Buscando cómo comunicar el conocimiento científico para deshacer creencias infundadas

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Por Cristina López-Mayán, Isabel Busom, Jordi Brandts, Judith Panadés

Dibujo extraído de: https://plantae.org/science-communication-and-public-understanding/

Comunicar la información que resulta de la investigación científica al público general no es una tarea sencilla. No se trata únicamente del reto de transmitirla con un lenguaje accesible. Es necesario tener en cuenta que dicha información puede entrar en conflicto con percepciones y creencias preexistentes entre la ciudadanía. Cuando esto sucede, mucha gente tiende a ignorarla o rechazarla. Esta situación es preocupante especialmente cuando se trata de información científica que puede ayudar a solucionar problemas sociales; el rechazo del conocimiento basado en la investigación puede llevar al apoyo de medidas que, no solo no solucionan el problema, sino que lo terminan empeorando. Un caso claro lo encontramos en la creencia popular de que los controles de alquileres son una solución eficaz para que la vivienda sea más asequible para más personas.

Un problema: políticas para facilitar el acceso a la vivienda

Que los controles de alquileres reducen la oferta de vivienda, dificultando aún más el acceso a la misma, es una conclusión ampliamente respaldada por la investigación que ha analizado esta política en las ciudades donde se ha aplicado (véase la revisión de estudios en Kholodilin, 2024). Aunque, a corto plazo, la regulación de los alquileres en las zonas tensionadas puede conseguir que éstos bajen, más pronto o más tarde la oferta de viviendas en alquiler se reduce porque a los propietarios les sale más a cuenta vender o dejar las viviendas vacías. Esto genera otros problemas importantes, como el aumento de los tiempos de búsqueda y la aparición de arreglos informales —en negro. Los topes a los alquileres incluso llevan a aumentos en los alquileres de las zonas no sometidas a regulación. Todo esto agrava el problema de acceso a la vivienda, especialmente para grupos vulnerables. Por tanto, los efectos de esta política son los contrarios a los deseados. Otras entradas en este blog se han referido a la evidencia, argumentos y mejores políticas para abordar el problema de la vivienda (ver por ejemplo aquí, aquí o aquí).

El control de alquileres es un caso interesante porque es un ejemplo de política socioeconómica sobre la que existe un amplio consenso científico acerca de sus efectos globalmente negativos. Sin embargo, cuenta con un elevado respaldo popular. Por ejemplo, en el caso de España, el 75% de las personas se muestran a favor del tope de alquileres (encuesta para la Cadena Ser y el País en 2023). Esta cifra no es muy distinta de la de encuestas similares llevadas a cabo en otros países europeos (un 71% en Alemania, en 2020, y un 71% en el Reino Unido, en 2019).

Comunicar la evidencia científica sobre los efectos del control de alquileres para cambiar la percepción popular no es tarea fácil. La gente suele estar muy convencida de sus ideas, en parte porque estas a menudo reflejan preocupaciones personales, así como también diversos sesgos cognitivos, que provocan el rechazo de la información discrepante. Entonces, ¿cómo comunicar la información científica de forma que el público la acepte? Esta es la pregunta que tratamos de responder en diversos estudios que hemos publicado en los últimos años. En esta entrada resumimos lo que hemos aprendido.

¿Proporcionar formación económica soluciona el problema?

Se podría pensar que, en general, las creencias infundadas surgen y persisten porque la mayoría de las personas no tienen conocimientos de cómo funciona la economía en general, y los controles de precios en particular. ¿Qué ocurriría si se impartieran unas nociones básicas entre la población? ¿Se reduciría el apoyo a esta política? Siendo profesores de economía, en un primer trabajo (Busom, López-Mayán, Panadés, 2017) recogimos, al principio del semestre, cuáles eran las creencias de estudiantes de la asignatura "Introducción a la economía” sobre diversas cuestiones socioeconómicas, entre ellas el efecto del control de alquileres. Los controles de precios en general son parte del temario de la asignatura. Al final del semestre, volvimos a pasar el mismo cuestionario y comprobamos que el porcentaje de alumnos que pensaba que el control de alquileres permitiría aumentar el acceso a la vivienda seguía igual que al inicio. En definitiva, no se producía un aprendizaje profundo: los estudiantes eran capaces de memorizar lo suficiente para responder bien la correspondiente pregunta en un examen, pero no integraron lo aprendido para modificar sus creencias iniciales.

Indagando entre la investigación sobre creencias infundadas, comprobamos que éstas también existen entre estudiantes universitarios en relación con temas de física, matemáticas, biología, educación o psicología, y, como en economía, son difíciles de erradicar. Los resultados de este primer estudio nos impulsaron a pensar e investigar cómo se podría comunicar de manera efectiva la evidencia científica sobre la política de control de alquileres, no solo a estudiantes sino a la población general.

