¿Proteger la salud o la economía? Una terrible disyuntiva

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Por Miguel Almunia

En las últimas semanas se ha producido un intenso debate sobre si las medidas de distanciamiento social que han tomado los gobiernos de muchos países podrían causar un perjuicio económico desproporcionado en comparación con el coste de la epidemia de covid-19 en vidas humanas. Desde el presidente de Estados Unidos a un reputado epidemiólogo de la Universidad de Stanford, pasando por un grupo de economistas y ex-políticos españoles, han alzado públicamente su voz contra las medidas de confinamiento porque consideran que el remedio es peor que la enfermedad. Por otro lado, entre un selecto grupo de economistas académicos europeos y la sociedad española en general parece haber consenso a favor de estas medidas. En esta entrada propongo una manera de analizar rigurosamente los costes y beneficios esperados de actuar o no frente a la pandemia. Una estimación simple para el caso de España sugiere que la aplicación de medidas drásticas está más que justificada a corto plazo. A medio plazo, el análisis de coste-beneficio podría llegar a una conclusión diferente y las herramientas de análisis que propongo en esta entrada podrían ser de utilidad.

La terrible disyuntiva entre proteger la salud de los ciudadanos o proteger la economía del colapso genera un profundo conflicto ético, puesto que la gran mayoría de las personas consideramos que no se puede poner precio a la vida humana. Sin embargo, nuestro disgusto ante esta disyuntiva no hará que desaparezca por sí sola. De hecho, los gobiernos se enfrentan a decisiones similares continuamente. Por ejemplo, se estima que la epidemia anual de gripe causó unos 6.300 muertos en España en 2019. Cada año se hacen campañas de vacunación de colectivos vulnerables (que salvan muchas vidas), pero nadie plantea suspender la actividad económica cada invierno para evitar todas las muertes por gripe. Pese a la confusión de hace unas semanas, ya no queda duda de que la crisis del covid-19 es muy diferente porque no existe vacuna ni tratamiento y el virus es más contagioso y letal. Entonces, ¿qué criterio podemos utilizar para decidir el coste económico que puede soportar la sociedad para paliar los efectos de esta pandemia?

Un marco teórico para evaluar costes y beneficios

Una de las fortalezas de la economía como ciencia social es que ofrece un marco teórico útil para analizar los costes y beneficios (trade-offs) de cada decisión. Para poder diseñar políticas públicas basadas en un análisis riguroso de las alternativas existentes, es necesario saber qué es lo que queremos cuantificar. La pregunta clave no es cuánto vale una vida humana específica, que como ya hemos dicho tiene un valor incalculable, sino cuánto estamos dispuestos a pagar, como sociedad, por reducir (un poco) el riesgo de mortalidad. Esta es la idea que subyace al concepto del “valor de una vida estadística” (VVE), que se define como el valor monetario que se asigna a una reducción marginal del riesgo de muerte.

Una aplicación clásica de este concepto es la seguridad vial; las muertes por accidentes de tráfico se podrían reducir a cero prohibiendo la utilización de automóviles, pero la población no apoyaría esa medida porque el beneficio de poder transportarse por carretera excede el (pequeño) riesgo de perder la vida en un accidente. Entonces, ¿cuánto debería invertir el Estado para reducir el riesgo de accidentes mortales en carretera? Lo lógico sería invertir hasta que el coste marginal de la inversión para reducir el riesgo sea igual al beneficio marginal de esa reducción del riesgo.

¿Cómo se estima el valor de una vida estadística (VVE) en la práctica? Existen básicamente dos métodos. Uno consiste en observar comportamientos individuales que nos indican la valoración monetaria del riesgo (preferencia revelada). Por ejemplo, la prima salarial que se recibe por realizar trabajos de alto riesgo. El segundo método consiste en preguntar directamente en una encuesta a una muestra de individuos cuánto estarían dispuestos a pagar por reducir un determinado riesgo de mortalidad (preferencia declarada). Por ejemplo, cuánto pagarían por un nuevo sistema de frenos que reducen el riesgo de fatalidad en caso de accidente a la mitad. A partir de la relación entre la inversión monetaria y la reducción del riesgo de mortalidad, se puede calcular el valor monetario que asignan los individuos (en promedio) a una mayor probabilidad de supervivencia.

