¿Cuánto falta? Prorrogar el estado de alarma  podría afectar el cumplimento de las medidas de confinamiento

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De Guglielmo Briscese, Nicola Lacetera, Mario Macis y Mirco Tonin

Nota: Este texto ha salido publicado en inglés (Vox) e italiano (LaVoce).

En una serie de encuestas realizadas sobre una muestra representativa de la población italiana, mostramos que la mayoría de los encuestados han cumplido hasta ahora con las medidas de confinamiento dictadas por el gobierno para mitigar la epidemia de coronavirus. Sin embargo, los datos revelan que la propensión de los italianos a respetar el confinamiento también depende de sus  expectativas acerca de posibles prórrogas. En concreto, los encuestados están menos dispuestos a cumplir las medidas de confinamiento si éstas se prolongan más de lo previsto. El efecto de estas “sorpresas desagradables” es mayor en las oleadas más recientes de la encuesta que al principio de la pandemia. Por lo tanto, este estudio sugiere que la gestión de expectativas es crucial. Los resultados de este estudio también son pertinentes en el caso de que una nueva ola de infecciones diese lugar a la reintroducción de medidas de aislamiento.

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Varios países han aplicado medidas de bloqueo para mitigar la propagación de la epidemia causada por el coronavirus. En muchos casos, las autoridades públicas han especificado una fecha en la que terminarían las medidas de aislamiento social que luego ha debido ser aplazada más de una vez. Por ejemplo, el gobierno italiano prorrogó estas medidas dos veces en un mes, primero del 3 al 13 de abril y luego al 4 de mayo. En general, los gobiernos pueden aplicar estas medidas hasta que se considere necesario para contener la epidemia, sin fijar una fecha concreta, o pueden indicar una meta, comprometiéndose a no prorrogar las medidas más allá de esa fecha o manteniendo abierta la opción de una prórroga en caso de que la evolución de la epidemia lo haga necesario. Estas alternativas implican compromisos importantes (más aquí).

Establecer plazos indefinidos para las medidas de  confinamiento -como se hizo, por ejemplo, en China, país en el que el virus surgió y se propagó antes- podría aumentar la gravedad percibida de la situación y, por consiguiente, conducir a un mayor cumplimiento por parte de los ciudadanos. Sin embargo, el cierre de la economía y la sociedad durante un período de tiempo no especificado puede acarrear elevados costos económicos y psicológicos (aquí). En China, las autoridades han aplicado las normas de manera muy estricta. Sin embargo, en los países democráticos, la aplicación draconiana puede ser controvertida y costosa. Por lo tanto, las restricciones a la libertad personal pueden ser más aceptables si el gobierno se compromete a restablecerlas en una fecha determinada. Por otra parte, las medidas temporales podrían reducir la gravedad percibida de la situación, lo que podría reducir el cumplimiento de las normas. Además, como no se sabe con certeza cuánto tiempo deben durar las medidas antes de que sean eficaces para mitigar la epidemia, no se pueden descartar las prórrogas. La prórroga de las medidas de confinamiento, tras crear la expectativa de que éstas concluirían en una fecha determinada, podría reducir la confianza en las autoridades públicas, así como la aceptación y el cumplimiento de las normas.

En un estudio basado en muestras representativas de la población italiana con encuestas realizadas en diferentes etapas de la epidemia, se analizó la relación entre las expectativas de la gente respecto de la duración de las medidas y sus intenciones de cumplir con estas normas.

Cumplimiento de las medidas de confinamiento y expectativas sobre su duración

Desde el inicio del estado de alarma hasta la fecha, hemos realizado tres encuestas. La primera del 18 al 20 de marzo, unos diez días después del cierre nacional (cuando el contagio estaba aumentando rápidamente); la segunda del 8 al 10 de abril, después de la primera extensión de las medidas de aislamiento (justo después del pico de la epidemia); y la tercera del 22 al 24 de abril, después de una nueva extensión de las medidas anunciadas hasta el 4 de mayo (en la parte descendente de la curva epidémica).

En la primera encuesta, alrededor del 50% de los encuestados informaron de que habían adoptado todas las medidas de auto-aislamiento recomendadas. En la última encuesta, la proporción de personas que “cumplían plenamente” (es decir, que cumplían todas las normas) se redujo al 42%. Sin embargo, en las diversas encuestas, alrededor del 80% de los encuestados informaron de que sólo abandonaban el hogar cuando era estrictamente necesario. Las expectativas sobre la posibilidad de que el gobierno ampliara las medidas de confinamiento y, en caso afirmativo, por cuánto tiempo, eran muy heterogéneas tanto entre los encuestados de una determinada encuesta como entre las diversas encuestas (como muestra el siguiente gráfico).

