Por Daniel Barczyk y Matthias Kredler
El envejecimiento de la población y el aumento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo hacen que el cuidado de las personas mayores sea una preocupación de primera magnitud para los gobiernos. Nosotros, Daniel Barczyk y Matthias Kredler, junto con nuestros colegas, hemos estado estudiando esta cuestión desde la perspectiva económica, combinando enfoques empíricos y teóricos. Nuestro viaje comenzó hace casi dos décadas y nos ha enfrentado a más preguntas que respuestas, convirtiéndose en un objetivo central de nuestra investigación para los próximos años. En esta entrada, describimos nuestro trabajo pasado y presente sobre los cuidados de larga duración (CLD), así como las recomendaciones de política que han surgido de dicha investigación. Esperamos que lo que contamos sirva para situar a los lectores de NeG más cerca de la frontera de un área de estudio apasionante.
Panorama de la atención a las personas mayores
Un punto de partida natural es nuestro artículo de 2019 en Fiscal Studies, sobre el que pueden verse blog posts aquí, y aquí en español. A partir de datos de la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE), y del Estudio de Salud y Jubilación (HRS) en EE.UU., trazamos un mapa de cómo se organiza el cuidado de los ancianos en Europa y en EE. UU. Una contribución clave del artículo es la cuantificación en horas dedicadas a los cuidados, unos datos que a menudo se echan en falta en la literatura pero que son cruciales para entender quién lleva la carga principal de los cuidados.
En todos los países encontramos una concentración llamativa: el 80% de las horas de cuidados se destinan a sólo el 40% de los ancianos dependientes, los más discapacitados, que reciben tres o más horas de cuidados diarios. Entre estas personas, la mayor parte de las horas de cuidados suele concentrarse en una forma específica de cuidados: o bien en forma de cuidados informales o bien en residencias de ancianos (y con menor frecuencia se observan los cuidados formales a domicilio). En el caso de los cuidados informales, la carga de los cuidados recae sobre todo en un cuidador principal, normalmente el cónyuge o la hija biológica. Cuando son las hijas, suelen tener alrededor de 55 años, trabajan a tiempo parcial o menos, y con frecuencia conviven con sus padres.
Nuestro análisis documenta un pronunciado gradiente Norte-Sur: los hijos prestan muchos más cuidados informales en los países del sur de Europa que en los países del norte de Europa. Es interesante destacar que los patrones de cuidados en Estados Unidos se parecen más a lo que se observa en los países del centro y del sur de Europa en esta dimensión.
Modelos de familias
En otro artículo publicado en Review of Economic Studies en el año 2018, documentamos la importancia significativa del cuidado informal, así como los factores económicos que dan forma a los patrones de cuidados en los EE.UU. Además, desarrollamos un marco para analizar las reformas en las políticas de Cuidados de Larga Duración (CLD). Nuestra innovación clave en este artículo fue modelar que las familias deciden sobre la opción de cuidados de la que disponen - cuidado informal en el hogar, cuidado en una residencia de ancianos o cuidado formal en el hogar; mientras que en los modelos anteriores en la literatura se había tratado la entrada en una residencia de ancianos como un «shock» para los individuos (un evento exógeno). Con esta extensión, el resultado para cada familia depende de las características económicas de padres e hijos, así como de su afecto mutuo, a la vez que implica un proceso de negociación intrafamiliar. Nuestro marco abre nuevas vías para entender cómo afectan las políticas de cuidados al bienestar de las familias.
El cuidado informal responde en gran medida a las subvenciones públicas. Por ejemplo, una subvención modesta a los cuidados informales puede reducir significativamente la dependencia del sistema Medicaid, un programa público estadounidense que financia los cuidados de larga duración y cuyo coste para las arcas públicas no es nada desdeñable. Dado que este tipo de subvención incentiva principalmente a proporcionar cuidados a los hijos con salarios bajos, el gobierno ahorra costes y la sociedad gana en bienestar.
La vivienda como compromiso para la prestación de cuidados
En un artículo más reciente publicado también en la Review of Economic Studies en 2023 (con Sean Fahle; véase también este artículo del blog UC3nomics), exploramos cómo la propiedad de la vivienda influye en las decisiones financieras de los mayores: sus opciones de ahorro, de gasto y las transferencias intergeneracionales. Así, incorporamos la disponibilidad de vivienda a nuestro modelo del artículo de REStud de 2018, de manera que las familias no solo negocian sobre los cuidados, sino también sobre las opciones de vivienda de los padres.
