“Efectos Colaterales” históricos: cómo un embargo comercial español en Holanda arrasó una ciudad en Canarias

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Por Diego Cabrera (Licenciado en Economía, ULPGC)

La economía europea del siglo XVI se construyó en torno a las ciudades, sus mercados y las rutas que hacían posible el comercio entre ellas. En este contexto, La Corona española dominaba la mayor parte del tráfico marítimo en el Mediterráneo por su dominio sobre Milán, de un lado, y Flandes, en el otro, incluyendo el gran centro mercantil de Amberes. El poder económico de España a finales del siglo XVI era tan relevante que le permitía la capacidad de ejercer presión sobre mercados clave, materias primas o mercaderías para mejorar su posición económica sobre las potencias marítimas del norte de Europa, sobre todo Inglaterra.

En este marco, las políticas más extendidas por España dentro de la guerra económica comercial fueron los bloqueos y embargos al comercio sobre sus grandes competidores. Políticas que fueron una tendencia continua en el tiempo, comenzando a finales de 1580 por el monarca español Felipe II y extendiéndose hasta el fin de los Habsburgo, en 1700.

Los tres grandes bloqueos comerciales que impulsó España en este siglo fueron contra Inglaterra y Holanda durante el período de 1585-1604; contra Holanda y Portugal, entre los años 1621-1647; y contra Francia, entre 1688-1697. En general, se considera actualmente que la obsesión por implementar este tipo de embargos comerciales por parte de la corona española no produjo los resultados esperados por la Corte de Madrid (Véase Alcalá-Zamora, 2001. España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639).

En esta entrada pretendo analizar algunas de las consecuencias más relevantes que se derivaron del primer gran bloqueo marítimo a Los Estados Generales neerlandeses y cómo, debido al embargo, se produjo unos de los hechos más importantes en la historia de Canarias: la destrucción de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

La revuelta de los Países Bajos.

Toda la región de los Países Bajos había sido incorporada a los dominios de los Habsburgo a principios de la década de 1540. España controlaba una de las zonas más codiciadas en Europa debido a su floreciente comercio. Pero pronto se comprobó que la convivencia no iba a resultar sencilla. Varios fueron los puntos de fricción entre España y las provincias de los Países Bajos: los altos impuestos, la persecución del protestantismo y los esfuerzos centralizadores de los monarcas españoles, fueron el caldo de cultivo para el desarrollo del conflicto.

Las revueltas religiosas entre calvinistas y católicos del año 1566 fueron el germen de las luchas en Flandes, provocando que estallara la guerra que desembocaría en la independencia de las provincias del norte, lideradas por Holanda, Zelanda y Utrech en 1581 (solo reconocidas por Inglaterra y Francia). En el transcurso de la revuelta y de la mano de Mauricio de Orange, las Provincias Unidas de los Países Bajos crecieron muy deprisa gracias a su flota comercial, experimentando un período de riqueza económica que no pasó desapercibido en España.

Potencia marítima

Las Provincias Unidas se convirtieron rápidamente en una potencia comercial marítima. En 1587 ya dominaban gran parte del comercio en el Mar del Norte, ejerciendo en la práctica un monopolio comercial en el transporte del trigo, madera y vino españoles en el Báltico. En este año se consignaron más de 800 buques en los puertos holandeses (según cuenta Rumeu de Armas, 1947, Canarias y el Atlántico). En Canarias abrieron una de las mayores rutas marítimas con el continente para la importación del vino malvasía y el azúcar.

El Bloqueo

Durante la década de 1590, las luchas entre las provincias católicas de Flandes, leales a España y las provincias sublevadas fueron en aumento. España necesitaba cortar de raíz la financiación de las Provincias Unidas y debilitarla económicamente. Así, los archiduques Alberto e Isabel, representantes de España en los Países Bajos, decidieron decretar en 1599 el cierre de los puertos españoles en Flandes a los navíos holandeses y zelandeses y, de esta forma, dar “el golpe de gracia” a su comercio. Felipe III se adhirió al acuerdo y la Península Ibérica y Canarias quedaron también cerrados al tráfico holandés.

España buscó en el bloqueo marítimo cortar las vías de financiación de las Provincias Unidas y debilitarlas en sus intentos de independencia, a la vez reducir el monopolio que la flota holandesa ejercía en el comercio del Mar del Norte. Así, durante el periodo que durase el embargo, las flotas de Dinamarca, Noruega y Alemania podrían conseguir cuota de mercado en lo que a fletes se refiere.

Consecuencias

Para las arcas españolas el bloqueo suponía un problema a corto plazo, pues había que hacer frente tanto a la pérdida de derechos de aduana como al sobrecoste de la diplomacia, ya que se debía concretar con los demás estados la nueva política de embargos. Ningún barco podría llevar mercancías holandesas a los puertos españoles. Todos los navíos con destino España debían llevar firmados pasaportes certificando que ninguna mercadería fuese de origen holandés y en caso de irregularidades, la justicia española podría confiscar el barco sin recurso alguno del país de origen. Todo ello generaba un coste de burocracia relevante.

