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El fin. Y algún nuevo comienzo.

Samuel Bentolila y Antonio Cabrales

Cuando se anunció que se iba a cerrar el blog, los hijos de Antonio en el chat familiar dijeron:

Creemos que esta conversación refleja bien lo que nos pasa por la cabeza a muchos de quienes hemos colaborado con el blog. Una mezcla de añoranza, valoración del trabajo hecho y esperanza de que una nueva generación haga, con otras motivaciones y probablemente en otros formatos, el trabajo que quisimos hacer nosotros.

Keynes escribió en la parte de su libro de biografías dedicada a Marshall que “Los economistas deberían dejarle a Adam Smith la gloria del Cuarto [un libro largo] y en su lugar aprovechar el momento, lanzar panfletos al viento, escribir siempre sub specie temporis y lograr la inmortalidad por accidente, si es que la alcanzan” (“Economists must leave to Adam Smith alone the glory of the Quarto, must pluck the day, fling pamphlets into the wind, write always sub specie temporis, and achieve immortality by accident, if at all”). Eso es más o menos lo que pretendíamos. Cuando se creó Nada es Gratis en 2009, España estaba en la crisis más profunda desde que había datos fiables sobre la economía. Todo parecía colapsar a nuestro alrededor, justamente después de diez años que parecían milagrosos.

Así nos dimos cuenta de que la prosperidad de principios de este siglo estaba construida sobre fundamentos muy endebles. Y como dijimos en algún sitio citando a Warren Buffett, cuando se retiró la marea alta quedaron en evidencia nuestras debilidades. Un mercado de trabajo bulímico, un sistema educativo mediocre, un sistema de pensiones de complicada sostenibilidad, un sector financiero que había crecido a la sombra de una burbuja inmobiliaria. Algunas de estas cosas eran obvias, otras no tanto. Y había que decirlo. Pero sobre todo había que decirlo clarito y a la vez basándonos en la evidencia y en el mejor conocimiento económico disponible. Como decía el subtítulo del libro “Nada es Gratis,” no queríamos que a la década prodigiosa le siguiera la década perdida. El objetivo era dar ideas de políticas que ayudaran a reencauzar la economía española.

Esto no siempre era fácil, y mucho menos obvio. Y probablemente pecamos en muchos casos de ingenuidad política y mediática. Un ejemplo “simpático” es el siguiente. En el segundo libro originado en el blog, “Economía de Urgencia,” hacíamos dos observaciones “curiosas” en capítulos diferentes. Hay una literatura que sugiere que puede tener sentido que haya salarios mínimos diferentes para los jóvenes, que necesitan adquirir experiencia y capital humano, pues los primeros empleos les permiten acumular ambos. En otro capítulo decíamos que hay alguna evidencia que indica que pagar más a los políticos en países democráticos puede tener buenos efectos sobre la selección de estos y su desempeño. Y, claro, el titular de algunos diarios cuando salió el libro fue “Fedea defiende que los políticos ganan poco y los jóvenes demasiado”.

Y ese era otro problema. El blog comenzó como una herramienta de divulgación de FEDEA, una fundación en cuyo patronato están el Banco de España y los presidentes de varias de las mayores empresas del país. A nosotros en particular nunca nos dieron instrucciones cuando fuimos editores y creemos que a los demás tampoco. Pero si en un blog de una fundación con ese patronato se sugiere que hay que tocar la regulación de los contratos de trabajo o las pensiones, es lógico e inevitable que la gente haga ciertas inferencias. Así que unos años más tarde el blog se independizó de FEDEA y se creó una Asociación para manejarlo.

Para nuestro gusto, la década realmente se perdió. El PIB per cápita en España en 2017 era igual que en 2007 en términos reales. Pero finalmente, la crisis pasó, y la urgencia inicial dejó de ser tan importante. Y el blog fue evolucionando con el mundo y con la ciencia económica. En la última década ha habido un cambio de colaboradores, de temas y de tonos. Nos hemos dedicado menos a la rabiosa actualidad, porque por suerte era menos rabiosa. O, siendo más precisos, el enfermo dejó de estar tan enfermo. Pero pasaron otras cosas nunca vistas. Una pandemia, la guerra que volvía a Europa, la revolución de la inteligencia artificial, la lucha contra el cambio climático o el avance de las mujeres. De todo esto hemos ido hablando, siguiendo con la idea de recoger la mejor evidencia disponible, y discutiendo con rigor y mesura, tratando siempre de hacerlo de forma accesible para no iniciados, lo que llamamos una visión bloguera de la economía.

Pero Nada es Gratis y hacer esto cuesta dinero. Hay que pagar el servidor y otros gastos operativos. Aunque los socios ponemos nuestras cuotas de la Asociación, no es suficiente. Y las donaciones no alcanzan. En realidad, es natural. Los medios de comunicación cambian. Y las formas son diferentes. Ahora los jóvenes se informan y discuten de otras maneras. Como decía la hija de Antonio, “ahora hay que usar otras vías”. Hay newsletters en Substack, podcasts, hilos en redes sociales como Bluesky (¡lástima de X!) o en la Dark social como Discord o Telegram, videoblogs en YouTube, consultas a la inteligencia artificial y otras vías que desconocemos.

Creemos que el objetivo sigue siendo necesario. Pero el instrumento ya no es este. Alguien, seguramente más joven y con otras ideas, tiene que seguir y “pluck the day, fling pamphlets into the wind”, como decía Keynes. Para él eran panfletos; para nosotros blogs. Lo siguiente, ¿qué será? No estamos seguros, pero lo seguiremos con interés y cariño, como han hecho tantos lectores nuestros durante tanto tiempo. Estamos muy agradecidos por ello. Ha sido un privilegio escribir para ustedes y esperamos haber sido de alguna utilidad. Hasta siempre.