Un paso: no basta sólo con explicar, es mejor refutar y empatizar

Las creencias infundadas sobre cómo funciona el mundo natural o social y la resistencia a abandonarlas son una manifestación, en parte, de los sesgos cognitivos que experimenta la mente humana en la búsqueda y proceso de información. Estos sesgos (por ejemplo, el de confirmación, el razonamiento motivado, o el efecto arrastre) pueden conducir a rehuir, rechazar, desacreditar o adoptar una actitud escéptica hacia aquella información científica que contradice las creencias preexistentes, especialmente si éstas tienen un componente emocional o identitario. Además, otros factores psicológicos e ideológicos pueden reforzar esta actitud.

Una de las estrategias más prometedoras para corregir creencias erróneas es lo que se conoce como corrección refutativa, propuesta desde la investigación en psicología cognitiva. Este enfoque no solo se limita a presentar los hechos correctos, sino que plantea claramente las creencias infundadas, explicando por qué son incorrectas y proporcionando evidencia clara que las contradice. Este método ha sido utilizado con éxito para reducir algunas creencias infundadas, como por ejemplo sobre el cambio climático o las vacunas y ha demostrado ser más efectivo que simplemente proporcionar la información científica sin abordar simultáneamente las creencias previas[i].

Un mensaje refutativo tiene varias características clave: primero, identifica explícitamente la creencia equivocada; segundo, explica por qué esa creencia es incorrecta, presentando de forma sencilla los argumentos basados en la evidencia científica; y, finalmente, destaca la relevancia del tema para la persona que lo recibe, conectando la información con sus preocupaciones y valores.

En nuestro caso, incorporamos este enfoque por primera vez para refutar una creencia en el ámbito económico. Diseñamos un texto refutativo que explicaba por qué la creencia es incorrecta, exponía argumentos basados en las investigaciones que muestran los efectos negativos de la política de control de alquileres, admitiendo que esos efectos pueden sorprender o no haber sido anticipados por el receptor del mensaje, y reconocía las motivaciones que pueden estar detrás de la creencia, como la justicia social en el acceso a la vivienda. Además, presentaba políticas alternativas efectivas, como es el aumento de la cantidad de vivienda de alquiler social.

En un primer paso, realizamos experimentos de laboratorio y de campo con estudiantes de diversos grados, para comprobar si, en el caso del control de alquileres, un texto refutativo lograba reducir la creencia errónea más que un texto no refutativo que explicaba la evidencia sobre los efectos del control de alquileres, pero sin abordar directamente la creencia errónea. Este enfoque se asemeja más a cómo se presentaría la información en un libro de texto. Los resultados los explicamos en más detalle en esta entrada en NeG: el texto refutativo resultó ser moderadamente más efectivo, pero aun así la mayoría de los participantes tratados (más del 60%) mantuvieron su creencia inicial después de leer dicho texto.

Un paso más: simplificando e introduciendo elementos visuales

Reflexionando sobre este resultado, decidimos introducir cambios en el formato de comunicación, e incorporar aspectos visuales con el fin de reducir el esfuerzo cognitivo que requiere la lectura de un texto. Diseñamos así otro estudio experimental, en el que los participantes, esta vez una muestra de la población adulta española, se asignaron de forma aleatoria a tres tratamientos distintos: un texto no refutativo, un texto refutativo, y un vídeo refutativo. Los textos eran más cortos que en el experimento anterior para facilitar su lectura, y el video (principal elemento novedoso de este estudio) seguía el enfoque refutativo, pero con el añadido de que la información se presentaba de manera visual, utilizando gráficos y animaciones que acompañaban a las explicaciones.

Resultado: El video refutativo es el formato más efectivo. Los participantes que lo vieron fueron los que más disminuyeron la creencia sobre los controles de alquileres. Mientras que al inicio un 80% de los participantes estaba de acuerdo con la afirmación sobre el control de alquileres, tras ver el vídeo sólo un 32% la mantenía, unos 12 puntos porcentuales menos que en el caso de los participantes que recibieron alguno de los textos.

Nuestra conclusión es que presentar los argumentos de forma visual es más efectivo, porque en el estudio comprobamos que este formato consigue captar mejor la atención. Se reduce el esfuerzo cognitivo, y, en consecuencia, el mensaje cala mejor en los receptores del mismo.

