El problema de las pensiones allende los mares

@sergijm64

El problema de las pensiones puede ser acuciante en Europa (lo tenemos en el cogote), pero también es preocupante en otras partes del mundo (véase aquí para un análisis regionalizado), probablemente por razones muy distintas, por ejemplo Latinoamérica. En esta región del mundo, el problema de la pensiones no es tanto de sostenibilidad como de indefinición (los procesos de reforma han sido muchos y muy variados, aquí, aquí y aquí) y de profundidad del sistema (derivada de una baja densidad de cotizantes). Y ello (casi) independientemente si el sistema es público y de prestación definida (esto es, como en España), mixto (con una componente pública)  o, finalmente, de contribución definida (en la tradición impulsada por chile en los 80, aquí, aquí y aquí para un análisis de incentivos). A este respecto os recomiendo el reciente libro de Angel Melguizo, Mariano Bosch y Carme Pagés, Mejores Pensiones, Mejores Trabajos, a cuya presentación asistí el martes 27 de mayo en la sede del BID en Madrid, y del cuál he extraído una buena parte de las ilustraciones del presente post.

¿De que estamos hablando? La sostenibilidad a medio plazo y la tasa de dependencia

Obviamente el principal problema en Latinoamérica no es (no puede ser) la sostenibilidad a medio plazo, dado la tasa de dependencia observada, medida como el número de adultos en edad de trabajar por cada persona mayor. Actualmente la misma varía entre 4 y 16 (si, estimado lector, he escrito 16). Entre 4 y 6 tenemos a los países más envejecidos, relativamente más desarrollados, con un gran componente de población “europea”, producto de las oleadas de inmigrantes recibidos en los siglos XIX y XX (Argentina,  Uruguay y, un poco menos envejecida, Chile). Entre 6 y 16 el resto, siendo el de menor tasa de dependencia, Nicaragua, seguida de cerca por Honduras, Bolivia, Colombia y Venezuela. Para 2050 se espera una reducción significativa en todos los países, de entre uno (Uruguay) y cuatro puntos, pero en ningún caso la tasa de dependencia quedará por debajo de 4.

Es definitiva, la situación latinoamericana es actualmente mejor que la de España en 1970  y será mejor, para los países más comprometidos, en 2050, que la situación española corriente. Es decir, las tensiones demográficas difícilmente, per se, podrán justificar tensiones de sostenibilidad del sistema de pensiones en el corto y medio plazo. Otra cosa es que la insostenibilidad deriven de una excesiva generosidad o de contribuciones insuficientes, ambas solucionables con las políticas adecuadas.

Figura 1. La tasa de dependencia en Latinoamérica y el Caribe. (fuente: Melguizo et al, 2013)

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Sin embargo la situación demográfica de los países de la región, comparada con el caso español, no siempre fue tan favorable. La figura 2, tomada de Saad et al (2008), revela que la situación de dependencia en un sentido amplio (contando con los menores) era peor hasta hace pocos años, en el promedio de Latinoamérica que en, digamos, “Iberia”. Dadas las diferencias en tasa de dependencia de mayores, obviamente lo que ha cambiado radicalmente en el promedio de la región es la fracción de menores dependientes. Ello ha afectado a lo que Saad et al (2008) llaman el bono demográfico, que definen como el periodo en el que el equilibrio entre grupos de edades favorece el crecimiento y por ende la sostenibilidad del sistema de pensiones. Obviamente, tal y como ilustra la figura 3, mientras que en España (véase aquí) y Portugal el “bono demográfico” se ha acabado (ambos tuvieron su "first best" en la pasada década) o esta a punto de acabarse, en Latinoamérica está aún en plena fase de expansión y perdurará, en el promedio de la región, hasta bien entrada la década de los 40.

 Figura 2. Relación de dependencia total (menores + mayores) respecto a población activa. junio2Figura 3. El Bono demográfico en Iberoamérica. (fuente: Saad at al, 2008)

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El gasto social y la cobertura del sistema de pensiones

Fácilmente podríamos tender a pensar que el gasto social, especialmente el gasto en pensiones, en la mayoría de los países de la región debería ser bajo en relación al PIB, mucho menor que el promedio de la UE (29.3% en 2010) y España (25.3). Ciertamente es lo común, pero, tal y como muestra la Figura 4, hay notables excepciones: Argentina y Brasil y en menor medida Uruguay y Costa Rica, que dedican más de un 20 por ciento del PIB a gasto social. Nótese que solo los tres primeros, quizás los países más “europeizados”, tienen gastos en el programa de Seguridad Social por encima del 10 por ciento (algo superior al  caso español). Hay otros casos, mayoritariamente localizados en el Caribe, donde el programa es prácticamente inexistente.

Figura 4. Gasto social en la región como porcentaje del PIB  en 2009 (fuente: Melguizo et al, 2013)

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La cobertura contributiva del sistema de pensiones, tal y como muestra la figura 5, está en línea con la importancia del gasto en el programa de Seguridad Social. Nótese que sólo los países que han recibido más inmigrantes europeos en los siglos XIX y XX (Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y México) tienen importantes coberturas contributivas (superiores al 50%) y no contributivas (con la excepción de México, entre el 10 y el 20 %). A los mismos se añaden Ecuador y Bolivia que recientemente introdujeron programas de pensión mínima prácticamente universales aunque poco generosos (entre el 10 y el 15 por ciento del PIBpc), perfectamente asumibles (menos del uno por ciento del PIB) debido a la escasa fracción de la población que representan los potenciales beneficiarios de dichos programas. En el resto de los casos la cobertura del sistema de pensiones es escasa o prácticamente inexistente.