En la primera encuesta realizada a mediados de marzo, muy pocas personas esperaban que las medidas de confinamiento terminasen realmente en la fecha anunciada del 3 de abril. También en la segunda encuesta, realizada a principios de abril, sólo una minoría de los encuestados esperaba que las medidas se levantasen en el nuevo plazo (13 de abril). Sin embargo, en la segunda encuesta, las expectativas ya eran más optimistas que en la primera, ya que alrededor del 70% de los encuestados esperaban que las medidas durasen sólo unas pocas semanas más, en comparación con alrededor del 40% que pensaba lo mismo en marzo. Sin embargo, en la tercera encuesta, realizada a fines de abril, alrededor del 40% de los encuestados preveía que las restricciones terminaran efectivamente el 4 de mayo (la fecha oficial en el momento de la encuesta), y casi el 47% esperaba que las medidas se prorrogaran por unas pocas semanas más como máximo. Por lo tanto, a medida que pasaban las semanas, los italianos esperaban, en promedio, períodos de aislamiento cada vez más cortos.

La prórroga del estado de alarma puede reducir la disposición de las personas a cumplir con las medidas de aislamiento si la fecha no cumple con sus expectativas.

En nuestras encuestas se pidió entonces a las encuestados qué intención tenían de respetar las medidas de aislamiento en caso de que las restricciones se ampliaran i) varias semanas, ii) varios meses o iii) indefinidamente (“mientras se considere necesario”) con respecto al plazo anunciado en el momento en que se administraron cada una de las tres encuestas.

En las tres encuestas, la mayoría de los encuestados expresaron la intención de “mantener su comportamiento actual”, independientemente de la duración de la prórroga supuesta. Sin embargo, la disposición de la gente a cumplir las reglas depende de si la duración de la prórroga coincide o no con sus expectativas. En concreto, las personas que se sorprendieron positivamente (es decir, las personas para las cuales las prórrogas iniciales eran más cortas de lo que esperaban) tenían más probabilidades de aumentar sus esfuerzos de aislamiento, mientras que en caso de sorpresas negativas (hipótesis de prórrogas más largas de lo esperado) los encuestados tenían menos probabilidades de mantener o aumentar sus esfuerzos de seguir en aislamiento, y estaban más motivados a reducir su cumplimiento. El efecto de las “malas sorpresas” es particularmente evidente en el último estudio (ver gráfico siguiente).

Independientemente de las expectativas, el porcentaje de encuestados que dijeron que querían reducir su cumplimiento de las medidas de confinamiento fue mayor a finales de abril que en anteriores iteraciones de la encuesta. Además, en todas las encuestas, las intenciones de reducir el cumplimiento son particularmente altas para las prórrogas más largas de lo previsto. Anunciar una duración relativamente corta de las medidas de confinamiento al comienzo del estado de alarma puede haber dado lugar a un mayor cumplimiento. Sin embargo, esto puede haber llevado a la gente a creer que las restricciones realmente se levantarían cuando el plazo venciera. Dado que las medidas se prorrogaron varias veces, esto puede haber generado decepción, lo que llevó a las personas a reducir su intención de cumplirlas.

El 26 de abril (después de la realización de nuestro tercer estudio), el Primer Ministro italiano Giuseppe Conte anunció que gran parte de las medidas de aislamiento se extenderían por una o dos semanas a partir del 4 de mayo. Teniendo en cuenta  nuestros resultados, este anuncio puede haber producido una sorpresa negativa para más del 40 por ciento de los italianos (Figura 1) y los resultados de la Figura 2 indican que esto podría tener consecuencias negativas para su cumplimiento.

¿Se comportarán los demás como yo?

La percepción de cómo se comportan otras personas podría influir en el comportamiento individual. Los esfuerzos individuales para continuar con el confinamiento pueden considerarse de hecho como contribuciones a un “bien público”, ya que los beneficios de la ralentización de la propagación del virus dependen del esfuerzo general y todas las personas se benefician de él, independientemente de que un individuo haya o no cumplido con las medidas. Para comprender qué papel desempeña este mecanismo, en la segunda y tercera encuestas preguntamos cuánto tiempo creían los participantes que la mayoría de las demás personas podrían continuar con su confinamiento. Comprobamos que una proporción considerable de la población (alrededor del 40%) se sentía personalmente capaz de mantener el aislamiento durante largos períodos de tiempo, mientras que una proporción mucho más pequeña (poco menos del 15%) creía que otros podrían hacer lo mismo. Estas creencias más pesimistas sobre el comportamiento de los demás pueden inducir a las personas a reducir su esfuerzo de auto-confinamiento. El énfasis de los medios de comunicación en los casos aislados de incumplimiento podría ayudar a difundir estas creencias y, por lo tanto, reducir eficazmente el cumplimiento. También observamos una disminución, del segundo al tercer estudio, de la capacidad declarada de las personas para continuar con el aislamiento; esto sugiere que la “fatiga del aislamiento social” podría ser un verdadero problema para muchas personas.