Y otro paso más: informar sobre cómo se comportan otros ante la misma información

A pesar del éxito del formato visual, todavía casi un tercio de los participantes mantenía la creencia infundada sobre el control de alquileres. Aún sin pretender que la información pueda convencer a todo el mundo, este porcentaje nos parecía todavía elevado, dado el fuerte consenso resultante de la evidencia científica. Nos planteamos si la incorporación al formato visual de elementos que reflejasen el entorno natural en el que se adoptan las creencias podría aumentar su efectividad. En nuestro último estudio, hemos diseñado un experimento con una muestra de la población adulta española en el que añadimos dos elementos sociales al vídeo refutativo. Estos son dar voz al participante (darle espacio para explicar sus motivaciones), y darle información gráfica sobre lo que piensan otros tras ver el vídeo. Los resultados indican que dar voz no contribuye significativamente a cambiar de opinión respecto a simplemente ver el vídeo. Tampoco lo hace recibir información agregada sobre lo que piensan otros antes y después de ver el vídeo (es decir, la distribución de creencias inicial y final). Sin embargo, cuando proporcionamos información más detallada sobre la reacción de otros, sí se produce una reducción adicional en la creencia con respecto a ver únicamente el vídeo. Esta información detallada versaba sobre la distribución de creencias final en dos grupos de personas en función de cuál era su opinión inicial, así como el motivo principal de la misma. Observamos, además, que, aunque la posición ideológica está asociada a la creencia inicial sobre el control de alquileres, dicha posición no obstaculiza la disposición a abandonar la creencia infundada cuando se utiliza este último formato de comunicación[ii].

Tras este último tratamiento, el porcentaje de la muestra que mantiene la creencia se reduce hasta alrededor del 25%. ¿Es este porcentaje alto o bajo? Teniendo en cuenta que, según una encuesta de la FECYT del año 2022, un 26% de la muestra cree, erróneamente, que los antibióticos curan infecciones causadas tanto por virus como por bacterias, estaríamos en un nivel parecido[iii]. En ambos casos pensamos que sería deseable una reducción de estos porcentajes. Es posible que tras ellos se encuentre una actitud de populismo científico, como indica el hecho de que más del 30% de usuarios de Internet en España cree que se debería confiar más en el sentido común de la gente corriente que en estudios científicos[iv].

En conclusión, al igual que ocurre en otros ámbitos, como en el de la salud, la mejora de la comunicación entre investigadores y público es un aspecto crucial para promover la toma de decisiones informadas basadas en la evidencia sobre los costes y los beneficios sociales de las diversas propuestas de políticas socioeconómicas. Nuestra investigación muestra que utilizar el enfoque refutativo en un formato visual y combinado con información sobre el cambio de creencias de otros, puede corregir creencias erróneas. No obstante, en economía, la investigación sobre cómo comunicar la evidencia científica al público general aún está en sus inicios. Nuestros resultados se refieren a las reacciones de personas que voluntariamente se apuntan a participar en un experimento, y que no debaten entre ellas. Este sería otro paso más. Sin duda, nos queda camino por recorrer.

[i] En relación a las creencias infundadas y el enfoque refutativo en el caso de las vacunas, véase por ejemplo el articulo de Holford, D., Schmid, P., Fasce, A., & Lewandowsky, S. (2024). The empathetic refutational interview to tackle vaccine misconceptions: Four randomized experiments. Health Psychology, 43(6), 426–437. https://doi.org/10.1037/hea0001354

[ii] Ver el articulo: Brandts, J., Busom, I. y Lopez-Mayan, C., Do giving Voice and social information help in revising a misconception about rent-control?, Journal of Behavioral and Experimental Economics, en prensa.

[iii] FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) (2023). Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2022. https://www.fecyt.es/sites/default/files/users/user378/fecyt_psct2022_principales_resultados.pdf

[iv] FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) (2024). Confianza en la ciencia y Populismo científico en España. https://doi.org/10.58121/a3wy-2444.]

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Hay 8 comentarios
  • Interesante. Tres reflexiones:

    - ¿Alguien ha realizado este tipo de ejercicio con una muestra de políticos?

    - Supongo que en temas politizados el cambio de opinión es más complicado que en otros asuntos menos viscerales. Es decir la politización puede tener un efecto negativo en el cambio de opinión. Por cierto, ¿y si pretendemos un cambio de opinión opuesto a la evidencia científica,los porcentajes serían diferentes?

    - ¿En qué medida la comunicación científica debe descansar en comunicadores o en científicos?

    Gracias

    • Muchas gracias por tus comentarios, Juan.

      Respecto a tu primera observación, habíamos identificado este estudio: Christensen, Julian, and Donald P. Moynihan. "Motivated reasoning and policy information: Politicians are more resistant to debiasing interventions than the general public." Behavioural Public Policy 8.1 (2024): 47-68. Seguro que habrá alguno más reciente.

