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Fecundidad, educación y crisis económica: cuando la maternidad y la salud de los bebés se vuelven privilegio

Por Marta Seiz, Leire Salazar, Tatiana Eremenko

La importancia del estado de salud al nacer para las perspectivas de futuro de las criaturas – no sólo en términos de salud física a lo largo de la vida, sino también de desarrollo psicosocial y cognitivo – está sobradamente establecida. Se conoce también que la situación socioeconómica de las familias influye en las probabilidades de nacer con mejor o peor salud, siendo la seguridad económica uno de los factores que han mostrado más capacidad protectora. En este contexto, diversos trabajos han explorado el efecto de las crisis económicas en los resultados perinatales y han llegado a conclusiones variadas. En algunos países, independientemente de su posición económica en términos de PIB, se ha encontrado evidencia de que las recesiones empeoran la salud de los bebés al nacer. En otros, sin embargo, la salud perinatal parece, paradójicamente, mejorar en tiempos de crisis. Hay también autores que encuentran uno u otro resultado dependiendo del indicador concreto de salud perinatal que se use y del estatus socioeconómico de los progenitores.

Lo que sabemos sobre España

El caso español es uno de los especialmente interesantes porque en él se ha documentado la sorprendente paradoja de una mejor salud perinatal cuando el contexto económico es adverso. Ainoa Aparicio, Libertad González y Judit Vall publicaron ya en 2020 un rico análisis, basado en la observación de un periodo de 35 años, constatando este fenómeno e indagando sobre sus causas. Además de comprobar que la asociación no se debía a una selección de fetos más sanos – por un posible aumento de las pérdidas gestacionales o muertes fetales, que tampoco se constató – identificaron varios factores clave: en periodos de elevado desempleo, los nacimientos eran relativamente más frecuentes entre progenitores casados y de mayor edad, y se trataba fundamentalmente de segundos nacimientos y posteriores. Estos hallazgos explicarían fácilmente la paradoja, ya que tanto los bebés primogénitos como aquéllos que nacen de progenitores muy jóvenes o fuera del matrimonio son más propensos a una peor salud al nacer. Además, se alinean perfectamente con las características del contexto español, en el que tanto la decisión de tener el primer hijo como la transición a segundos nacimientos se han mostrado evidentemente dificultados por la incertidumbre e inseguridad económica y la precariedad laboral. Entra dentro de la lógica esperable que sólo aquéllos en situaciones más protegidas se aventuren a procrear cuando el mercado de trabajo no acompaña.

¿Y si las condiciones macroeconómicas alteraran el gradiente educativo de la maternidad?

Esta misma lógica de “nacimientos en condiciones protegidas” nos lleva a dar un salto a otra hipotética variable de selección, la educativa, en nuestro reciente estudio sobre la salud perinatal en España durante la crisis económica de la pasada década y los años posteriores. Este factor también es muy relevante en el contexto reproductivo español, marcado durante largo tiempo por un gradiente negativo: las mujeres con estudios superiores muestran por lo general niveles de fecundidad más bajos que aquéllas con menor nivel de educación. Esta regularidad se ha atribuido – entre otros factores relacionados con las preferencias y un mayor tiempo de permanencia en el sistema educativo – a unos mayores costes de oportunidad de la maternidad en el mercado de trabajo. Lo interesante es que en épocas de crisis podríamos pensar en que, quizá, se alteren las tornas. Si se ve amenazado el sustento, directamente se ha perdido, o las condiciones de empleo no alcanzan a proporcionar unas expectativas mínimas de seguridad económica, ¿quién se va a embarcar en la aventura? No parece improbable que lo hagan, ante todo, quienes se lo pueden permitir, por gozar de mayores recursos socioeconómicos y protección ante el impacto del desempleo.

