierto, hablamos de no pagar nada de impuestos .

    que yo sepa ni la presión fiscal española ni el gasto público español son los mayores de la ue, ni de lejos. si tú lo ves como un leviatán, pues bueno, es tu impresión, yo lo que veo que si todo el mundo contribuyese en la misma proporción tal vez ni tendríamos déficit y nuestro estado de bienestar estaría acorde a nuestra economía. cuando hay déficit puedes ver un exceso de gasto o una falta de ingresos.
    sobre la falta de debate, ¿las políticas de reducción de déficit público, centradas en la rebaja de pensiones y de los salarios del funcionario se han discutido?. el sistema fiscal español, en el que tributa mucho más el salario que el resto de rentas se ha discutido?. pues yo no me he enterado!

    otra cuestión es valorar lo qué se hace con nuestros impuestos, si se gastan bien o mal o de manera mejorable, pero sinceramente, plantear el estado como un ente que “engulle” nuestros frutos, sin más, me parece muy, muy parcial. tan radical como hablar de lucha de clases, o de plusvalía, por ejemplo, con la diferencia que este último discurso no tiene presencia mediática , y el primero, sí (vg este blog)

  • Totalmente de acuerdo con Manu:

    Creo que su planteamiento se basa claramente en dar una vuelta a lo que sucede actualmente: la carga impositiva brutal que soportan los asalariados.

    Siempre que creamos que “tiene que ser asi”, que este es el coste de nuestro bienestar… seremos uno más en la rueda, un peon… que no se plantea el destino de su trabajo…

    En el mundo anglosajon una máxima dice que las leyes son para proteger al individuo del estado y creo que cada dia más estamos desamparados ante un estado que promulga leyes contra el individuo para engordar su avidez de recursos, no para aumentar el estado de bienestar (bueno, “su estado de bienestar” quizá).

    Estamos ante estados mastodonticos que enguyen un 70% de lo que generamos sin saber donde está el sumidero.

    Seré sincero, cuantas veces yo, como asalariado, he pensado en la desgracia de no poder tener una profesión liberal para poder “desviar” parte de mis ingresos que como asalariado no puedo “desviar”.

    ¿Alguien de los que lee este blog ha pagado alguna vez sin IVA? Yo si y por desgracia poca cantidad.

    Por tanto, TODOS somos participes de este “negocio”.

    Tratemos la relacion ciudadano-Estado como una relacion cliente-proveedor, siempre que los estados no sean capaces de “vendernos” su producto, siempre que no vendan un producto-servicio apetecible, habrá una proporcion de gente dispuesta a trabajar en B y salirse de la rueda ya que otros no podemos elegir.

    Estoy seguro que en paises donde el fraude es menor que en España los ciudadanos (cliente) tienen un mejor concepto del estado (proveedor) y están dispuestos a pagar lo que cuesta este servicio.

    Estamos ante un tsunami que nos debe hacer replantearnos todo.

  • Ruben,

    Te hago la misma pregunta que a todos:
    ¿Has pagado alguna vez sin factura?
    Si la respuesta es afirmativa, tu tambien eres parte de la economia sumergida.

    Se puede ser mas respetuoso para dar tu opinion.