En ausencia de contratos formales en el seno de las familias, la vivienda puede servir como mecanismo de compromiso para que los hijos cuiden a sus padres y también para que los padres ahorren de forma más eficiente. La perspectiva de heredar la casa motiva a los hijos a prestar cuidados informales, mientras que la propiedad de la casa compromete a los padres a un mínimo legado. La amenaza de que los padres vendan la casa y gasten su patrimonio en cuidados en residencias a falta de los cuidados informales necesarios refuerza la estabilidad de este acuerdo. La propiedad de vivienda aumenta la disposición de las familias a pagar por los cuidados a los padres entre un 5 y un 10% más. Las principales predicciones del modelo se ven confirmadas por los datos de la HRS: la propiedad de la vivienda por parte de los padres predice la recepción de cuidados informales, un gasto en consumo más moderado y mayores herencias, sobre todo en forma de vivienda.
El Proyecto BB-Future en el marco del Programa Horizon-Europe
En los últimos años, hemos creado una amplia red de investigación sobre cuidados de larga duración, uniendo a investigadores del Centro de Economía del Envejecimiento de Múnich (MEA), la Universidad Dauphine de París, el think tank Bruegel de Bruselas y nuestras universidades de origen McGill (Montreal) y Universidad Carlos III de Madrid. Juntos, conseguimos una subvención de cuatro años en el marco del programa Horizon-Europe: el proyecto BB-Future "La ola de cuidados y el futuro de los baby boomers y sus hijos", financiada por la Unión Europea con unos 3 millones de euros. El objetivo del proyecto es elaborar recomendaciones de política de cuidados de larga duración para Europa.
A continuación nos referimos muy brevemente a algunos resultados preliminares de nuestra investigación en curso dentro de este proyecto, que se prolongará hasta finales de 2026.
- Elección del cuidador y respuesta a la política
En una parte del proyecto, con Yu Kyung Koh y Fan Yang, de McGill, nos preguntamos: ¿Quién de los hijos se convierte en cuidador, si es que lo hace alguno? ¿En qué medida influyen los factores económicos (el coste de oportunidad para los hijos en el mercado laboral o los costes de las residencias de ancianos) y los motivos no económicos, como las actitudes (preferencias), en la elección del cuidador? ¿Y en qué medida responden las opciones de cuidado a las intervenciones de política cuando se tiene en cuenta esta heterogeneidad de las preferencias?
Las familias afrontan la prestación de cuidados con mentalidades muy diferentes. Algunas familias pueden considerar el cuidado informal como un deber moral, mientras que otras pueden tener relaciones familiares distantes. Las familias con actitudes firmes a favor o en contra de los cuidados informales responden débilmente a los incentivos económicos. Por lo tanto, es probable que los modelos que se centran únicamente en variables económicas exageren la capacidad de respuesta de las distintas opciones de cuidados a las políticas que se consideren.
Hemos desarrollado un modelo estático de negociación familiar sobre las opciones de cuidado (formal frente a informal, así como qué hijo lo proporciona) que puede estimarse fácilmente como un modelo estándar de elección discreta. A diferencia de los enfoques puramente estadísticos, nuestro modelo predice las opciones de cuidado en escenarios contrafactuales respecto a los cambios demográficos, la participación de la mujer en el mercado laboral o las políticas de cuidados. Esperamos que su sencilla aplicación lo convierta en una valiosa herramienta para la evaluación de políticas alternativas.
Aunque todavía estamos ultimando las estimaciones, nuestro trabajo con los datos de SHARE revela resultados coherentes. Este conjunto de datos paneuropeos ofrece una rica variabilidad entre países en cuanto a las políticas de cuidados de larga duración (CLD) y las combinaciones de política económica. En un extremo, los países del Norte gastan entre el 3% y el 4% del PIB en cuidados de largo plazo a la vez que presentan una alta participación de la mujer en el mercado laboral, mientras que en los países del Sur y del Este el gasto público suele ser bajo (entre el 0,5% y el 1% del PIB) y se recurre a los cuidados informales por parte de las hijas, en general con una menor vinculación al mercado laboral. Los datos también muestran una variabilidad dentro de cada país que nos ayuda a comprender mejor los motivos de la prestación o no de cuidados.