En esta línea, analizamos mediante modelos de regresión con efectos fijos a nivel provincia-año si unas mayores tasas de desempleo se asociaron con una mayor proporción de nacimientos correspondientes a mujeres con estudios universitarios al año siguiente; en detrimento de los correspondientes a mujeres con nivel educativo medio o bajo. Para ello, utilizamos datos del Boletín Estadístico de Parto del Instituto Nacional de Estadística del periodo 2007-2019, el que comprende la crisis que comenzó en 2008 y la posterior recuperación antes de la pandemia. Nuestros resultados proporcionaron una respuesta afirmativa a la pregunta analizada, corroborando que la mayor protección en el mercado de trabajo que brinda la educación superior favoreció la concentración de nacimientos, por encima de lo esperado, en este grupo.

A mayor educación materna, bebés más protegidos – reproducción de (des)ventajas en tiempos de crisis

Más allá de las implicaciones que pueda tener esta selección educativa materna en términos de inequidad en el acceso a la fecundidad en contextos de crisis, lo cierto es que también tiene repercusiones – en este caso positivas – sobre la salud perinatal. Al analizar de forma sistemática la relación del nivel educativo materno con distintos indicadores perinatales encontramos que sobre todo los estudios universitarios se asociaron de forma consistente con un mejor peso al nacimiento, así como con una mayor protección frente al riesgo de bajo y muy bajo peso al nacer, de macrosomía, de prematuridad, y de muerte fetal. Lo interesante es que, además de mostrar un efecto protector independiente frente a resultados perinatales adversos, la educación materna mitigó el impacto negativo de unos niveles de desempleo elevados en la salud de los bebés. Según nuestros resultados, a mayor desempleo peores resultados perinatales, menor peso al nacer, y mayor probabilidad de bajo y muy bajo peso (es decir, de pesos por debajo de los 2.500 y los 1.500 g., respectivamente). Sin embargo, la educación materna contrarrestó en cierta medida estas asociaciones. En resumen, el nivel de estudios de las madres – principalmente la educación superior, pero en menor medida también los estudios de secundaria – parece haber protegido la salud perinatal por dos vías distintas allá donde el mercado laboral se vio más golpeado por la crisis económica. Se puede concluir, por tanto, que la selección educativa materna en estos mismos contextos desempeñó un papel protector. Los mecanismos subyacentes pueden ser diversos, desde una mayor facilidad para llevar estilos de vida saludable y acceder a la atención sanitaria cuando se tienen mayores recursos socioeconómicos y culturales, hasta un menor estrés ante la pérdida del empleo o la posibilidad de perderlo, dada la mayor seguridad que otorga la formación ante estas eventualidades.

Por último, además de ser una de las posibles explicaciones a la relación contracíclica entre el contexto macroeconómico y la salud perinatal observada en España, la selección educativa a la fecundidad encontrada en este estudio suscita consideraciones sobre la reproducción de (des)ventajas en tiempos de crisis económica y elevado de desempleo.

¿Y más allá de la crisis?

La asociación contracíclica y la selección materna mencionadas plantean asimismo preguntas interesantes relacionadas con la inversión del gradiente educativo de la fecundidad que se ha observado en diversas sociedades postindustriales. ¿Podríamos estar presenciando ya el mismo fenómeno en el caso de España? ¿O quedaría limitado a circunstancias estructurales particularmente adversas? Por el momento, la evidencia empírica disponible parece apuntar a lo segundo – en términos generales, a nivel nacional y observando largos periodos de tiempo, la fecundidad sigue siendo más elevada entre personas con un menor nivel de estudios. No obstante, ante la inseguridad económica y las dificultades de consolidación laboral que continúan experimentando muchas personas en la misma etapa en la que desearían materializar deseos reproductivos, posiblemente podríamos encontrar un gradiente educativo positivo en las probabilidades de llegar a acceder al número de hijos deseados. Estas cuestiones empíricas, que esperamos abordar en un futuro próximo si las fuentes de datos disponibles lo facilitan, suscitan una discusión esencial sobre el acceso a la maternidad y paternidad como un bien de consumo más entre tantos; quizá incluso un bien de lujo en contextos en los que las condiciones consideradas idóneas para la crianza se vuelven cada vez más exigentes.