Agroquímicos y salud neonatal: la importancia de guardar las distancias

Por Joan Calzada, Meritxell Gisbert y Bernard Moscoso.

El aumento de eventos climáticos extremos y el crecimiento de la demanda de alimentos en el mundo hacen imprescindible el desarrollo de tecnologías y políticas que favorezcan el aumento de la productividad en la agricultura. Se espera que la demanda mundial de alimentos aumente entre un 35% y un 56% entre 2010 y 2050. Los programas de intensificación agrícola buscan elevar la productividad a través del uso eficiente de agroquímicos y de cultivos que se adapten al cambio climático. Las explotaciones agrícolas utilizan pesticidas para luchar contra hongos, plagas y enfermedades de los cultivos, algunas de ellas ocasionadas por el propio cambio climático. No obstante, la necesidad de utilizar estos productos choca con la evidencia científica de que los agroquímicos generan importantes efectos adversos en la salud de la población que trabaja y vive cerca de las zonas agrícolas. Se estima que los pesticidas causan 200.000 muertes por intoxicación aguda cada año en el mundo, la mayoría de ellas en países en desarrollo. Además, aumentan el riesgo de contraer enfermedades como el cáncer, y alteran el desarrollo neurológico, produciendo retrasos en el aprendizaje y la disminución de la capacidad cognitiva.

Los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales han adoptado diversas medidas para limitar el uso de pesticidas y proteger a la población. Así, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas promueve acuerdos entre gobiernos, organizaciones agrícolas y empresas agroquímicas para desarrollar buenas prácticas que garanticen la seguridad alimentaria y la preservación del ecosistema agrícola. En la Unión Europea, en 2020, la Comisión Europea presentó la estrategia ‘De la granja a la mesa’ que entre otros objetivos propone reducir el uso y el riesgo de agroquímicos en un 50 %, así como una reducción adicional del 50 % en el uso de los productos fitosanitarios más peligrosos para 2030. También, se establecen medidas para aumentar la seguridad alimentaria y la producción ecológica.

A pesar de estas iniciativas, hasta ahora existen pocos estudios en ciencias ambientales y en economía que demuestren el efecto causal de los pesticidas en la salud de la población y que puedan usarse para mejorar la regulación de los agroquímicos. En un estudio que hemos publicado recientemente (Calzada, Gisbert y Moscoso, 2023), tratamos de avanzar en esta dirección analizando el impacto de las fumigaciones aéreas de las plantaciones de banano en la salud de los neonatos en Ecuador. Este trabajo nos permite evaluar la efectividad de las medidas adoptadas hasta la fecha en este país y plantear recomendaciones para su mejora.

Las plantaciones de banano de Ecuador proporcionan un contexto muy útil para analizar los efectos de los pesticidas. A principios de los años setenta, los productores de banano comenzaron a utilizar fumigaciones aéreas para tratar la enfermedad conocida como Sigatoka Negra, la principal enfermedad fúngica que afecta a las plantas de banano. A pesar de la eficacia de las fumigaciones para detener la propagación de este hongo, sus implicaciones ambientales y de salud han generado una gran preocupación en el país. La población infantil y adulta que vive, asiste a la escuela, o trabaja cerca de los campos bananeros, está expuesta a altos niveles de pesticidas por inhalación, ingestión y penetración a través de la piel, lo cual les hace vulnerables a diferentes tipos de enfermedades. Esta situación llevó al gobierno de Ecuador a regular en 2012 y en 2015 la distancia de protección entre las áreas fumigadas y los hogares, centros públicos cercanos y reservorios de agua (Registro Oficial No. 431, 2015). Con todo, es difícil examinar la efectividad y el cumplimiento de estas medidas.

