España envejece. Las cifras son conocidas y repetidas: en 2024, una de cada cinco personas tenía más de 65 años; en 2050 será aproximadamente una de cada tres. El gasto en pensiones roza ya el 13% del PIB y, con las reglas actuales, seguirá creciendo hasta superar el 18% del PIB. La tasa de dependencia de la tercera edad—mayores de 65 por cada cien personas en edad de trabajar—ha pasado del 24% en 2009 al 31% hoy, y superará el 60% a mediados de siglo.[1] Es un problema mayúsculo que ocupa, con razón, buena parte del debate sobre política económica.
El sistema público de pensiones español es de reparto (explicado aquí). Lo que cobran los pensionistas proviene, en cada momento del tiempo, de las cotizaciones y los impuestos que pagan quienes trabajan hoy (o de la emisión de deuda que otros pagarán mañana). A medida que la pirámide demográfica se invierte, una fracción creciente de los recursos generados por el trabajo se destina a transferir renta hacia un grupo—la tercera edad—que ya acapara el grueso de las transferencias públicas. Alguien tiene que financiar esos compromisos crecientes, y ese alguien son, en buena medida, los jóvenes de hoy y del futuro.
Este post examina la evolución reciente de la situación económica de esos jóvenes en España, sobre cuyos hombros recae el peso de sostener este sistema en las próximas décadas. Si uno toma en serio los datos disponibles, la conclusión es tan sencilla como preocupante: España ha venido configurando, en los últimos años, un país mucho más amable para quienes ya han llegado a la jubilación que para quienes aún están intentando llegar.
Dos generaciones, dos trayectorias
Utilizando los microdatos de EU-SILC es posible construir una medida de ingresos brutos individuales procedentes del trabajo y de prestaciones públicas. Es decir, para cada persona observamos sus ingresos como asalariado o autónomo y las prestaciones monetarias que recibe (incluyendo desempleo, jubilación, viudedad, enfermedad e incapacidad). Para evitar incluir a jóvenes que aún no se han incorporado al mercado de trabajo, restrinjo la muestra a personas que no están estudiando (en coherencia con ello, excluyo también las prestaciones específicamente vinculadas a la educación). Deliberadamente excluyo además las rentas del capital y otros ingresos a nivel de hogar: el objetivo es capturar los recursos que cada individuo obtiene por su propia participación en el mercado de trabajo y en el sistema público de protección social, no la renta agregada de la familia.
A partir de esta definición podemos seguir, entre 2009 y 2023, la evolución de la renta bruta media individual de dos grupos de edad: los jóvenes de 20-29 años y la población de 65 años o más. La Figura 1 recoge el resultado tanto para España como para un conjunto de economías europeas. En la mayoría de países, se observa un patrón común: la renta de las personas mayores crece de forma sostenida desde 2009, mientras que la de los jóvenes aumenta considerablemente menos o incluso retrocede.
Lo que distingue a España no es tanto la dirección del movimiento como su magnitud. En 2009, la renta bruta individual de los jóvenes superaba a la de los mayores de 65 años. Catorce años después, no solo se ha invertido esa relación, sino que la divergencia acumulada es la mayor de todas las economías europeas avanzadas.
Figura 1
Las consecuencias distributivas son directas. En la Figura 2 resumo qué ha pasado, dentro de cada país, con la posición relativa de cada grupo de edad en la distribución de renta. Para cada país y año, calculo el percentil de renta individual bruta de cada persona y, a continuación, tomo la media dentro de cada grupo de edad. El gráfico recoge el cambio en ese percentil promedio entre 2009 y 2023.
También aquí España es una anomalía. Entre 2009 y 2023, el percentil medio de renta individual de los jóvenes de 20-29 años cae en torno a 8,7 percentiles, y el de los 30-39 años en unos 4 percentiles. En paralelo, el percentil medio de las personas mayores de 65 años aumenta en más de 6 percentiles. Aunque otras economías mediterráneas como Grecia muestran patrones similares de deterioro juvenil y mejora en la tercera edad, ningún otro país de nuestro entorno combina un descenso tan marcado de los más jóvenes con una mejora tan clara de los mayores.
Figura 2
La trampa de la renta equivalente
Es posible que el lector se pregunte por qué esta divergencia generacional no aflora con la misma nitidez en las estadísticas habituales. La respuesta está en la diferencia entre la renta individual que acabo de describir y la renta disponible equivalente del hogar, que es el indicador estándar en el análisis de la distribución de la renta y la desigualdad. En este último caso, se suman los ingresos de todos los miembros del hogar, se ajustan por el tamaño y la composición de la familia mediante una escala de equivalencia y el resultado se imputa por igual a cada uno de sus integrantes.