Desde el punto de vista de las Provincias Unidas, el panorama no era alentador. Los riesgos a los que se enfrentaban iban desde la pérdida del grueso de las matrículas del mar para comerciar, el abandono de la mano de obra marítima para enrolarse en tripulaciones extranjeras, o la merma de los impuestos en aduana.

Las provincias neerlandesas, dirigidas por el abogado Johan Van Oldenbarnevel arbitraron una serie de medidas para evitar el colapso económico. Por un lado fomentaron la piratería institucional y organizada mediante la venta de patentes de corso como medida de financiación y por otro la creación de una escuadra de guerra utilizando la flota mercante que se encontraba amarrada en los puertos para mantener a barcos y marinos activos.

La flota del Almirante Pieter Van Der Does en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Roto el comercio con Holanda y Zelanda y decretado el embargo de todos sus navíos que estuvieran en puertos del Imperio, los holandeses respondieron fletando sus mejores barcos comerciales, a los que equiparon y revistieron para transformarlos en una flota lista para la guerra. Al mando de la escuadra colocaron al almirante Pieter Van der Does, noble holandés que contaba con experiencia dentro de la administración neerlandesa.

La escuadra que se organizó contaba con 80 navíos y doce mil hombres y tenía varios objetivos claros contra España: “…apresar el mayor número posible de buques del enemigo, causarle todos los perjuicios posibles en su territorio y cautivar el mayor número posible de prisioneros para el cobro de rescates…” (M.L. VANDEVENDE: Verspreide Collectiön).

La flota de Van der Does partió de Zelanda en Mayo de 1599 y tras realizar varios ataques en La Coruña y SanLúcar de Barrameda, donde fueron repelidos por la población, se dirigieron a Canarias. El 26 de Junio de 1599 atacaron la ciudad de Las Palmas, apoderándose de ella durante 8 días. Mientras sus ciudadanos se refugiaban en el interior de la isla, los holandeses saquearon la ciudad, quemándola y arrasándola por completo al abandonar la isla. En octubre de 1599, la malaria acabaría con la escuadra holandesa en la isla de Santo Tomé, matando a mil ochocientos soldados y al propio almirante Van der Does.

Conclusiones

Se pueden estudiar los efectos del primer bloqueo comercial español a las Provincias Unidas de los Países Bajos (1599-1604) desde 3 ópticas diferentes: España, Holanda y Las Palmas de Gran Canaria.

  1. España no consiguió romper el monopolio comercial holandés en el Báltico. Dinamarca y Noruega no consiguieron posicionarse en el negocio marítimo durante el bloqueo. Véase, como ejemplo, los datos siguientes:

Viajes desde la península Ibérica al Báltico a través de Estrecho de Dinamarca

Año

Total

Holandeses

Alemanes

Daneses/Noruegos

1610

181

168

11

2

1611

135

119

15

0

Fuente: Wiert Jan Wieringa, The Interactions of Amsterdam and Antwerp with the Baltic region, 1400–1800

  1. Las Provincias Unidas mantuvieron su poder marítimo europeo, creando incluso una de las mayores flotas comerciales de la época: la Compañía Neerlandesa de las Indias. Consiguió la independencia como Estado en 1648 tras la paz de Westfalia.
  2. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria sufriría tras el ataque una de las mayores crisis de su historia, pues pasaría de ser la ciudad referencia en Canarias a parar su crecimiento durante los siguientes 100 años, desviando inversiones que de no haberse producido el ataque, se hubiesen destinado a otros proyectos. La ciudad que antes del ataque en 1599 comenzaba su expansión extramuros, volvió a refugiarse en los límites de sus murallas durante los siguientes tres siglos (Santana, G. 2001. El ataque de van der Does: Piedra de toque para la transformación económica de Gran Canaria. Revista Vegueta).

En definitiva: las guerras comerciales siempre tienen consecuencias negativas. E incluso pueden volverse en contra de quien las comience.

* La historia del ataque del Almirante Van der Does a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se puede conocer, día a día, en este hilo de Twitter confeccionado por el autor de esta entrada.

** El grabado representa el ataque de Van der Does. De autor desconocido, está publicado en Van Heede, M. J. (2010) Discours Ende Beschryvinge Van Het Groot Eylandt Canaria, Ende Gomera, Midtsgaders Het Innemen, End Verlaten Van Dien, 1599.

Hay 3 comentarios
  • Yo tengo la impresión de que los causantes de que los holandeses saquearan la ciudad, quemándola y arrasándola por completo fueron los holandeses.
    Puestos a buscar causas anteriores, podrían ser causantes quien inventó la navegación, la guerra, el comercio o quien fundó la ciudad.
    Parece querer justificar la destrucción de ciudades (desconozco si también el asesinato de los ciudadanos pues, salvo omisión, solo leo “sus ciudadanos se refugiaban en el interior de la isla”)
    Espero que no opine lo mismo respecto al bloqueo comercial parcial al que en la UE sometemos a Irán.

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