Por Mikel Casares
Las tasas de inflación siguen altas, aunque empiezan a mostrar síntomas de estar alcanzando su techo. En España, el dato del IPC de octubre ha situado la tasa de inflación interanual en el 7,3%, en retroceso desde el máximo del 10,8% observado en julio de este año. En EEUU, también se ha producido una pequeña corrección hasta el 8,2% en octubre, frente al máximo del 9% en junio. La economía de la Eurozona, sin embargo, continua un proceso de aceleración de la inflación, con un nuevo máximo del 10,7% publicado recientemente, con especial preocupación por las tasas superiores al 20% observadas en los países bálticos.
La Curva de Phillips recoge una relación empírica de sentido inverso entre la tasa de desempleo y la tasa de inflación, indicando el trade-off entre ambos objetivos que se ha observado en los ciclos económicos.[1] Los gobiernos y bancos centrales han explotado este trade-off con la idea de mover la economía a lo largo de la Curva de Phillips cuando han querido priorizar uno de los dos objetivos. En periodos de recesión económica, se ha pretendido combatir una elevada tasa de desempleo a través de políticas de corte expansivo sobre la demanda agregada que presionen la tasa de inflación al alza. Por el contrario, en periodos de boom económico, caracterizados por bajas tasas de paro con una inflación creciente, los policy makers suelen propiciar políticas contractivas buscando reducir la inflación asumiendo el efecto indeseado de un aumento del desempleo.
Las crisis energéticas de los años 70-80 (provocadas por shocks adversos por el lado de la oferta) golpearon a las economías industrializadas tanto por un incremento de la inflación como por un aumento del paro. Este fenómeno de “estanflación” puso en entredicho la validez de la Curva de Phillips original. Edward Phelps (1967) y Milton Friedman (1968) ya habían considerado que un cambio en las expectativas sobre la inflación futura podría explicar desplazamientos de la Curva de Phillips, generando espirales inflacionistas que acompañen a un desempleo creciente. Así, ante shocks de demanda la relación inversa entre inflación y desempleo podía mantenerse estable, mientras que los shocks de oferta exigen un ajuste de las expectativas de inflación para reescribir una Curva de Phillips coherente con los datos observados.
El episodio inflacionista actual tiene su origen fundamentalmente en factores de oferta (problemas en la cadena de suministro tras la pandemia, encarecimiento del precio de la energía) y la Curva de Phillips debería de desplazarse hacia arriba para poder acomodar trayectorias ascendentes tanto en la inflación como en el desempleo.
Veámoslo, con los datos recientes para el caso de EEUU, en la Figura 1. La Curva de Phillips no se mueve; el fit a una función cuadrática es llamativamente bueno y del sentido esperado (relación inversa). La economía se ha ido moviendo en dirección NW (Noroeste) partiendo desde el punto situado más a la derecha con una tasa de desempleo máxima del 13% (en el segundo trimestre de 2020, coincidiendo con el confinamiento por la pandemia) y una inflación cercana al 1%. A lo largo de 2021 y 2022, los datos van ascendiendo la Curva de Phillips hasta llegar a alcanzar tasas de inflación en el entorno del 8% en la actualidad… acompañadas por tasas de desempleo incluso por debajo del ¡4%!
Figura 1. Curva de Phillips en EEUU, observaciones trimestrales desde 2020:1 a 2022:3
Así, los últimos datos de las tasas de desempleo tanto en EEUU como en la Eurozona se sitúan en un entorno de mínimos históricos (el dato de septiembre es del 3,5% en EEUU, y del 6,7% en la Eurozona, por debajo en ambos casos de los valores reportados antes de la pandemia). En España, la tasa de desempleo de después del verano se ha incrementado ligeramente respecto al valor del segundo trimestre (ha subido del 12,48% al 12,67%) pero es todavía inferior a la de hace un año (14,57%), ó a la de antes de la pandemia (14,41%). Esta fortaleza del mercado de trabajo permite albergar la esperanza de que los efectos de este episodio de alta inflación y tipos de interés al alza no sean muy graves. Mientras la mayoría de los trabajadores puedan mantener su empleo soportarán mejor la subida de los precios, podrán mantener un nivel de consumo aceptable y estarán en mejor disposición para atender los pagos de su endeudamiento financiero (hipotecas). La inflación va a reducir el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores (en menor medida si los salarios aumentan a tasas que compensen las subidas de precios), pero será mucho menos dañina si no aumenta el número de trabajadores desempleados.
