Paternidad, trabajo y tiempo: ¿qué cambia cuando llega el primer hijo?

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Por Belén Rodríguez Moro

Uno de los hallazgos más consistentes en economía de género es que el nacimiento del primer hijo marca un antes y un después en la vida laboral de las mujeres. Esta penalización, conocida como child penalty, implica una reducción abrupta y persistente del empleo entre las madres, frente a trayectorias laborales prácticamente inalteradas entre los padres.

Ya hemos hablado anteriormente de este child penalty en España en otras entradas del blog (aquí o aquí). Y este patrón se repite en casi todo el mundo. Un estudio reciente, liderado por Henrik Kleven, Camille Landais y Gabriel Leite-Mariante, analiza datos de más de 130 países y muestra que esta brecha tras la maternidad es sorprendentemente universal.

Ahora bien, si las madres trabajan menos fuera de casa, ¿qué hacen con ese tiempo? ¿Lo dedican solo al cuidado? ¿Descansan más? ¿O reconfiguran completamente su día? Y además, ¿sacrifican los padres otras partes de su día? Para responder a estas preguntas hay que mirar más allá del empleo y estudiar el uso diario del tiempo.

¿Qué hacemos con nuestras 24 horas?

Las encuestas de uso del tiempo son la herramienta ideal para entender cómo las personas dividen sus 24 horas entre empleo, hogar, cuidados, ocio y más. Estas encuestas han sido usadas ampliamente -como en los trabajos de Jose Ignacio Gimenez-Nadal y Almudena Sevilla, o de Mark Aguiar en EE.UU.- revelando patrones marcados por el género incluso antes de ser padres.

En un trabajo reciente junto con Alicia de Quinto y Laura Hospido, analizamos cómo cambia el uso del tiempo tras convertirse en madre o padre. Usamos encuestas del Multinational Time Use Study para comparar a hombres y mujeres con y sin hijos en España y Estados Unidos.

Los resultados hablan por sí solos. Como podemos ver en la tabla 1, más abajo, en España, los hombres con hijos trabajan más horas fuera de casa que los que no los tienen. En cambio, las mujeres hacen lo contrario: reducen considerablemente su tiempo de empleo remunerado. Pero eso no significa que “trabajen menos”. Simplemente cambian el tipo de trabajo: las horas que pierden en el empleo se transforman en tiempo dedicado al hogar y al cuidado.

Por ejemplo, las madres españolas dedican una hora más al trabajo doméstico que las mujeres sin hijos, y casi una hora y media más al cuidado directo. Los hombres también aumentan su dedicación al hogar tras convertirse en padres, pero mucho menos. El resultado es que las madres acaban acumulando más horas de trabajo total (sumando trabajo remunerado y no remunerado) que cualquier otro grupo.

¿Y en Estados Unidos? El patrón es parecido, aunque menos extremo: las madres trabajan menos fuera de casa y más dentro. Los padres, por su parte, refuerzan su papel como proveedores, aumentando sus horas de empleo.

Notas: La tabla muestra el promedio diario de horas dedicadas a actividades remuneradas y no remuneradas entre hombres y mujeres, distinguiendo entre aquellos con hijos y sin hijos, en España y Estados Unidos. La muestra contiene hombres y mujeres de entre 16 y 50 años. Los datos corresponden a diarios del tiempo completados en España en los años 2002 y 2009, y en Estados Unidos en los años 2003-2023.

¿Y si pudiéramos observar cómo cambian las personas tras tener hijos?

Idealmente, para entender cómo cambian nuestras rutinas tras el nacimiento de un hijo, deberíamos observar a las mismas personas antes y después del evento. Algunos estudios lo han hecho usando encuestas de panel —como uno reciente junto a Olatz Román Blanco en Reino Unido, o un estudio similar en México—, pero estos datos suelen limitarse a preguntas generales sobre empleo y tareas domésticas.