  • Parece que lo correcto desde un punto de vista personal es evadir impuestos en la medida de lo posible, dado que el Estado o no da los servicios adecuados para la contribución realizada o interfiereen demasía o incluso ‘vampiriza’ a la sociedad que, en teoría, debería servir.
    El primer argumento resulta difícil de rebatir sin recurrir al argumento -tenéis razón, bastante manido- de la solidaridad.
    Si el Estado, a través de sus ingresos y gastos, redistribuye la renta eso implica que unos recibirán más de lo que aportan porque -necesariamente- otros recibirán menos. En la medida en que los servicios son casi siempre iguales para todos y las aportaciones distintas siempre habrá gente que considere que lo que recibe por sus impuestos es poco.
    El segundo argumento me resulta incluso más difícil de rebatir pues estoy de acuerdo con él en buena medida. El Estado gasta mucho y mal, pero no por eso creo que esté justificado evadir impuestos.
    La defensa de que cada uno evada al fisco en la medida de sus posibilidades me recuerda las antiguas levas forzosas. Hasta hace no mucho tiempo, en algunos países el reclutamiento para el servicio militar -al fin una prestación personal y por lo tanto un impuesto- se hacía cercando un barrio, generalmente de mala nota, y llevándose a hacer la mili a todos los que no habían sido capaces de escapar. Así pasaba, había aficionados a los lupanares con tan mala suerte que se habían “reenganchado” al ejercito varias veces mientras que otras personas, más virtuosas, jamás sirvieron. ¿Es este el modelo al que pretendemos llegar? Ahora solo pagan los que se dedican a determinadas actividades, pero podríamos hacer que pagaran los que corren menos, los viejos y los cojos, por ejemplo 🙂

  • Mas vale sumergido que enterrado ¿ no ? del agua se puede salir pero de la tierra difícil. Podría sugerirse que se sumerga algún territorio español entero, con “frontera” y todo. Si puede ser cercano a un gran puerto.

    Lo declararíamos semiindependiente como Gibraltar o así pero lleno se fábricas “sumergidas” que no pagan impuestos apenas y con poca legislación…. Son las oportunidades del globalización y es lo que hay.

  • Estupendo post, que me mueve a reflexiones. Gracias. ¿ No será la economía sumergida un efecto de la baja productividad de la industria, que ni puede competir, ni cubrir costes, y por tanto como una puesta en explotación de la tierra marginal?. Sí perseguimos esa forma de ganarse el pan, más allá está el bosque de Sherwood, refugio para marginados y proscritos. Anda, que Ricardo siempre está presente.

  • carl: esa es tu percepción. si crees que el estado engulle nuestros recursos, sin más, pues mira, es una cuestión de criterio, de ideología.
    tu argumento suena a justificación de la economía sumergida, más aún que el post: como creo que el estado es una especie de ladrón ineficiente, no pago , o intento pagar menos. yo conozco a gente que no paga impuestos, o paga menos, y luego utiliza los servicios públicos (pudiendo elegir los privados)

    no es un problema la carga “brutal” (a partir de qué punto es brutal?) que sufren los asalariados, el problema es que sea desigual. evidentmente, si todos pagasemos , tal vez la presión sería menor, y el “proveedor” ofrecería mejores servicios.

    lo dicho: vivimos en otro planeta!!

  • Bueno, se ha abierto un debate interesante. Otro de los muchos que tenemos la fortuna de leer en este estupendo foro.
    Doy por sentado que la fiscalidad es la forma civilizada de contribuir a los fines de cualquier sociedad de seres humanos dispuestos a cooperar entre sí responsable y solidariamente. Añado que creo que esta responsabilidad me parece exigible legalmente, que nos dignifica como ciudadanos.
    Termino diciendo que debe tener un límite y que creo que ese límite ha sido sobrepasado hace mucho tiempo y que esto es uno de los factores que acentúan nuestro declive porque nos ha traido la ruina y el endeudamiento irreducible.

