Personalmente creo que el riesgo de una deflación en España y sus potenciales consecuencias se ha exagerado. El argumento habitual sobre las consecuencias negativas de una deflación es que, con salarios rígidos a la baja, una deflación implica un aumento de los salarios reales que podría perjudicar la creación y mantenimiento de empleo.
Mirando a las estadísticas de Eurostat sobre el IPC armonizado he calculado la tasa de cambio del índice de precios entre un determinado mes de un año y ese mismo mes del año anterior. Se observan los siguientes dos hechos interesantes:
1. Hay deflación (inflación interanual negativa) desde marzo de 2009, pero cuando se mira al índice de precios excluyendo energía y alimentos no procesados no se da tal deflación. Eso prueba que dicho proceso es más el resultado de la evolución de los precios internacionales de energía y otras materias primas. Me da la impresión, por tanto, de que están disminuyendo los costes de producción, sin que los precios de bienes finales hayan caído sustancialmente (faltaría desagregar más por diferentes categorías de bienes y ver cual es su distinto comportamiento). En ese sentido se trata de un buen dato que invalida el argumento habitual sobre el peligro de una deflación.
2. La inflación española es por primera vez en mucho tiempo inferior a la de nuestros socios europeos (tanto la general como la que excluye energía y alimentos no procesados). Dado que por tener una misma moneda no se puede utilizar el tipo de cambio para ganar competitividad exterior frente a nuestros principales socios comerciales, una menor inflación es una forma de ganar competitividad externa después de muchos años perdiéndola.
Concluyendo, ni creo que exista una deflación clara en los datos, ni creo que en caso de que la hubiera necesariamente generara un impacto negativo sobre la economía española.