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El déficit de atención y los exámenes estandarizados

Una de mis preguntas favoritas de los periodistas es si no me parece que los exámenes estandarizados son malos (y quizá deberíamos evitarlos) porque hay evidencia de que llevan a algunos profesores y escuelas a “hacer trampas”. La respuesta, que de hecho es otra pregunta, es tan obvia que me entra la duda de si la hacen porque saben que me gusta: ¿No le parece que los impuestos o los exámenes escolares son malos (y quizá deberíamos eliminarlos) porque llevan a algunas personas y empresas a “hacer trampas” y no declarar, o copiar en los exámenes? Pues ya que son tan buena gente y me preguntan para mi facilitar mi lucimiento hoy les voy a sugerir otra pregunta a la que contestaré igual: ¿No le parece que los exámenes estandarizados son malos (y quizá deberíamos evitarlos) porque llevan a un aumento (quizá espurio) de las diagnosis de trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)? El TDAH es un problema serio, igual que una mala diagnosis del mismo, así que habrá que estudiar el problema con cuidado.

Yo me enteré de esta relación entre el TDAH y los exámenes estándar gracias a
Richard Scheffler
que nos está visitando unos meses y nos dio una charla resumen de su copiosa investigación en este asunto, que además de los artículos pronto se verá reflejada en un libro muy recomendable.

En la charla Richard nos contó que el TDAH es un trastorno común en la infancia que afecta a distintos niños de manera diferente. Unos tienen dificultad en concentrarse y prestar atención, otros tienen problemas en quedarse quietos o tener paciencia. En casi todos los casos esto crea problemas en la escuela o en casa. La diagnosis se basa, como en la mayoría de trastornos psicológicos, en contestar una serie de preguntas sobre la conducta del paciente. Para este en concreto una lista (muy parcial) incluye:

Con esta lista de síntomas no les sorprenderá saber que las personas con TDAH tienen más dificultades escolares, en acabar los estudios y sus condiciones laborales suelen ser peores (ver aquípor ejemplo). La buena noticia es que el tratamiento, consistente en una mezcla de medicación (metilfenidato, o Ritalin en una de sus marcas más conocidas) y terapia de comportamiento, es efectivo no sólo en controlar los síntomas sino que mejora estas consecuencias del trastorno (ver aquí).

Respecto a la prevalencia del trastorno, el siguiente gráfico sobre los Estados Unidos me llamó mucho la atención.

ADHD

Hasta un 20% de los chicos y un 10% de las chicas adolescente han sido diagnosticados. Esto quiere decir que un grupo mixto de unos 40 adolescentes puede haber fácilmente 4 chicos y 2 chicas con el trastorno. En España el porcentaje de niños y adolescentes diagnosticados es del 6,8%. Se estima que el 97% de los adultos con el trastorno no están diagnosticados y hay también una proporción (menos elevada) de niños con el trastorno sin diagnosticar.

Un factor importante a tener en cuenta es que un niño con TDAH puede tener no solamente resultados negativos para sí mismo, sino que también puede afectar al resto de la clase, como señalaba por ejemplo el artículo pionero de Lazear. Cuando ponemos todos estos efectos potenciales juntos se hace más explicable la relación con los exámenes estandarizados, puesto que como hemos dicho en bastantes ocasiones estas pruebas concentran la atención de la comunidad educativa en sus resultados.

Aunque hay otros artículos sobre este tema, uno de los más relevantes es el de
Bokhari y Schneider
que pasamos a discutir. Los datos (americanos) de este artículo vienen de varias fuentes. Por una lado datos de consumo agregado de medicamento por localidades de la empresa NDCHealth para el período 1999 a 2003. La Encuesta Nacional de Salud Infantil tiene datos individuales de una muestra representativa de niños entre 0 y 17 años para 2003 que indica los diagnósticos de TDAH y si están siendo medicados. Y los datos sobre la implementación y consecuencias de exámenes estándar de la página www.edweek.org.

La estrategia empírica consiste, como ya hemos visto en otras ocasiones, en relacionar los cambios de evaluación a las escuelas (entre los que los exámenes estándar y sus consecuencias tienen un papel crucial) que han tenido lugar en diferentes estados en momentos del tiempo diferentes con el consumo de medicamentos relacionados con el TDAH.

La tabla 1 resume algunos de los datos.

ADHD 1

Las columnas 2 a 6 reflejan respectivamente el número de estados americanos en los que se elaboran: informes individuales a las escuelas sobre su rendimiento, clasificaciones a las escuelas según su rendimiento, recompensas a las escuelas con buenos resultados, ayudas a las escuelas con problemas y sanciones a las escuelas con malos resultados. Las columnas 7 a 9 son 3 índices de responsabilidad escolar: el AI1 es una media de las variables categóricas que indican si el estado tiene ayudas, recompensas y sanciones; el AI2 es un índice basado en un trabajo de Carnoy y Loeb y AI3 otro índice basado en el trabajo de Dee y Jacob.

Los resultados se pueden ver en la siguiente tabla.

ADHD 2

Las columnas 1 a 3 dan los resultados de la probabilidad de medicación como función de los distintos índices de responsabilidad escolar. El coeficiente es significativo en todas las especificaciones. Para entender el impacto cuantitativo hay que conocer los efectos marginales. Para el primer índice cada punto de aumento (de 0 a 3) en el índice da lugar a un aumento medio de 0,5% en la probabilidad de recibir medicación, para el segundo índice de un 0,3% y para el tercero de un 1%.

Las columnas 4 a 6 nos dan la probabilidad de recibir medicación para aquellos que son diagnosticados. En este caso el impacto de los índices de responsabilidad no es significativo. Esto quiere decir que los exámenes estándar aumentan la probabilidad del diagnóstico, pero no la de recibir medicación para aquellos que están diagnosticados.

¿Qué conclusión sacamos? Me temo que hace falta más investigación. Si los nuevos diagnósticos causados por los exámenes estándar son acertados, esto sería una consecuencia positiva no esperada de los mismos. Pero existe la posibilidad de que haya diagnósticos espurios. No es algo excesivamente probable. Por muchos incentivos que tengan los maestros, el diagnóstico (y la prescripción del medicamento) solo lo puede hacer un psiquiatra. Y éste no recibe información solamente de la escuela. Pero en la medida que alguna información se reciba de la escuela no es imposible que esto lleve a algún diagnóstico erróneo. Esto preocupa tanto a padres y legisladores que algunos estados americanos han prohibido que la escuela tenga input en el diagnóstico.

Por tanto es importante vigilar que los exámenes estándar no tengan como consecuencia que algunos estudiantes reciban medicación que no necesitan. Otra pregunta para la reflexión es si no podríamos diseñar nuestras aulas y lugares de trabajo de manera que la gente más inquieta no se vea obligada a permanecer quieta y atenta durante horas y horas. Tengo compañeros de los que sospecho sufren de TDAH quizá sin saberlo. Pero han podido, y sabido, diseñar su régimen de actividades de manera que su condición no sea más que un impedimento menor a su trabajo. Una escuela más flexible podría quizá acomodar algunos casos de TDAH ahorrando a los niños una medicación que por más que no parezca tener graves contraindicaciones no es inocua.