Conviene insistir en que hemos hallado una importante heterogeneidad en las preferencias individuales. Como era de esperar, las mujeres, los hijos biológicos y los que viven cerca de los padres tienen menores costes de prestación de cuidados. Sin embargo, la variación idiosincrática (preferencias no relacionadas con atributos medibles) es aún mayor. El efecto de un choque estándar idiosincrático en las preferencias es tres veces mayor que el efecto del género, y tan fuerte como vivir a 100 km de distancia de los padres. Ignorar esta heterogeneidad exageraría en un orden de magnitud la respuesta de los cuidados informales a las posibles subvenciones.
De cara al futuro, nuestro modelo sugiere que la disminución del número de hijos reducirá drásticamente la oferta de cuidados informales. La intuición es sencilla: las familias más numerosas tienen más probabilidades de tener un hijo que reúna todas las condiciones para prestar cuidados. Por el contrario, la mayor participación de la mujer en el mercado laboral, la mayor dispersión geográfica de los hijos y el aumento de las "familias patchwork" (divorciadas y vueltas a casar) tendrán un impacto relativamente mucho menor comparado con el que estimamos corresponde a la reducción en el número de hijos.
- Lugar de residencia y cuidados informales
Otro proyecto de BB-Future, con Daniil Kashkarov, de la UC3M, explora la relación entre la elección del lugar de residencia de los niños y la prestación informal de cuidados. Como era de esperar, los hijos que cuidan suelen vivir cerca de sus padres, o incluso residir con ellos. Pero ¿cuándo y cómo se determina esta distancia geográfica?
Utilizando los datos de SHARE, demostramos que las decisiones tomadas en las primeras etapas de la vida -los traslados antes de los 30 años- son el principal factor determinante de si un hijo vive cerca de uno de sus progenitores cuando surge la necesidad de proporcionar cuidados. Y es que sólo una pequeña parte de las familias (menos del 5%) modifica de forma significativa su modo de vida cuando los padres envejecen. La movilidad varía de un país a otro: los países del norte son los que más movilidad muestran, y los del centro y sur, los que menos. En la actualidad estamos desarrollando un modelo en el que varios hijos toman decisiones estratégicas sobre el lugar de residencia en los primeros años de vida. Este modelo arrojará luz sobre estas decisiones (por ejemplo, ¿tiene ventaja el primer hijo?) y nos ayudará a predecir cómo afectarán los cambios en la movilidad personal y laboral de los hijos a la disposición para los cuidados informales, y con ello, a la necesidad de cuidados formales en Europa.
Traducción de la versión original en inglés para NeG realizada por Luis Puch a partir de la versión gratuita del traductor DeepL.com

Hay 1 comentarios
Enhorabuena a Daniel y Matthias por un post tan interesante y de tanta actualidad por el proceso de envejecimiento de la población en los países desarrollados.
Dos reflexiones:
(i) En un famoso artículo, Michele Boldrin y Ana Montes (REstud, 2005, https://academic.oup.com/restud/article-abstract/72/3/651/1552674) apuntaban que una racionalización de los sistemas de pensiones de reparto (PAYG) podía deberse a una cuestión de reciprocidad intergeneracional. Los hijos (activos) financian las pensiones de los padres (inactivos) en contraprestación a la financiación de su educación pública por parte de estos últimos. Demuestran que las tasas de rendimiento implícitas de este esquema de intercambio son parecidas al tipo de interés de mercado. La pregunta es si esta motivación se extiende al cuidado de los mayores. En ese caso, la tasa de rendimiento solo sería igual si se sumara el gasto en cotizaciones al gasto en dichos cuidados.
(ii) Una de las implicaciones mas relevantes de los modelos de David Autor y David Dorn sobre los efectos de la automatización e IA es el aumento de la demanda y salarios de empleos no rutinarios de baja productividad (efecto Baumol), como es el caso de servicios de cuidados a mayores, en contraposición a la caída de los empleos rutinarios y el aumento de la demanda de trabajos de alta cualificación (STEM). En dicho caso, ¿ creeis que las pautas de especialización en este tipo de actividades que apuntais en vuestros estudios pueden variar?
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