La nueva ola progre del análisis económico

Para mucha gente, lo más parecido a un economista debe de ser Scrooge, el protagonista del Cuento de Navidad de Dickens: “un hombre de corazón duro, egoísta y al que le disgusta la Navidad, los niños o cualquier cosa que produzca felicidad”. Confieso que simpatizo con él (en particular sobre las Navidades) pero, créanme, la gran mayoría de mis colegas de profesión no son así (con permiso de Javier Ferri 🙂 )

Algunos de los mejores economistas académicos actuales están produciendo resultados empíricos que mucha gente no asociaría con nuestra profesión y sí con posturas “progres” o de izquierdas. Veamos tres ejemplos de posturas tradicionales en economía laboral actualmente en revisión (incluyo entre paréntesis enlaces a entradas de NeG relacionadas).

El comercio internacional no destruye empleo neto. Cuando aumenta el comercio entre dos países, en cada país tenderá a caer el empleo en los sectores de bienes que pasan a importarse más y a subir en los que pasan a exportarse más. No obstante, tradicionalmente ha sido difícil hallar grandes efectos negativos del comercio internacional sobre el empleo. Sin embargo, hace unos años David Autor, David Dorn y Gordon Hanson estudiaron el impacto del enorme aumento del comercio de Estados Unidos con China desde 2001 al nivel de áreas geográficas reducidas (en concreto, 722). Y encontraron grandes efectos, imputando alrededor de un cuarto de la destrucción de empleo industrial en EEUU entre 1990 y 2007 a las importaciones (ver aquí).

El progreso tecnológico no crea paro a largo plazo. El progreso tecnológico siempre deja obsoletos algunos sectores, productos y ocupaciones, y hace nacer otros. La consecuente necesidad de transferir empleo de unos a los otros crea paro a corto plazo, pero históricamente el progreso tecnológico nunca ha elevado el paro a largo plazo (ver aquí). No obstante, hoy, con la inteligencia artificial, resurge la duda. Daron Acemoglu y Pascual Restrepo llevan años estudiando este asunto. Han hallado que hay tecnologías basadas en la automatización que destruyen empleo y tecnologías basadas en nuevas tareas que sí crean empleo. Y resulta que en las últimas décadas las primeras están avanzando más rápido que las segundas.

El salario mínimo destruye empleo poco cualificado. Si se fija un salario mínimo superior a la productividad de los trabajadores poco cualificados, los empresarios contratarán menos, ¿no? Esta visión se cuestionó ya en 1994, cuando David Card y Alan Krueger estudiaron un aumento del salario mínimo comparando dos estados de EEUU y no encontraron caídas del empleo (ver aquí), si bien no aportaron una explicación de quién paga la subida del salario mínimo. El año pasado Peter Harasztosi y Attila Lindner han mostrado, para Hungría, efectos muy pequeños sobre el empleo y estiman que el 75% lo pagaron los consumidores a través de mayores precios y el 25% lo pagaron los empresarios mediante menores márgenes de beneficios.

Estos resultados no han rebatido definitivamente los tradicionales, sino que los ponen en duda. Más que encontrar resultados totalmente generales, a lo que podemos aspirar en economía es a acotar en qué condiciones determinado cambio tendrá unos efectos concretos. Por ejemplo, Harastoszi y Lindner sí encuentran una destrucción de empleo significativa en los sectores más sometidos a la competencia internacional, que tienen difícil trasladar los aumentos de costes a sus precios.

Podría citar muchos otros resultados “progres”, como los estudios sobre la pobreza en los países menos desarrollados de los últimos premiados con el Nobel, Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer (aquí) y en EEUU de Raj Chetty (aquí). O los estudios sobre el aumento de la desigualdad de Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman (aquí). O el hallazgo de Jan De Loecker, Jan Eeckhout y Gabriel Unger de que globalmente los empresarios han aumentado sus márgenes (aquí). O los resultados de Nick Bloom, John van Reenen y coautores que señalan que la in/eficiencia de las empresas no necesariamente se debe a la habilidad de los trabajadores sino también a la de los empresarios (aquí). Y no se trata economistas de segunda, sino de los más prestigiosos (ver este ranking), siéndolo no por su ideología sino por la calidad científica de su trabajo (aquí).

