Relojes, gatos, Madagascar: una nota para estudiantes de economía sobre lo que hacemos los economistas

En el post ``Balón de Oxígeno’’ tuve un intercambio con un lector sobre la naturaleza de la investigación económica que acabó más o menos con una recomendación suya: La lectura de un antiguo artículo del profesor José Luis Sampedro titulado “El reloj, el gato y Madagascar” sobre el tema. Es artículo se publicó en la Revista de Estudios Andaluces (no. 1, 1983, pp. 119-126). Prometí hacerlo y comentar sobre ello. Aquí va.

Lo primero es que el artículo es una pequeña joya de escritura. Este hombre es un grandísimo escritor; lleva al lector como de paseo y con imágenes realmente ingeniosas y, porqué no decirlo, bellísimas trata de transmitir sus ideas al lector no experto. En esto es de una efectividad que ya me gustaría tener en mis escritos.

Vaya por delante también que el artículo del profesor Sampedro expresa de forma temprana el sentir de algunos, una minoría de los economistas y que son argumentos que merecen reflexión. El artículo del Profesor Sampedro tiene por tanto una sorprendente actualidad y habla bien de su inteligencia el que aún hoy puede leerse con provecho.

En lo conceptual hay dos ideas y otras cosas sueltas. Pero antes de nada el autor formula la proposición de la que quiere convencer al lector y es que el método de estudio debe adaptarse a la naturaleza del objeto estudiado. De ahí la imagen del reloj, que se puede montar y desmontar, el gato, que obviamente, más allá de la vivisección definitiva no hay vuelta y Madagascar donde el concepto de “desmontar” no aplica. No soy un filosofo de la ciencia y  he de confesar que mis lecturas en estos temas se quedaron en las que hice de estudiante (y que no pasaron de lo básico: Popper, Kuhn y poco más) pero tratare de argüir que aquí hay una confusión entre lo que es factible como instrumento (eso de “desmontar”) y lo metodológico, que para lo que aquí me interesa voy a definir de forma poco precisa como lo que nos permite formular proposiciones falsificables. Yo creo que lo que quiere decir es que hay determinados instrumentos y prácticas que son factibles y útiles según el objeto de estudio, proposición con la que es difícil estar en desacuerdo. Pero el salto lo da cuando dice que el “error de muchos economistas actuales consiste en entrenarse en relojería para actuar sobre la social.” Y es en esto en lo que estoy completamente en desacuerdo.

Las dos ideas en las que se apoya para argumentar esto son, uno, que a los economistas nos atraen los métodos matemáticos que nos dan una falsa sensación de confort y control, una certidumbre que no es posible y, dos, que estos métodos matemáticos tienen en su esencia un sesgo que precisamente excluye determinadas proposiciones.

El primer punto es argumento repetido y puede ser válido, aunque yo lo matizaría y diría que los malos economistas lo son precisamente porque no son conscientes de los supuestos de los modelos con los que trabajan y por tanto malinterpretan las conclusiones de los mismos y tienen más fe en los resultados de estos modelos de la que tendrían si fueran completamente conscientes de las hipótesis de partida.  El profesor Sampedro sostiene que esto es enfermedad generalizada de la profesión, sobre todo en su rama anglosajona, pero estoy en desacuerdo. Yo creo que aquí el profesor Sampedro tiene, o tenía en su momento, poca experiencia con los métodos que utilizamos en las universidades estadounidenses y merece la pena detenerse, aunque sea brevemente, en ello. Dos ejemplos.