    El fondo del asunto es saber si existen límites al poder del estado y si éste debe cumplir algún criterio aparte de los formales para exhibir legitimidad moral. De no existir ésta, llegaríamos a la conclusión de que su legitimidad es la fuerza coercitiva y entonces todos comenzamos a hacer las cosas de muy mala gana y , en vez de cooperar voluntariamente, a no hacerlo.
    La cuestión no es banal y debiera ocupar un lugar importante en nuestro análisis económico porque está en nuestra naturaleza ser seres complejos, dotados de criterio moral independiente que nos permite juzgar las acciones del estado y reaccionar a favor o en contra de ellas.
    Ayer un colega, creo que DFC, hablaba de Hegel como conmilitón a sueldo de las multiformes concepciones estatistas que cubren la tierra y de repente sentí que Popper había vuelto a escribir los capítulos XI y XII de su “The Open Society and its Enemies”
    Para colmo estamos viendo que lo que hoy vivimos es en muy buena medida el resultado sistémico de un concepto de estado, un ente que hemos de facto sacralizado y que actúa sin límite en su poder y en su capacidad para evadir responsabilidades por sus actos.
    Estamos viendo las boqueadas de una forma de sociedad que ya no da más de sí y cuyos estertores deben ser gestionados porque pueden ser terribles hasta que definitivamente expire o termine con nosotros.
    ¿Quiere decir esto que debemos acabar con las cosas positivas? En absoluto. Se trata de hacerlas “sostenibles”. No de hacerlas a base de liquidar los ahorros de dos generaciones y endeudar hasta los ojos a las dos que nos siguen. Se trata de que la compra de votos con cargo a nuestro dinero tenga un límite y que el poder del estado sea también limitado. No han mostrado el equilibrio ni la competencia profesional necesaria para los aires divinos que se han dado.
    De no ser así ¿vale la pena esforzarse?
    Creo que no. No sería racional y tampoco moral.

  • Estimado Albert:

    Finalmente tendré que justificarme. Evidentemente que pago impuestos y te puedo asegurar que no defraudo nada, trabajo por cuenta ajena.

    Lo que he querido manifestar es que, desde el momento que el fontanero te hace en casa algo sin IVA, estamos entrando en el juego de la economia sumergida. Cada vez que un profesional liberal (abogado, empresario, arquitecto, pintor de brocha gorda…) mete una comida familiar en gastos de empresa, fraude. Y así hasta el infinito.

    Yo no quiero justificar la economía sumergida, solo quiero hacer ver que algunos de los que se rasgan las vestiduras con estos temas, no son conscientes (o no quieren serlo) de hasta que punto, todos lo fomentamos y promovemos. Solo se que existe y por alguna razón perdura.

    Una vez mas, la moral relativa nos hace criticar comportamientos que entre todos estamos sosteniendo (cuando es para nuestro beneficio).

    Yo unicamente he intentado aflorar una de las posibles razones del fraude. Solo una de muchas, ya que un problema complejo como este, no tiene una sola razón.

    Evidentemente que hay una cuestion de ideología en la concepcion de estado que tengo y por supuesto que creo que el estado es un ente ineficiente y mal gestionado: a los hechos me remito.

  • para manu: lo siento, pero yo creo que las cosas no son ni de lejos, com tú las dices. ni creo que el estado haya llegado tan lejos, ni creo que sea un ente propio, con personalidad independiente del resto de la sociedad
    la crítica a los actuales gobernantes no es lo mismo que criticar el concepto de estado y su intervención. si hablamos de endeudameinto público, repito que si no hubieses evasión fiscal, seguramente sería menor. y por otro lado, qué parte de ese endeudamiento público no se deriva de un endeudamiento privado mucho mayor y anterior en el tiempo?
    ciñéndome al caso de la economía sumergida, ha existido en España en altas proporciones desde hace ya mucho tiempo, es algo “tradicional” en España, desde mucho antes al crecimiento de l gasto público. por tanto, no es una consecuencia
    te puede disgustar la intervención del gobiero y el gasto público, pero por favor, que no sea la coartada para todo!

  • Y por qué no abolir directamente el “cash” y hacer una transición al dinero 100% electrónico?
    Se acabaría el fraude fiscal y la corrupción del tirón.
    No tiene sentido seguir llevando moneditas en el bolsillo a estas alturas, por no hablar de los billetes de 500 euros.
    La gente que se maneje en negro, intentaría usar dólares o cigarrillos, o acudir al trueque, pero al menos sería más complicado.

  • Luis, sin billetes ser recurrría a la moneda…. de oro y plata, la de “toda la vida”.

