Esta no es mi despedida completa, pero casi. Aún publicaré una entrada con el maestro Bentolila (así por fin tendré una entraba buena). La primera entrada hablaba de mi cuñada. En esta penúltima voy a hacer de cuñado. Porque mira que he hablado de cosas de las que no entiendo mucho, pero hoy voy a rizar el rizo. Toca hablar de filosofía.
La culpa es de un compañero, y bien conocido por ustedes, José Luis Ferreira, que acaba de publicar otro libro, esta vez de ética. Yo suelo acercarme a los libros de este tema con cierta prevención. Tengo el trauma de que uno de los pocos libros que no he conseguido acabar es la Crítica de la Razón Práctica. Luego me resarcí porque Ken Binmore escribió dos libros sobre ética y contrato social, Playing Fair y Just Playing, y no dejaba en muy bien lugar al filósofo de Königsberg. Esta pequeña digresión la hago para que sean conscientes de mis sesgos. No es que el tema no me interese, más bien tenía miedo de encontrarme frente a un tratado muy abstracto. Podría haber acabado dejando el libro y con un amigo menos. Pero por suerte Ética para una sociedad abierta es apropiado para mí. Y si usted es como yo, se lo recomiendo mucho.
El título, la verdad, tampoco ayudó a rebajar mis prejuicios. “Ética” y “sociedad abierta” son expresiones que me habría hecho temer algo de solemnidad si no conociera al autor. Podría haber sido un manual de buenas costumbres, una catequesis laica, o una colección de vaguedades bienintencionadas. Pero ese no es el Ferreira que conocemos, claro. Lo suyo es la paciencia y el rigor. Quiere ayudarnos a pensar cómo discutir sobre cuestiones morales en sociedades donde la gente discrepa de verdad, donde no hay una autoridad última capaz de cerrar la discusión, y donde además muchos desacuerdos no son simples malentendidos, sino choques reales entre principios, intuiciones e intereses.
Una idea central es que nadie tiene el monopolio de la moral. Esto parece una obviedad, pero basta asomarse a casi cualquier discusión pública para comprobar que no lo es tanto. Mucha gente no se limita a pensar que tiene razón, que ya sería bastante, sino que además parece convencida de que quien discrepa solo puede hacerlo por ignorancia, mala fe o alguna deficiencia moral de fondo. Ferreira empieza precisamente por ahí, con un ataque bastante frontal a esa tentación de los monopolios morales. Sólo por eso ya merece la pena seguir.
A partir de ahí, el libro defiende una posición poco propensa a generar millones de “likes”, pero más útil para hacernos pensar. En vez de invocar grandes principios como si cayeran del cielo ya perfectamente interpretados, conviene analizar mejor qué valoramos, qué consecuencias tienen nuestras decisiones, qué conflictos entre principios estamos aceptando y qué acuerdos son posibles en una sociedad abierta. Contado así puede sonar genérico, pero el libro tiene la virtud de ir bastante rápido al grano.
Naturalmente, el autor utiliza herramientas poco habituales en los libros de ética al uso. Como buen economista, es consciente de que tiene que utilizar su ventaja comparativa. El texto utiliza argumentos de economía, teoría de la decisión, y teoría de juegos. Si lo leen, verán bastante discusión sobre preferencias, utilidad, incentivos y algunas limitaciones formales que hacen imposible convertir nuestras intuiciones morales en una doctrina limpia, completa y sin costes. A muchos lectores de este blog, esto les atraerá de entrada. Pero incluso si usted está más acostumbrado a un análisis filosófico al uso, igual le merece la pena entrar. Primero, porque el libro está escrito con bastante claridad. Y segundo, porque muchas de esas herramientas sirven justamente ver que los argumentos fáciles deben examinarse despacio.
El recorrido pasa, como es lógico, por algunos clásicos. Aparecen Bentham, Kant, Rawls y algunos otros sospechosos habituales. Pero no estamos ante un libro de historia del pensamiento moral, ni falta que hace. Ferreira usa esas referencias para mostrar que los grandes principios quedan muy bien mientras se mantienen en el aire, pero en cuanto miramos casos reales todo es más complicado. Casi ningún principio moral funciona de manera absoluta. Casi todas las reglas admiten excepciones. Casi todas las intuiciones chocan con otras intuiciones. Y casi cualquier solución razonable tiene costes. La discusión interesante, por tanto, consiste en hacerse cargo de esos costes.
A mí esta manera de plantear las cosas me parece valiosa en un momento en el que las discusiones públicas consisten en adoptar una postura máxima, declararla incuestionable y mirar con escándalo a quien no haga exactamente lo mismo. El libro, por el contrario, obliga a ensuciarse un poco las manos. No deja que uno se esconda demasiado rápido detrás de palabras como dignidad, libertad, igualdad o justicia sin explicar de qué está hablando exactamente, qué implica lo que propone y qué sacrificios está dispuesto a aceptar.