Este enfoque tiene una lógica evidente: si el objetivo es aproximar el nivel de consumo potencial o el bienestar material, resulta natural agregar los recursos compartidos dentro del hogar. Pero en un país en el que la emancipación se retrasa de forma sistemática, esta forma de medir el ingreso introduce una distorsión importante (véase aquí). Cuando un joven no se independiza porque sus ingresos no se lo permiten, su renta individual es baja, pero la renta equivalente de su hogar lo sitúa artificialmente más arriba en la distribución al atribuirle la renta de sus padres.
Quedándose atrás
Las comparaciones anteriores se centran en cómo ha evolucionado la renta de jóvenes y mayores dentro de cada país. Pero también es útil preguntarse qué ha ocurrido con la posición relativa de España respecto a sus socios europeos.
La Figura 3 muestra, para cada año entre 2009 y 2023, el puesto que ocupa cada país en el ranking de renta bruta media individual (en paridad de poder adquisitivo) para jóvenes y mayores, de modo que los países que aparecen más arriba son aquellos con mayor renta dentro de cada grupo de edad.
En el panel izquierdo, correspondiente a los jóvenes, España parte en 2009 de una posición intermedia. A partir de ahí, hemos descendido progresivamente hacia el grupo de cola. A medida que pasan los años, los jóvenes españoles van siendo adelantados por países que, en el imaginario colectivo, asociamos con niveles de desarrollo inferiores. En 2023, un joven medio en Polonia, Estonia, Letonia o República Checa dispuso de más renta bruta individual que un joven español. En el panel derecho, referido a los mayores de 65 años, la trayectoria de España es esencialmente plana: no se observa deterioro alguno en términos comparados.
Figura 3
Si España quiere ser país para jóvenes...
En una de sus pinturas negras más inquietantes, Goya representó a Saturno devorando a su hijo: un dios viejo que, aterrorizado ante la profecía de ser destronado, decide destruir aquello mismo que debería sucederle.
La España contemporánea no practica, por fortuna, un canibalismo tan explícito. Pero si uno examina con detenimiento la evolución de nuestro contrato social en los últimos años, cuesta no detectar cierto parentesco con el mito: un sistema que blinda de forma cada vez más sistemática el nivel de vida de los mayores mientras hipoteca el futuro de una generación que, comparada con las anteriores, llega a la vida adulta con salarios más bajos, mucha menos riqueza neta acumulada y la carga añadida de financiar unas prestaciones a las que difícilmente accederá en las mismas condiciones.
Reequilibrar el contrato social en España no es una cuestión de escoger entre jóvenes y mayores, sino de decidir qué combinación de niveles de vida presentes y futuros consideramos compatible con una idea mínima de equidad intergeneracional. No hay una única receta, pero sí una condición necesaria: dejar de comportarnos como si el problema no existiera.
España seguirá siendo, durante décadas, un país con muchos mayores. Esa realidad no va a cambiar. El reto es conseguir que también pueda ser un país en el que merezca la pena ser joven. Y, de momento, la evidencia sugiere que vamos por mal camino.
(* DISCLAIMER) Este análisis utiliza datos de Eurostat (EU-SILC) y se basa en trabajo realizado durante el proceso de elaboración del Transition Report 2025-26 del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), que examina, entre otros aspectos, las implicaciones económicas del envejecimiento poblacional y la economía política del cambio demográfico. Puedes acceder al informe completo aquí. La responsabilidad de las opiniones, las conclusiones y cualquier posible error en este post es exclusivamente del autor y no refleja la posición de Eurostat ni del BERD.
[1] Los números referentes a proyecciones de población en este párrafo se extraen de UN World Population Prospects, definiendo la población en edad de trabajar como el grupo de 15 a 64 años. El INE proyecta cifras algo más optimistas al asumir flujos de inmigración neta más altos (véase aquí).



Hay 11 comentarios
Gracias por el blog y el trabajo con datos.
Solo quería comentar ciertas dudas que me asaltan al leer, que me gustaría que aclararas. Voy a entrar en mecanismos y cofounders. Si solo estás comparando asalariados, entiendo que los asalariados de +65 serán sus pensiones, más alguna ocupación que se puede jubilar a los 70, como profesores, catedráticos, etc que seguirán cobrando suelto alto comparado con jóvenes. Es por ello que hay variables omitidas que explican esa diferencia, como la experiencia, la habilidad, la educación, etc. Quería preguntar también si en esa renta de la persona estás incluyendo rentas imputadas del alquiler o de la casa. Si ese es el caso, la renta de +65 también está con sesgo al alza. En la figura 1 estás comparando gente que se jubilo en 2009 con 65 años, con gente que se ha jubilado en 2023. Las personas de 65 años en 2009 puede que tuvieran menos salario, educación que las personas de 65 años de 2023, que ya estaban en el mercado de trabajo y lo que estás recogiendo simplemente es el efecto de una crisis financiera que afectó más a unos jóvenes, o de políticas monetarias que aumentaron la desigualdad, recortes fiscales que perjudicaron a los jóvenes, etc.
