Efectos colaterales de la Crisis - ¿Hogares con “Pequeños Emperadores”?

(Sara de la Rica y Luis Miller)

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La profundidad de la crisis económica actual puede provocar efectos en numerosos aspectos no sólo económicos, sino también demográficos y sociales. La evolución de la tasa fecundidad y la consiguiente estructura de los hogares españoles es uno de ellos. Hoy dedicaremos la entrada a estos aspectos, aprovechando un interesante estudio experimental que analiza la Política de Hijo Único introducida en China en 1979.

En el siguiente gráfico presentamos la evolución del Índice Sintético de Fecundidad en España, que mide el número medio de hijos por mujer. Se estima que la tasa de reemplazo generacional, es decir, el número medio de hijos por mujer que permite que la población no decrezca se sitúa alrededor de los 2 hijos por mujer.

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En 1996 este índice “tocó fondo” en España con un número de hijos por mujer de 1.15, alcanzando mínimos mundiales. Desde entonces hemos asistido a una constante recuperación del mismo hasta alcanzar el valor de 1.44 hijos por mujer en 2008. A partir de ese momento, coincidiendo con la crisis económica, el índice no ha dejado de caer. En 2012 descendió hasta el nivel de 1.3 hijos por mujer. El índice sigue una evolución claramente procíclica.

Un reciente estudio de La Caixa titulado “El déficit de natalidad en Europa: La singularidad del caso Español”, destaca dos hechos interesantes relacionados con la fecundidad en nuestro país. En primer lugar, el informe muestra que en épocas recesivas suele producirse un retraso de la maternidad, compensado de modo bastante inmediato por tasas de fecundidad más elevadas en los años de recuperación. Sin embargo, el informe también destaca que en una crisis como la actual, con unos niveles de desempleo de la población joven tan altos y con muy pocos visos de disminuir sensiblemente en el corto plazo, los efectos sobre la caída de la fecundidad pueden ser mucho más duraderos que en crisis anteriores. El segundo hecho que destaca el informe es que la tendencia de las familias hacia el hijo único en España es cada vez más evidente. De hecho, muestra que el porcentaje de mujeres nacidas en 1965 con un solo hijo alcanzaba ya el 28% – el cuádruple que el de la generación anterior (nacidas en 1940), que era del 7,4%. Además, esta tendencia hacia el hijo único representa una evolución singular de nuestro país al compararlo con otros países de nuestro entorno, como Inglaterra u Holanda. En estos países la proporción de mujeres sin hijos es mucho más elevada que en España, especialmente entre las mujeres más educadas, sin embargo tener un segundo o tercer hijo es mucho más frecuente. A medida que la crisis siga haciendo mella entre la población en edad fértil, la tendencia de nuestro país hacia la situación de hijo único puede acentuarse.

Es precisamente esta progresión hacia la situación de hijo único la que queríamos de algún modo relacionar con el estudio publicado recientemente en la revista Science titulado “Little Emperors: Behavioral Impacts of China´s One-Child-Poverty”. En China existe actualmente cierta preocupación por la generación de hijos resultantes de la política de hijo único, puesta en marcha en 1979 en las ciudades chinas para disminuir el crecimiento demográfico. Muchos arguyen que esta política ha creado una saga de “pequeños emperadores”, que muestran un comportamiento más egocéntrico y menos cooperativo que aquellos que provienen de familias en las que existen más hermanos.

Las consecuencias psicológicas y sociales de ser un hijo único han despertado el interés de un buen número de científicos sociales. Sin embargo, la posibilidad de aislar el efecto de este tipo de familia de otros, como la posición económica de las familias, han hecho siempre difícil estimar cuál es el efecto directo de no tener hermanos. Como describe el artículo citado más arriba, la política de hijo único desarrollada en China puede utilizarse como un experimento natural que permite identificar el impacto causal de ser un único hijo en varios aspectos del comportamiento. Para tal fin, las autoras escogieron una muestra de personas representativas de la población de Pekín nacidas en 1975 o 1978, antes de la introducción de la ley (grupo de control) y personas nacidas en 1980 o 1983, después de la ley (grupo de tratamiento). En la muestra que utilizan las autoras alrededor del 45% de las familias tenían un solo hijo antes de la entrada de la ley, proporción que aumentó al 86% después de la entrada de la ley, lo que revela el enorme impacto de la política.