¿Qué explica esta nueva orientación, en una disciplina habitualmente defensora del libre mercado? Se puede alegar que no es tan nueva, pues asuntos como la desigualdad o el poder de mercado de las empresas frente a los consumidores y los trabajadores se han estudiado desde hace mucho tiempo. Y es verdad, pero no con la preponderancia actual. A continuación, menciono algunos factores que seguramente hayan sido relevantes (aviso: lo que viene a continuación es epistemología amateur).

En primer lugar, en el análisis económico parece haber ciclos (ondas largas), propiciadas por la propia evolución económica. Tras la terrible experiencia de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial surgió la economía keynesiana, preocupada sobre todo por usar las políticas macroeconómicas, fiscal y monetaria, para minimizar las oscilaciones cíclicas y, en especial, para mitigar las recesiones y lograr el pleno empleo.

En los años 70, las economías de mercado reguladas por políticas keynesianas se mostraron incapaces de lidiar con las grandes subidas del precio del petróleo, sufriendo grandes aumentos del paro y la inflación. Esto favoreció el triunfo de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher, que fue acompañada por la llamada economía de la oferta, que condujo en macroeconomía a los llamados modelos del ciclo real, y en finanzas a la hipótesis de los mercados eficientes (habitualmente rechazada empíricamente). Aquí el énfasis se ponía en la mejora de la eficiencia, favorecida por la desregulación y un menor intervencionismo del gobierno, y en la integración económica entre los países.

Por último, las políticas económicas favorecidas por estas posiciones contribuyeron (aunque no sean las únicas causas en absoluto) a la acumulación de desequilibrios económicos y sociales, y al estallido de la Gran Recesión de 2008. Esta generó grandes aumentos del paro y la desigualdad en muchos países y contribuyó a poner de relieve tendencias previas del mismo tipo.

Un segundo factor relevante es la revolución del enfoque empírico en economía, que da primacía a la estimación de efectos causales creíbles –descrita en este trabajo de Josh Angrist, y Jörn-Steffen Pischke (aquí)–. La conjunción de los nuevos métodos, la disponibilidad de megadatos (big data), en especial administrativos, y los grandes aumentos de la capacidad de computación está permitiendo analizar asuntos antes inabordables. Estos desarrollos han llevado al predominio abrumador de la economía empírica sobre la economía teórica, revirtiendo la situación inversa previa (como han documentado Daniel Hamermesh y Josh Angrist y coautores). Y, como apunta Dani Rodrik, “la evidencia del mundo real, con su natural desorden, desplaza a la ideología”.

Otro ingrediente –que no sé si considerar causa o efecto– es una mayor variedad de países de origen de los economistas punteros (Banerjee y Chetty son indios, Acemoglu y Rodrik turcos, Duflo, Piketty y Zucman franceses, etc.), que puede haber contribuido a ampliar los temas estudiados y a cambiar el enfoque. De hecho, la profesión económica también está volviéndose más consciente de sus propios sesgos en el trato interno a algunos grupos: las mujeres y las minorías identitarias o raciales (como describe el propio Rodrik) y su negligencia del cambio climático. En fin, espero haberles convencido de que no todos los economistas son como Scrooge 😉

Hay 19 comentarios
  • Samuel, en 60 años de dedicación al análisis económico –en la academia pero principalmente en la ingeniería social– he encontrado una gran variedad de economistas TODOS dedicados a aportar positivamente a la búsqueda de un mundo mejor, aunque los caminos seguidos y propuestos fueran diferentes. Tomar la idea de Scrooge para caracterizar a los economistas es conceder a la tribuna para alimentarla como en circo romano (algo común hoy día). Sin duda, cualquiera de los economistas dedicados al estudio serio de la historia de las ideas económicas se reiría de su epistemología amateur.

    El gran cambio en la organización industrial del “análisis económico académico” en los últimos 60 años ha sido la gran entrada de oferentes y el consiguiente aumento en la competencia entre ellos por poder y por ingreso. Ojalá alguien estudiara seriamente ese gran cambio que se da en el contexto de cambios extraordinarios en la economía mundial, comenzando por los cambios políticos a nivel de estado-nación (una de las grandes deficiencias de todos los economistas mencionados por usted en su post es su nula formación en Derecho y en Política, entre otras disciplinas).

