¿Hasta qué punto reflejan los parlamentos las preferencias políticas de los españoles?

Antonio Villar

¿Cómo se transforman las preferencias políticas de los individuos en resultados electorales? Esta es la cuestión que aborda un reciente estudio centrado en las últimas tres elecciones regionales que han tenido lugar en España: Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid (ver aquí). Para ello se comparan los resultados electorales con los datos de las encuestas previas, tomando en cuenta tres variables diferentes: (a) El apoyo que los votantes muestran hacia los partidos; (b) La afinidad que manifiestan por ellos; y (c) Su intención de voto. Las encuestas de referencia son las elaboradas por el grupo 40dB para El País y la Cadena SER, con carácter previo a las votaciones, cuyos microdatos son públicos y gratuitos.

Del apoyo a los partidos a la intención de voto

El apoyo obtenido por un partido se define en este estudio como el resultado de sumar cuántos individuos prefieren este partido a cualquier otro en comparaciones bilaterales. Es decir, el partido A se compara con el partido B y se computa cuántos votantes prefieren A a B. Luego se hace lo mismo comparando A con C, A con D, etc. y se suman todos esos apoyos bilaterales para obtener así el índice de apoyo al partido A. Y lo mismo se hace con todos los demás partidos. Esta fórmula no es más que una extensión de la tradicional “cuenta de Borda” (el procedimiento que se usa en Eurovisión o en la elección del Balón de Oro). Esta información se obtiene gracias a que esas encuestas preelectorales incorporan una pregunta en la que se solicita a cada individuo que declare su valoración sobre cada uno de los partidos en liza. Así que se dispone de datos sobre cómo cada votante en la muestra ordena a todos los partidos que compiten en las elecciones.

La afinidad describe la elección por cada individuo del partido que más se aproxima a su posicionamiento ideológico. Los datos se obtienen directamente de la encuesta. La intención de voto es también una pregunta específica en la que se pide a cada votante información sobre a qué partido piensa votar.

Las diferencias que se observan entre apoyo y afinidad a los partidos nos dan una medida del efecto que tiene hacer que cada individuo sólo pueda elegir un partido, en lugar de tomar en cuenta la valoración relativa de todos ellos. Eso elimina toda la información sobre las preferencias acerca de los partidos que no ocupan la primera posición en el ranking de cada votante. Hay tres mensajes que derivan de la comparación entre apoyo y afinidad. Primero, la riqueza y complejidad de las preferencias de los votantes, con un número inesperadamente elevado de individuos que tienen más de un partido como su mejor opción. Eso implica que cambios marginales en las percepciones de los votantes pueden tener un gran impacto en los resultados electorales. Segundo, que al tomar en cuenta únicamente las opciones que encabezan el ranking de los votantes, se abre el camino a una mayor polarización política. Y tercero, la persistente demanda de un partido centrista y la fragilidad de su éxito.

El cambio de afinidad a intención de voto viene afectado por dos aspectos esenciales. Por una parte, las consideraciones estratégicas que hacen mirar la efectividad del voto en la configuración de los resultados finales. Por otra parte, el efecto derivado de la trayectoria de los partidos en el pasado, de las expectativas de lo que harán en el futuro y lo que están haciendo en ese momento en el gobierno central. Estas consideraciones pueden inducir a los votantes a elegir en las urnas un partido distinto de aquel al que se sienten más afines.

Los resultados

Los resultados finales pueden diferir de los recogidos en la intención de voto por varios motivos. Primero, por el efecto del sistema electoral: la presencia de umbrales mínimos que los partidos deben alcanzar para obtener un escaño y el uso de las provincias como circunscripciones electorales, en el caso de Andalucía y la Comunidad Valenciana. Ambos elementos hacen que pequeñas variaciones en el número de votos puedan tener un efecto importante en los resultados. Segundo, porque una parte no desdeñable de electores no manifiesta su intención de voto en las encuestas, lo que obliga a imputarlos mediante procedimientos estadísticos (la llamada “cocina” de las encuestas). Y tercero, porque no hay información sobre la opinión de los votantes en la semana previa a las elecciones, conforme a la normativa española, de modo que los cambios de última hora no son recogidos por las encuestas preelectorales.

Con respecto al papel de los umbrales fijados para obtener un escaño, ni Ciudadanos ni Podemos consiguen superarlos en ninguna de estas elecciones, de modo que no obtuvieron ningún diputado autonómico, a pesar del apoyo de una fracción relevante de los electores. En cuanto a papel de las provincias (a las que se asigna una mayoría de escaños de forma igualitaria), su relevancia es mínima en el caso de la Comunidad Valenciana, pero muy grande en el caso de Andalucía.

