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Reasignación de la mano de obra: ahora nos toca los trabajos prácticos

Agnès Bénassy-Quéré

Según las últimas previsiones del Banco de Francia, el nivel de actividad en Francia durante el mes de junio de 2021 es sólo un 3% inferior al nivel previo a la crisis. Además, las predicciones muestran que se podría recuperar el nivel pre-crisis a partir del primer trimestre de 2022 (Gráfico 1, Banco de Francia « Projections macroéconomiques », junio 2021). ¿Significa esto que estamos fuera de peligro? Todavía no.

En busca del trabajador omnisciente

Como todo el mundo sabe, el PIB es la suma del valor añadido de todas las empresas del país. Algunos sectores ya han recuperado su nivel de actividad anterior a la crisis (algunos incluso lo han superado), mientras que otros siguen rezagados. Dentro de cada sector, la recuperación tampoco es uniforme dado que la demanda se ha transformado. Si los trabajadores fueran omniscientes, versátiles y perfectamente móviles a nivel geográfico, se trasladarían instantáneamente donde hay una necesidad de mano de obra. No habría ni desempleo ni restricciones sobre el PIB siempre que la demanda cumpliera su parte.

La realidad es otra. Un auxiliar de vuelo no puede dedicarse de la noche a la mañana a instalar bombas de calor para particulares ni prestar servicios de atención domiciliaria a las personas mayores. Por lo general, no sólo no dispone de las habilidades adecuadas, sino que tampoco cuenta necesariamente con información sobre las oportunidades laborales. El "trabajador representativo" que produce "PIB per cápita" no existe. Si la demanda se recupera lentamente en el transporte aéreo, pero vigorosamente en la renovación energética, un sector se verá, a corto plazo, limitado por la demanda mientras que el otro lo estará por la oferta. Como ha demostrado Restrepo (2015), la dificultad para identificar a trabajadores cualificados entre los montones de currículos recibidos puede incluso llevar a las empresas de los sectores dinámicos a restringir la contratación, lo que, a su vez, reduce los incentivos de los trabajadores para formarse. En resumen, los desajustes de competencias de los trabajadores perjudican a la economía desproporcionalmente en relación a la proporción de personas concernidas en la población activa.

Gráfico 1. Evolución de la actividad económica
(en % sobre el nivel de actividad anterior al Covid19)

La idea de una recuperación desigual no es simplemente una teoría. Para convencerse de ello, basta con observar las trayectorias de actividad de los sectores que se vieron más afectados por la crisis (gráfico 2 – arriba) y las de aquellos que salieron relativamente indemnes (gráfico 2 – abajo). En abril de 2021, los sectores del gráfico inferior habían recuperado un nivel de actividad cercana (o incluso superior) al anterior a la crisis, mientras que los de la parte superior aún estaban lejos. Con el rebote ligado a la reapertura de la economía, la gran mayoría de los trabajadores de los sectores del gráfico superior encontrarán de nuevo un empleo. Sin embargo, los viajes de larga distancia y de negocios se reanudarán lentamente, y quizás de manera incompleta, debilitando la demanda de viajes aéreos (y, por tanto, de aviones) pero también de taxis, hoteles internacionales, palacios de congresos, tiendas de lujo, etc. Un reto decisivo para la próxima etapa y de cara a las transformaciones ecológica y digital de nuestras economías será la capacidad de nuestra economía para reasignar parte de la mano de obra de estas actividades hacia sectores en expansión, como la renovación energética, los servicios a las personas o las actividades relacionadas con el sector digital.

Gráfico 2. Pérdidas de actividad respecto al último trimestre de 2019, en %.

Competencias a transferir

Aunque la gran mayoría de los cambios de empleo se produzcan dentro de un mismo sector (véase Davis y Haltiwanger, 1992), los cambios de sector de actividad son igualmente significativos. Es el caso, por ejemplo, en Francia, de la hostelería donde se observa que una media del 9% de los trabajadores cambia de sector de actividad cuando se les hace un seguimiento durante un periodo de 6 trimestres (media 2008-2018, véase gráfico 3 que presenta cálculos de la DG Trésor utilizando datos de la encuesta sobre el empleo del Insee). El hecho de que los empleados de este sector sean a menudo jóvenes, al inicio de sus carreras y con contratos cortos puede explicar esta elevada movilidad. En cambio, en la fabricación de material de transporte, sector que incluye la industria del automóvil y la aeronáutica, los trabajadores se mueven mucho menos: el 2,7% cambió de sector en 6 trimestres durante el mismo periodo.

