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¿Quién se encarga de las tareas domésticas durante el confinamiento? Covid-19, mercado de trabajo y uso del tiempo en el hogar

Por Lídia Farré y Libertad González

Durante el mes de abril, hemos distribuido una encuesta dirigida a las familias en España, con el objetivo de conocer la situación de los hogares durante este periodo de confinamiento. En particular, nos interesaba saber cómo se están adaptando las personas con hijos a cargo, en términos de su actividad laboral y de las tareas domésticas, incluyendo el cuidado de los hijos, con particular atención a desigualdades de género. En la entrada de hoy les presentamos un primer adelanto de los resultados.

Los datos que analizamos hoy son los recogidos durante la primera semana de la encuesta, del 4 al 9 de abril. La muestra incluye 5.523 observaciones. Un 74% de las personas que respondieron son mujeres, un 60% declara tener una titulación universitaria, el 82% convive con su pareja, y el 87% vive con algún hijo menor de 16 años.

Lo primero que hay que destacar es que no se trata de una muestra representativa de los hogares españoles. La participación ha sido voluntaria, y nos dirigíamos en particular a personas con hijos menores. Por tanto, los resultados sólo se aplican a esta muestra (auto) seleccionada. Teniendo esto en mente, pensamos que aun así los resultados pueden ser informativos.

Centramos nuestro análisis en hogares formados por parejas de distinto sexo con hijos, y preguntamos a cada encuestado/a por su situación laboral y la de su pareja. Antes del confinamiento, el 93% de los hombres en los hogares encuestados declaraban estar trabajando, comparado con el 84% de las mujeres. Es decir, la tasa de ocupación era 9 puntos porcentuales mayor entre los hombres de nuestra muestra que entre las mujeres, aunque era bastante alta para todos. Esto es aproximadamente consistente con los datos (representativos) de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2019, para personas de estas características. En estas parejas, el ingreso de la mujer representaba de media el 41% de los ingresos totales del hogar.

Tras la declaración del estado de alarma, el 25% de los hombres y el 22% de las mujeres en nuestra muestra declaran haber perdido su trabajo (incluyendo ERTEs), con lo que las tasas de ocupación bajan al 67% para los hombres y el 62% para las mujeres (Nota: Por el diseño del cuestionario, no incluimos a personas que no tenían trabajo antes del estado de alarma y pueden haberlo encontrado después). Documentamos por tanto efectos muy importantes sobre la ocupación a corto plazo.

La caída en la ocupación es mucho más pronunciada entre trabajadores sin estudios universitarios (figura 1). El porcentaje que declara haber perdido su empleo es del 16% entre titulados universitarios, comparado con el 33% (¡!) entre personas sin formación superior. Estos porcentajes son muy parecidos para hombres y mujeres. Como consecuencia, después del estado de alarma, sólo el 43% de las mujeres con nivel educativo bajo mantiene su empleo (comparado con el 80% de los hombres con nivel educativo alto).

A continuación, documentamos la distribución de las tareas domésticas entre los miembros de la pareja, antes y después del confinamiento. Preguntamos sobre quién es la persona que se encarga de: la limpieza del hogar, hacer la compra, lavar la ropa, hacer la comida, y el cuidado de los hijos.

La figura 2 muestra el porcentaje de hogares en que cada tarea es realizada siempre o la mayoría de las veces por la madre, el padre, o los dos por igual. Por ejemplo, en el 48% de los hogares la mujer es quien suele encargarse de la limpieza, mientras que en el 4% es el hombre, y en el 37% el hombre y la mujer se lo reparten por igual (en el 11% de los hogares la limpieza la realiza una tercera persona).

Antes del confinamiento, lo más común en los hogares encuestados era repartirse a partes iguales las actividades de ocio con los hijos, y en menor medida la compra, mientras que la mujer era la principal responsable de la limpieza, la ropa, la comida, y las actividades educativas con los hijos.

Durante el confinamiento (figura 3), el cambio principal es que ahora el hombre pasa a ser el principal responsable de la compra (en el 38% de los hogares encuestados). Los cambios van en la dirección de una distribución de tareas más igualitaria (figura 4), aunque se mantienen diferencias grandes: no hay ninguna actividad salvo la compra en la que el hombre sea de media el principal responsable. Incluso en el caso de la compra, la actividad más “masculina”, sólo en el 38% de los hogares es el hombre el que se encarga la mayoría de las veces.

Documentamos también diferencias muy importantes por nivel educativo. Antes del confinamiento, las mujeres con nivel educativo alto (con título universitario) dedicaban mucho menos tiempo a las tareas de la casa (excepto el cuidado de hijos), sobre todo limpieza y comida, comparado con las de nivel educativo más bajo. Los hombres de nivel educativo alto se encargaban en mayor medida de la comida, mientras que la limpieza en hogares de parejas universitarias la realizaba una tercera persona en muchos más casos.

Con el confinamiento, las tareas se reparten más que antes en las parejas de nivel educativo bajo, sobre todo la compra y la ropa. Más hombres se encargan de la compra, mientras que la ropa se reparte de manera más igualitaria. Estos cambios son menos pronunciados en las familias de nivel educativo alto, aunque la limpieza también se reparte más por igual (en vez de externalizarse), y los hombres pasan a encargarse más de la compra.

Dado que hemos mostrado que la tasa de ocupación es más baja para las mujeres que para los hombres, miramos por último al reparto de tareas en familias en las que los dos miembros de la pareja han mantenido su trabajo durante el confinamiento, y donde por tanto podría esperarse un reparto más equilibrado.

Puede observarse (figura 5) que los patrones son similares a los de la muestra completa. Las mujeres se encargan mayoritariamente de la ropa y la comida, los hombres se encargan de la compra, y la limpieza y el cuidado de los hijos se reparten de manera igualitaria en muchos hogares (sobre todo las actividades de ocio), mientras que en muchos otros éstos son también competencia de la madre. Hay muy pocos hogares en los que los padres sean los principales encargados de la limpieza, la ropa o el cuidado de los niños. Quitando la compra, es mucho más común que la mujer sea la principal responsable de todas las tareas que el hombre. Es decir, las mujeres asumen más peso en las tareas de casa durante el confinamiento, incluso en familias en las que padre y madre siguen trabajando.

Así pues, mientras que el cierre de los centros educativos y las dificultades para externalizar los servicios domésticos han representado un incremento (sin precedentes) de las responsabilidades familiares, éstas siguen repartiéndose de manera desigual entre hombres y mujeres. Esto sugiere que las mujeres tendrán más dificultades para conciliar el nuevo escenario laboral y familiar.