Acabo de regresar de las reuniones de American Economic Association and American Finance Association donde me he pasado tres días en una habitación entrevistando a posibles candidatos para dos puestos que tenemos en el grupo de finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia. ¿Cómo funcionan estas entrevistas? Durante media hora un candidato nos cuenta su investigación y los resultados de la misma y los catedráticos y profesores de la escuela (cuatro o cinco) les hacemos preguntas para averiguar precisamente la naturaleza del resultado. Pues bien, lo fundamental, lo que intentamos averiguar es precisamente si el candidato es consciente de los supuestos de partida que le han llevado a determinadas conclusiones. Y estos supuestos pueden ser teóricos (por ejemplo, un supuesto sobre una determinada forma funcional que sesga los resultados en una dirección) o empíricos (por ejemplo, un supuesto que una determinada variable permite identificar el efecto objeto de estudio en la muestra utilizada). Una de las cosas que es motivo de rechazo de una candidato es que no sea consciente de dichos supuestos; que enamorado de la elegancia formal de su modelo o diseño empírico olvide todo lo que hay detrás de ellos y llegue con menos escepticismo del deseable a sus conclusiones. No son pocas las ocasiones en las que hemos desestimado a un candidato con la frase “no era consciente de que es este el supuesto crítico para obtener el resultado de su trabajo” o “este supuesto de identificación no considera esta alternativa.” Somos tan conscientes del primer punto que hace el profesor Sampedro que una condición imprescindible para la contratación de un candidato, en Columbia y en todas partes, es que esté libre del sesgo que le preocupa.

El segundo ejemplo es la práctica del seminario, experiencia, que estoy convencido, han tenido muchos de nuestros lectores. ¿Qué es lo que ocupa la mayor parte de un seminario de economía? La discusión de los supuestos. Es precisamente porque una vez que se empieza la discusión de los modelos que los resultados siguen como un torbellino que los asistentes a un seminario “hacen la vida imposible” al ponente para averiguar todo lo que hay escondido detrás de los supuestos y así evitar el confort que tanto le preocupa al profesor Sampedro. En conclusión que la profesión ha construido unas salvaguardas importantes para evitar la crítica que constituye el primer punto del artículo. Siempre es recordatorio importante pero aquí al menos tenemos poca sensación de confort.

La utilidad de los modelos, que el profesor Sampedro, de forma equivocada en mi opinión, no reconoce, es precisamente que permite aclarar los supuestos; mostrar de forma clara lo que se asume. Esto es fundamental: Un modelo no es sino una forma de resumir los datos y la experiencia de la profesión; es un depósito de conocimiento que los economistas utilizamos para empujar la investigación en una dirección novedosa, relajando supuestos, generalizándolos. Esto permite la comunicación efectiva entre nosotros; puede ser impenetrable para el lego en la materia pero esto no es distinto que con cualquier rama del saber. Para ello es imprescindible ser preciso en la  definición de los conceptos. Y esto es la fundamental: Los modelos son tanto un depósito de conocimiento como un método de comunicación efectivo entre investigadores. Y como el conocimiento se incrementa, también los modelos que se vuelven más complejos y exigentes. Deje de leer una literatura y uno se queda irremediablemente rezagado. Esto es exigente e inevitable.

Pero es más los modelos proveen de disciplina al investigador, atando su intuición a la disciplina impuesta por la notación y la lógica del modelo que se ha elegido para desarrollar sus ideas.  El modelo incluso en ocasiones puede llevarnos a conclusiones inesperadas pero igualmente válidas. Tantas son las ventajas de la modelización matemática que está bien implantada en nuestra disciplina. Para aquellos estudiantes de economía que esto lean, les animo a que inviertan su tiempo en dominar las muchas herramientas que están ahora a disposición del economista.

(Nota: Me advierte Jesús, cuyas lecturas son inagotables, de un artículo de Krugman con puntos muy parecidos y que podéis leer aquí.)

Si el primer punto es válido y requiere siempre estar alerta contra este sesgo, el segundo, me temo, no lo es en absoluto. Aquí el profesor Sampedro da “un salto” sin más evidencia que el considerable poder de su prosa, que no es poco. Pero es más este es punto extrañísimo y que denota que no tenía el pulso de la profesión en su momento. Un teorema que es punto de partida, es cierto, es que bajos determinados supuestos la competencia perfecta resulta en una asignación óptima de los recursos (el primer teorema del bienestar). Pero al economista le sorprende la cantidad de imperfecciones en el mundo real (información asimétrica, costes de transacción, restricciones de riqueza, …) y todas ellas impiden que el teorema citado opere como predice la teoría. Cuando un economista ve una asignación de recursos que no es eficiente se pregunta ¿qué imperfección del mercado impide que opere el teorema del bienestar? Y este es el arranque de toda la investigación de economía moderna. Aquí va un ejemplo que muestra lo anticuado del punto ya en el año 1983, cuando se publicó el artículo del profesor Sampedro.

