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Es hora de que los economistas empiecen a pensar en la semana laboral de cuatro días.

Por Pedro Gomes

En 1970, uno de los economistas modernos más respetados calificó la semana laboral de cuatro días como una “invención social notable” comparándola con el desarrollo del lenguaje. Esta es la idea que defiendo en mi nuevo libro "Friday is the New Saturday". Veo la semana laboral de cuatro días, no como una fantasía política de extrema izquierda, sino como una innovación social, una mejor manera de organizar la actividad económica en el siglo XXI. Deberíamos hacerlo por - no a pesar de - la economía.

Han salido muchas noticias recientes sobre la semana laboral de cuatro días como práctica de gestión: las empresas la adoptan con el objetivo de aumentar el bienestar de los trabajadores, mejorar su productividad y reducir el estrés y el agotamiento. El libro The 4 day week proporciona un relato sobre su implementación en una empresa de Nueva Zelanda, Perpetual Guardian, y el libro Shorter presenta muchos estudios de empresas de diferentes industrias alrededor del mundo que la han implementado. Mi concepto de una semana laboral de cuatro días es mucho más que la práctica de gestión que ha dominado los periódicos recientemente. Propongo la semana laboral de cuatro días como algo más grande, que sea implementado en toda la economía por legislación gubernamental. Dicha legislación reduciría la semana laboral regular a cuatro días coordinados, de lunes a jueves. Todas las actividades económicas realizadas durante la semana laboral - trabajo de oficina, universidades, bancos, bolsa de valores - se realizarían durante esos cuatro días, y todas las actividades económicas realizadas durante el fin de semana se realizarían de viernes a domingo, estableciendo cuatro días como norma para todos los trabajadores.

Hay mucho mérito en los arreglos laborales flexibles (impulsados por los trabajadores) y en las prácticas de gestión que los respaldan (implementadas por las empresas), y algunos de mis argumentos también sirven para promoverlos. Sin embargo, estos arreglos son inferiores a una semana laboral de cuatro días implementada por  legislación gubernamental. Solo así se podrán conseguir todos los beneficios económicos de la reducción de la semana laboral. Las ganancias de la semana laboral de cuatro días para la sociedad y la economía serán mucho mayores que las ganancias de productividad para las empresas o el bienestar de los trabajadores. Para explicar el razonamiento económico detrás de cada uno de estos argumentos, he contado con la ayuda de cuatro de los economistas más influyentes de los siglos XIX y XX: John Maynard Keynes, Joseph Schumpeter, Karl Marx y Friedrich Hayek. Veré la economía a través de sus ojos.

La semana laboral de cuatro días estimulará la economía a través de la demanda de las industrias del ocio, la hostelería y el turismo. Necesitamos dinero para consumir, pero también necesitamos tiempo. Es en los fines de semana cuando reconocemos más nuestras necesidades y por tanto consumimos más. Imagínese lo que haría y dónde iría durante los fines de semana de tres días. Lo más probable es que cualquiera de esos planes implique gastar dinero. La implementación por toda la Unión Europea de la semana laboral de cuatro días podría traer un reequilibrio de la división Norte-Sur. ¿Dónde irían los del norte de Europa a pasar su largo fin de semana? La discusión actual sobre cómo estimular la economía se centra en el papel del gasto público o los impuestos. Pero los keynesianos no son Keynes. Keynes escribió que "la política de pleno empleo por medio de la inversión pública era sólo una aplicación particular de un teorema intelectual" “También se puede producir el resultado consumiendo más o trabajando menos.”

La semana laboral de cuatro días incitará la innovación y el espíritu empresarial porque muchas nuevas ideas y productos nacen de personas apasionadas con trabajos diurnos que crean algo nuevo en sus cobertizos durante las horas de ocio. El mejor ejemplo es Henry Ford, el mayor empresario de todos los tiempos, que tardó tres años en construir su primer automóvil con motor de combustión interna mientras trabajaba durante seis días en una de las plantas de electricidad de Thomas Edison. Se convirtió en Henry Ford por lo que hacía en su tiempo libre. Como Ford, hay innumerables ejemplos de innovación que nacen del ocio. Según Edmund Phelps, un laureado con el Nobel de la economía, en su libro Mass Flourishing, la clave del crecimiento económico es la innovación autóctona, realizada por personas comunes en todos los rincones de la economía. Su origen es el tiempo libre.

