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Trabajos codiciosos y la brecha de género

Por Almudena Sevilla

En este blog post hago un comentario sobre el libro del nuevo libro de la Catedrática en Economía Claudia Goldin, “Carrera y familia: El trayecto de las mujeres hacia la equidad en el último siglo”. Para ello, haré un primer resumen de las dos partes fundamentales del libro, estableciendo los conceptos revolucionarios del libro, y añadiré aquellos puntos que considero son merecedores de mayor atención para conseguir mover la investigación y la política económica hacia delante en un futuro cercano. Este articulo esta basado en una versión previa publicada en el Joural of Feminist Economics.

La primera parte del libro describe, desde la historia Económica, las barreras a las que se han enfrentado las mujeres con estudios universitarios en el último siglo. El tema clave de estos capítulos es el reconocimiento de que hay un progreso positivo hacia la igualdad de género en cada etapa de la historia, aunque la perspectiva histórica también ofrece una lección cautelar sobre lo frágil que es este avance. Resumiendo, es un avance que esta caracterizado por un proceso prolongado en el tiempo y por estar plagado de giros hacia atrás. Goldin adopta una visión refrescantemente optimista de los progresos realizados por las mujeres para conciliar el trabajo y la familia a través del análisis de los datos macroeconómicos e historias individuales (incluidas experiencias personales: Goldin fue la primera mujer en obtener la catedra en del Departamento de Economía de Harvard). Los avances hacia una mayor igualdad provienen el paso del testigo del cambio por parte de la generación anterior de mujeres a la siguiente generación, y por un proceso de aprendizaje por parte de las generaciones más jóvenes de los errores de las anteriores. Goldin es consciente de que el proceso no es lineal (como demuestra la marcha atrás en el avance de la mujer con la legislación de posguerra en EEUU, que volvió a prohibir trabajar a las mujeres casadas). El lector puede hacer paralelismos fácilmente con la situación actual, con países como Afganistán e Irán (cunas de la igualdad de género en otras épocas no muy lejanas).

La última parte del libro adquiere un tono más pesimista. A través de un modelo microeconómico del mercado de trabajo, y basándose en la evidencia empírica proveniente de EEUU, aprendemos que la segregación ocupacional sólo puede explicar un tercio de la diferencia salarial entre hombres y mujeres, y que la discriminación (la parte no explicada de la diferencia salarial entre hombres y mujeres) representa sólo el 20% de las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Goldin argumenta que una gran parte de la diferencia salarial entre hombres y mujeres viene dada por el hecho de que las mujeres trabajan menos horas (principalmente debido al cuidado de los hijos). De este modo, las mujeres con carrera universitaria no pueden acceder a trabajos “codiciosos” que exigen muchas horas o estar siempre “de guardia” (o en inglés, “on call”). La función de producción característica de los trabajos codiciosos lleva a que los salarios por hora aumenten exponencialmente con las horas de trabajo debido al bajo grado de sustituibilidad de los trabajadores. De este modo, cada trabajador se vuelve indispensable, y es costoso para la empresa disminuir las horas trabajadas o dar al trabajador flexibilidad sobre cuando se trabajan esas horas. Cuando una pareja hace frente a esta situación, maximizar los ingresos de la pareja (sin dejar de atender las responsabilidades familiares) es solo posible cuando un miembro de la pareja se especializa en un trabajo codicioso y el otro se especializa en un trabajo estándar (ver Figura 1). Sin embargo, la equidad de la pareja y las carreras de las mujeres se resienten. Estar "de guardia" en un trabajo codicioso no es compatible con estar "de guardia" en casa. Algo tiene que ceder.

Figura 1. Desigualdad de género y de pareja

Notas. Goldin considera dos puestos de trabajo que se ofrecen a Isabel y Lucas. Uno de ellos es flexible, y no importa cuántas horas trabaje el empleado a la semana porque el salario por hora es el mismo (línea de puntos). El otro puesto es menos flexible (o "codicioso"), y cuantas más horas se trabajen, mayor será el salario por hora (línea continua). El eje horizontal muestra las horas trabajadas por semana (o una medida que indica que hay que trabajar determinadas horas). El eje vertical indica los ingresos totales por semana. H* es el número de horas semanales habituales, unas 40 o 45 horas. El área gris entre el origen, el diamante (la posición codiciosa) y el punto (la posición flexible) ilustra la cantidad de ingresos a los que renuncia una pareja cada semana si uno de ellos no adopta el trabajo codicioso.

¿Cuál es la solución a la igualdad en el mercado laboral y en casa? Goldin propone avances tecnológicos que aumentan la sustituibilidad entre los trabajadores y reducen el coste de conceder flexibilidad por parte de la empresa. Su solución se basa en promover tecnología de la información que hace que los trabajadores (como farmacéuticos, ginecólogos y anestesistas) sean sustitutos perfectos entre ellos. Una vez que esto sucede, ningún trabajador es indispensable, los trabajadores no necesitan estar de guardia en el trabajo porque cualquier compañero o compañera puede prestar un buen servicio al cliente (Goldin y Katz 2016).

Conclusión

Introducir el “estar de guardia” en un modelo económico de determinación de salarios para explicar la incompatibilidad entre carrera profesional y familia es simplemente revolucionario. El libro de Goldin presta un verdadero servicio a las ciencias sociales y al público en general al reunir gran parte de su innovador trabajo de una manera totalmente accesible. Las importantes lecciones del libro van más allá de Estados Unidos, que es el foco principal, y son igualmente relevantes para el público internacional. Goldin hace un trabajo excelente describiendo el problema. Sin embargo, el libro pierde la oportunidad de solventar algunas de las contradicciones que identifica tan vívidamente y de poder aportar soluciones más creativas.