En la entrega de Junio de 1980 del American Economic Review  se publicó uno de esos artículos fundamentales en el pensamiento económico moderno “On the Impossibility of Informationally Efficient Markets” de Sandy Grossman y Joseph Stiglitz (aclaración: el profesor Stiglitz es mi vecino en la oficina de al lado así que hay algo de parcialidad en la elección de este ejemplo; Jesús en un post anterior ya había hablado de este artículo en este post). En él estos dos verdaderos genios de la economía mostraban como la única forma de incentivar la costosa adquisición de información, que una vez incorporada a los precios permita la distribución eficiente de los recursos, es precisamente si estos precios no transmiten la totalidad de la información. ¿Por qué? Porque así se permite que aquellos que hayan sufridos los costes de adquirir dicha información puedan recuperarlos mediante el uso en condiciones oligopolísticas de la misma. Esto es el mercado tiene que ser ineficiente para que transmita algo de información. Esta maravillosa observación sólo puede entenderse como la culminación de un profundo esfuerzo por parte de los economistas estadounidenses de incorporar en sus modelos los problemas de información y procesamiento de la misma que ya por aquel entonces tenían más de una década de historia. Es este un esfuerzo de investigación revolucionario y que tiene vertientes múltiples: Desde los modelos de expectativas racionales desarrollados desde que Muth hiciera su contribución fundamental en su artículo en Econometrica en el año 1961, en el origen del trabajo de Lucas, Sargent, Prescott, y tantos otros a la literatura sobre información asimétrica que desde el principio la identificó como el origen de la falta de eficiencia de los equilibrios competitivos. Y es una literatura que arranca con Akerloff (1970), Spence (1973), Rothschild y Stiglitz (1976), Wilson (1977) y Riley (1979).  Es por ello por lo que aún juzgando el artículo del profesor Sampedro desde la perspectiva del año 1983 resulta extraña tal omisión.  Es un artículo ausente de lo que en aquel momento se estaba cocinando en el mundo de la investigación económica.

Declarar que la utilización de estos modelos sesgaba las conclusiones a las que se podía llegar en un intento malicioso de justificar el mercado no hacía sino mostrar los sesgos de los que así pensaban. Y por cierto nótese que entre estos investigadores se encuentra varios premios Nóbeles, gente fundamental en la profesión desde hace décadas y de toda condición ideológica.

Una nota sobre Friedman

El profesor Sampedro un poco sin venir a cuento critica algunas de las ideas de Milton Friedman con motivo de un viaje que al parecer hizo a Madrid por aquellos años. Nada tengo que decir sobre las críticas que parecen un poco metidas de forma incómoda en el artículo pero sí decir una cosa que es curiosa. El profesor Sampedro hace una recomendación acertadísima y que yo interpreto como una recomendación de que el economista “sepa más historia,” que coteje supuestos y modelos con la “revisión histórica” y esto es algo que también recomiendo yo también a los estudiantes de economía que estén leyendo esto: Es importantísimo un buen conocimiento de la historia económica para entender muchas cosas y es fuente de ideas e intuiciones constantes (un capítulo de mi tesis doctoral fue sobre la historia del seguro marítimo y la utilizaba para informar un modelo teórico sobre innovaciones financieras).

Pero por ello resulta tan extraño, una vez más, el que el único nombre que se incluya de entre los economistas anglosajones sea el de Friedman, de los grandes economistas el más apegado a la historia como método de revisión. De hecho puede decirse que la contribución más importante de Milton Friedman es precisamente un libro de historia y en particular de revisión histórica “A Monetary History of the United States, 1867-1960” (con Anna Schwartz) que ha influido sobremanera en pensamiento de los economistas no sólo en lo monetario sino también en la interpretación de las causas de la gravedad de la Gran Depresión. De hecho no se puede entender la política monetaria seguida por Bernanke durante este episodio sin entender a su vez el impacto que la obra magna e histórica de Friedman ha tenido sobre todo el pensamiento macroeconómico, como el mismo Bernanke ha reconocido en más de una ocasión.