Me gustaría que si presentas dos medias, para decir que hay diferencias entre dos grupos presentarás los intervalos de confianza, porque dentro de la renta de jóvenes hay diferencias en la desigualdad personal. Si no comparten el intervalo, si podemos decir que hay diferencias significativas.
Hola Dfer,
Muchas gracias por tu comentario.
La muestra no se restringe a asalariados. Incluye también autónomos, parados, personas fuera del mercado de trabajo y, por supuesto, jubilados. La definición de renta bruta individual está explicada en el texto y en las notas, no sumo rentas de capital ni rentas imputadas de la vivienda ni otros ingresos a nivel de hogar. Tu punto acerca de los mayores de 65 que siguen trabajando es una preocupación razonable, pero en la práctica no es relevante: si excluyo de la muestra a aquellos que permanecen empleados más allá de los 65 años, los resultados son prácticamente idénticos.
Es cierto que detrás de estas medias hay múltiples mecanismos sobre los que podríamos hablar largo y tendido, pero ese no es el objetivo de este post.
Respecto a las medias y los intervalos de confianza: te agradezco la observación. No obstante, esto no es un paper académico sino un post divulgativo, y me he tomado ciertas licencias a la hora de presentar los datos para hacerlos más accesibles al público general. Dicho esto, naturalmente que las diferencias que muestro son estadísticamente significativas (nunca haría este tipo de afirmaciones sin haberlo comprobado previamente). De hecho, si hubiese incluido los intervalos de confianza en la Figura 1, ni siquiera se verían: el grosor de las líneas es aproximadamente igual de ancho que los propios intervalos.
Un saludo,
Pablo
Felicidades por el post, muy interesante y toca un punto clave en el futuro de España. Además probablemente siva para responder (ni que sea parcialmente) el punto anterior.
La resolución del problema es dificultosa puesto que:
Requiere tomar medidas impopulares cuyos beneficios serán a largo plazo, justo lo contrario a lo que quiere un político que opta a la reelección.
La propia evolución demográfica conlleva que los jubilados y los que están cerca de jubilarse tengan un peso electoral mucho mayor que los jóvenes.
Los jóvenes tienen incentivos para escoger un sistema que equilibre vida presente y futura, para los mayores el sistema equilibra vida presente y pasada.
Hola Gregorio,
Muchas gracias por tu comentario.
Estoy plenamente de acuerdo, los incentivos están completamente desalineados y la economía política del asunto es ponzoñosa. Para colmo, ni siquiera los directamente afectados (los que van a pagar la factura) perciben el problema como urgente: menos de uno de cada cinco jóvenes cree que se destinan demasiados recursos a las pensiones (https://www.cis.es/es/estudios/opinion-publica-y-politica-fiscal-xlii-?origen=estudio&idEstudio=14904). Con este panorama, el margen político para reformas es muy limitado.
Un saludo,
Pablo
Reveladora entrada.
Yo añadiría que la mayor longevidad y menor número de nacimientos, esa inversión de la pirámide poblacional, va a generar una demanda exponencial de dependencia y de cuidados en la mayor parte de la población para la que no estamos preparados.
Si la población envejecida concentra la mayor parte del patrimonio y la representación política por número de votos, el escenario que se nos presenta es cuando menos curioso. Ya que los jóvenes ante ese cuello de botella estructural no sólo no podrán emanciparse antes sino que las propias circunstancias provocarán un trasvase de riqueza hacia un sobredimensionado sector asistencial.
No habrá suficientes trabajadores cualificados para cubrir la demanda de atención a la dependencia. Esto tendrá consecuencias, revalorizando el mercado de la atención social a la dependencia de carácter privado. Con salarios más altos, siendo desde mi punto de vista un sector emergente en alza continua. O eso o desatender la demanda provocando un genocidio silencioso.
Saludos.
Desconociendo el modelo de pensiones de otros países, pero asumiendo que no todos son de reparto puro. Es evidente que 2008 fue para los jovenes el punto de inflexión para la devaluación de su trabajo. En todos los países, salvo excepcioines, Austria, Noruega y Francia.
