- Nada es Gratis - https://nadaesgratis.es -

La fuga de mujeres de ocupaciones masculinas: una explicación dinámica de la segregación ocupacional

Por Margarita Torre

En España, las mujeres representan el 42,6% de la población ocupada (INE, 2021). Esto no significa, ni mucho menos, que en todos los trabajos haya casi la mitad de mujeres. Algunos trabajos como peluquería, enfermería o educación infantil, son mayoritariamente femeninos (más del 85% de mujeres). Otros, como ingeniero mecánico, electricista o bombero, son mayoritariamente masculinos (menos del 10% de mujeres). En total, casi 5 de cada 10 mujeres tendrían que cambiar de ocupación para que el mercado laboral fuera neutral en cuanto al género.

No hay nada intrínsecamente bueno o malo en realizar un trabajo u otro. Sin embargo, la segregación laboral por género tiene importantes consecuencias a nivel organizativo e individual. A nivel agregado, es un problema porque las normas sociales restringen las opciones profesionales de mujeres y hombres, distorsionando así los mercados laborales, reduciendo los salarios y perjudicando la innovación y la productividad de las empresas. A nivel individual, la segregación ocupacional continúa siendo el factor más relevante a la hora de explicar la brecha salarial de género. En general, los trabajos que normalmente realizan los hombres acumulan más salario, poder y prestigio. Las ocupaciones femeninas, sin embargo, están peor remuneradas y ofrecen menos oportunidades de promoción y mejora. Esto se debe, en gran medida, a una devaluación sistemática del trabajo femenino.

La segregación ocupacional es un fenómeno dinámico, no estático

A menudo concebimos las carreras profesionales como movimientos lineales desde los puestos de entrada hasta niveles más altos de responsabilidad, autoridad y salario, siempre dentro del mismo sector. Las experiencias de muchos trabajadores, en cambio, no se ajustan a esta trayectoria idealizada. Por ejemplo, muchas mujeres empleadas en profesiones con predominio de hombres, como los oficios cualificados o las programadoras informáticas, terminan por abandonar estos trabajos, contribuyendo a reproducir los niveles de segregación en el mercado. En resumen, la segregación por género no es algo estático, no es algo fijo que termina el día en que los trabajadores entran en el mercado laboral. Al contrario, existen constantes flujos de entrada y salida entre ocupaciones masculinas, neutras y femeninas que se asemejan a una "puerta giratoria".


El estudio de la movilidad ocupacional de género

La segregación es pues un fenómeno dinámico, no estático, y entender su evolución requiere analizar la movilidad entre ocupaciones. En un nuevo artículo junto Jerry A. Jacobs estudiamos los procesos de segregación en las últimas cinco décadas en EEUU. Usando datos de la Current Population Survey examinamos las transiciones entre ocupaciones masculinas, femeninas y neutras, entre 1970 y 2018. Por razones de espacio y simplicidad, aquí nos centraremos en las salidas de mujeres de trabajos masculinos. Esta transición es particularmente intrigante porque, como hemos señalado arriba, tanto los hombres como las mujeres tienen fuertes incentivos pecuniarios y no pecuniarios para trabajar en ocupaciones dominadas por los hombres. Sin embargo, volver a una ocupación feminizada a menudo desafía la lógica del logro ocupacional.

El gráfico a continuación muestra la probabilidad predicha de que una mujer pase de una ocupación masculina a una femenina en las últimas cinco décadas, controlando por factores sociodemográficos (edad, nivel educativo, grupo étnico, estado civil y presencia de hijos en el hogar) y laborales (número de horas trabajadas). El gráfico diferencia, además, entre ocupaciones de alto estatus (directivas y profesionales) y bajo estatus (servicios y ocupaciones manuales).

Figura 2. Probabilidad de que una mujer pase de una ocupación masculina a una femenina. Elaboración propia a partir de CPS 1970-2018.

Los resultados se pueden resumir en 3 grandes puntos. En primer lugar, la tasa de mujeres que abandona una ocupación masculina para irse a una femenina se ha reducido drásticamente en las últimas décadas. Concretamente, ha pasado del 53% en 1970 al 25% en 2018. Sería razonable pensar que estos resultados se deben a diferencias entre cohortes, ya que las mujeres jóvenes tienen diferentes aspiraciones profesionales y están más preparadas para enfrentarse a los desafíos de género que emergen en los lugares de trabajo masculinos. Sin embargo, nuestro estudio muestra que los patrones de movilidad no difieren significativamente entre mujeres mayores y menores de 35 años.