    • La aprobación del Plan en Consejo de Ministros se retrasa porque los sindicatos no están de acuerdo con el mismo.
      http://www.elpais.com/articulo/economia/rechazo/sindical/demora/plan/Trabajo/empleo/sumergido/elpepueco/20110420elpepieco_4/Tes

      Un punto importante que se acaba de revelar es que a los trabajadores que pasen a una situación legal se les reconocerá un año los derechos de prestaciones futuras como desempleo o pensiones.

      No se entiende muy bien esta medida. Se supone que no se producirá una amnistía.¿Deberán empresas y trabajadores pagar las cuotas que no abonaron a la Seguridad Social por un año? ¿Cargarán los empresarios con toda la deuda, también con una sanción (+ recargo)? ¿O tiene que considerarse como un premio por convertir el empleo en regular? ¿Cómo demostrar que el trabajador lleva al menos un año en la empresa? ¿Qué efectos tendrá para las prestaciones el hecho de que los trabajadores acumulen derechos por un año (por ejemplo, sobre la posibilidad de que aumente aún más los acuerdos de desempleo temporal entre trabajadores y empresas)?

      En fin, nos imaginamos que se habrá pensado en todos estos posibles efectos. El 30 de junio es el plazo para que finalice la primera fase de la regularización (la “zanahoria”) se acerca, cuanto menor sea el período para que se produzca, menor efectividad.

      Y mientras, la reforma de la negociación colectiva (NC) se eterniza. No es lo mismo aprobar primero la reforma de la NC y luego el plan contra el empleo sumergido, que al revés. Si las posibilidades de descuelgue, de negociación a nivel de empresa u otras que otorguen mayor flexibilidad frente a los convenios de ámbito superior no mejoran, los incentivos para que aflore el empleo sumergido son menores. Por otra parte, los convenios sectoriales se refuerzan aún al aumentar las sanciones contra el empleo irregular.

      No es nada serio, no.

      Otra dato interesante: un inspector y un subinspector cada 19.000 empleados. Claramente insuficiente. La economía sumergida es una lacra, es intolerable y hay que erradicarla. Si alguien ha interpretado lo contrario de nuestro post, es que no lo hemos transmitido de forma clara.

      Nuestro mensaje, bien simple, es que sólo con una política represiva no se acabará con la economía sumergida. Si esta política está además mal diseñada, puede incluso agravar el problema y aumentar aún más el desempleo. La trampa fiscal y la de la economía sumergida son fenómenos que no se pueden disociar. Países del norte combinan altos niveles de productividad, más estado de bienestar, con mayores niveles de presión fiscal y de cumplimiento. Este es el equilibrio deseable y no el contrario. No alcanzaremos este equilibrio solo con políticas represivas. De nada servirá por ejemplo que contratemos 50.000 inspectores de trabajo, si no hacemos un esfuerzo similar en la contratación de tutores y formadores para desempleados. Muy probablemente, esta última decisión tendría efectos netos mayores sobre el empleo que la primera, y si iría orientada a cambiar de modelo.

  • También es verdad que la economía sumergida es una parte humilde pero fundamental de nuestro ecosistema económico. Es la tierra negra donde nace todo lo que luego nos fascina. Los robles, los rosales, los lilos en esta época y las camelias en febrero, la humilde cebada y la lombriz de tierra que oxigena, la cama madre de las flores que la abeja luego fecunda.

    Hace tiempo que caímos en la cuenta de que todo es poliédrico y de que la vida florece con más fuerza en las fronteras, al borde del peligro. Justo donde más intensamente vivimos.