Figura 5. Cobertura de los sistema de pensiones en Latinoamérica, 2010. (fuente: Melguizo et al, 2013)

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Las perspectivas de los sistemas de pensiones en Latinoamérica y el Caribe

Aunque cada sistema es un mundo, en mi opinión son dos los problemas principales que planean sobre los sistemas de pensiones en Latinoamérica y que explican (independientemente de la organización formal) la falta de profundidad de los mismos: en primer lugar, la baja tasa de contribución (ligada al bajo compromiso fiscal e institucional en la región), que impide el pleno desarrollo del sistema y, en segundo lugar, la consideración del sistema de pensiones como un mecanismo de reducción del pobreza (a través de la pensión no contributiva, que es en muchos casos relativamente generosa, véase aquí, pág 50) en vez de un mecanismo de sustitución de rentas (a través de la pensión contributiva y la pensión mínima contributiva que garantizan unos retornos mínimos de las contribuciones al sistema). Ambas cosas unidas hace que muchos individuos prefieran ser "free riders", aspirando como mucho a la pensión no contributiva, que contribuyentes.

Ciertamente es sorprendente la escasa fracción de trabajadores que contribuyen a las arcas de la seguridad social en la mayoría de los países latinoamericanos. Tal y como ilustra la figura 6 en pocos casos la fracción de cotizantes supera el 50 por ciento y en ninguno supera el 80 por ciento, no muy diferente de la situación española en los 60 y 70. Por otra parte, en algunos países, más pobres (Perú, Bolivia, ...), la fracción de cotizantes apenas llega al 20 por ciento. Los motivos de la baja densidad de contribuciones son variados pero apuntan a  la falta de incentivos para hacerlo (escasos retornos esperados o, alternativamente, escasa capacidad de ahorrar por encima del mínimo de supervivencia), especialmente entre los trabajadores por cuenta propia, relativamente abundantes en las economías menos desarrolladas de Latinoamérica (véase aquí para un análisis detallado).

Además, la figura 7 revela que la tasa de contribución de la mayoría de los países de la región esta por debajo de lo que su (log) PIBpc predeciría (siendo los casos más extremo Perú, Colombia y México), lo que podría achacarse a una baja calidad institucional y fiscal. Finalmente, las estimaciones disponibles revelan que el crecimiento del PIB per cápita no solucionará el problema (véase Melguizo et al (2013), página 53 y las referencias allí citadas) a corto y medio plazo.

 Figura 6. Porcentaje de cotizantes sobre ocupados, 2010. (fuente: Melguizo et al, 2013)

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Figura 7. Cotizantes sobre ocupados en América Latina y el Caribe en relación al resto del mundo (fuente: Melguizo et al, 2013)

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Probablemente la solución a medio y largo plazo, aprovechando el "bono demográfico", pasa por aumentar  (de forma progresiva)  los incentivos de los individuos a contribuir al sistema , especialmente para aquellos individuos con salarios bajos (Brasil es un reciente ejemplo de una política de este tipo). La experiencia española y europea sugiere que un sistema de pensiones relativamente generoso (aunque sujeto reglas de sostenibilidad claras para evitar los errores observados en los sistemas de pensiones europeos), tanto en términos relativos como absolutos, con las generaciones iniciales favorece el crecimiento de las tasas de contribución al sistema. El sistema además debe distinguir claramente entre la prestación mínima contributiva (más generosa y probablemente creciente con la edad de retiro y/o con los años contribuidos) y la no contributiva (relativamente menos generosa y probablemente sujeta a un test de ingresos máximos), ya que anteponer la reducción de la pobreza (véase aquí una simulación de los efectos de la introducción de un programa generalizado de pensión no contributiva)  a cualquier otro objetivo, lamina los incentivos a contribuir  y retrasa la introducción plena del sistema. La reciente reforma de las pensiones mínimas introducida en Chile en 2008 puede constituir un buen ejemplo, a pesar de que los cambios de incentivos son ciertamente complejos (véase aquí para una pequeña revisión de algunos trabajos).

Sergi Jiménez

Sergi Jiménez Martín es Profesor del Departament d’Economia en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y titular de la Cátedra FEDEA-la Caixa de Economía de la Salud y Hábitos de Vida. Su investigación se centra en los campos de la economía laboral, en especial Seguridad Social y jubilación, y la economía de la salud. En los últimos años su investigación se ha centrado en el impacto de las reformas de la protección social sobre las pautas de trabajo y jubilación de los trabajadores, y también sobre aspectos de la economía de la dependencia.

Hay 3 comentarios
  • Muchas gracias por el artículo, felicidades!

    En mi humilde opinión éste es el mayor problema al que tendremos que enfrentarnos la sociedad del siglo XXI.

    Cómo podríamos conseguir que los trabajadores sigan motivados y con ganas de producir en edad de jubilaciones y prejubilaciones? ¿Qué opináis? ¿Algún artículo o link recomendado?

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