  • Un post muy interesante que evidencia, bajo mi punto de vista, el desplazamiento de la economía ortodoxa a posiciones heterodoxas donde
    – La escuela neoclásica pierde importancia debido a sus supuestos erróneos
    – Lo importante es el estudio de caso más allá de los grandes resultados en forma de “teoría”, tan propios estos últimos de las ciencias naturales y no de las sociales

    Es curioso hacer esta lectura desde la óptica de la economía aplicada y, como ya referí antes, desde posiciones heterodoxas que llevan años advirtiendo de ello. Para oídos sordos nunca es tarde caer de la burra, ¿no?

  • Yo no creo que los economistas en general sean conservadores. Si creo que es más fácil opinar cuando no hay una reputación que conservar. Hace poco, me preguntaba por el origen de la desigualdad. Entonces reflexioné sobre la falta de información en cualquier transacción económica. De hecho, el déficit de información unido a la necesidad por adquirir ese bien o servicio explican muy bien el beneficio. Es una microestafa, de la que nos quejamos cuando la padecemos, o por el contrario nos congratulamos como si de un gol por la escuadra se tratase, cuando la aplicamos en terceros. Precisamente es interesante también preguntarnos por qué existe aún la demanda minorista, ya que con la tecnología actual, es posible implementar estrategias de consumo coordinadas o colaborativas.De hecho eso es posible ya, con los smart contracts, y el uso de criptomonedas, con una simple App o una aplicación web (Pero yo no he dicho nada). En fin, para mi los economistas son más necesarios que nunca.

  • Gracias por el artículo. Me ayuda a tener un panorama más comprensible de la evolución de esta disciplina.

  • Hola Samuel,

    Muchas gracias por su interesante post. Aunque ciertamente parece algo simplista la correspondiente explicación acerca de los diferentes oleajes que han influenciado el análisis económico, creo que sí que muestra alguna de las visiones más intuitivas que podemos compartir la mayoria.

    Dice:

    “Por último, las políticas económicas favorecidas por estas posiciones contribuyeron (aunque no sean las únicas causas en absoluto) a la acumulación de desequilibrios económicos y sociales, y al estallido de la Gran Recesión de 2008.”

    ¿podría compartir algún tipo de evidencia empírica que pueda sostener mejor esa afirmación? Es un tema muy interesante y le estaría muy agradecido! Sobretodo para el tema de la Gran Recesión de 2008. .

    Un saludo y gracias de nuevo!

    • Hola Ángel, a bote pronto, la Gran Recesión tuvo su origen en las hipotecas ‘subprime’ que habían sido convertidas en activos financieros (CDO, etc.) y negociadas por el llamado sistema bancario en la sombra (‘shadow banking system‘). Este último no estaba sujeto a los reguladores financieros, lo que les permitió un gran crecimiento. Además, la comercialización de estas hipotecas se origina en los emisores iniciales, que eran los bancos comerciales, a los que se les permitió niveles demasiado bajos de capital. Luego hay un fallo regulatorio adicional. Algunas referencias (sin ser en absoluto un experto en el tema y seguro que hay trabajos más recientes):
      Gorton, G. (2010), “Regulating the Shadow Banking System”, Brookings Papers on Economic Activity, Fall.
      Gorton, G. (2009), “Slapped in the Face by the Invisible Hand: Banking and the Panic of 2007”, Federal Reserve Bank of Atlanta’s 2009 Financial Markets Conference: “Financial Innovation and Crisis”, May.
      Admati, A. R., P. M. DeMarzo, M. F. Hellwig, and P. Pfleiderer (2012), “Fallacies, Irrelevant Facts, and Myths in the Discussion of Capital Regulation: Why Bank Equity is Not Socially Expensive”, mimeo (October).

      • El origen del problema subprime en EEUU es el apoyo del gobierno a la vivienda en propiedad. Desde FDR a Bush, pasando por Clinton o Reagan.