      La segunda: Sí, hay algún estudio que encuentra que es más difícil aceptar el consenso de los expertos cuando se trata de un tema politizado que cuando se trata de uno de carácter técnico: Johnston, Christopher D., and Andrew O. Ballard. "Economists and public opinion: Expert consensus and economic policy judgments." The Journal of Politics 78.2 (2016): 443-456. Como antes, seguro que hay más recientes en esta línea.
      Buena idea la de hacer el experimento contrario, preguntándose cuan fácil es desacreditar el conocimiento científico. Pero a nosotros de momento nos preocupa más deshacer creencias infundadas.

      La tercera: seguramente la respuesta sea la cooperación entre ambos!

  • El asunto me hace pensar en algo políticamente poco correcto: en qué medida la democracia es válida, cuando vivimos en un mundo donde la gente toma sus decisiones basándose en impulsos que llegan de redes sociales, no en argumentos o reflexión.

    Si los sesgos a la hora de formarse un juicio sobre cualquier tema son tan fuertes (y lo son). Si los políticos lo saben y los aprovechan para lanzar mensajes populistas que vincular al elector con medidas que "suenan bien" aunque causan muchos más perjuicios que beneficios. Si esta dinámica está creciendo exponencialmente con unas redes sociales que fomentan la viralidad, o sea, la impulsividad, en lugar del pensamiento razonado... ¿estamos eligiendo a los mejores o a los PEORES gobiernos posibles?

    ¿No vivimos, acaso, en un mundo donde se premia a quien explota estos sesgos en lugar de a quien los refuta? El auge de los movimientos políticos irracionales tanto en la derecha como en la izquierda demuestra claramente que el foco político (y el éxito) se centra en explotar los sesgos y llevarlos al extremo, no en corregirlos.

    Siento decirlo, pero soy profundamente escéptico respecto a los esfuerzos para "corregir" estos sesgos. El ser humano es como es y vive en el entorno en que vive. Ni el mayor de los esfuerzos acabará con los sesgos en el largo plazo ¿No sería mejor, entonces, mil veces mejor, una gobernanza a cargo de técnicos expertos -o de una IA competente- en lugar de una democracia sesgada sistemáticamente hacia el error?

      • Gracias por el enlace. Seguimos los artículos y libro, y entradas de Kiko Llaneras en X. Muy útiles sus visualizaciones de datos!

    • Muchas gracias por tus reflexiones, José.

      Una respuesta breve al tema que planteas, y que sin duda necesita de más tiempo para aportar un comentario fundamentado a tus observaciones. Creo que hay mucha investigación, tanto de politólogos como de economistas, sobre la relación entre sistemas políticos y bienestar, crecimiento, educación, desigualdad, corrupción, etc.… y también sobre las repercusiones de la IA. Sobre este último aspecto, habría que leer por ejemplo el capítulo Acemoglu, Daron, 'Harms of AI', en Justin B. Bullock, and others (eds), The Oxford Handbook of AI Governance, Oxford Handbooks (2024).

      Por lo que yo sé, todos, incluso los expertos, estamos sujetos de forma inconsciente a sesgos diversos: cognitivos, ideológicos, etc. No se libra la IA, porque está diseñada por humanos. Lo importante es investigar qué podemos hacer para controlar sus consecuencias negativas. Sin duda la calidad de la educación para toda la población, especialmente en primaria y secundaria, es básica y necesaria para desarrollar capacidad de juicio independiente, y mucho en este sentido se ha conseguido gracias a la democracia. Utilizar el método científico es otra manera de limitar estos sesgos. Sin duda se puede hacer más para contrarrestar, entre adultos, creencias infundadas e informaciones falsas. En esto estamos.

  • En este tema en particular, creo que la visión a favor de los controles se basa en su efecto redistributivo y desprecia la eficiencia. En varios casos he visto cómo cambian de opinión cuando les haces ver que los beneficiarios del concurso de belleza que se abre tras los controles no son los inquilinos asfixiados por los altos precios, que son expulsados, sino la gente de más ingresos.

    • Hola Diego,

      Efectivamente el apoyo al control de alquileres refleja en gran parte una preocupación distributiva: entre el 64% y el 71% de nuestros participantes que tienen la creencia de que el control de alquileres permite que más familias accedan a una vivienda lo hacen porque piensan que todo el mundo debe poder vivir con un alquiler asequible.

      Por otra parte, apoyar esta política es una reacción intuitiva, porque a todo el mundo le gusta que, cuando vamos a comprar algo, los precios sean bajos. Nosotros explicamos en nuestros textos y vídeo los diversos efectos negativos, apoyados en la evidencia empírica, lo que contribuye al cambio de opinión de muchos.

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