En el estudio, tanto los nacidos antes de 1979, como los nacidos después de esta fecha, participaron en una serie de experimentos conductuales y respondieron a una serie de cuestionarios que permiten a los investigadores estimar patrones de comportamiento y rasgos de personalidad. En concreto participaron en un juego del dictador, normalmente utilizado para estimar el altruismo de los participantes; un juego de la confianza, que estudia hasta qué punto los participantes confían entre ellos, así como en qué medida los participantes son dignos de confianza; un juego de riesgo, donde los participantes deciden qué proporción de una determinada cantidad de dinero quieren destinar a una inversión arriesgada; y un juego de competición, donde los participantes realizan una tarea y después tienen que elegir si quieren ser pagados por ésta individualmente (piece rate) o de forma competitiva, es decir, si realizan la tarea mejor que otro participantes anónimo. Después del experimento, los participantes rellenaron un cuestionario psicológico estándar en el que se medida rasgos de personalidad como el optimismo o el modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad.

Para identificar el efecto causal, el hecho de ser hijo único, y no otros factores no observados correlacionados con dicho hecho, los autores utilizan el indicador de haber nacido bajo la política de único hijo como un instrumento de ser hijo único. Se corrige de esta forma la endogeneidad de la variable “ser hijo único”.

Los resultados del estudio muestran que la política de hijo único puede haber tenido efectos no deseados sobre la personalidad y el comportamiento de la generación nacida después de la introducción de esta medida de control demográfico. Según el estudio, las personas de esta generación se muestran menos competitivas, menos cooperativas, confían menos en los demás, son más pesimistas y menos arriesgados.
Además, la magnitud del efecto de ser hijo único en estos aspectos conductuales y rasgos de personalidad revelados en el estudio es notable. En todos los juegos y preguntas de cuestionario descritas anteriormente, las investigadoras identifican un efecto causal de ser hijo único debido a la introducción de la política de hijo único sobre el comportamiento de los participantes. Por ejemplo, los participantes que habían nacido después de 1979 otorgaron 16 puntos porcentuales menos en el juego de la confianza (confiaban menos), invirtieron 20 puntos porcentuales menos de la cantidad asignada en el juego de riesgo y fueron un 20% menos propensos a elegir el sistema de remuneración competitivo en el juego de competición.

Las autoras concluyen que estas diferencias pueden tener efectos sociales y económicos muy importantes, ya que aspectos como la competitividad o la aversión al riesgo suelen estar relacionados con el emprendizaje, la promoción dentro de las empresas o los salarios.

Aunque puede existir la tentación de trasladar los resultados obtenidos en China a un contexto como el español, sería irresponsable hacerlo sin evidencia empírica concreta para nuestro país. Lo que hemos pretendido con esta entrada es en primer lugar mostrar que la persistente crisis está agravando un problema socio-demográfico al que ya nos estábamos enfrentando y que no es sino el problema de la baja natalidad en nuestro país, que además parece estar aumentando los hogares con un único hijo. Y en segundo lugar presentar un estudio académico interesante relacionado con este hecho para mostrar que en ocasiones la introducción de una determinada política con unos objetivos claros –por ejemplo, frenar el comportamiento demográfico- puede tener efectos colaterales no anticipados, como cambio en el comportamiento y los rasgos de personalidad de aquéllos afectados por dicha política.

Es posible que a medida que la recuperación económica se afiance y el enfermo coja fuerzas, vayamos observando "cicatrices" de esta crisis que tardarán mucho en curar y desaparecer. Una de estas cicatrices podría ser la numerosa existencia de hogares con un número de hijos mucho menor al deseado, en particular con un sólo hijo. Estará por ver si los hijos de esos hogares presentan comportamientos y rasgos de personalidad diferentes, pero lo que será un hecho es que muchos de sus padres hubieran querido que esos hijos tuvieran hermanos y por efecto de la crisis ese deseo no ha podido ser satisfecho.

Hay 2 comentarios
  • Muchas gracias por el post. El resultado es escalofriante y, aunque señalas que "en ocasiones la introducción de una determinada política … puede tener efectos colaterales no anticipados…", no sé si esta afirmación es correcta pues en el año de implantación de la política de hijo único, creo que ya había información suficiente para poder prever algunos de estos efectos. En cuanto a la magnitud de los mismos, supongo que tendrá algo que ver la circunstancia de que había una gran mayoría de familias con un solo hijo.

    • Gracias, Hazel. Tienes razón de que ya había antes de la implantación de la política un 45% de familias con un solo hijo. Esto difiere mucho del caso español y por esto queremos distanciar los posibles efectos en nuestro país de los acaecidos en China. Pero cuando hablamos de efectos "no anticipados" nos referimos de que es muy probable que quien(es) decidieron la implantación de la misma no pensaran ni por un momento que esta política podría traer consigo estos cambios de comportamiento en esos chicos(as).

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