¿En la salud y en la enfermedad? Cuando los problemas de salud ponen a prueba el matrimonio

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Por Javier Adrián López Artero (Universidad de Alicante), Anna Sanz-de-Galdeano (Universidad de Alicante y Universidad de Valencia) y Daniela Vuri (Università di Roma Tor Vergata)

En las últimas décadas, el aumento de la esperanza de vida y los cambios en las normas sociales han traído consigo un fenómeno cada vez más visible: el de los silver splitters o gray divorces, es decir, los divorcios en la madurez. En Estados Unidos, la proporción de divorcios entre individuos de 50 años o más se ha incrementado de forma notable y hoy representa una parte sustancial de las rupturas. Y la tendencia en España no ha sido distinta: según datos del INE, entre 2015 y 2024, el número de divorcios en los que ambos cónyuges tenían entre 50 y 59 años aumentó de 11.828 a 13.707, lo que representa un incremento del 15,9 %. En el grupo de 60 a 69 años, los divorcios pasaron de 3.140 a 4.537 (un aumento del 44,5 %), mientras que entre las personas mayores de 70 años se incrementaron de 779 a 1.387, lo que supone un aumento del 78 %. En este post previo se analizaron otros aspectos vinculados con las tendencias del divorcio en España.

En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la esperanza de vida, no solo se amplía el tiempo durante el cual las rupturas pueden ocurrir, sino que también crece la probabilidad de atravesar crisis de salud. Si estas crisis, a su vez, influyen en la probabilidad de divorcio, podrían ser uno de los factores que explican el incremento de las tasas de divorcio entre las personas mayores.

La tendencia al alza del divorcio entre las personas de edad avanzada es, en definitiva, un desafío más que nos plantea la nueva longevidad y que es importante investigar. En nuestro trabajo, When the Going Gets Tough: The Impact of Health Shocks on Divorce, analizamos hasta qué punto los shocks de salud graves y no anticipados —diagnósticos inesperados de cáncer, infarto o ictus— desestabilizan el matrimonio en la madurez usando datos longitudinales y representativos para la población mayor (50+) de Estados Unidos.

Cómo medimos el efecto causal de los shocks de salud

Un reto de este tipo de análisis es separar el efecto de las crisis de salud de otras diferencias entre las parejas que las sufren y las que no, que podrían afectar su estabilidad. Las parejas que no atraviesan crisis de salud difieren en algunos aspectos de las que sí. Por ejemplo, en aquellas sin shocks de salud es más frecuente la participación en el mercado laboral o poseer educación universitaria. Por ello, en lugar de comparar parejas que sufren shocks de salud y las que no, comparamos aquellas que experimentan el shock en momentos distintos, de modo que todas afrontan el mismo tipo de evento, pero en fechas diferentes. Esta estrategia se basa en un diseño de adopción escalonada y se estima con un stacked difference-in-differences (stacked DID, Wing et. al., 2024): construimos sub-experimentos por fecha de shock, los “apilamos” y estimamos el efecto medio. Además, evitamos comparaciones problemáticas, que surgirían al comparar parejas que ya sufrieron el shock con otras que lo experimentarán más tarde. En ese caso, las primeras actuarían como grupo de control pero, al estar ya afectadas, sesgarían las estimaciones. El stacked DID elimina este problema al restringir las comparaciones a parejas que sufren el shock durante la ventana temporal considerada en cada sub-experimento con controles que lo recibirán más adelante.

Los resultados: el compromiso puesto a prueba

Nuestros resultados muestran que un shock de salud eleva alrededor de un 19% en promedio la probabilidad de divorcio (como proporción de la media de divorcio en la muestra), y que el efecto crece con el tiempo.  La Figura 3 de nuestro artículo, que reproducimos a continuación, ilustra esta tendencia.

Esta figura representa en el eje horizontal el tiempo transcurrido respecto al shock o evento y, en el vertical, el cambio en la probabilidad de divorcio (en puntos porcentuales). Antes del shock no se observan diferencias, mientras que posteriormente la probabilidad de ruptura aumenta de forma sostenida. Los intervalos de confianza, representados con barras verticales, muestran que el ascenso en la probabilidad de divorcio tras el shock es significativo y persistente.