¿Por qué en esta nueva crisis económica, el mercado de trabajo está teniendo un comportamiento tan inesperado? Aunque la demanda de empleos que las empresas quieren cubrir parece estar cayendo, se está observando al mismo tiempo una reducción similar de la fuerza laboral disponible. Es decir, la tasa de paro no aumenta con la desaceleración de las contrataciones porque está disminuyendo a la vez el número de personas buscando trabajo. Este fenómeno podría deberse a varios motivos.
En primer lugar, los efectos a largo plazo de la crisis financiera de 2008 provocaron un aumento, en los años posteriores, del flujo de salida del mercado de trabajadores desempleados, reaccionando con desánimo a la prolongación excesiva del tiempo sin empleo y a la pérdida de capacidades por dicha inactividad. Este efecto se ha documentado en EEUU. Un poco más adelante, a partir de 2014, aumenta el porcentaje de personas que dejan la población activa estando empleados.
Pero quizás el factor cuantitativamente más relevante es la estructura demográfica de la población. La demografía actual presenta un mayor flujo de salida que de entrada al mercado de trabajo en EEUU y la mayoría de países de la OCDE.[2] Esta situación es irregular ya que el crecimiento natural de la población debería de determinar un tamaño de las cohortes de entrada superior al de salida (como, por cierto, ocurría en los años 80 y 90 del pasado siglo). Sin embargo, la pirámide poblacional invertida implica una caída continuada de la población activa de una economía y presiona la tasa de paro a la baja.
La pandemia del COVID-19 también ha podido tener un efecto de salida de trabajadores del mercado laboral. Los cierres de actividad tuvieron efectos devastadores en el pequeño negocio en propiedad. Lamentablemente una parte de estos negocios han echado la persiana definitivamente y, en ocasiones, los propietarios deciden abandonar la actividad laboral por edad o por cansancio. Los riesgos para la salud que puede provocar el contagio del virus, también han trasladado una cierta aversión a la actividad laboral como posible foco de infección. Además, los periodos de confinamiento han podido tener un efecto impulsor de las actividades de ocio una vez retiradas las restricciones.
La inflación ha alcanzado cifras no observadas en décadas, pero el paro se mantiene en niveles reducidos. Esta crisis de oferta se parece a un shock expansivo de demanda. Pero la realidad no es así, porque las bajas tasas de paro se deben a una caída secular de la fuerza laboral. El efecto sobre la Curva de Phillips es un desplazamiento hacia abajo para acomodar una tasa (natural) de desempleo menguante en el medio plazo. Expectativas de inflación crecientes se compensan con un decrecimiento de la tasa natural de desempleo y la relación que marca a corto plazo la Curva de Phillips se mantiene estable.
Para finalizar este post, me gustaría mostrar, como evidencia de la caída en la participación de los trabajadores en el mercado laboral, los datos observados en EEUU:
La fase creciente de los años 80 coincide con la incorporación al mercado laboral de la generación del baby-boom (nacida en los años 60), con un aumento desde el 64% hasta casi el 67%. La fase decreciente comienza a partir del año 2000, pero se agudiza tras la crisis financiera de 2008. La pandemia del COVID-19 supone un mínimo histórico (60%) y, tras la recuperación de la actividad, la tasa de participación de ha quedado en 2022 al 62%, muy lejos de los máximos cercanos al 67% que se observaban hace unos 25 años. En términos absolutos este 5% de retroceso de la tasa de participación supone aproximadamente la retirada de unos 8 millones de trabajadores del mercado laboral de EEUU.
Figura 2. Tasa de participación en el mercado laboral de EEUU, observaciones mensuales desde 1980:1 a 2022:10
Concluyendo, la tasa natural de desempleo se va reduciendo como resultado de una demografía invertida, una crisis financiera y una pandemia. Algunas voces también alertan de políticas fiscales que desincentivan el trabajo. En cualquier caso, los efectos a corto plazo de un bajo desempleo son positivos para mitigar las consecuencias de la inflación creciente y la desaceleración de la actividad. Pero las causas de los aparentes buenos datos del desempleo siembran dudas e inquietudes, ¿qué nos deparará la tendencia a la baja de la masa laboral? Esta cuestión pertenece ya a otro debate, de gran calado económico y social, que seguro requerirá de mucha atención en el futuro.
[1] Aunque conviene recordar que la Curva de Phillps (1958) original mostraba la relación estadística entre la tasa de desempleo y la tasa de crecimiento de los salarios nominales en el Reino Unido.
[2] Los datos de España, en este sentido, son muy llamativos. Según el censo de población del INE, en 2021 había en España cerca de 3 millones de personas en edad próxima a la jubilación (60-64 años) frente a 2,38 millones en edad de la incorporación al mercado de trabajo (20-24 años). Con estos datos cada año se “liberarían” aproximadamente unos 120.000 empleos.