Cálculos para España a corto plazo

Consideremos el caso de España a principios de marzo, cuando los contagios empezaron a crecer de manera exponencial. Los modelos epidemiológicos estiman que, sin ninguna medida de distanciamiento social, se habría contagiado entre el 60% y el 80% de la población. Asumiendo una tasa de mortalidad por covid-19 del 1%, se habrían producido entre 282.000 y 376.000 muertes durante la epidemia. Y esto sin tener en cuenta que la tasa de mortalidad podría haber sido más alta por el colapso del sistema sanitario y las consiguientes muertes por otras causas tratables. Según el modelo que describió Miguel Casares en su entrada del otro día, la aplicación del estado de alarma podría reducir el total de fallecimientos durante la epidemia a 17.000. Es decir, en total se habrían evitado entre 265.000 y 359.000 muertes (esta cifra es mayor que la publicada en el reciente informe de Imperial College porque la estimación en ese caso solo llega hasta el 31 de marzo).

Respecto al VVE, la estimación más reciente que he encontrado para España proviene de un estudio de Kip Viscusi, uno de los expertos mundiales en la materia. El valor que estima para España es de 4,9 millones de dólares (unos 4,5 millones de euros al cambio actual). La OCDE estima un valor más bajo, 3 millones de dólares (2,77 millones de euros). Si multiplicamos el VVE por el número de muertes evitadas, obtenemos valores entre 781.000 y 1.615.000 millones de euros (1,61 BILLONES, con doce ceros). Teniendo en cuenta que el PIB de la economía española en 2019 fue de 1,24 billones, parece razonable afirmar que el coste económico de las medidas relacionadas con las primeras seis semanas de estado de alarma será sustancialmente menor al beneficio de haber evitado cientos de miles de fallecimientos. Una vez que la tasa de nuevos contagios haya bajado sustancialmente y se elabore un plan eficaz para afrontar futuros brotes, la conclusión de este tipo de cálculo podría cambiar. Por ello, es esperable que las medidas de confinamiento se vayan relajando pese a que se sigan produciendo cientos de nuevos casos de contagio cada día.

Limitaciones de este análisis

Este análisis tiene muchas limitaciones, sin duda. La principal es la falta de datos precisos, tanto sobre la verdadera propagación de la epidemia en España como sobre el valor de una vida estadística. Por otro lado, algunos analistas (por ejemplo, Hall, Jones y Klenow) prefieren considerar el valor estadístico de unaño adicional de vida, un concepto muy relacionado al VVE pero que ajusta por las diferencias en esperanza de vida de cada individuo. Aplicar esta métrica reduciría sustancialmente la estimación del coste de no hacer nada para frenar el contagio, dada la concentración de la mortalidad en personas mayores de 70 años. Pero el hecho de asignar un valor diferente discriminando por edad es cuestionable y por eso no lo he considerado en el cálculo mostrado arriba. Una complicación adicional es que el covid-19 no es la única causa de mortalidad ante la que el Gobierno quiere y debe actuar. Existen otras enfermedades y riesgos cuyo impacto, como sociedad, también queremos reducir. A la hora de formular políticas públicas con una restricción presupuestaria, es inevitable comparar la rentabilidad (en términos de reducción de riesgos) de las medidas que se puedan tomar frente a cada uno de estos riesgos.

Obtener mejores datos para tomar mejores decisiones

Dada esta incertidumbre, una de las prioridades para planificar el periodo post-confinamiento será recoger mejores datos. Como se ha dicho innumerables veces (por ejemplo, aquí), es clave hacer tests masivos y tener una estrategia eficaz de rastreo de contactos para frenar los contagios. También sería útil revisar las estimaciones del valor de una vida estadística en España para que las distintas acciones del Gobierno respondan a un criterio unificado. Por último, necesitaremos tener estimaciones fiables del coste económico y la efectividad para reducir los contagios de las diferentes medidas de distanciamiento social (cierre de locales de hostelería, cierre de colegios, cancelación de eventos, etc.).

A pesar de toda la incertidumbre, el concepto del valor de una vida estadística puede ser muy útil para que el Gobierno defina prioridades de acción en el largo periodo post-confinamiento que se avecina.