La semana laboral de cuatro días protegerá los empleos en riesgo de automatización reduciendo el desempleo tecnológico, aumentando los salarios y reduciendo la desigualdad. El argumento económico no se basa en compensar la reducción de horas de trabajo contratando más trabajadores (la falacia del trabajo fijo discutida aquí), sino en la idea de que la reducción de la semana laboral reducirá el ritmo de los despidos en respuesta a la implementación de nuevas tecnologías y dejará tiempo a los trabajadores para que vuelvan a estudiar con el fin de adaptarse a una ocupación más rentable.

Argumento también que las personas tendrán mayor libertad para trabajar más en una semana laboral de cuatro días que la que tienen actualmente para trabajar menos con una semana laboral de cinco días. Finalmente, al compartir los beneficios del crecimiento económico con todos, reconciliará una sociedad polarizada y debilitará los movimientos populistas, una de las mayores amenazas para nuestras economías. Incluso si los beneficios económicos de la semana laboral de cuatro días no fuesen suficientes para superar los costes de implementación, seguramente valdría la pena si se puede evitar otras políticas económicas desastrosas como el Brexit, o la pérdida de libertad política que ya observamos en el corazón de la Unión Europea.

Los ocho argumentos que presento se pueden discutir y serán más o menos persuasivos dependiendo de sus propias preferencias ideológicas, pero todos están respaldados por un razonamiento económico coherente y apoyado por los datos. La sustancia de cada argumento se relaciona con lo que la gente haría con su día extra de trabajo. Podrían descansar más, lo que aumentaría su eficiencia durante sus cuatro días laborales. Podrían disfrutar de actividades de ocio que impliquen gastos, lo que estimularía el consumo. Podrían decidir trabajar, por lo que estarían ejerciendo su libertad individual. Podrían aprovechar el día para volver a capacitarse y adquirir nuevas habilidades que les ayudarán a pasar a una ocupación más gratificante o prometedora. O podrían dedicar su tiempo a su pasión y crear las innovaciones del futuro. En la mayoría de los modelos económicos, el trabajo se considera un insumo para la producción y el ocio como un tiempo fuera de la economía - un vacío. Pero somos humanos y lo que hacemos en nuestro tiempo libre también contribuye a la economía. En palabras del economista ganador del premio Nobel James Tobin, "cada acto de ocio tiene una recompensa económica para alguien".

Una vez que pensamos en los beneficios de la semana laboral de cuatro días, debemos compararlos con los costes de implementación. Una transición a una semana de cuatro días no es fácil, pero podría realizarse de manera mucho más fluida de lo que uno podría imaginar. Si usted se ha preguntado si todos los trabajadores recibirían un recorte salarial del 20 por ciento trabajando un día menos, la respuesta es no. La gran mayoría de trabajadores no sufriría recortes salariales. Existen varios mecanismos de ajuste posibles que protegerán los salarios, que van desde aumentos en la productividad, ajustes de horas trabajadas en los cuatro días restantes, reducciones en ganancias sobredimensionadas, aumentos de precios, subsidios y, lo más importante, tiempo. Un período de aproximadamente cinco años entre el anuncio de la semana laboral de cuatro días y su implementación daría a los trabajadores, las empresas y al gobierno suficiente tiempo para prepararse, restringiendo el crecimiento salarial durante este período para evitar recortes cuando se lleve a cabo la implementación. La actividad económica es muy diversa y los trabajos en toda la economía son muy diferentes. La implementación de la semana laboral de cuatro días debería ser diferente para periodistas, trabajadores de fábricas, profesores universitarios o camareros. También debería ser diferente en el Reino Unido o en España. No deberíamos proponer un ajuste único para todos, sino utilizar una combinación de estos ocho mecanismos para encontrar la forma de minimizar la perturbación en la economía.

El economista que calificó la semana laboral de 4 días como una “invención social notable” fue Paul Samuelson, en el mismo año en que ganó el Premio Nobel que lo coronó como el padre de la economía moderna. Samuelson fue un diamante entre los economistas que, en los últimos 50 años, o se oponen a la idea, o simplemente la ignoran. La semana laboral de cuatro días ha generado investigación académica en sociología, ciencias políticas, administración de empresas, derecho, ecología o estudios de género, pero no existe investigación explícita en economía. Escribí “Friday is the New Saturday” para redimir este “pecado por omisión” y espero haber iniciado un debate constructivo. La semana laboral es una construcción social, política y económica. En los últimos 50 años, casi todo en nuestra sociedad ha cambiado - la velocidad con la que nos comunicamos, los tipos de trabajos que hacemos, la tecnología disponible para nosotros, la cantidad de años que estudiamos, la estructura de nuestras familias, la duración de nuestras vidas, nuestras interacciones sociales. ¿Por qué no debería cambiar la semana laboral?

Financial Times August Business Books

La crítica de Jason Furman, Chairman of Obama’s Council of Economic Advisors (en ingles)