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Reflexiones del día del padre

¿Que hace un padre para sus hijos? ¿Que harían los hijos sin su padre? ¿Se puede sustituir un padre? ¿Quien puede hacerlo y como? Cada uno de nosotros, hijo, padre, madre o policy-maker, puede intentar contestar a esta pregunta pensando en su propia experiencia o la experiencia de personas cercanas. Jérôme Adda (European University Institute), Anders Björklund y Helena Holmlund (ambos de SOFI, Stockholm University) han intentado contestar a estas preguntas aprovechando datos suecos excepcionalmente amplios y detallados. El trabajo me parece extraordinariamente interesante y se me ha ocurrido que el día del padre es un buen momento para resumir sus resultados principales.

Antes de empezar quiero hacer una aclaración y una advertencia.

A continuación reproduzco una parte de la Tabla 1 en el trabajo con unas cuantas estadísticas descriptivas.

La tabla demuestra que si comparamos los hijos que han experimentado la muerte del padre o de la madre antes de los 18 años con los que no la han experimentados, los primeros tienen menos años de educación, resultados peores en tests cognitivos y no cognitivos, ingresos  y rentas mas bajos, menor probabilidad de tener un hijo e índices de masa corporal mas altos.

Haciendo una simple regresión de los años de educación de los hijos, proporciona unas estimaciones de los efectos de la muerte del padre o de la madres sobre hijos e hijas. La perdida de la madre provocaría una reducción de 0.34 años para las hijas y 0.33 años para los hijos. La perdida del padre provocaría una reducción de 0.19 años para las hijas y 0.23 años para los hijos.

Digo provocaría, porque los autores nos advierten que, como el divorcio, la muerte de un padre o una madre no es un evento exógeno en términos de desarrollo del hijo, ya que la probabilidad de muerte puede estar influenciada por otros factores que también influencian los resultados educativos o los ingresos laborales de los hijos. Esto quiere decir estas estimaciones pueden tener un sesgo de selección.

No voy a tratar de dar detalles sobre la manera en la que los autores eliminan este sesgo de selección. Diré tan solo que está basada en la idea de restar el efecto de pertenecer a una familia que experimenta una perdida justo después de la observación del resultado educativo.

Una vez hecho esto, los autores encuentran que los efectos son en términos cuantitativos son bastante reducidos:

Si bien es cierto que las muertes de padres o madres tienen efectos estadísticamente significativos sobre los ingresos familiares, el efecto de la muerte sobre el desarrollo cognitivo de los hijos, no parece materializarse principalmente a través de una reducción en los ingresos familiares. Al incluir la renta media del hogar a lo largo de los primeros 18 años de vida, los coeficientes no se modifican de manera notable.

La muerte de un padre o una madre tiene también un efecto negativo significativo sobre los ingresos laborales y la renta, en particular en el caso de los hijos varones. Para estos la muerte del padre o de la madre supone una perdida de ingresos laborales del orden del 6%. Es importante destacar que el efecto sobre los ingresos laborales de los hijos varones no es un simple reflejo del efecto sobre los resultados cognitivos. En el caso de la muerte de la madre la perdida de ingresos laborales es del orden del 6.5% mientras la reducción en el nivel educativo supondría una reducción de estos ingresos del orden del 3%.

Esto sugiere que la muerte de un padre o una madre tiene efectos también sobre el desarrollo no cognitivo de un hijo varón. La hipótesis es corroborada per el análisis de los efectos de la muerte de los padres sobre medidas de resultados no cognitivos, perfiles psicológicos realizados durante el servicio militar, o sobrepeso, medido por el índice de masa corporal  (esto va en la linea de la evidencia citada en el reciente post de Manuel Bagües,  en particular el trabajo de Marianne Bertrand y Jessica Pan, The Trouble with Boys: Social Influences and the Gender Gap in Disruptive Behavior).

Conclusiones

Resumiendo, el trabajo encuentra que en el contexto sueco

Como he avisado al principio, no podemos extrapolar las magnitudes de los efectos al caso español donde la protección social de viudos y viudas y de sus hijos no es tan amplia como en Suecia y donde las madres tienen menor capacidad de compensar las perdidas de ingresos determinadas por la muerte del padre. Es probable que en el caso español los efectos totales sean mayores porque mayores son los efectos indirectos que se materializan a través de la reducción en los ingresos familiares. Pero estas son puras especulaciones.

Quizás lo mas importante para el día del padre, ¿significa todo esto que los padres son menos importantes de lo que podríamos imaginar?

No necesariamente, nos dicen los autores en las conclusiones. Ya que los coeficientes de correlación entre los niveles educativos de padres e hijos parecen ser independientes de si los hijos sufren o no la perdida de uno de sus padres, cabe pensar que los padres son importantes incluso cuando ya no están. Posiblemente porque el estatus socioeconómico que habían alcanzado en vida sigue funcionando como modelo y como mecanismo de transmisión de expectativas y aspiraciones.

Una hipótesis reconfortante para el día del padre.