Una última observación

El profesor Sampedro termina su artículo con una espléndida imagen, evocativa y divertida a la vez: La de él, y otros “economistas no convencionales” (su expresión) viajando en un carro tirado por un jamelgo en la dirección adecuada, “el sur” mientras que los economistas, se supone que los convencionales, viajan en un lujoso tren pero, que como todo tren solo puede ir en una dirección, “el norte (es decir hacia la justificación y asentamiento del poder establecido).” ¡Qué imagen tan inteligente! Inmediatamente se asocia al no convencional el sacrificio, la pobreza y el sur, y a los convencionales el lujo del norte expropiador y establecido. Esto no es un argumento. Es simplemente lo que el profesor Sampedro tanto critica: una preconcepción, un supuesto de partida del que ni siquiera se está dispuesto a dudar. La investigación de la economía, sobre todo en el mundo anglosajón, no es un tren: lo describe mejor un globo, o mejor una multitud de globos, que pueden ir en todas direcciones explorando cosas, intentando averiguar cómo hacer de este mundo uno donde lo material no sea la constante preocupación del hombre, con todas las herramientas y la seriedad que tal propósito merecen, quizás empujados por aquí o por allá por vientos que a veces no nos llevan a ningún lado y otros a paisajes espléndidos. Hubiera sido maravilloso haber tenido al profesor Sampedro en cualquiera de esos globos.

Hay 25 comentarios
  • Tano, por tu comentario dudo que vaya a leer el artículo del profesor Sampedro (llevo 50 años leyendo críticas similares aunque quizás no tan bien presentadas como lo hizo en su momento el profesor Sampedro). Quiero hacer un comentario porque la referencia a Friedman me recuerda un punto esencial de lo que en el fondo tanto molesta a los críticos de la economía neoclásica. Si los economistas con pretensión científica se limitaran a producir conocimiento científico sin entrar jamás en el juego de sacar recomendaciones para la toma de decisiones (en particular decisiones públicas), solo unos pocos críticos prestarían atención a la economìa neoclásica y serían aquellos que sí pueden contribuir al mejoramiento de la economía neoclásica (compara la contribución del dúo radical Bowles-Gintis hasta 1990 con su contribución post-1990 y esto a pesar de que la posición política de ambos poco o nada ha cambiado). El gran problema de la economía neoclásica (y la economía keynesiana, aunque juntas pero no revueltas) es gente como ese colega que tienes cerca y que ayer publicó un aviso en el NYT postulándose para un puesto grande (un puesto que le queda muy grande según aquellos que lo hemos conocido bien por mucho tiempo). O puesto de otra manera, en un principio algunos economistas neoclásicos aceptaron gustosamente ser sacerdotes pero luego otros fueron más lejos y han pretendido tener carreras de políticos o grandes burócratas y por lo tanto no debe extrañar que sus críticos se centren en lo que tienen de común --su fe en la economía neoclásica. Poco o nada gana un economista con pretensión científica de una discusión sobre métodos científicos con quienes están interesados solo en decisiones públicas. Los economistas científicos son hoy una minoría frente al ejército de economistas ingenieros (o peor abogados) que dicen haber mamado de la teta neoclásica.

    • O sea que el problema es que los economistas que estudian un determinado problema tratan de conseguir que sus conclusiones sean útiles para la sociedad y todo seria mucho mejor si las decisiones sobre políticas económicas se dejaran a políticos, no economistas, economistas que no estudian o "economistas no convencionales". Debo haber entendido mal este comentario, aunque puedo asegurar que no sufro resaca de sábado.