Gráfico 3. Movilidad sectorial en dos sectores
(durante seis trimestres consecutivos, media 2008-2018)

Cada trabajador tiene una combinación única de competencias, experiencias, motivaciones y condicionantes personales. Algunas competencias, como el dominio del inglés, de la contabilidad o de las tecnologías digitales, son transferibles entre sectores; otras, como las ventas o la gestión de inventarios, lo son menos. La tabla 1, extraída de un estudio económico de la DG Trésor compara las competencias más utilizadas en los sectores que destruyeron empleo en 2020 (a la izquierda) y en los sectores que crearon más empleo en el mismo periodo (a la derecha). Vemos, por ejemplo, que la capacidad de gestionar un equipo se requiere en el 53% de los empleos en sectores "destructores" y en el 72% de los empleos en sectores "creadores". Por lo tanto, estadísticamente, más de la mitad de los trabajadores con empleos de riesgo tienen una cualificación muy demandada en los sectores en crecimiento. Sin embargo, la gestión de stocks es una competencia frecuente en los sectores "destructores", pero poco solicitada en los sectores "creadores".

Tabla 1. Competencias más demandadas en los sectores “destructores” y “creadores” de empleo en 2020

Usando datos de Italia en 2015-2018, Basso, Grompone y Modena (2021) confirman que la proximidad de los puestos de trabajo en términos de competencias tiene un impacto muy significativo en la probabilidad de transición profesional. Para maximizar las posibilidades de que los trabajadores de los empleos “en riesgo” encuentren un puesto de trabajo en un sector en crecimiento, sería entonces "suficiente" con completar su formación con las competencias que aparecen en azul en el cuadro de la derecha. Por desgracia, aquí es donde las cosas se complican.

En primer lugar, las competencias descritas en la tabla son bastante amplias si pensamos, por ejemplo, en el conocimiento de las normas y de la seguridad, que varía mucho según el sector en cuestión. Por lo tanto, en realidad las necesidades pueden diferir de las competencias específicas con las que cuentan los trabajadores disponibles.

En segundo lugar, algunas competencias son difíciles de adquirir, como la "medicina general y especializada" o, en menor medida, la enfermería y la contabilidad. En general, la probabilidad de tener competencias demandadas en los sectores creadores de empleo es mucho mayor para los trabajadores cualificados que para los poco cualificados: en el cuadro de la izquierda, las competencias marcadas en verde corresponden a menudo a los trabajadores cualificados, mientras que las marcadas en azul recaen más sobre trabajadores poco cualificados. Además, los trabajadores poco cualificados han tenido tradicionalmente un menor acceso a la formación que los demás, sobre todo en sectores de “riesgo” como el comercio minorista.

Por último, orientar a los trabajadores cuyos puestos de trabajo están amenazados hacia proyectos de reconversión no es en realidad tan sencillo como parece: más allá de sus condicionantes familiares y de los costes asociados a la posible movilidad geográfica, las personas necesitan identificar el interés en dicha reconversión, ser informadas sobre el abanico de posibilidades existentes y las formas de acceder a ellas.

En términos de formación, existen muchos dispositivos y programas, tanto para los que tienen empleo como para los que no lo tienen. El Plan de Recuperación francés los ha reforzado para ofrecer un mejor apoyo a los trabajadores en ERTE o aquellos cuyos puestos de trabajo están amenazados, a los jóvenes y a los que buscan empleo en profesiones prometedoras. En Francia, la reforma de la formación, en particular mediante la cuenta personal de formación, que ayuda a los trabajadores a financiar su participación en actividades formativas, facilita el acceso. Para seguir por este camino positivo, es imprescindible dar la información de manera eficaz a las personas afectadas. En este ámbito, serán necesarias ideas innovadoras y una acción cada vez más decidida para que los planes alcancen su objetivo. Igual de importante resulta evaluar estos planes para que puedan mejorarse constantemente.