Una gran incógnita en el argumento tecnológico es por qué esta tecnología aparece en ciertas industrias y no en otras. En EEUU, por ejemplo, equipos de obstetras atienden a las embarazadas. Una madre no sabe qué obstetra dará a luz a su hijo o hija hasta el día del parto, y si este dura más de un turno, más de un obstetra estará a su cargo. Uno se pregunta: ¿no es más importante que una madre establezca una relación de confianza con su obstetra, que va a dar a traer al mundo a su bebé, que el que un banquero genere una relación de confianza y respeto con un cliente? Goldin reconoce esta paradoja. En la primera parte del libro, Goldin describe como la píldora anticonceptiva tardó tanto en descubrirse por una arraigada falta de interés -y de financiación a la investigación- en lo que se consideraba un asunto de mujeres. Sin embargo, Goldin no hace paralelismos entre las barreras a la introducción de tecnologías que hagan que las funciones de producción de los trabajos codiciosos cambien para que estos dejen de serlo, con las mismas barreras que impidieron un progreso más rápido hacia el descubrimiento de la píldora.

Otra crítica al argumento de Goldin es que no cuestiona por qué en la actualidad es la mujer la que se especializa en el trabajo flexible y el hombre en el trabajo codicioso, y no al revés. La pregunta clave es: ¿Si no hubiera trabajos codiciosos podríamos acabar con la desigualdad de género? La respuesta es, probablemente no. Goldin no reconoce la naturaleza de género en la toma de decisiones en el hogar. Sin embargo, esta premisa fundamental del argumento de Goldin no está validada por la evidencia empírica. Los datos muestran que son los estereotipos y roles sociales de hombres y mujeres, y no simplemente la ventaja comparativa basada en quien gana más en la pareja, lo que explica las decisiones de especialización en la pareja. Por ejemplo, la evidencia (incluida evidencia para España) indica que en contra de lo que la teoría económica predice, la división del trabajo se vuelve menos equitativa en parejas donde la mujer gana más que el hombre (comparada con parejas donde la mujer gana menos que el hombre) (Bittman y Folbre 2004; Sevilla-Sanz, Giménez, Fernandez 2011; Bertrand, Cortes y Pan 2020). De manera similar, las responsabilidades de cuidado durante el COVID aumentaron para las mujeres debido a los cánones de genero establecidos, independientemente de su situación laboral o su salario relativo con respecto a su pareja como un modelo de ventaja comparativa predeciría (Andrew et al. 2020; Del Boca et al. 2020; Sevilla y Smith 2020; Biroli et al. 2021).

Otra premisa del libro es que hay ciertas necesidades del hogar a las que hay que atender, y es precisamente por esta razón por la que las mujeres no pueden trabajar en los trabajos “codiciosos”. El “precio” pagado por la mujer por aceptar un trabajo flexible es el área gris en la Figura 1, que equivale al beneficio que el hogar recibe por el cuidado del hogar por parte de la mujer. Goldin no incorpora en su análisis la posibilidad de que la mujer trabaje en un trabajo codicioso, y que con su sueldo (área gris de la Figura 1) pague el cuidado de los hijos en el mercado. Goldin parece sugerir que las madres eligen libremente quedarse en casa y que el área gris represente el valor monetario que las madres están dispuestas a asumir (de una manera totalmente voluntaria) el coste por las inversiones de tiempo en el capital humano de sus hijos. Sin embargo, si esta decisión fuera realmente libre, las madres con carrera universitaria que deciden no continuar una carrera en el mercado laboral deberían estar contentas con esta decisión. Esto está lejos de la realidad. La evidencia indica que el cuidado de los hijos no genera satisfacción momentánea (Kahneman et al., 2004), y que es precisamente las mujeres con estudios universitarios las que disfrutan sustancialmente menos del cuidado de los hijos con respecto a sus homólogas con menos estudios (Giménez-Nadal y Sevilla 2016). Es por lo tanto muy posible que los fallos en el mercado de cuidado de niños (debido, principalmente, a la información asimétrica y de moral Hazard que plaga este mercado), haga que el diamante de la Figura 1 sea difícil de alcanzar pese a los deseos de las madres de trabajar en trabajos codiciosos.[1]

Modelar la función de producción de los trabajos codiciosos de manera más realista para incorporar como cambia la tecnología de la función de producción (entendida en un modo muy amplio, incluyendo normas sociales) puede ser el siguiente paso para solventar este punto de estancamiento en cuanto a la igualdad de género en el que nos encontramos. Comprender el origen de las normas sociales, la forma en que se dan, y cómo cambiarlas es un área prometedora de investigación (Giuliano 2020; Sevilla 2020; Lundberg 2022). La disciplina económica se está despertando recientemente a la idea de que las normas sociales (y los roles de género en particular) son susceptibles de cambio. Claudia Goldin es consciente de esto, y presidió una sesión en el Instituto de Verano de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) de 2022 sobre "El género en la economía: Cambio y la persistencia de las normas". Nuevas formas alternativas de lograr la igualdad de género en el trabajo y en la casa están en camino.

[1] No es difícil pensar que una alta ejecutiva pueda fácilmente pagar a una cuidadora (o cuidador) para su hijo. Puede que no quiera. O puede que, incluso queriendo, no sea posible distinguir a una cuidadora (o cuidador) bueno de otro malo. Lo mismo sucede con tutores y psicólogos para adolescentes que tienen incentivos a corto plazo, y no a largo plazo como los padres.