      • EEE,
        Los científicos son útiles a la sociedad por el conocimiento que puedan generar, y los profesionales son útiles por su contribución y participación en la toma de decisiones. El problema que todo economista ha tenido y sigue teniendo es si quiere ser sólo científico, sólo profesional o ambas cosas. La ventaja comparativa de algunos economistas está en la ciencia (Stigilitz es un buen ejemplo) y la de otros en ser asesor (Paul Volcker es un buen ejemplo). Lo malo es cuando los primeros creen que su ventaja comparativa en ciencia es porque son excelentes en ciencia y no tan excelentes pero si muy buenos en la toma de decisiones. Lo horrible ocurre a lo largo del ciclo de vida del economista científico porque llega un momento en que piensa que ya le será muy difícil hacer una nueva contribución científica y entonces prefiere dedicarse a la profesión. Estos casos horribles me recuerdan a Diego Armando Maradona. Fue un gran jugador de fútbol, pero eso no implicaba que sería un buen entrenador y muchos menos un buen cantor (aunque mi nieto Diego dice que Maradona canta bien).

        Algo más sobre lo que los economistas hacen. En el párrafo anterior sólo hice la distinción entre científicos y profesionales. Hay una tercera categoría. En mi comentario inicial hablé de sacerdotes. Los economistas-sacerdotes son aquellos que James Buchanan llamó filósofos morales (ver su libro What Should Economists Do? que recoge artículos publicados en los 60 y los 70 y que se divide en tres partes, una de las cuales es Economics as Moral Philosophy). Un buen ejemplo hoy día es A. Sen aunque el mismo Buchanan todavía sigue teniendo alguna influencia. Muy pocos economistas científicos y profesionales hoy pretenden ser filósofos morales pero muchos cometen el pecado de decirse discípulos de algún gran filósofo moral (Marx, Hayek, pero no Keynes que escapó a toda clasificación, John Rawls) para ser bienvenido en lugares que les interesa entrar. Algunos discípulos dedican a su vida a repetir las enseñanzas de estos filósofos. ¿Qué valor tiene esta prédica? Como la ciencia nunca dará respuesta a todo lo que nos gustaría saber, la filosofía nos ayuda a construir visiones de cómo funciona y sobretodo de cómo debería funcionar el mundo. Como el éxito de los profesionales está determinado por su influencia en la toma de decisiones, la filosofía ayuda en la medida en que sirva para argumentar mejor lo que se está proponiendo hacer o no hacer (¿has visto algo más patético que los economistas profesionales que hoy día hacen referencia a Keynes para argumentar sus recomendaciones para salir de la crisis?).

        • Quasimontoro,
          El problema no es que haya economistas académicos que no conocen sus ventajas comparativas (“de todo hay la viña del Señor”), sino que hay muchos “profesionales” en el ámbito de la decisiones públicas que no prestan demasiada atención a los resultados de la investigación económica y que, en muchos casos, parecen haber olvidado Economics 101 (si es que alguna vez la aprendieron). Creo que esta entrada
          ( http://nadaesgratis.es/?p=12541 )
          explica bien el origen de las frustraciones que parecen sentir algunos economistas académicos con vocación de asesores de la política económica.
          No soy un especialista en filosofía de la ciencia, pero creo que lo de separar teoría y práctica es una estrategia que ya quedó en descrédito hace varias décadas.

          • La entrada de JFV que tu mencionas y que yo no había leído antes confirma totalmente lo que yo digo sobre los economistas profesionales. Lo que dice JFV sobre España se discutió mucho en otras partes durante los años 70.

            JFV no se refiere a los profesionales egresados de escuelas o programas de Políticas Públicas (me refiero a los EEUU porque en España que yo sepa no hay una sola escuela o programa), pero la historia de estas escuelas y programas muestra una creciente confrontación con economistas por razones ideológicas y financieras.

            Mientras no se distinga entre economistas científicos que se dedican a producir conocimiento, economistas profesionales que se dedican a asesorar a los que toman decisiones, y los economistas sacerdotes que predican visiones de un mundo mejor se continuará diciendo tonteras sobre lo que hacen y no hacen los economistas. Y conste que no me refiero a los ex-economistas, es decir aquellos que dejaron de ser economistas para convertirse en burócratas de organizaciones privadas o públicas o en políticos. A estos últimos hay que juzgarlos por sus acciones y no por sus palabras.

