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El Valor de las Conexiones Personales

por Gerard Padró i Miquel

Ahora que desayunamos escándalos de corrupción día sí y día también, merece la pena dar un vistazo a la literatura que examina el valor de las conexiones personales. Al fin y al cabo, un elemento fundamental en muchos ejemplos de corrupción es el uso indebido de conexiones sociales entre personajes con responsabilidad pública y personajes con intereses privados. El “enchufe” de toda la vida, vamos, que hace que la empresa del hijo de la prima termine teniendo el monopolio de las baldosas de todas la aceras del pueblo. Por no hablar de las conexiones que permitieron ciertas empresas zombie continuar con su no-vida gracias a los préstamos políticamente inducidos de ciertas cajas.

La literatura moderna sobre estos temas arranca con un análisis muy inteligente hecho por Raymond Fisman usando datos de Indonesia. La premisa para identificar el valor de las conexiones es sencilla y ha sido usada por otros artículos que voy a mencionar, de modo que es útil describirla con un poco de detalle con un ejemplo. Imaginemos que hay dos empresas en Indonesia. Una es dirigida por el cuñado de Suharto, el dictador Indonesio durante unas tres décadas terminadas en 1998 (de hecho, el hombre fue otra víctima política de la crisis Asiática… otro ejemplo de que las crisis financieras se llevan a todo tipo de gente por delante). A la otra empresa no se le conoce conexión alguna con Suharto y su familia. Además, las dos empresas cotizan en la bolsa Indonesia. Ahora supongamos que un buen día amanece con rumores de que Suharto ha agarrado un mal catarro y puede que tenga que dejar la presidencia. Esto podría ser causa de incertidumbre política y en consecuencia la empresa sin conexiones sufre una caída del 2% en la bolsa. Pero imaginen que el mismo día la empresa con conexiones cae un 10%. Si estas dos empresas son muy parecidas en otras dimensiones (sector en el que trabajan, situación financiera, etc) parece lógico atribuir el 8% de diferencia entre las empresas en reacción a las noticias sobre la salud de Suharto al valor que las conexiones personales con Suharto dan a la empresa de su cuñado.

Ésta es la lógica que sigue el artículo de Fisman. Entre 1995 y 1997 hubo seis episodios relacionados con noticias adversas sobre la salud de Suharto. El autor usa datos de consultorías estratégicas para asignar distintos grados de conexión entre la familia presidencial y las empresas cotizadas en Jakarta. Estos elementos, y un poco de extrapolación, permiten a Fisman calcular que si Suharto hubiese abandonado el poder súbitamente, las empresas con conexiones habrían perdido un 23% más de valor que las empresas sin conexiones. Este número es gigantesco, claro, pero puede ser relativamente común ya que Indonesia no es ni de lejos el país más corrupto del mundo.

Sin ir muy lejos, Simon Johnson y Todd Mitton usan una técnica parecida con datos de Malasia. Los vaivenes políticos y de políticas financieras permiten a los autores atribuir casi el 10% de valor bursátil de las empresas conectadas con Mahathir Mohammad (el primer ministro durante más de veinte años) a dichas conexiones. Otra vez un número gigantesco. Imaginen lo que esto significaría, pongamos por caso, para una empresa como Telefónica si ésta tuviera conexiones con el poder. Sin embargo, la extrapolación, como la comparación, puede ser odiosa, y el lector sin duda puede decirse “menudo pazguato este Gerard, que pretende usar coeficientes de países obviamente corruptos hasta la médula para imaginar lo que debe ocurrir en España.”

Esta misma pregunta se la han hecho diversos investigadores sobre la situación en Estados Unidos. De hecho, Raymond Fisman y una sarta de coautores tienen otro artículo muy interesante relacionando el valor bursátil de las empresas relacionadas con Dick Cheney con los avatares políticos y de salud de tan ínclito personaje. Curiosamente, dados los escándalos que la prensa señaló sobre el uso de empresas como Halliburton en el esfuerzo militar de Iraq, Fisman y sus coautores no encuentran absolutamente nada. Y eso que mueven cielo y tierra en busca de eventos, incluyendo la escalada de tensión previa a la invasión de Iraq.

De modo que más o menos el consenso académico creía que los resultados grotescos de Indonesia y Malaysia (y algún otro sobre Pakistán) eran el resultado de países con instituciones bien pobres, y que nuestros tan cacareados “checks and balances” impiden que en Occidente las conexiones personales se puedan exprimir para tal ganancia financiera.

Así que imaginaros la sorpresa cuando hace unos días ví en Northwestern la presentación de un nuevo artículo de Simon Johnson (esta vez coautorando con Kwak, Mitton, Kermani y mi director de tesis, Daron Acemoglu). Esta gente usa un episodio bien reciente para estimar el valor de las conexiones: la nominación de Timothy Geithner como Secretario del Tesoro americano. Resulta que los bancos con conexiones con Geithner tuvieron un retorno bursátil 15 puntos por encima de los bancos sin conexiones durante los días siguientes a su nominación. Estos son otra vez números bastante gigantescos. Los autores insisten que esto no es evidencia directa de corrupción. Es posible que en esos días de 2008 convulsos en los que el bailout se estaba cociendo a fuego más bien rápido era importante tener amigos en las altas esferas. Cierto. Pero también es verdad que estos retornos están estimados en relación a otras empresas del sector financiero, o sea que estos amigos ciertamente parecen tener precisión a la hora de repartir favores y, cosa todavía más interesante, el mercado lo sabe (al fin y al cabo, estos números están calculados usando precios de acciones en bolsa!).

Estos resultados causaron debate entre los académicos presentes en la conferencia de la semana pasada y muchos creemos que es posible que en circunstancias normales las conexiones personales no tengan mucho valor en bolsa, pero en circunstancias extraordinarias como durante la tormenta financiera los checks and balances institucionales no sirvan para mucho. Si esto es verdad, igual hemos sido muy injustos con Indonesia y Malaysia. Al fin y al cabo, las estimaciones de Fisman y de Johnson y Mitton usan datos del periodo inmediatamente anterior y durante a la gran crisis financiera de Asia. O sea que igual los checks and balances funcionan igual de mal en todo el mundo.

Una nota final: crisis o no, hay evidencia de que las conexiones políticas y de lobbying tienen valor en Estados Unidos. Seema Jayachandran usa el salto del Senador Jeffords del lado Republicano al Demócrata para demostrar que quienes contribuyeron a la campaña republicana salen perdiendo. [] Los efectos son importantes: por cada $250000 de contribución al partido republicano, una empresa pierde 0.8% de su valor bursátil. Igualmente, Bertrand, Bombardini y Trebbi muestran que el valor de las empresas de lobbying depende crucialmente de la posición que sus amigos políticos tienen en el Congreso. Que estudios como el de Cheney no encuentren mucho valor en las conexiones personales entre empresas y políticos en ausencia de crisis puede ser, por lo tanto, consecuencia de que la mayor parte de empresas grandes o bien ya conocen “personalmente” a todos los políticos relevantes en ambos partidos, o bien pueden comprar las conexiones que necesiten fácilmente en el mercado de lobbying.

Con toda esta información ¿alguien se atreve a especular sobre el valor del enchufismo en España? O todavía mejor ¿tenéis alguna idea brillante sobre cómo estimarlo usando valores bursátiles, sospechas de conexión, y episodios políticos?