        De hecho, un elemento clave en la generación de la crisis, fue el “Housing and Community Development Act” de 1992 y el “mandato” que otorgaba a las GSEs para que una parte substancial de sus préstamos estuviera destinada a que accediera a la vivienda en propiedad quien no podía pagarla (creando el famoso “subprime”) … las “buenas intenciones” que ya se sabe …

        Pese al papel que estas agencias tuvieron en la crisis (ambas quebraron), en 2002 Stiglitz (un economista) concluyó tras un análisis detallado que “the probability of default by the GSEs is extremely small. Given this, the expected monetary costs of exposure to GSE insolvency are relatively small”

        https://www.econlib.org/archives/2009/11/stiglitz_and_or.html

        La contribución a la crisis de Alan Greenspan (un economista) con su gestión de los tipos de interés para estabilizar el precio de los activos (su famosa “put”), está bien documentada. La FED ya tenía experiencia en provocar/profundizar crisis como había hecho en la Gran Depresión (Bernanke 2002).

        La decisión, arbitraria, de Bernanke, Paulson y Geithner de forzar la quiebra de Lehman Brothers sin duda contribuyó a la profundidad de la crisis (el libro de Ball es demoledor).

        De regulación había millones y millones de páginas en 2007. Seguro, claro está, que faltaban justo las necesarias … como sucederá siempre.

  • Como la entrada pone de manifiesto, la realidad es que los economistas son irrelevantes.

    Sobre cualquier tema relevante es posible encontrar opiniones opuestas: la de Peter Navarro y la de Mankiw sobre comercio exterior (los dos asesores de presidentes). La de John Cochrane y la de algunos autores de NeG sobre el salario mínimo. Los análisis de Saez y Zucman sobre “desigualdad” (que parece ser el arco de iglesia sobre el que se sostiene esta sociedad) han sido ridiculizados (con bastante sentido) por otra parte de la profesión. Mientras en NeG se reclama más educación por su papel en la construcción de “capital humano” (sin pruebas), otros autores como Bryan Caplan defienden el argumento (ciertamente plausible) de que es un ingente despilfarro de recursos.

    Sería inconcebible que los físicos no se pusieran de acuerdo sobre la dirección en la que actúa la gravedad o los médicos sobre donde está el corazón. Pues bien, esa es la situación de la “ciencia” económica.

    Es lo que tiene moverse en el mundo “de la teoría”, donde “tener razón” es que otros “peers” opinen que tienes razón. En el mundo de la realidad las cosas están más claras: Warren Buffett: “si tienes un economista en tu plantilla tienes un economista más de los que necesitas”. Peter Lynch: “Cuando llegué a Fidelity descubrí que todos los días sucedía lo que en la Academia decían que era imposible”. O Paco Paramés argumentando la inutilidad total de estudiar economía en la Complutense.

    Para hacérselo mirar, vamos.

    • “…de que es un ingente despilfarro de recursos.” Justo en un comentario de otra entrada de este blog (si no me equivoco) se hablaba de que preparar oposiciones es perder el tiempo, y me choca que estudiar oposiciones se dé por supuesto que es derroche y no así estudiar las materias que alguien decide en programas reglados. Ya no hablamos de que docentes evalúen, que creo nos chocaría o no admitiríamos en otros ámbitos, por ejemplo el carnet de conducir. Así es el mundo que hacemos.

  • Defender que el comercio internacional destruye puestos de trabajo no creo que pueda considerarse una postura progresista ahora mismo. Más bien todo lo contrario. Al menos en EEUU. En Europa el debate no es tan furibundo .

    Por otro lado entinedo que el autor intenta dar a entender que la investigación económica es más amplia y tiene más prismas de los que la gente suele creer. Sin embargo, no me gusta la manera de hacerlo. La investigación económica, sea o no relevante, no debería ser progresista o conservadora. Y aunque sé que Samuel no se refiere a esto, el título puede generar esa impresión (matizado eso sí en el contenido).

    • Hola Guille, la defensa del libre comercio internacional se basa en sostener que hay ganadores y perdedores, pero hay ganancias netas para la sociedad, de forma que los perdedores pueden ser compensados. A menudo la argumentación se ha quedado ahí, sin analizar si los perdedores son efectivamente compensados (lo que habitualmente no sucede y Rodrik ha destacado este punto). Dicho esto, las medidas proteccionistas adoptadas por el gobierno de Trump han ido en contra de la postura tradicional del Partido Republicano. En este sentido, estoy de acuerdo en que destacar que el comercio destruye empleo puede ser usado para defender esas medidas, lo que no es precisamente progresista.