Por último, dejo a los lectores interesados en este tema varios links a artículos recientes sobre el mismo publicados en FiveThirtyEight, Financial Times y The Economist (todos en inglés).

Hay 23 comentarios
  • Enhorabuena por el planteamiento.
    Vaya por delante q el valor vital es incalculable almenos desde un planteamiento logico consciente.

    La opinión publica asi lo constata asimismo quizas esta misma haria bien de valorar diferente a determinados politicos que tienen el mismo esquema de valores aunque no lo parezca pero valoran mejor o mas en serio ese trade-off.

    Se ven muchos calculos de afectacion PIB pero no se tienen en cuenta la perdida de oportunidad a largo plazo de todo ese credito no productivo de nueva emision.Mas teniendo en cuenta la falta de enfoque legal en cuanto a patentes e i+d de este pais comparado con alemania por ej. que nos tendria q alarmar mas q la prima de riesgo.

    Srs nos jugamos los proximos 3-5 años en un trimestre. Un abrazo (con el codo:-))

  • Aunque es razonable tratar de obtener alguna medida con la que tomar decisiones, los economistas en general no pueden medir sus magnitudes con mucha precisión. La valoración monetaria de la vida, es por tanto, poco menos que un brindis al sol. Eso sin tener en cuenta que el económico mico es un criterio, pero en ningún modo el único. Si a esto añadimos la enorme incertidumbre que hay sobre las cifras de la pandemia, mi conclusión es que cualquier aproximación cuantitativa hay que tomarla con extraordinaria precaución.

    • Gracias por el comentario, Esteban.
      Estando de acuerdo en que hay mucha incertidumbre, yo creo que siempre es mejor evaluar una decisión como esta mirando a los datos y tratando de cuantificar los trade-offs. Poner en términos monetarios el valor que le damos a las alternativas es una simplificación, pero es muy eficaz a la hora de medir costes y beneficios para la sociedad en su conjunto. Recordemos que en ambos lados de la balanza hay personas.
      Un saludo!

  • Salud no es lo mismo que salud relacionada únicamente con el coronavirus . Habría que estudiar las consecuencias del confinamiento sobre otras patologías para que el análisis coste/beneficio fuera relevante

    • Gracias por el comentario, JLFEITO,

      Estoy de acuerdo, por eso hacia el final de la entrada escribía esto: “Existen otras enfermedades y riesgos cuyo impacto, como sociedad, también queremos reducir. A la hora de formular políticas públicas con una restricción presupuestaria, es inevitable comparar la rentabilidad (en términos de reducción de riesgos) de las medidas que se puedan tomar frente a cada uno de estos riesgos.”

      Para poder evaluar bien estos trade-offs, necesitamos inputs de médicos y especialistas en salud pública, sin duda.

      Un saludo!

    • No, no es eso. Se trata del aumento del riesgo de enfermedades y mortalidad, a corto y medio plazo, ajenas al coronavirus provocadas por la mayor o menor crisis económica causada por las mayores o menores dosis de confinamiento (Failing Economy, Failing Health, Harvard Public Health, 2014, tambien en The Lancet, November, 4 2016 y December 2016). Al final no es tanto o sólo una elección entre salud y economía sino entre salud frente a un tipo de patologías o frente a otras. Muchas gracias por tu atención y esfuerzos

  • Estimado Miguel. Me ha parecido muy interesante la entrada y creo que supone una contribución relevante. No cabe duda de que el VVE es una aproximación y tiene sus limitaciones, pero contribuye a centrar los debates y cuantificar los costes y beneficios de las medias que se puedan desarrolar.Sin embargo, creo que tu entrada mejoraría se tuvieras en cuenta algunos aspectos. El primero de ellos, tiene que ver con el hecho de que existe un VVE Oficial en el contexto de los accidentes de tráfico en España, que data del año 2011. De hecho, los informes sobre siniestralidad vial de la OCDE es el que emplean (puedes verlo en el último informe relativo a 2019 https://www.itf-oecd.org/sites/default/files/spain-road-safety.pdf ). El informe que dio lugar al valor oficial está en esta dirección (https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/Lesiones/JornadaDecenioAccionSeguridadVial/docs/InformeVVEJorgeMartinez ) y una versión resumida la puedas encontrar en este artículo (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0213911115000217). Por otro lado, también hay estimaciones para España empleando la aproximación de las preferencias reveladas, con datos laborales (p.ej. https://hpe-rpe.org/ief/67/191-4-2009/3999/que-podemos-saber-sobre-el-valor-estadistico-de-la-vida-en-espana-utilizando-datos-laborales-2.pdf o este https://www.ief.es/docs/destacados/publicaciones/revistas/hpe/181_Art2.pdf ). Sea como fuere, enhorabuena por tu entrada

