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¿Funcionarán las medidas contra el absentismo en el sector público?

Los empleados públicos tenemos mala fama en este país, como lo revelan desde los chistes de Forges hasta denigrantes comentarios recientes sobre renunciar al cafelito. ¿Está justificada esta imagen pública en cuanto al absentismo laboral? En tal caso, ¿tendrán efecto los planes recién anunciados del actual Gobierno para reducir ese absentismo? Tenemos alguna evidencia empírica, basada en otros países, para empezar a contestar a estas preguntas.

En general, es difícil medir la productividad de los trabajadores no manuales y en especial en el sector público (donde cuesta medir incluso la producción). Una variable relacionada con la productividad es el grado de absentismo, normalmente medido por la proporción de trabajadores que indican, en las encuestas de población activa, haber trabajado menos horas de las normales. Entre los posibles motivos para el absentismo, lo usual es fijarse en los de potencial origen voluntario. En concreto, un trabajador puede intentar trabajar menos mediante bajas por enfermedad aunque sus condiciones físicas sean compatibles con el trabajo, lo que suele llamarse riesgo moral (ver la panorámica de Simen Markussen et al.). (Huelga decir que no debe trabajar si no está en condiciones de hacerlo, por eso se le sigue abonando el sueldo íntegro, al menos inicialmente.)

Los empleados públicos faltan más a su trabajo que los privados. Según Francesco D'Amuri, en Estados Unidos en 2007 el absentismo por enfermedad en el sector público fue del 2.8%, es decir, un 41.2% más que en el privado. En Europa Occidental la diferencia era algo menor, del 20.2%. Cuando se tienen en cuenta muchos otros factores (edad, sexo, educación, antigüedad, etc.) la diferencia se mantiene.

En España también parece que se da este hecho, aunque la evidencia que muestro es muy burda (no he encontrado ningún análisis riguroso). Lamentablemente, los datos agregados no permiten cotejar rigurosamente el absentismo en el sector privado y el público, quizá se pueda hacer con los datos individuales. El siguiente cuadro muestra las tasas porcentuales de absentismo por enfermedad en el agregado de la economía y en algunos sectores de servicios (dejo fuera educación y sanidad, pues la participación pública es muy alta, pero no puedo distinguirla). Dos hechos llaman la atención. Primero, que el absentismo ha ido cayendo durante la crisis (como señaló aquí Florentino Felgueroso hace tiempo), lo que sugiere que parte del absentismo es voluntario. Y, segundo, que en la administración pública es más alto que en la media de la economía.

El mayor absentismo en el sector público no es sorprendente, pues es el absentismo función creciente de la protección del empleo. Por ejemplo, Andrea Ichino y Regina Riphahn encuentran, para el caso italiano, que el absentismo sube cuando se termina el periodo de prueba (en que no hay costes de despido). El absentismo también depende de los incentivos monetarios a la productividad. Y para los empleados públicos la protección del empleo suele ser mayor y los incentivos menores que para los privados. Por último, también importan factores como cuánto paga la empresa y cuánto cobra el trabajador si está de baja, cuándo debe certificar la baja un médico, etc., pero no suelen diferir entre el sector público y el privado.

Según D'Amuri, entre 2004 y mediados de 2008, en Italia la tasa de absentismo era del 3.5% en el sector privado y el 3.8% en el público, y el absentismo por enfermedad, del 1.6% y el 2.6% respectivamente (es decir, un 62.5% mayor en el sector público). Para intentar remediar esta situación, a finales de julio de 2008 el Gobierno italiano estableció que durante los 10 primeros días de baja por enfermedad el trabajador cobraría solo el salario base y no los complementos, que suponen el 20% del salario en promedio. También alargó de 4 a 11 horas el periodo diario en que el trabajador de baja debía estar en su casa por si aleatoriamente recibía una visita de un inspector médico. Un año después, en julio de 2009, se decidió suprimir esta segunda medida, manteniendo la rebaja salarial durante los primeros 10 días.

¿Qué efectos tuvieron estas medidas? Según las estimaciones de D'Amuri, durante el primer año el absentismo por enfermedad en el sector público cayó hasta igualarse al del sector privado. Es un efecto muy significativo y llamativo. Sin embargo, tras suprimirse la extensión del periodo de estancia en casa, el absentismo volvió a subir hasta el nivel previo a julio de 2008. Estos resultados indican que la penalización salarial no fue lo realmente importante, sino la obligación de estar en casa.

El Gobierno español está introduciendo cambios que deberían afectar al absentismo en el sector público. Por una parte, la reforma laboral de febrero de 2012 regula por primera vez el despido por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción del personal laboral del sector público. En concreto, concurren causas económicas en casos de insuficiencia presupuestaria sobrevenida y persistente (9 meses consecutivos) para la financiación de los servicios públicos. Por otra parte, en el Programa Nacional de Reformas 2012, hecho público en abril, anuncia que se van a tomar durante 2012 estas medidas: (a) no se cobrará el sueldo íntegro durante los primeros 90 días de la baja, (b) se pasará de calcular las situaciones de incapacidad temporal por meses a hacerlo por días, (c) no se pagarán subsidios por baja en caso de "resultados de alta" (esto se me escapa) o incomparecencia injustificada reconocimiento médico y (d) se acortarán los plazos para la expedición y entrega a los órganos de personal de los partes de baja.

Tanto la nueva regulación del despido, por la reducción de la protección del empleo (de los no funcionarios) que supone, como las medidas sobre las bajas por enfermedad deberían contribuir a reducir el absentismo. Por otra parte, la experiencia italiana sugiere que la reducción del salario percibido durante la baja debería ser menos efectiva que las otras 3 medidas.

No obstante, estos resultados se dan "manteniendo todo lo demás constante". Un aspecto importante que no se mantiene constante es que la situación económica actual de España es seguramente bastante peor que la de Italia en 2008. Y los empleados públicos han experimentado una reducción de salarios reales (por reducciones del salario nominal --el total de euros que cobran-- y por la inflación), de alrededor del 10% en media entre diciembre de 2009 y diciembre 2011, caída que va a agudizarse en el futuro (por reducción nominal en algunas comunidades autónomas, por la inflación y por la subida del IRPF). Por tanto, es probable que la reducción salarial durante la baja por enfermedad tenga también un impacto significativo. En fin, en el futuro sería deseable que no se usaran solo castigos sino también premios para los empleados públicos con mayor productividad.