- Nada es Gratis - https://nadaesgratis.es -

¿Qué pasa con nuestros chicos?

En las universidades españolas la presencia de chicos es cada vez más escasa. Actualmente, por cada dos varones que se gradúan hay tres graduadas, de igual manera que por cada dos chicas que no consiguen terminar la ESO tenemos a tres chicos. Esta brecha de género (invertida) no es un fenómeno local, la situación es muy similar en los países de nuestro entorno. Mientras tanto, el cambio tecnológico y la deslocalización tienden a reducir la demanda de mano de obra poco cualificada, especialmente en las ocupaciones con un contenido más rutinario (ver post de Florentino Felgueroso y Luis Garicano). Dadas las sombrías perspectivas laborales (e incluso matrimoniales) que esperan al 36% de chicos que ni siquiera consigue acabar la ESO, parece indispensable preguntarnos qué podemos hacer para mejorar su trayectoria educativa.

El bajo rendimiento académico de los varones ha atraído la atención de numerosos economistas, sociólogos y psicólogos sociales. En general, parece existir una alto grado de consenso que señala que una de las claves reside en la carencia de habilidades no cognitivas. Es decir, los varones poseemos peores habilidades interpersonales, somos menos persistentes, menos disciplinados, nos cuesta diferir la gratificación, y tenemos peor capacidad de comunicación. Y, como James Heckman ha señalado repetidamente, los individuos que no poseen este tipo de habilidades tienden a desarrollar carreras educativas mucho más pobres (ver post de Samuel Bentolila).

Lo que no está tan claro son las causas de estas diferencias no cognitivas entre hombres y mujeres. Por un lado, aunque es difícil cuantificar su relevancia, existen diferencias biológicas. Por ejemplo, el ritmo de desarrollo del cortex frontal, relacionado con el control de la inhibición, es más rápido en las mujeres. Por otro lado, numerosos autores también sugieren que el ambiente familiar y escolar podrían influir en las habilidades no cognitivas de los individuos. Una de las contribuciones más interesantes es el reciente artículo de Marianne Bertrand y Jessica Pan, The Trouble with Boys: Social Influences and the Gender Gap in Disruptive Behavior (NBER 2011).

Bertrand y Pan siguen durante doce años la trayectoria de veinte mil niños. En primer lugar, estudian la influencia de la escuela.  Curiosamente, las diferencias en las habilidades no cognitivas entre chicos y chicas no varían en función del grado de disciplina de la escuela, de la edad a la que los niños comienzan la guardería o del sexo del maestro. Sin embargo, la estructura familiar resulta ser un factor clave. Los niños (varones) que se han educado fuera de la llamada familia tradicional (ambos padres biológicos presentes) tienen graves carencias en habilidades no cognitivas. Por ejemplo, la probabilidad de ser expulsados por mal comportamiento de la escuela, uno de los mejores predictores del fracaso escolar, es muy superior (25% vs 10%). Según los autores, en parte esto se debería a que las madres solteras tienden a pasar menos tiempo con sus hijos varones que con sus hijas. Además, las madres solteras también declaran una mayor distancia emocional respecto a sus hijos varones. Pero la principal razón es que los niños son especialmente vulnerables en las familias monoparentales. Estas familias dedican menos tiempo a sus hijos (e hijas) pero es el desarrollo no cognitivo de los hijos varones el que se ve afectado en mayor medida. El aumento en el número de niños que no convive con ambos padres biológicos habría agravado el problema en las últimas décadas.

¿Qué podemos hacer? Diversos estudios sugieren que es posible entrenar y desarrollar las habilidades no cognitivas. Por ejemplo, James Heckman recomienda realizar actuaciones de alta calidad sobre los niños en su primera infancia (ver el post de Antonio Cabrales sobre los programas Perry y Abecedario). En segundo lugar, otros autores sugieren la posibilidad de corregir la falta de motivación introduciendo incentivos explícitos. Roland Fryer muestra que las recompensas por actividades, como podría ser la lectura de un libro, mejoran el rendimiento mientras que los premios por resultados no producen efectos apreciables (ver el post de Antonio Cabrales). Alternativamente, como explicara Sara de la Rica, Rachel Kranton destaca la importancia del concepto de identidad entre los adolescentes y recomienda utilizarlo para aumentar su apego a la escuela (“school is cool”). Por ejemplo, podría ser útil vincular institucionalmente las actividades deportivas a la escuela y condicionar la participación al rendimiento académico. Por último, más allá de posibles políticas educativas, quizás podrían ser las propias familias las que tuvieran la llave para resolver este problema. Bertrand y Pan observan que los padres dedican más tiempo a leer con sus hijas, las apuntan con más frecuencia a actividades extra-curriculares, tienen más confianza en su futuro académico e, incluso, declaran tener una mayor proximidad emocional. Además, también muestran que el desarrollo no cognitivo de los hijos varones se resiente especialmente cuando reciben menos atención y de menor calidad. Si tienen un hijo varón, ya saben qué tienen que hacer.