La Familia y las trayectorias laborales de hombres y mujeres universitarios en España

(En conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora)

La dotación de capital humano de la fuerza laboral – habilidades, educación y productividad, es uno de los determinantes más importantes del grado de competitividad de una sociedad. A lo largo del tiempo, esta competitividad depende en gran medida de cómo los países aprovechan los recursos humanos de sus ciudadanos. El envejecimiento de la población en edad de trabajar junto al espectacular aumento del nivel educativo alcanzado por las mujeres en nuestro país durante las últimas décadas nos obliga a considerar a este colectivo como una parte fundamental de la presente y futura mano de obra de nuestra sociedad.

Las mujeres han realizado un progreso enorme en el mercado de trabajo, en particular en los países más industrializados. De hecho, en la actualidad, la proporción de mujeres con estudios universitarios supera al de los hombres en prácticamente todos los campos de conocimiento, con la excepción de ingeniería y matemáticas. Este proceso, aunque quizá con diferentes tempos, ha sido observado en la mayoría de los países industrializados. Sin embargo, después del periodo educativo, las carreras profesionales de hombres y mujeres comienzan a divergir. La familia juega un papel crucial, aunque no único, para entender estas diferencias. Las mujeres asumen la responsabilidad familiar en mucha mayor medida que sus compañeros varones. Esto afecta necesariamente a sus decisiones con respecto a su oferta laboral, su acumulación de capital humano, y en definitiva y a la postre, a su resultado en el mercado de trabajo.

En nuestro país se observa un cambio muy significativo en el comportamiento de las mujeres en cuanto a su relación con el mercado laboral en las últimas décadas, en particular, entre aquellas que optan por estudios universitarios. Hemos realizado un trabajo [aquí] que explora la posible relación entre la vida laboral y la vida familiar en España de hombres y mujeres con educación universitaria. En esta entrada quiero mostrar un gráfico muy ilustrativo que refleja cómo incluso para el colectivo de individuos con educación universitaria se observan diferencias de género notables en cuanto a la oferta laboral en las edades en torno a las cuales se produce la maternidad. Estas diferencias son notablemente mayores para individuos con niveles educativos menores.

Hemos utilizado sucesivas Encuestas de Población Activa (desde 1986 hasta la actual), para construir las tasas de empleo de hombres y mujeres a lo largo del ciclo vital de cuatro cohortes – las nacidas en 1960, 1965, 1970 y 1975. Las brechas de género en las tasas de empleo las construimos mediante el ratio (Tasa de Empleo Mujeres/Tasas de Empleo Varones) para diferentes tramos de edad y para cada cohorte. Esta evidencia nos permite comparar en primer lugar diferencias de género para edades diferentes dentro de una misma cohorte - en particular, para edades previas y posteriores a la entrada en la maternidad. En segundo lugar, al comparar diferentes cohortes es posible observar cambios en el comportamiento de las mujeres con respecto a sus decisiones de oferta de trabajo a lo largo del tiempo.

El siguiente gráfico nos muestra las Tasas Relativas de Empleo de las Mujeres (Tasa Empleo Mujeres/Tasas de Empleo Varones) para diferentes edades (25-45 años) y para las cuatro cohortes mencionadas. Una tasa relativa de 1 (100%) nos revelaría tasas de empleo iguales para hombres y mujeres.

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¿Qué observamos?

• En primer lugar, que para edades muy tempranas (menores de 25 años), las tasas de empleo de las mujeres (universitarias) son incluso mayores que las de los varones (universitarios) para la mayoría de las cohortes.
• Sin embargo, hacia los 30 años ya se vislumbra una brecha de género que alcanza el 15% en las cohortes más mayores (nacidos en los 60) y se reduce al 7% entre los nacidos en 1975.
• Esta brecha de género tiene una forma de U, de modo que a partir de los 40 años la brecha en la tasa de empleo disminuye aunque la paridad en las tasas de empleo no se recupera a ninguna edad.

Esta evidencia descriptiva sugiere que incluso entre los colectivos más educados, en las edades en las que se produce la entrada en la maternidad se observa un cambio de comportamiento en muchas mujeres con respecto a su relación con el mercado de trabajo. En particular, incluso entre la cohorte más joven, se observa una brecha de género en las tasas de empleo que se sitúa entre el 7 y el 10% . Esta brecha es prácticamente idéntica si en lugar de medir tasas relativas de empleo medimos tasas relativas de actividad, y en consecuencia, las diferencias observadas no pueden atribuirse a un efecto diferencial de género en las tasas de desempleo.

