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Reseña de “Rivalidad y venganza” (de Laia Balcells): la violencia contra civiles como arma de competencia política

La guerra civil española proyecta una larga sombra sobre nuestra actualidad. Como muestran Martini y Torcal, la desconfianza entre ciudadanos de distintas comunidades autónomas es mucho menor que la que existe entre votantes de distintos partidos en la misma comunidad. Un trabajo de fin de máster de la Carlos III (de Najiba El Amrani) muestra con parecida metodología que en Almería, donde las tensiones entre nacionales e inmigrantes son elevadas, la desconfianza es también mayor entre votantes de distintos partidos que entre nacionales e inmigrantes. Anna Tur-Prats y Felipe Valencia nos contaron por aquí hace poco que estas desconfianzas entre partidos tienen probablemente un origen histórico en la guerra civil. Hoy les voy a hablar de un libro de Laia Balcells muy importante para entender mejor la violencia contra civiles durante las guerras civiles (enlazo la edición en inglés, pero pronto habrá edición en castellano de ICIP/Edicions Bellaterra).

Una imagen tradicional de las guerras civiles es la de que los participantes en los distintos bandos caen en manos de una “violencia irracional” que los lleva a hacer daño por el puro gusto de hacerlo. Este libro discute la evidencia que apunta en una dirección bien diferente, utilizando sobre todo el caso de la guerra civil española. Pero también explora después el caso de otra guerra civil más reciente, en Costa de Marfil, para remarcar que no nos encontramos ante una excepción debida quizá a causas históricas o culturales particulares, sino probablemente a un fenómeno mucho más general.

El libro comienza con un análisis estratégico del problema. La situación está descrita y analizada de forma tan clara que el lector interesado puede fácilmente construir el juego correspondiente y encontrar los equilibrios. Después de este marco conceptual se introduce brevemente la historia de la guerra civil y se pasa a analizar empíricamente la violencia contra civiles para comprobar si las hipótesis del marco teórico se verifican. Luego se repite el análisis para Costa de Marfil.

La pregunta que se quiere contestar es interesante de por sí. La idea de que la violencia de nuestra guerra civil (y otras) es irracional no es descabellada. Muchos de los muertos ocurren en lugares ya “asegurados” para un bando u otro, o sin un objetivo militar claro. Como mucho, se puede pensar en rencillas seculares, o venganzas personales que tienen poco que ver con los acontecimientos globales. El genio de la autora es mirar más allá de esta explicación superficial y buscar una forma de organizar las observaciones que no se conforme con un recurso fácil a la “condición humana.”

El marco teórico para comenzar la explicación distingue entre “violencia indirecta,” la que utiliza armas que no requieren interacción cara a cara (básicamente bombardeos, en este caso sobre todo aéreos, pero también navales o terrestres), y “violencia directa,” la que usa armas ligeras. Una diferencia crucial es que la violencia indirecta está muy poco influenciada o dirigida por civiles, mientras que la directa es muy complementaria al esfuerzo de civiles simpatizantes con un bando. Estas son dos de las estrategias principales de los grupos armados, civiles y militares, que son los principales agentes en este conflicto, en relación con los civiles del otro bando. La violencia directa es, en muchos sentidos, más difícil de explicar de otras maneras. Por un lado, tiende a localizarse en lugares que ya están bajo dominio militar de un grupo u otro. Y su valor estratégico, en términos de la campaña militar, no es siempre obvio. Por esto el libro le concede una importancia mayor, aunque examina las dos. Obviamente, otra estrategia fundamental es no ejercer la violencia en absoluto.

Un factor fundamental en este punto es que “nada es gratis,” y tampoco la violencia, tanto desde el punto de vista del coste de perpetrarla, como del coste futuro sobre la convivencia. Pero eliminar a simpatizantes del otro bando tiene la ventaja de hacer más difícil que el lado contrario recupere el control de un área bajo el dominio propio, y disminuye la posibilidad de resistencia, lo que garantiza la estabilidad futura. Mirando el conflicto de esta forma “racional” una implicación más o menos inmediata es que los lugares donde el conflicto debe ser más intenso es aquellos donde las fuerzas están más igualadas para empezar (esto es claro por ejemplo en los modelos de teoría de contiendas, de los que Luis Corchón nos habló por aquí hace tiempo. Esto es cierto tanto cuando un grupo controla una localidad desde el principio, como (yo diría especialmente) cuando esta localidad cambia su grupo controlador en algún momento del conflicto.

Una vez establecido el marco teórico, el libro se esfuerza en comprobar que efectivamente la violencia contra civiles, tanto directa como indirecta, se cebó en aquellos lugares donde la competencia prebélica era más intensa. Para mí, lo más impresionante del libro es el cuidado en recabar toda la información posible de todos los lugares donde se encuentre y de gran variedad de fuentes, tanto de manera cuantitativa como cualitativa. La combinación de fuentes y métodos hace muy creíble la comprobación de las hipótesis. Uno sale del libro convencido de que, como mínimo, un factor esencial para entender el conflicto es la competencia política antes de la guerra. Por dejar una ilustración del tipo de análisis, les dejo con los gráficos que produce la predicción del modelo ZINB (Binomial Negativa Inflada de Ceros) para el número de ejecuciones en el frente de Cataluña (bajo control de la izquierda), y Aragón (bajo control de la derecha) como función del grado de competencia electoral (medido como uno menos la diferencia de proporción de votos al cuadrado, con lo cual uno es el máximo de competencia y cero el mínimo). Como se puede ver claramente los datos sugieren un aumento de ejecuciones para los dos bandos que llega al máximo cuando la competencia es uno.

¿Podemos aprender algo de este libro? Muchas cosas, para empezar, hay todavía muchos países donde las guerras civiles son una posibilidad cercana. Y por tanto si queremos desplegar “fuerzas de paz,” en momentos caóticos, los datos de elecciones cercanas en el tiempo pueden ayudar a disminuir las víctimas civiles. En un país donde esto parece más difícil, entender estas dinámicas puede ayudar a comprender otras cosas. Por ejemplo, llevo mucho tiempo diciendo que en educación las posiciones de los partidos están más cercanas de lo que parece (aquí o aquí más recientemente), y a pesar de todo cada partido que llega al poder se escribe una nueva ley de educación que mirada al microscopio no difiere demasiado de la anterior. Quizá es precisamente porque las posiciones son tan cercanas que las contiendas son tan brutales.