    Por otra parte justo es reconocer que un ciudadano que hoy viva en la economía sumergida también es un contribuyente importante. No tanto como los no sumergidos, pero de pagar como mínimo un 25% de sus cash flows no hay quien los libre entre tasas, arbitrios, arbitrariadedes más o menos ingeniosas y fiscalidad sobre el consumo y sobre el pecado.
    Yo no me preocuparía tanto por su existencia porque todos somos conscientes de que “sin ellos no somos nada”. Nuestra civilización moriría de inanición sin ese caldo de cultivo, sin ese campo de pruebas donde los niños comienza a hacer recados, los adolescentes a quitar la nieve helada de los accesos a los garajes y cortar el césped de los jardines o traer el pan y el periódico, etc. Sin tantas y tantas cosas buenas y necesarias que morirían, que mueren, bajo el yugo de la fiscalidad.

    Un saludo

  • Mucha de la economía sumergida, al menos la más “sangrante” a nivel de calle, tiene que ver con vendedores ambulantes de productos que la tienda de al lado ofrece con recargo impositivo, con trabajos de fontanería realizados por prejubilados mientras el fontanero afiliado a la SS y cotizando tiene que cargar impuestos que el prejubilado se salta impunemente, con clases particulares que dan profesores con cátedra o plaza pública, mientras la academia legal y fiscalmente controlada, tiene que cobrar un precio mayor, etc. A veces, visualizando los objetos de estudio, la perspectiva cambia o no es tan abstracta como si lo reducimos a números.
    En el fondo de las justificaciones está el paradigma de partida. ¿Es el sistema el problema y por lo tanto, la creación del Hombre Nuevo la solución (qué mejor que la educación y la formación para ello) o es el primate económico el problema, y en consecuencia, las normas, las leyes, son la solución y la represión de los “ilegales” una necesidad de esa solución?.
    Porque la argumentación se parece mucho a la defensa “chusca” del gratis total de las descargas ilegales. Se parte de una aceptación mas o menos hipócrita del derecho de propiedad intelectual, pero se sortea mediante artilugios argumentales, que al final justifican la ilegalidad (ilegalidad en la que casi todos caemos, aunque sabemos que no es el camino, que por ahí no se va a ningún huerto fértil).
    Así que, Estado son normas de convivencia impuestas por el peso de la ley, en este esquema, la educación informa al ciudadano (presente o futuro) de las consecuencias de sus actos, de los efectos de saltarse las leyes. Ese es el límite de la educación, no se pretenda cambiar con ella los genes, porque la propia esencia de la genética la hace invariable a los efectos culturales. Dicho de otra forma, todos eludiríamos impuestos, hasta el nivel cero, si pudiéramos, si no lo hacemos, no todos y no en todo el porcentaje, es porque sabemos (educación) que ello nos trae consecuencias desagradables a nosotros mismos.
    Saludos.

  • para manu oquendo: “la economía sumergida es una parte fundamental….”: en economías mucho más fuertes que la española, la economía sumergida es menos importante (o casi inexistente)…y no mueren de inanición!

  • Para Abert.

    Pues sí, tal como queda parece un tanto hipérbolico.
    Si de mi texto se quitan las palabras “humilde pero”…que preceden a “fundamental” desaparece el elemento catalítico, de grano de mostaza bíblica, de levadura o semilla germinal que pretendía darle a la mal llamada y souvent vilipendiada economía sumergida.

    Por otra parte no me consta que en Europa sea menor el fenómeno. Hay países muy reverenciados por nuestra progresía donde es tradicional pagar al dentista con albañilería y servicios varios y otros, muy próximos, donde hay toda una compleja artesanía mecánica dedicada a la recuperación de amortiguadores que aquí se tiran.
    Hace unas semanas me encontré en un buen hotel de Madrid con un grupo de holandeses con sus furgonetas cargadas de queso que vendían aquí a clientes conocidos y que se preparaban a recargar en unas bodegas de Haro para el viaje de vuelta.
    Si se mira atentamente el fenómeno va in crescendo porque a estos niveles es casi lo racional para que el conjunto funcione.
    Habría mucho que estudiar en economía sobre el coste fiscal real que una economía puede soportar antes de desfallecer y desintegrarse.
    Pelillos a la mar y un saludo cordial.

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