AENA ante la descarbonización

En el reciente artículo “Debemos romper algunos mitos del transporte aéreo”, AENA defiende la compatibilidad de la ampliación de la capacidad de sus aeropuertos (derivada de la inversión de 13.000 millones de euros anunciada por el gobierno) con la necesaria descarbonización ante el cambio climático. AENA defiende esta tesis basándose en su presunta refutación de dos “mitos”:

  1. Que el transporte aéreo sea uno de los principales focos de contaminación. Por el contrario, las cifras indicarían que su contribución a las emisiones globales de CO es solo de entre el 2% y el 3%.

Tal y como explica Alex Edmans en su magnífico libro ‘May contain lies’ (reseñado en este blog: aquí), una afirmación no tiene por qué ser correcta. Por ello, una buena praxis periodística (y académica) es explicitar las referencias ante determinadas afirmaciones y cifras para así permitir al lector su fácil comprobación. Lamentablemente, el artículo de AENA no hace así.

Si se consulta el documento Plan de acción climática 2021-2030 citado en el texto, allí sí consta el porcentaje y la correspondiente referencia. La cifra del 2-3% no es incorrecta. Sin embargo, entre varias posibles, se proporciona la que transmite la impresión de un menor impacto del sector. El mismo documento señala que el sector aéreo contribuiría un 4% en las emisiones a nivel europeo de gases de efecto invernadero. Me recordó la magnífica película Primera plana de Billy Wilder: “Está en el segundo párrafo”, dice el personaje de Jack Lemmon. Y ¿quién demonios leerá el segundo párrafo?” le responde Walter Matthau.

Otros informes, por ejemplo, de Transport & Environment, aportan cifras algo superiores. Antes del COVID, el CO₂ emitido por el sector de la aviación representaba el 4,9% del “total del bloque” EU27+RU, señalando también que el impacto climático de la aviación incluye efectos no-CO2 (estelas, óxido nitroso …), que multiplican de forma significativa el efecto climático del CO2.

Resumiendo: AENA no falta a la verdad, pero practica una selección parcial de los datos; entre varias métricas posibles, elige la más benigna para la foto y el mensaje que pretende transmitir.

  1. Que la ampliación de los aeropuertos implique una mayor contaminación. “Las nuevas infraestructuras mejoran su eficiencia energética y optimizan su operativa. Por lo tanto, es posible ampliar los aeropuertos para prestar un servicio de calidad sin aumentar la huella de carbono.” “[La descarbonización] requiere una capacidad [financiera e] inversora que solo puede sostenerse si la empresa crece”

El argumento termina además con la frase: “El crecimiento de las infraestructuras no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para garantizar una transición climática viable, eficaz y duradera”. Difícil no pensar en Orwell.

En todo caso, el argumento de fondo de ese “segundo mito” es confuso. Parece limitarse al impacto climático de las infraestructuras aeroportuarias, arguyendo que éstas deben crecer (“las empresas necesitan volumen”) para ganar eficiencia energética. Aun aceptando que exista algún modelo donde eso ocurra, la pregunta es: ¿hasta qué punto tendrían que ampliarse Barajas y El Prat para alcanzar el tamaño que supuestamente hace viables esas inversiones?

Peor aún. AENA centra el foco en la huella propia de los aeropuertos y deja fuera la de las aeronaves que, según indican en su propio Plan de acción climática 2021-2030 (p. 6), concentran la inmensa mayoría del impacto climático del sector. Al mirar al 5% de la huella de los aeropuertos y soslayar el 95% de las aeronaves, AENA pasa por alto la objeción central a la ampliación de la capacidad aeroportuaria: que así se facilitan e incentivan más vuelos y, con ello, más emisiones de CO2. El artículo incurre por tanto en la falacia del hombre de paja: caricaturiza la postura crítica, dificultando así un debate honesto.

En resumen

En su artículo, AENA ofrece una cifra equívoca e interesada y elude la crítica de fondo a la prevista ampliación de la capacidad aeroportuaria. Tal y como explica Transport & Environment, ni la mayor eficiencia de las aeronaves ni los llamados combustibles “sostenibles” compensarán el incremento de emisiones de CO2 derivado del aumento resultante de vuelos durante los próximos años y décadas. Con ello, el artículo esquiva debatir políticas de contención, como por ejemplo las ecotasas aéreas, que son ineludibles ante el previsible crecimiento del tráfico aéreo (si nos tomamos en serio la necesidad de la descarbonización ante el cambio climático, claro está).

Coda. La transparencia es el alma de la responsabilidad. Por ello, una empresa que se declara socialmente responsable y rehúye ser transparente merece nuestro mayor escepticismo. En este sentido, AENA en Palma lleva años evitando aclarar a la sociedad balear, negándose incluso a comparecer en el Parlamento autonómico, si las obras en curso en su infraestructura implican o no ampliar la capacidad del aeropuerto, una ampliación que buena parte de la ciudadanía rechazaría por su contribución a la saturación turística de la isla.

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