Por eso usamos un enfoque alternativo: el pseudo-matching. Esta técnica, generalizada por Kleven y colaboradores, permite construir grupos comparables de personas con y sin hijos, emparejándolas por características como edad, formación o situación laboral. Así creamos “cohortes sintéticas” que permiten estimar cómo cambia el uso del tiempo tras el nacimiento del primer hijo.

Aplicamos este método a las encuestas de uso del tiempo de EE.UU. entre 2003 y 2023. Esto nos permitió observar cómo se transforman las rutinas cotidianas tras la llegada de un bebé, con mucho más detalle que lo que permiten los datos tradicionales.

Lo que cambia (de verdad) tras el primer hijo

  1. Menos empleo, más cuidados… y más rutina (para las madres)

La Figura 1, más abajo, muestra de forma clara cómo se transforma el día a día cuando llega el primer hijo. Las diferencias más grandes se dan en las madres:

    • Empleo remunerado: las madres pierden casi 3 horas diarias de trabajo justo después del nacimiento. Aunque parte de ese tiempo se recupera con los años, nunca vuelven al nivel previo. En cambio, los padres mantienen su jornada laboral prácticamente igual.
    • Cuidados no remunerados: las madres pasan a dedicar unas 3 horas más al día al cuidado infantil. Aunque con el tiempo esa carga baja, sigue siendo alta durante años. Los padres también aumentan su dedicación (en torno a 1 hora diaria), aunque el cambio es más corto y menos intenso.
    • Tareas del hogar: las madres aumentan su tiempo en trabajo doméstico rutinario (como cocinar o limpiar) en unos 30 minutos al día, un cambio que se mantiene estable. En los hombres, este tipo de tareas apenas cambia. El trabajo no rutinario (reparaciones, gestiones puntuales) se mantiene prácticamente igual en ambos casos.

 

En resumen: las madres no dejan de trabajar, simplemente cambian el tipo de trabajo. Pasan del empleo al hogar, asumiendo tareas frecuentes y poco flexibles. Los padres también cambian, pero menos. La carga se redistribuye… pero no de forma equitativa.

Notas: Los gráficos presentan el impacto promedio del nacimiento del primer hijo en las horas diarias que los nuevos padres dedican a trabajo remunerado, cuidados a terceros no remunerados y tareas domésticas rutinarias (cocinar, limpiar, planchar, poner lavadoras etc..) y a tareas domésticas no-rutinarias (pequeñas reparaciones de mantenimiento del hogar y el coche, jardinería, y otros trabajos domésticos) ; computado de manera separada para hombres (rosa) y mujeres (rojo). Cada punto representa un coeficiente estimado de llevar a cabo un pseudo-análisis de eventos. Las barras representan los intervalos de confianza al 95\%. La muestra incluye observaciones correspondientes a Estados Unidos, en las secciones cruzadas de 2003-2023. En la muestra, se imputan cero horas a quiénes declararon no haber dedicado tiempo a una determinada actividad.

  1. Ejercicio, descanso y vida social: también se resienten

En la Figura 2, que encontramos más abajo, exploramos actividades más allá del trabajo, claves para el bienestar diario, y vemos cómo también se ven afectadas:

    • Ejercicio físico: tras la maternidad, las mujeres pierden más de una hora diaria en actividad física. Y no la recuperan fácilmente. Los hombres también reducen su tiempo de ejercicio, pero lo retoman antes.
    • Vida social fuera de casa (restaurantes, cafés…): el tiempo de cañas y cafés cae en ambos sexos tras la llegada del hijo.
    • Cuidado personal e higiene: las madres pierden hasta 45 minutos al día en actividades tan básicas como ducharse o arreglarse. Aunque recuperan algo de ese tiempo, la brecha persiste durante años. Los padres también reducen un poco este tiempo, pero la caída es menor y pasajera.
    • Sueño: este es uno de los contrastes más llamativos. Mientras que los padres duermen menos, justo después del nacimiento, las madres, en cambio, llegan incluso a dormir un poco más con el paso de los años. ¿Será la parte positiva de sacrificar sus carreras profesionales?