  • No entiendo por qué se ve discutible el VVE de un año adicional de vida. Cualquier disposición a pagar dependerá de la esperanza de vida.

    Parece claro que él VVE de un niño sano es mayor que el VVE de un anciano

    • Gracias por tu comentario, V123.

      Efectivamente, este punto es muy debatible. Hay argumentos a favor de condicionar por la esperanza de vida de cada persona, porque el riesgo de mortalidad “de base” es diferente. Sin embargo, mucha gente rechaza que se valore de manera diferente la vida de unas personas y otras en función solamente de la edad por razones de equidad intergeneracional. Una señal de que esto es una preferencia mayoritaria en la sociedad es que la gran parte de nuestro gasto sanitario se concentra en personas de mayor edad y no creo que mucha gente se posicione en contra de eso.

      Un saludo!

      • Como que no??

        En USA, donde se tiende a sobregastar en gasto sanitario (parte por el sistema de aseguradoras, parte por el caracter consumidor del americano), hay muchas voces que piden una mayor racionalizacion. Por ejemplo, esa estadistica que he oido citada (no se como de precisa) de que el 30% del gasto en sanidad se consume en los 3 ultimos veces de vida (en teoria cuando ya no hay grandes esperanzas de volver a una vida semi-normal)

        Es otro tipo de cuantificar el valor de una vida

    • Gracias por el comentario, FGP.
      Muy interesante el artículo al que haces referencia. En todo caso, es bueno tener en cuenta que la gripe de 1918 causó una mortalidad altísima en la población entre 20 y 40 años (como nos explicó Fran Beltrán Tapia, https://nadaesgratis.es/fran-beltran/la-gripe-espanola-de-1918). Por lo tanto, uno esperaría que los efectos *directos* de la epidemia sobre la actividad económica fueran mucho más altos que en la situación actual, y por lo tanto las intervenciones para frenar el contagio más beneficiosas para la recuperación económica posterior.

      Un saludo!

  • Excelente aproximación al tema. Se ve que hay trabajo detrás y es una buena linea de investigación. Gracias.

    • Muchas gracias por el comentario, Cristina.
      Creo que el artículo que envías, escrito por la directora del FMI (Kristalina Georgieva) y el director de la OMS (Tedros Ghebreyesus), se refiere específicamente al corto plazo. Concluyen, de acuerdo con el análisis que presento en la entrada, que a corto plazo la prioridad es salvar el máximo de vidas posible porque eso es también la mejor opción para la economía. Sin embargo, yo discrepo del título, en el que aseguran que no existe un trade-off entre las distintas opciones que tienen los gobiernos. Ese trade-off existe, y en algún momento puede que el análisis de ese trade-off nos lleve a recomendaciones de política diferentes al confinamiento total y uniforme. El objetivo de mi entrada era precisamente alertar sobre esto, porque mi impresión es que en este debate se están enviando mensajes incondicionales del estilo “hay que salvar vidas, cueste lo que cueste” vs. “hay que salvar la economía, cueste lo que cueste”. Como se suele recordar en este blog, nada es gratis.

      Un saludo!

  • Gracias por el post.
    Me parece lamentable el llamamiento de ex políticos que cita.
    Entre otras lindezas dicen que él confinamiento es una medida fascista.
    Hay gente que ha perdido el norte, madre mía…

    • Gracias por el comentario, Manuel.
      Efectivamente, el tono del llamamiento de ex-políticos (que firman personas como Joaquín Leguina y Guillermo d la Dehesa) no ayuda en absoluto. Y la mayoría de los argumentos que utilizan para describir los efectos de la covid-19 son cuestionables o directamente falsos. Es una lástima que nuestro debate público no tenga una mayor calidad, como nos sucede en muchos otros ámbitos.