La larga batalla contra el coronavirus y la importancia de gestionar las expectativas del público

Los resultados de nuestro estudio indican que en caso de discrepancia entre las expectativas de la gente y una extensión de las medidas de bloqueo, la voluntad de cumplir con las normas se reduce significativamente. La forma en que las autoridades anuncian y amplían las restricciones es, por lo tanto, una importante palanca a disposición de las autoridades públicas. En tres iteraciones de nuestra encuesta en un período de cinco semanas, observamos que el alejamiento de la meta se acompañó de reducciones cada vez mayores en la voluntad de los italianos de cumplir las normas. Dado que las prórrogas inesperadamente prolongadas pueden reducir la disposición de las personas a cumplir medidas, las autoridades públicas deben velar por que las expectativas del público sean exactas, por ejemplo, comunicando de manera transparente que el confinamiento probablemente requiera esfuerzos prolongados.

La gestión de las expectativas es particularmente importante en el contexto actual, ya que muchos países están comenzando a eliminar gradualmente las medidas de estado de alarma y a reactivar sus economías. Los expertos en salud pública han subrayado que la situación en la mayoría de los países tal vez no vuelva a la normalidad absoluta hasta que se disponga de medicamentos eficaces y de una vacuna en gran escala. También pueden producirse nuevas oleadas del virus, lo que hace necesario volver a introducir medidas que restrinjan la movilidad y el contacto social en el futuro. No está claro cómo reaccionarían los ciudadanos a la demanda de renunciar a sus libertades de nuevo. Nuestro estudio muestra que el público se ha impacientado en las últimas semanas y ha empezado a reaccionar más negativamente a las extensiones cuando eran más largas de lo esperado. Por lo tanto, es aconsejable que las autoridades sean muy cuidadosas en la gestión de las expectativas de los italianos en las próximas y muy delicadas semanas.

Hay 2 comentarios
  • Los autores son economistas. Deberian haber contado con algún psicólogo. Prácticamente cualquier psicólogo con algo de empatía y sin ninguna de esas encuestas, hubiera pronosticado el mismo resultado: La gente se cansa cuando la privación de libertad, por pequeña que sea, se alarga en el tiempo.

    El problema no es cómo buscar la forma de comunicar la prolongación del confinamiento sin que se revolucione la gente, como aborda el artículo. Eso es imposible, es consustancial a la naturaleza humana. Funciona con cobayas, ratas, etc, no con seres humanos.
    El problema es si realmente el confinamiento es efectivo; al menos objetivamente mejor solución que el resto de alternativas. Parece que no, al menos, se vuelve peor solución a medida que pasa el tiempo. Quizá saber quien está o no contagiado para poder tomar medidas es más eficiente que matar moscas a cañoñazos.
    Gracias por el artículo.

  • Gracias por sacar este tema. Efectivamente, no parece viable prolongar sine die el confinamiento. Ninguna economía puede aguantar dos o tres años de confinamiento sin colapsarse. Y viendo los datos sobre tasas actuales de inmunización en la población es perfectamente posible que haya nuevas oleadas durante unos cuantos años. No está claro que se vaya a descubrir una vacuna eficaz y segura a tiempo, es posible pero no seguro (con el SIDA, por ejemplo no se ha descubierto).

    Si el estado de alarma se prolonga (y somos una excepción en Europa en decretar un estado tan excepcional), restringiendo la libertad de las personas indefinidamente, es esperable que haya desobediencia civil. Hay personas con un riesgo bajo bajo de mortandad (por su edad, o por tener un sistema inmunológico en buen estado) que decidirán afrontar el riesgo de infección, e incluso es posible que se expongan voluntariamente (la prensa ya ha reportado casos en varios países). También habrá personas mayores que decidan vivir el tiempo que les queda de forma mas activa (si yo tuviese 85 años, no querría pasar los pocos años que me quedasen encerrado). En cierto punto, la libertad individual para elegir riesgos no podrá frenarse. De cara a los próximos años, hay que planear ya un tipo de gestión diferente. Otros países han esta crisis usando medidas mas finas, el confinamiento masivo estricto ha funcionado, pero no es una política sostenible.

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