Además, Ferreira no se queda en los dilemas del tranvía y similares. Eso está muy bien para empezar una clase y bastante mal para entender el mundo. La valentía del libro es que no se excusa de entrar en los temas difíciles. Habla de aborto, eutanasia, inmigración, discriminación, feminismo, lenguaje inclusivo, comercio justo, huella de carbono, libertad de expresión, gestación subrogada y bastantes más. No en todos les va a convencer, claro. Pero casi siempre consigue obligar al lector a precisar mejor por qué piensa lo que piensa. Eso sí que es Ferreira en estado puro.
A mí me gusta que el libro se tome en serio las consecuencias sin caer por ello en una versión simplona del utilitarismo. Hay una tendencia bastante extendida a despachar cualquier argumento consecuencialista diciendo que, llevado al extremo, justificaría barbaridades. Ferreira no esquiva ese problema, pero tampoco acepta la caricatura. Recuerda que las consecuencias relevantes de una norma o una decisión no son solo las inmediatas y visibles, sino también las que afectan a la confianza, la arbitrariedad, los incentivos, el miedo o las posibilidades de abuso. Es decir, una sociedad no se evalúa solo por el saldo instantáneo de beneficios y daños, sino también por el tipo de reglas e instituciones que genera.
También me gusta que el libro no trate la moral como si fuera un asunto exclusivamente privado. Buena parte de las cuestiones morales importantes de nuestro tiempo tienen forma de política pública, regulación, o diseño de instituciones. Y ahí las apelaciones morales siguen estando presentes, aunque a veces disfrazadas. Ferreira entra en ese terreno con bastante naturalidad. Y es un buen uso de su ventaja comparativa. Ayuda a conectar discusiones filosóficas con problemas más cercanos a la economía política y al funcionamiento real de sociedades complejas.
Habrá quien encuentre algunos ejemplos o capítulos menos convincentes, o quien piense que ciertas posiciones se despachan demasiado deprisa. Todo eso me parece normal. Casi diría que es buena señal. El libro no está escrito para producir o generar reverencia, sino para ayudar a pensar por nuestra cuenta. Y eso, en este terreno, es una virtud.
¿A quién se lo recomendaría? Desde luego, a economistas con cierta curiosidad por la filosofía moral, porque aquí encontrarán mucho material reconocible y bien usado. Pero también a académicos de otras disciplinas que estén abiertos a otra perspectiva sobre estos temas, o simplemente a lectores interesados en debates públicos contemporáneos que empiecen a estar un poco cansados del tono que domina tantas conversaciones. Es un libro útil para quien prefiera los argumentos a las excomuniones.
En suma, Ética para una sociedad abierta me parece el libro que uno esperaría del autor. Es inteligente, útil y bastante oportuno. No va a conseguir que dejemos de discrepar sobre cuestiones morales. Pero puede ayudar a discrepar algo mejor. Y eso, queridos lectores, es algo que hemos intentado hacer aquí todos estos años, así que es también natural que acabe con esto. No sin darles las gracias a los que hayan aguantado mis tostones tanto tiempo.

Hay 5 comentarios
Pues al leer este artículo el libro me ha parecido muy atractivo, pero es difícilmente accesible hoy en día. Una única edición al precio de 105€ más gastos de envío. El ebook también cuesta 105€ por alguna razón inexplicable.
En fin, esperemos que haya más opciones en un futuro, ahora mismo solo una empresa o una universidad va a estar dispuesta a pasar por caja.
Una pena que mi comentario sea sobre el precio, pero sin duda va a tener un impacto brutal sobre la difusión del libro.
Pues no lo sabía, pero es verdad que es un problema. Pero diría a los interesados que no se preocupen. Va a salir en los próximos meses una edición en español, que estoy seguro que será más accesible.
Según la editorial, pronto saldrá la edición rústica (tapa blanda). Esta primera es, sobre todo, institucional (para bibliotecas, p. ej.). Como dice Antonio, espero tener también pronto una edición abreviada más barata en español.
En todo caso, gracias por el interés.
Y gracias a Antonio también por sus amables palabras. Una de las razones por las que es importante que gente más lista que tú lea lo que escribes, es que son capaces de resumir tus ideas principales, si las hay, de una manera que no habías pensado y, normalmente, para mejor. Eso me pasa con Antonio.
Estimado Antonio.
He de reconocer mi admiración pública por Ferreira. Digamos, que parte de mi estulticia ha sido limada con su agudeza crítica y su sano escepticismo, siempre aleccionadores.
Mi evolución como ser pensante ha sido posible gracias a sus contribuciones que han soportado mi impertinente ignorancia y mi patológico afán de protagonismo al tratar de vencer y no de convencer en diversas materias en el que el buen diálogo y la respuesta medida y sosegada han moldeado en mi a un ser más reflexivo y autocrítico.
Al tocar una materia sensible para mi, y a pesar de que apenas domino el inglés, estoy persuadido de adquirir el libro en su edición en español. Lo leeré con paciencia y venceré mis vicios de falta de comprensión lectora en favor de una comprensión óptima que me permita realizar una crítica acertada aportando mi punto de vista.
Ha sido un placer leerte por aquí, Antonio. Y recomendar también, no solo el libro, sino el blog de Ferreira, que contiene auténticas joyas sobre cuestiones diversas de sumo interés. Su título es revelador: Todo lo que sea verdad.
Saludos, os echaré mucho de menos.
Gracias, Jordi.
Los comentarios están cerrados.