      Un saludo!

  • Cuando la sociedad combate una enfermedad, automáticamente esa lucha se convierte en negocio, es decir investigación, producción y cuidados. En pocas palabras, más PIB. Sin embargo, una pandemia como la actual solo la podemos valorar, al menos al principio, por las pérdidas que ocasiona. Y no tenemos ninguna referencia (dudo que pudiera valorarse la de 1918) a la que echar mano.
    ¿Qué habría pasado de no combatirla?
    Los coronavirus son altamente evolutivos, y sus mutaciones tanto pueden debilitarlos como fortalecerlos, por lo cual no sabemos cómo evolucionará el COVID-19, pero si sabemos lo que ahora mismo provoca aun con lo que llaman confinamiento.
    El virus es especialmente mortífero para personas con ciertas enfermedades crónicas, la diabetes, las cardiopatías, los epoc (comunes con el tabaquismo), las insuficiencias reumáticas, los trasplantados y los pacientes de quimio o radioterapia. Si a eso le añadimos su potencial de contagio, entenderemos la necesidad de ralentizarlo para que la sanidad pueda dar la respuesta adecuada.
    La economía no solo es aritmética, también es sociología; y a nadie escapa lo que podría significar económicamente para una sociedad, una brutal y repentina mortandad, además con posibles rebrotes (recordemos 1920) más virulentos.
    A mi modo de ver el perjuicio económico podría ser devastador, además de, ahora mismo, imprevisible. Recordemos que en nuestro sistema capitalista la previsibilidad es imprescindible para el crecimiento.

    • Muchas gracias por el comentario, Pau.
      Efectivamente, el grado de incertidumbre es máximo, y por ello a corto plazo la mejor opción es actuar contundentemente para frenar la expansión del virus. No combatirla habría sido una locura, como han tenido que reconocer incluso Trump y Johnson (con terrible pérdida de vidas en sus países de por medio). En mi entrada argumento que, a medio plazo, el cálculo podría ser diferente. Sobre todo si logramos aumentar la preparación de nuestro sistema sanitario y adaptar nuestras costumbres (higiene, distancia, mascarillas) para que la tasa de contagios se reduzca sustancialmente.

      Un saludo!

  • Manuel,

    Hay algun valor oficial que use el gobierno?
    Encontre esto que lo calcula en bastante menos en 1.4 M (por politicas de trafico, en 2009)

    https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/Lesiones/JornadaDecenioAccionSeguridadVial/docs/InformeVVEJorgeMartinez.pdf

    Otra cosa politicamente incorrecta es discutir la asimetria. Si vale mas una vida de un suizo que de un espanyol, o de un madrilenyo a un extremenyo, como se traduce eso en actuaciones durante una pandemia?

    • Gracias por el comentario, Juan.
      Sinceramente, no sé si el gobierno de España utiliza este tipo de medidas. Me consta que el informe que citas fue encargado por la Dirección General de Tráfico hace más de una década, pero no estoy seguro de que lo hayan usado para tomar decisiones de políticas públicas.

      La OCDE asegura que cada vez es más común que se utilicen estas métricas:
      https://www.oecd.org/env/tools-evaluation/env-value-statistical-life.htm

      Y varias agencias del gobierno de EEUU, como la Environmental Protection Agency (EPA), las usan habitualmente:
      https://www.epa.gov/environmental-economics/mortality-risk-valuation#whatisvsl

      Respecto a la asimetría: efectivamente, otro tema espinoso. Desde luego, no aconsejaría a ningún gobierno establecer diferencias del VVE entre ciudadanos de un mismo país. Creo que esta métrica se debe utilizar siempre como un valor medio entre el conjunto de personas a quienes pueden afectar las medidas alternativas que se están considerando.
      Por tanto, las diferencias entre países (que se deben principalmente a diferencias en renta per cápita) no las tendría en cuenta si, por ejemplo, se tuviera que priorizar a quién administrar primero una vacuna contra la covid-19.

      Un saludo!

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