Este curso decidí incorporar El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la novela del genial escocés Robert Louis Stevenson, como lectura obligatoria en la optativa Responsabilidad social y ética empresarial de los grados de Turismo y Administración de Empresas. La inspiración me vino del programa de seminarios de grandes libros que desarrolla la Universidad de Navarra y de la labor de difusión que, desde hace años, realiza el profesor José María Torralba, catedrático de Filosofía Moral y Política. Hasta donde sé, son pioneros en la universidad española, aunque en países como Estados Unidos existen universidades y colleges donde una parte importante, o incluso la totalidad de la formación gira en torno a la lectura y discusión de grandes libros.
Los grandes libros
Tal y como explica Torralba, la lógica de estos programas consiste en utilizar los clásicos de la literatura, la filosofía o las ciencias sociales como punto de partida para leer, reflexionar y debatir en seminarios reducidos, sin clases magistrales y sin intermediarios. No se trata de memorizar contenidos, sino de ejercitar la capacidad de comprensión, argumentar, matizar y escuchar, con el objetivo de educar el intelecto y formar criterio propio.
Su valor es académico, pero también cívico y personal. Debatir, por ejemplo, sobre libertad, justicia o identidad obliga a practicar un diálogo respetuoso que contrarresta la polarización y sitúa a los estudiantes ante preguntas que afectan a sus propias vidas y fines. Aunque el atractivo de este modelo es evidente en disciplinas como la filosofía y la ética, cuesta más imaginar una traslación completa a ámbitos como la biología o la economía. Aun así, instituciones como el St John’s College organizan estudios enteros, incluso en estas disciplinas, a partir de libros de Darwin, Adam Smith, etc. Aunque mi impresión es que incorporar íntegramente este enfoque muy probablemente no sea la mejor manera de aprender economía, sí creo que introducir algunos elementos de la educación liberal en nuestras universidades podría ser muy beneficioso. Recomiendo leer al respecto el magnífico libro de Torralba, Una educación liberal. Elogio de los grandes libros.
Jekyll y Hyde
Con esta idea en mente, y plenamente convencido de la necesidad de que los estudiantes lean, piensen y debatan sobre lo leído, me animé a pedir la lectura obligatoria de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. ¿Por qué esta novela? En primer lugar, porque la había releído hacía un par de años para el curso ‘El reto de leer en el aula: la metodología de los seminarios de los grandes libros’. En segundo lugar, porque es un clásico breve (unas cien páginas). Y, por último, porque sus temas encajan bastante bien con una asignatura de ética empresarial.
¿El resultado? Diría que positivo. La discusión colectiva en clase (verdadero objetivo de la lectura) funcionó tan bien como los debates habituales sobre casos empresariales. La mayoría de estudiantes no conocía la historia de la novela ni su desenlace, lo cual favoreció una lectura fresca y sin expectativas previas. A continuación, resumo algunos de los principales temas de discusión (advertencia: spoilers).
La primera idea es la de la dualidad moral humana. Jekyll es un hombre respetado, perfeccionista y preocupado por su reputación, pero vive internamente dividido entre el deseo de ciertos “placeres” (que nunca se especifican) y el deber moral. No se permite aceptar su propia complejidad: aspira a una pureza moral imposible. Hyde personifica justamente aquello que Jekyll reprime: impulsos, deseos y comportamientos que la sociedad condena y que él mismo reprueba pública e íntimamente.
La pócima le ofrece a Jekyll separar sus dos caras y “aflojar los lazos del deber”, disfrutando sin culpa de aquello que reprime, a la par que mantener su reputación incólume. Pero lo que inicialmente parece una ampliación de libertad (evitar las restricciones impuestas por la moralidad) termina convirtiéndose en una completa pérdida de control. Hyde se fortalece, Jekyll se debilita y acaba prisionero de la parte de sí mismo que quería ocultar. Aquí las ideas de Aristóteles sobre el hábito y la formación del carácter (también el ético) resultan iluminadoras: lo que uno alimenta termina dominándolo.
En la segunda parte de la discusión se plantearon los paralelismos directos entre la novela y la responsabilidad social de las empresas. Muchas organizaciones se esfuerzan por proyectar una imagen impecable mediante códigos éticos, supuestos valores corporativos e informes de sostenibilidad mientras conviven con prácticas internas que contradicen esos mismos principios. La metáfora con Jekyll y Hyde resulta evidente: la fachada respetable frente a la actividad oculta. El greenwashing sería un ejemplo: manipular o maquillar información ambiental para sostener una “buena fachada” sin cambiar realmente la conducta.
El intento de Jekyll de separar su “lado virtuoso” de su “lado oscuro” recuerda también a ciertos modelos empresariales donde la filantropía funciona como una especie de versión moralmente mejorada de la empresa matriz. Se mencionaron ejemplos como Microsoft y la Fundación Bill y Melinda Gates, o el caso extremo de Purdue Pharma y la familia Sackler, cuya filantropía convivió con la comercialización agresiva de fármacos adictivos como el Oxycontin. En clase solemos insistir en que la responsabilidad social de la empresa trata de cómo se gana el dinero, mientras que la filantropía trata de en qué se gasta.
Finalmente surgieron otros temas como, por ejemplo, las consecuencias de ignorar cuestiones éticas: desastrosas en la novela al igual que en numerosos escándalos corporativos (véase el Dieselgate de Volkswagen). La novela lo ilustra bien: ocultar los problemas no los elimina, solo los agranda hasta que acaban escapando a cualquier control.
En resumen
La experiencia ha sido provechosa tanto para mí como (espero) para los estudiantes. Veremos los comentarios al respecto en las encuestas docentes. En cualquier caso, mi intención es repetirla en próximos cursos, con esta misma novela o quizás con alguna otra que permita un debate similar (se aceptan sugerencias). Como saben todos mis colegas profesores, el segundo año en que se introduce un nuevo contenido suele funcionar mejor: la curva de aprendizaje es imparable.