En segundo lugar, y a pesar de esta considerable mejora, todavía son muchas las mujeres que abandonan los trabajos masculinos una vez superadas las barreras de entrada. En 2018, solo el 29% de las mujeres que cambiaba de ocupación en el sector masculino se iba a otra ocupación masculina. El resto salía hacia ocupaciones femeninas (25%) o neutras (46%). Al contrario de lo que se podría esperar, encontramos que la presencia de hijos en el hogar no tiene un efecto significativo en las salidas de mujeres de trabajos masculinos – tampoco en el resto de transicionales que examinamos en el artículo. Nuestros resultados sugieren, en cambio, que el abandono de trabajos masculinizados continúa ligado a los obstáculos de aceptación e integración que encuentran las mujeres cuando empiezan a trabajar en profesiones dominadas por hombres. Usando expresión de Moore, las mujeres en entornos masculinos continúan siendo outsiders in the inside.

En tercer lugar, el gráfico muestra cómo varían los patrones de movilidad entre diferentes estratos socioeconómicos. En consonancia con otras investigaciones recientes, nuestros resultados revelan una creciente polarización entre las mujeres en el mercado laboral. Por un lado, las profesionales y directivas han mejorado sus trayectorias profesionales y han ampliado sus oportunidades profesionales. El acceso a la educación superior ha sido un elemento clave para conseguir estos logros. Con el tiempo, sus trayectorias profesionales han tendido a converger con las de los hombres, aunque la plena convergencia sigue siendo un objetivo lejano. Por otro lado, las mujeres empleadas en el sector servicios u ocupaciones manuales no cuentan con las mismas oportunidades. Estas mujeres tienen a menudo trabajos a tiempo parcial y son más vulnerables a las rigideces del mercado. Además, los resultados indican que su probabilidad de pasar de una ocupación con predominio de hombres a otra con predominio de mujeres sigue siendo significativamente mayor que en caso de las mujeres en ocupaciones de alto estatus.

Implicaciones para las políticas públicas

Las políticas dirigidas a reducir la segregación ocupacional se han centrado en aumentar la presencia de mujeres en entornos masculinos. Por un lado, los esfuerzos se han orientado a favorecer la entrada de mujeres en carreras STEM - donde continúan siendo una inmensa minoría – y en programas de formación profesional altamente masculinizados. Por otro lado, el sistema de cuotas ha mejorado la representación de mujeres en consejos de administración. Nuestro trabajo muestra que, a pesar de que cada vez más mujeres llegan a ocupar puestos tradicionalmente masculinos, muchas de ellas terminan por irse, contribuyendo a reproducir los niveles de segregación. Por ello, garantizar el acceso a posiciones anteriormente reservados para los hombres es una estrategia necesaria, pero no suficiente. Las políticas públicas deben, además, facilitar la retención y evitar la fuga de mujeres en este tipo de trabajos. ¿Cómo? Combatiendo los mecanismos de exclusión como el acoso sexual, la reproducción homosocial y el comportamiento homofílico en el lugar de trabajo, y promoviendo culturas de trabajo más favorables a las mujeres.

Una segunda tarea pendiente es reducir las - cada vez mayores - diferencias de clase. La mayor parte de la desegregación se ha producido en las ocupaciones profesionales, mientras que las ocupaciones de clase baja continúan en una situación muy similar a la que tenían hace 30 años. Cada vez vemos más mujeres arquitectas o abogadas, pero apenas ha aumentado el número de mujeres mecánicas o electricistas. Las mujeres de clase baja se enfrentan a importantes barreras para acceder a puestos manuales bien remunerados y, cuando lo hacen, son más propensas a reconsiderar su decisión.

Por último, es importante mejorar las condiciones laborales y salariales en las infravaloradas ocupaciones femeninas. Esto podría tener un doble impacto positivo. Por un lado, mejoraría la posición económica de las mujeres y haría que la segregación de género de las ocupaciones sea menos costosa para las mujeres y para la sociedad en general. Por otro lado, esta mejora podría incrementar el interés de los hombres por estas ocupaciones y contribuir a la neutralización del mercado de trabajo.