Nuestro estudio analiza los efectos de las fumigaciones aéreas en diversos indicadores que reflejan la salud de los neonatos: peso al nacer, duración de la gestación, bajo peso al nacer y nacimiento prematuro. Para ello, contamos con información sobre la ubicación de las madres durante el embarazo, así como sobre el perímetro de las plantaciones y la cantidad de pesticidas aplicados en cada una de ellas (ver Figura). Esto nos permite calcular la distancia de las madres a las plantaciones y su exposición a los pesticidas aplicados a diversas distancias de su residencia. Nuestro estudio se centra en unos 51.000 niños nacidos entre 2015 y 2017, cuyas madres residían a menos de 2,5 kilómetros de las plantaciones durante la gestación.

Mostramos que los recién nacidos más afectados por los pesticidas fueron aquellos cuyas madres vivían a menos de 150 metros de las plantaciones de banano y que estaban rodeados por una cantidad relativamente grande de cultivos fumigados. Un reto importante para nuestro análisis es la posibilidad de que los hogares ubicados cerca de las plantaciones tuviesen características diferentes a los que viven más lejos, lo que dificultaría separar el impacto causal de los pesticidas de factores no observables que pueden afectar la salud de los recién nacidos. Abordamos este posible problema de endogeneidad implementando un análisis de diferencia en diferencias (DID) que explota los cambios estacionales en la intensidad de las fumigaciones. Las plantaciones de banano se fumigan durante todo el año, pero las fumigaciones más intensas se producen durante el periodo de lluvias, que es cuando el hongo de la Sigatoka Negra se propaga con mayor facilidad. Usamos información mensual sobre los galones de pesticidas aplicados en cada plantación para identificar los meses con fumigaciones más intensas. Teniendo esto en cuenta, la estimación por DID compara la diferencia entre recién nacidos de madres que vivían en áreas geográficamente expuestas a los pesticidas que fueron gestados durante periodos de fumigaciones intensas y no intensas, respecto a la diferencia entre los recién nacidos de madres que vivían en zonas geográficamente no expuestas que fueron gestados durante los mismos dos periodos.

Encontramos que los recién nacidos gestados cerca de las plantaciones bananeras y expuestos a fumigaciones intensas durante su gestación tuvieron un déficit de peso al nacer de entre 80 y 150 gramos en relación con los recién nacidos no expuestos a fumigaciones intensas. Los pesticidas tuvieron un mayor impacto cuando las fumigaciones intensas coincidieron con los dos primeros trimestres de gestación. También, obtenemos efectos ligeramente más fuertes para los recién nacidos varones y para aquellos con madres con menor nivel educativo, lo cual indica la importancia de reforzar las campañas informativas sobre los riesgos de los pesticidas en las mujeres embarazadas. Asimismo, encontramos que la exposición a pesticidas reduce el número de semanas de gestación y aumenta las probabilidades de nacer con bajo peso y de parto prematuro.

Estos resultados están en sintonía con los hallazgos encontrados por Gemmill et al. (2013) y Larsen et al. (2027) en la literatura en ciencias ambientales que examinan los efectos de los pesticidas en la salud de los neonatos en California. Por otro lado, nuestros efectos son mayores que los 30 gramos encontrados por Bozzoli y Quintana-Domeque (2014) en su análisis sobre los efectos de la crisis económica en Argentina, o los 23 gramos encontrados por Range y Vogl (2019) sobre el impacto de la contaminación generada por la cosecha de caña de azúcar en Brasil. Sin embargo, obtenemos resultados cercanos al déficit de 200 gramos encontrado en madres fumadoras por Kramer (1987) y por Lindbohm et al. (2002).

Esperamos que esta investigación pueda ayudar a mejorar el diseño de las políticas públicas que regulan las prácticas de fumigación en diferentes tipos de plantaciones en todo el mundo y que sirva para mejorar los protocolos de embarazo en las regiones afectadas. Nuestras conclusiones refuerzan los llamados a modificar el uso de agroquímicos en la agricultura y a aumentar la protección de las comunidades vecinas y de los trabajadores de las plantaciones, especialmente de las mujeres embarazadas. Nuestros resultados para Ecuador también evidencian la urgencia en revisar la distancia de seguridad utilizadas en las fumigaciones.