¿Cuestión de tiempo… o de roles?

Todo esto encaja con lo que algunos investigadores llaman la teoría de las “esferas separadas”:

    • Las mujeres tienden a asumir tareas rutinarias y absorbentes, como cocinar, cuidar o limpiar.
    • Los hombres se ocupan más de tareas puntuales y flexibles, como arreglos o gestiones.

 

Estas diferencias no se explican por habilidad ni por elección individual. Vienen de normas sociales muy arraigadas, que ya desde edades tempranas moldean lo que se espera de cada uno. Por eso, cuando la llegada de un hijo hace crecer la carga del hogar, son las mujeres quienes absorben ese cambio, simplemente porque ya estaban haciendo más de ese tipo de tareas.

Notas: Los gráficos presentan el impacto promedio del nacimiento del primer hijo en las horas diarias que los nuevos padres dedican a hacer ejercicio; ir a restaurantes, cafés y bares; el cuidado e higiene personal; y a las horas de sueño; computado de manera separada para hombres (rosa) y mujeres (rojo). Cada punto representa un coeficiente estimado de llevar a cabo un pseudo-análisis de eventos. Las barras representan los intervalos de confianza al 95\%. La muestra incluye observaciones correspondientes a Estados Unidos, en las secciones cruzadas de 2003-2023. En la muestra, se imputan cero horas a quiénes declararon no haber dedicado tiempo a una determinada actividad.

¿Qué nos dice todo esto?

Tener un hijo cambia mucho más que la agenda: reordena por completo el día a día. Afecta al empleo, sí, pero también al descanso, al ocio y al autocuidado. Y aunque ambos progenitores lo notan, el impacto es mucho mayor y más persistente para las madres.

Esto nos recuerda que las desigualdades laborales entre hombres y mujeres no nacen solo en el mercado de trabajo, sino también en el reparto invisible del tiempo dentro del hogar: quién fue hoy al pediatra o quién hizo la tortilla de patatas de esta noche.

Además, la llegada de un hijo altera muchas otras esferas de la vida adulta —las cañas, el deporte, el tiempo para uno mismo—. Si queremos impulsar la natalidad con políticas públicas, quizás no baste con un cheque bebé: hace falta entender y aliviar los verdaderos costes del cuidado.

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Hay 2 comentarios
  • Estas mediciones cuantitativas de la redistribución del tiempo de los padres ignoran el aporte de satisfacción que aporta la paternidad/maternidad. Revelan una visión tuerta, si no ciega, de la Realidad. SUGIERO que 'Nada es Gratis' acometa la medición de 'Satisfacción por Maternidad'.

  • La realidad cultural de cada sociedad cuenta, por supuesto, e influye en las decisiones de reparto de tareas que las parejas adoptan al tener hijos, sin duda.

    Pero la afirmación que hace el artículo: "estas diferencias no se explican por habilidad NI POR ELECCION INDIVIDUAL. Vienen de normas sociales muy arraigadas, que ya desde edades tempranas moldean lo que se espera de cada uno", carece de demostración empírica que la avale. Atribuye al 100% las conductas a la cultura dominante, niega que haya una parte de elección libre, no reconoce de que la biología influye, queramos o no, en los papeles asumidos y en las elecciones tomadas.

    Que las personas no debían someterse a la dictadura de las convenciones sociales es algo contra lo que Occidente luchó con éxito a lo largo del siglo XX. Lo logramos.

    Pero hoy, en pleno siglo XXI, resulta triste que haya que luchar contra los prejuicios que quieren que todos y todas queramos lo mismo, hagamos lo mismo y tengamos las mismas prioridades en los mismos momentos de nuestra vida.

    Coñe, que no es así, que por mucho que nos empeñemos, somos iguales humanamente, en capacidad y dignidad, pero ni queremos lo mismo, ni buscamos lo mismo, ni elegimos lo mismo, porque nuestra historia evolutiva ha quedado impresa en nuestro cerebro.

    Déjennos ser libres de una vez.

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