Para analizar con precisión si este cambio de comportamiento se produce por la incapacidad de conciliar mejor la vida laboral y familiar, sería necesario el uso de datos longitudinales que permitieran seguir la trayectoria laboral de cada individuo y ver hasta qué punto estos cambios se producen precisamente cuando las mujeres tienen hijos. La EPA no permite realizar este seguimiento y en consecuencia, todo lo que en esta entrada se muestra es el sugerente cambio de comportamiento en las mujeres en estas edades. Quizá la Muestra Continua de Vidas Laborales permita cuantificar con precisión el impacto de la maternidad en estos cambios observados.

Si el cambio de comportamiento se produjera por la dificultad de conciliar la vida familiar con la laboral, entonces debiéramos instar a las empresas a que desarrollaran mecanismos de flexibilidad y a que se plantearan seriamente cambios sustanciales en los horarios laborales que facilitaran a los trabajadores – hombres y mujeres, una mejor combinación de su vida laboral y su vida familiar. Estos cambios sin duda ayudarían a reducir el número de mujeres que se ven obligadas a abandonar su trayectoria laboral al entrar en la maternidad.

Hay 7 comentarios
  • La conclusión parece evidente, aunque ya sabemos que a veces lo que parece obvio resulta falso. Y hay bastantes intereses en que así sea, en hacer aparecer como enemigos de la libertad a los que intenten corregir una discriminación secular con medidas transitorias como las cuotas.

    Claro que hay una interpretación ciertamente curiosa que ha surgido en otros posts y comentarios: la desigualdad no estaría en que mujeres más preparadas obtengan peores tasas de empleo y peores sueldos. No, la desigualdad está en que las mujeres alcancen mayor grado de formación, que ocupen los mejores puestos en casi todas las promociones de casi todos los estudios. Según esta teoría, la educación no es justa porque perjudica a los varones y ahí surge, santo remedio, la educación diferenciada.

    Educación diferenciada, concertada, cheque escolar, todas ellas tendentes a que la facción más rancia de la iglesia controle la educación y volvamos a aquello de "la moza bona en casa tá ya fuera sona".

  • "debiéramos instar a las empresas a que desarrollaran mecanismos de flexibilidad" parece muy complicado en el actual contexto de perdida de poder adquisitivo + desempleo + reduccion de beneficios sociales...
    ¿como incentivar a las empresas a ello? Existen ya medidas... ¿funcionan?

    • En otros países las empresas tienen muy claro que es necesario flexibilizar el mercado de trabajo para aumentar la productividad de los trabajadores. A largo plazo, trabajadores que concilian mejor la vida laboral con la familiar (tanto hombres como mujeres!!!), son más productivos y esto repercute positivamente en la empresa. No hay que incentivar a las empresas a que se comporten así, basta que las empresas se den cuenta de que éste es el camino.

  • Buenas tardes, desde la PPiiNA, creemos que la clave para el cambio de los comportamientos tanto laborales, como los concernientes a la adquisición del capital humano, diferentes hoy todavía, entre mujeres y hombres, pasa por que la corresponsabilidad del cuidado de menores sea cosa de ambos progenitores.
    Es por lo que proponemos un cambio en la legislación laboral que establezaca, permisos iguales, intranseferibles y pagados al 100% por nacimiento y adopción para mujeres y hombres.
    Mi enhorabuena por esta página de la que cada día aprendemos muchas personas.
    Dori Fernández

    • Dori, estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo que permisos iguales e intransferibles provocan que el padre se involucre mucho más en la crianza de los hijos desde el principio y aprenda a valorar lo intensivos que son los hijos en términos de tiempo.
      Desde luego no es la única medida a proponer, !!los horarios laborales en España hay que cambiarlos radicalmente!!!, pero desde luego estoy de acuerdo con vuestra propuesta.

  • Es evidente el hecho de que la incorporación de la mujer al ámbito universitario ha sido espectacular en los últimos 30 años. No tanto el hecho de que muchas empresas no quieran como altos dirigentes a mujeres muy cualificadas sino a hombres. ¿La razón? En mi opinión existe, aunque cada vez menos, discriminación por sexo. Las empresas prefieren a hombres ya que las mujeres por ejemplo, están de baja un largo periodo de tiempo por maternidad, algo que con los hombres no pasa. Así, el empresario prefiere pagar a un hombre que sabe que no tendrá estos problemas.
    El gobierno debería poner en marcha más medidas para evitar este tipo de discriminación, que también se da en salarios y tipos de trabajo.
    En conclusión, aunque las mujeres se han ido convirtiendo en las grandes dominadoras universitarias en casi todos los terrenos, se debe seguir luchando para que las diferencias que aún existen queden en el pasado.

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