Sería my interesante saber cual hera la tendencia unos años antes. En mi experiencia, desde 2007 huvo congelación o reducción de ingresos.
Y es muy evidente en las graficas que no se ha corregido.
El desequilibrio está más es ese estancamiento en de la renta bruta de los jovenes. Que no tengo ni idea si es corregible. Evidentemente prolongar la edad de jubilación favorece mayores ingresos en el sistema de solidaridad. Pero media España está deseando jubilarse en un mercado que maltrata al trabajador. Esto si que es un problema...o quizá reduzca la pension y el gasto.
La Inversión de la piramide es muy evidenter que es un problema. Y la atención a la dependencia es otro sobrecoste. Pero aquí la solución debe buscar optimización: Tecnología, nuevos modelos de atención, no solo importar mano de obra.
Y todo ello, soportado en un modelo electoral que evidentemente dominan los favorecidos, por ahora.
Hay que dar una vuelta a todo, sin duda. Pero cuidado con fomentar soluciones simplistas y sin periodos de transición justa. Puede agravar el enfrentamiento generacional que algunos ya alientan.
Y mi propia historia me recuerda lo inviable que se consideraba el modelo hace ya 40 años.
España no es un país para los políticos con conexiones y un país para la gente trabajadora.
Ya está, las soluciones se han de buscar por allí. Es una lucha de clase que muchos intentan disfrazar de cosas que no tienen nada que ver. Si tu padre tiene un dúplex te puedes independizar perfectamente viviendo en la planta de arriba con un sueldo de becario, pero es poco probable que puedas quedartelo después su fallecimiento, igual no te da para pagar el impuesto de transmisión... y eso seguro no será por la pensión que ha llegado a cobrar o no en su vida.
La economía es un sistema inventado por el ser humano no una realidad de este mundo, luego se puede cambiar incluso desechar. Me decepciona mucho observar el dogmatismo que se profesa a la economía y sus fundamentos, y el nulo análisis de las verdades existenciales de los humanos y las realidades de este planeta.
Lo importante para sostener una humanidad con una creciente población de personas mayores, y atender sus necesidades de salud, no es la economía, sino que haya suficientes recursos materiales para satisfacer las necesidades fisiológicas de ese aumento de población viva, además de atender sus problemas de salud. Eso se logra con el potencial humano de su fuerza de trabajo, con el aumento del conocimiento sobre el propio ser humano y el mundo que habita, y con la creatividad humana de ingeniar tecnologías que aumenta sus capacidades físicas.
El movimiento de cantidades numéricas de unos bolsillos a otros, de un depósito a otro, y la suma o la resta de esas cantidades; no deberían importar tanto, como las necesidades existenciales del cuerpo humano y la realidad donde hay que resolverlas.
Lo que pasa que los recursos materiales de los que disponemos, así como la fuerza de trabajo, son ambos finitos. Cada persona que destinamos a cuidar ancianos es una persona que no puede cuidar niños, o cultivar los campos o construir casas.
Los movimientos de dinero de un bolsillo a otro importan porque determinan como viven los individuos.
Es cierto que los recursos materiales y la fuerza del trabajo no pueden crecer infinitamente, ¿pero pueden ser suficientes para satisfacer todas las necesidades vitales humanas?, esa es la cuestión, y pienso que hay posibilidades de lograrlo, con algo que por ahora no parece tener límites de crecimiento: el conocimiento sobre el propio ser humano y el mundo que habita. Imprescindibles para ingeniar avances tecnológicos, que ayudan a superar las limitaciones físicas de la simple fuerza de trabajo.
Sin embargo, no se hace nada en este sentido, porque hay algo más importante en la vida de las personas: un sistema que determina como viven los individuos, que relega las necesidades del ser humano a un plano secundario, y que se coloca por encima del mundo real, como si fuera una verdad superior.
Muchas gracias por el post. Muy interesante y muy necesario que se discuta nuestra estrategia a largo plazo. Tengo algunos comentarios y preguntas:
- En la figura 1 se observa que toda la degradación de la renta de los jóvenes tuvo lugar al principio del periodo 2009-2023, después la evolución ha sido paralela. ¿Qué ocurriría si se estudia la evolución a partir de 2014 o 2016, por ejemplo? Parece que el problema fue de gestión de la crisis de 2008-2011, donde se tomó la elección política de proteger a votantes mayores a costa de poner las cosas muy difíciles a los jóvenes, que se comieron toda la famosa devaluación interna.
- ¿Por qué no se ha incluido Alemania? Tengo curiosidad por ver qué se hizo y qué se está haciendo allí.
Muchas gracias de nuevo, un saludo.
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