Mecanismos: salud mental, cognición y presión financiera

Para entender por qué la enfermedad puede tensar el vínculo, realizamos análisis adicionales de tres posibles mecanismos no mutuamente excluyentes:

  1. Salud mental: Tras el shock, aumenta la sintomatología depresiva media del hogar según la escala CES-D, un cuestionario ampliamente utilizado para medir síntomas de depresión. Además, crece la proporción de hogares en los que al menos uno de los cónyuges supera el umbral considerado indicativo de depresión. Véase asimismo este post previo sobre el efecto de un diagnóstico de diabetes sobre la salud mental.
  1. Declive cognitivo: Después del shock, se observa un aumento en la probabilidad de que alguno de los miembros la pareja presente deterioro cognitivo (evaluado mediante una breve batería de tareas) o reciba un diagnóstico médico relacionado con problemas de memoria, como Alzheimer o demencia.
  2. Tensión financiera: Los hogares afectados por crisis de salud afrontan un aumento apreciable de los gastos médicos de bolsillo, coherente con el impacto económico de una enfermedad grave en un sistema sanitario como el estadounidense. Este incremento es especialmente pronunciado en el periodo inmediatamente posterior al diagnóstico, coherente con la evidencia previa (Dobkin et al.,2018).

En conjunto, estos resultados sugieren que el estrés emocional, el deterioro cognitivo y la presión económica derivados de las crisis de salud actúan de manera conjunta, erosionando progresivamente la estabilidad conyugal.

¿Qué uniones son las más vulnerables ante un shock de salud?

El impacto de un shock de salud no tiene por qué ser el mismo para todas las parejas, por lo que nos guiamos por algunos patrones empíricos previos para analizar si existe alguna heterogeneidad relevante entre grupos.

  • Raza: Los divorcios en edades avanzadas en Estados Unidos son menos frecuentes entre personas blancas. Aunque esta brecha no implica necesariamente una mayor resiliencia ante los shocks de salud, esta podría contribuir a explicar su menor prevalencia de divorcio. Nuestros resultados respaldan esta interpretación: ante un shock, el aumento en la probabilidad de divorcio es significativamente menor cuando ambos miembros son blancos.
  • Religión: El divorcio es menos común entre los católicos, especialmente frente a protestantes y personas sin afiliación religiosa. ¿La estabilidad matrimonial ante shocks de salud es mayor entre parejas católicas? Nuestros resultados indican que sí: el aumento de la probabilidad de divorcio tras un shock es menor cuando ambos se declaran católicos que cuando al menos uno no lo es.
  • Pobreza: En Estados Unidos, el divorcio es más frecuente entre hogares con mayores recursos. Sin embargo, los shocks de salud no amplían dicha brecha, ya que no generan variaciones significativas en la probabilidad de divorcio entre hogares por encima o por debajo del umbral de pobreza.
  • Género: No encontramos diferencias significativas según el género de la persona afectada. Aunque algunos trabajos descriptivos sugieren posibles asimetrías, nuestro diseño cuasi-experimental, que compara hogares que experimentan un shock en momentos distintos, no las confirma. En definitiva, aunque descriptivamente la prevalencia de divorcio es algo mayor cuando la afectada es la esposa, esta diferencia no se traduce en un efecto causal diferencial de los shocks de salud bajo nuestra estrategia empírica.

Implicaciones

Nuestros resultados ponen de relieve la estrecha relación entre la salud y la estabilidad familiar en las etapas finales de la vida. Un divorcio en edades avanzadas puede implicar pérdida de ingresos, reducción del patrimonio, aislamiento y un deterioro de la salud física y mental. En un contexto de envejecimiento poblacional, los problemas de salud graves no solo afectan el bienestar individual, sino que también pueden alterar la estructura y la cohesión de los hogares de mayor edad. Las políticas que integren la atención sanitaria, refuercen los apoyos al cuidado, alivien la carga financiera asociada a la salud y promuevan el bienestar mental del paciente y de su pareja resultan esenciales para proteger tanto la salud como la estabilidad de las parejas mayores.

Hay 2 comentarios
  • Buen reflejo de la sociedad individualista ~hedonista actual.
    Y sino fuese por las condiciones legales .. pension de viudedad etc.. ni te digo lo que mas cambiaria . No iba a ver ni casamientos para ver la tasa de divorcios.

    El nivel de entrometimiento legal en la libertad de las personas y sociedades (como en la opa) no para de ahogar , perdona condicionar la libertad de esta sociedad.

  • Otra explicación es que un shock de salud puede ser un "transformative event" en el que se ponen a prueba los "terms del contrato", cuando se ve que el grado de compromiso de la pareja no es el esperado, se pone en marcha el proceso de divorcio.

    No decís nada de la presencia de hijos, ni sé su composición; creo que es algo relevante porque determina el apoyo,...

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