La Comunidad de Madrid

Presentamos en la Tabla 1 los datos relativos a la Comunidad de Madrid, que resultan más fáciles de interpretar por tratarse de una comunidad con una sola provincia. Los datos relativos a Andalucía y la Comunidad Valencia presentan un perfil similar y pueden verse en el trabajo de referencia. Los partidos que competían en estas elecciones eran el Partido Popular (PP), Más Madrid (MM), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Vox, Podemos y Ciudadanos (Cs). La tabla proporciona una estimación de los escaños que obtendría cada partido, si éstos se asignaran en función del apoyo, la afinidad, o la intención de voto, conforme a las características específicas del sistema electoral (5% de umbral mínimo para obtener un escaño y regla D’Hondt para el reparto de restos). Se presentan, además, los resultados reales. La tabla incluye también el porcentaje directo de votos que obtendría cada partido.

Los datos sobre el apoyo recibido por los partidos describen una distribución de preferencias bastante equilibrada, con un rango entre el 12% y el 22% de votos, lo que se traduciría en un rango de escaños entre 16 y 30. Los datos de afinidad ofrecen ya una imagen muy diferente. El PSOE y aún más el PP mejoran claramente, MM y Vox bajan ligeramente, y Podemos y Cs bajan significativamente (especialmente Cs, que pierde casi dos tercios de votos y escaños). Esos datos muestran la concentración que deriva de tener que elegir un solo partido, que anticipa claramente un parlamento más polarizado que los votantes. En cuanto a la intención directa de voto, los datos sugieren que los votantes consideran otros factores además de la mera proximidad ideológica. El aumento del número de votos y escaños del PP procede de un claro traspaso de votantes de Cs (muy probablemente debido a la percepción de que Cs difícilmente desempeñaría ningún papel en el Parlamento y al abandono de su posición centrista) y de Vox (su ideología extrema y la pasada experiencia de gobierno también puede explicar el traspaso). La transferencia de votos de Podemos al PSOE puede también interpretarse como una forma de evitar posiciones extremas. La caída del PSOE puede derivar del objetivo de castigar al Gobierno nacional, liderado por este partido en alianza con Podemos. Así, algunos votos de ambos partidos se transfieren a MM que se puede percibir con una posición intermedia y que ha estado más centrada en cuestiones regionales.

La tendencia que muestran los datos de la Comunidad de Madrid es clara. Por un lado, Cs y Podemos pierden votantes y escaños al pasar del apoyo a la afinidad, de la afinidad a la intención, y desaparecen del parlamento tras las elecciones, al no alcanzar su porcentaje electoral el umbral mínimo del 5%. Vox pierde escaños entre afinidad e intención, y aún más en las elecciones. MM muestra una situación bastante estable, con porcentajes ligeramente superiores de intención y de resultado real. El PSOE gana algo entre apoyo y afinidad y pierde en la transición entre afinidad e intención y en los resultados finales. El PP sube en cada paso de la transición, duplicando con creces los escaños en las elecciones reales en comparación con la asignación bajo apoyo.

Algunas conclusiones

Hay dos conclusiones principales que derivan de este estudio. Primera: Los resultados electorales no reflejan bien las preferencias de los votantes, debido a la indivisibilidad del voto. Un sistema de votación que tomara en cuenta las preferencias de cada votante sobre todos los partidos daría lugar a una configuración muy distinta de los parlamentos. Segunda: La polarización política que observamos en España no concuerda con la distribución del apoyo de los votantes a los partidos. Esta asimetría es en parte resultado de las características del sistema electoral y en parte de la oferta política de los diferentes partidos en su competición por los escaños parlamentarios.

La desaparición de Ciudadanos, dejando libre el centro del espectro político, parece haber llevado a los partidos tradicionales a ajustar sus ofertas políticas moviéndose hacia los extremos, para captar votos en los caladeros de Podemos y Vox. Así, el PSOE se ha vuelto más izquierdista y el PP más derechista, lo que obliga a los votantes moderados a enfrentarse a una elección radical. De hecho, cada nueva elección en España se ha convertido progresivamente en una cuestión de elección entre dos polos. Esta disonancia entre los menús ofrecidos por los partidos y las preferencias de los votantes puede llevar a una desafección de los más moderados, que refuerce el proceso de polarización.

Por último, vale la pena señalar que los datos muestran que no sólo hay transferencia de votantes dentro de los bloques políticos (de Ciudadanos al PP o de Podemos al PSOE), sino también entre los bloques. Y con el mismo patrón en las tres elecciones analizadas: reduciendo el peso de la izquierda de apoyo a afinidad, de afinidad a intención y de intención a resultados. La explicación más plausible que dan los analistas es la del castigo a los partidos que gobiernan en España por su política de concesiones a los nacionalistas.