      En efecto, mi intención es la que señalas en el segundo párrafo. A mi juicio, lo que importa de la investigación económica es que sea relevante y rigurosa en términos de los estándares científicos prevalentes en cada momento. No defendería resultados empíricos ‘progres’ por el mero hecho de serlo si pensara que no son correctos. No obstante, sí creo que vale la pena destacar que hay un desplazamiento en el tipo de resultados empíricos que se vienen obteniendo hacia asuntos que antes no se estudiaban tanto y hacia argumentos menos tradicionales y más progresistas (por supuesto, quienes defienden unos u otros en el debate público pueden basarse en evidencia rigurosa o no).

    • Hola Sam, muchas gracias por la referencia. El destino de toda investigación científica valiosa es ser analizada y a la larga matizada, refinada o rebatida. Esto ha sucedido ya con el trabajo de Autor, Dorn y Hanson, y seguirá sucediendo. De momento sus resultados se consideran válidos.

  • Como bien señala el autor, la “nueva evidencia” (que ni es tan nueva ni es tan evidente) sobre salarios mínimos está lejos de ser definitiva. Jeffrey Clemens es bastante crítico con ella.

    https://www.cato.org/sites/cato.org/files/pubs/pdf/pa-867.pdf

    Lo que sí es interesante es ver que hay economistas que pueden defender a la vez que la subida del salario mínimo no afecta al empleo (lo que implica una demanda de trabajo inelástica) y que tienen sentido los subsidios salariales (lo que implica una demanda de trabajo elástica) o que la inmigración NO afecta a los salarios.

    A estas alturas ya tiene uno bastante claro que no tenemos ni idea. Pero al menos deberíamos hacer un esfuerzo por sostener “ignorancias coherentes entre si”.

  • Como muchas otras teorías economicas, la afirmación de que las subidas salariales destruyen empleo es una creencia intuitiva basada en el primer principio de toda economia, la relación inversa entre precio y cantidad. A veces se nos olvida mencionar el latinajo ceteris paribus. Pero en España este efecto de produce con un cierto y a veces considerable decalaje temporal. En épocas de euforia, suben los salarios y no pasa nada, pero cuando llega la crisis el empleo destruido guarda proporción con el desequilibrio acumulado entre salarios y productividad, como pasó en 1993 y 2008. La evolución del paro y la ocupación en España, un caso insólito en Europa, es inexplicable si no se atiende a ese hecho. Por cierto, subir los salarios con una tasa de paro del 14% y con cerca de un millón de ocupados menos de los que teníamos en 2008 ilustra a las claras lo.mucho que preocupa este tema a los politicos, los sindicatos y la sociedad en general. Pero claro, los pensionistas se manifiestan y son diez millones; los parados no se manifiestan, sobre todo los jovenes, y se les puede ignorar. En que algoritmo o modelo económico de cuantifica ese dato sociologico? Un saludo

    • Antxon, son varios asuntos. (a) En la evaluación del salario mínimo se deben tener en cuenta los retrasos en observarse sus efectos y también la situación cíclica de la economía. A veces no se hace, pero sí en los mejores estudios, por ejemplo puede ver este trabajo de Arindrajit Dube para EEUU. Encuentra que ambos son importantes. (b) El caso de las subidas del salario mínimo en España no he querido discutirlo, porque no lo he estudiado directamente, pero sí lo han discutido en este blog algunos colaboradores en el pasado (aquí) y esta semana se va a seguir tratando. (c) La economía política (lo que usted llama dato sociológico) de las políticas laborales es esencial. Con respecto al empleo temporal, lo discutimos en un trabajo de Juan Dolado, Juan F. Jimeno y mío, disponible aquí. No estoy seguro de que los parados pidieran un salario mínimo menor, igual que no suelen pedir una reducción del coste del despido (que también podría facilitar su empleo); no obstante es digno de estudio. En el caso de los pensionistas es obvio que tienen un peso político muy alto, lo que dificulta mucho cualquier reforma que lleve a una mayor sostenibilidad del sistema público.

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