    • Quasimontoro, gracias por tu comentario pero me puedes indicar a que articulo te refieres?

  • Excelente exposición sobre metodología, en el sentido filosófico del término, de la economía (y en este blog lleváis más de uno del mismo tema y calibre).

    Cierta filosofía de la ciencia ha dado respaldo a la idea según la cual, puesto que la actividad científica está hecha por personas y comunidades y éstas arrastran sesgos, todos los resultados científicos están sesgados. La falacia suele ser algo como lo que sigue. Fulano dice: Sabemos que cierta cantidad de gas venenoso matará a tantas personas encerradas en un habitáculo de ciertas dimensiones. Sotano responde: Estás justificando las prácticas nazis.

  • Tano, muchas gracias por el artículo, se da a conocer muy bien la profesión y encima hablando sobre el gran Sampedro. A él lo conocí en una conferencia en un hospital de Valencia, antes de empezar la carrera. La capacidad de embelasar al público era casi ilimitada y en mi caso fue el mejor rato que pasé en ese hospital.

    Decir que comparto tu crítica al artículo, y sí, a mi me parece que tiene más espíritu de escritor y de agitador social (como dijo, cada vez más radical) que de economista. El artículo que citas nos lo pasaron en clase, en Valencia, en forma de cómic y ya por entonces se notaba su desapego a como se enseñaba economía.

    Saludos

  • Maravilloso texto que me ha hecho releer el de Sampedro, autor por aquel entonces de "Octubre, octubre" con la valiosa ayuda de Gloria Palacios. Siempre el back office.

    Enhorabuena, Tano, porque de alguna forma al escribir también hacemos un striptease y lo que se ve entrelíneas es muy bueno y en diversas dimensiones humanas.

    Mientras leía lo del artículo de Grossman y Stiglitz se me ha ocurrido una pregunta.

    ¿Cómo es posible que para llegar a una conclusión sabida desde Roma, aprendida de griegos y fenicios y ya reflejada en el código de Hammurabi, el célebre "Caveat Emptor", les hayan sido necesarias 16 páginas de ecuaciones para caer en la cuenta de que toda actividad económica --en nuestro sistema-- es la búsqueda y acumulación de asimetrías?

    ¿Por qué? ¿Tanta es la falta de fe en el refranero que si no hay una ecuación que lo soporte estamos dispuestos a ignorarlo? ¿De dónde sale tanta desconfianza?
    ¿Es necesario que así sea o podremos soñar?

    Por supuesto que los modelos nos ayudan a relacionarnos con los "noúmenos" sin deprimirnos y también que la diferencia entre un reloj y Madagascar es de geometría variable y hay quien siente la necesidad de que no exista tal diferencia.

    Parece, sin embargo, que al igual que ha sucedido con los modelos matemáticos de Industrial Dynamics de Forrester, cada vez se circunscriben a aspectos más reducidos. En la industria se quedaron en áreas de optimización (de cortes metálicos, o de asignación de presupuestos publicitarios por rendimiento esperado de un mix de medios, por ejemplo) mientras que las grandes decisiones estratégicas usan otros criterios y herramientas. Que se sepa, claro.
    Bueno, enhorabuena y también a la primera entrada de Quasimontoro.

  • Hola Tano, un articulo brillante, muchas gracias.

    Solo tengo una observacion. Nick Stern, en su discurso en el EEA/ESEM de Barcelona en 2009 menciono una critica que si es legitima y que tiene que ver indirectamente con la metodologia. El se quejaba de que desde los 80s el peso de la profesion se ha deslizado del estudio de los fallos de mercado (que tan fecunda fue en los 70 con los modelos que mencionas) hacia el estudio de los fallos del gobierno. Yo debo estar de acuerdo con el. No dudo que generemos argumentos internamente validos al respecto de estas cuestiones, o que los supuestos esten claros. Pero esto no impide que la eleccion de los temas si que este cargada de intencion, o que, como decia Stern, los temas a estudiar los determinen los "vientos imperantes".

    Un saludo y gracias de nuevo.

    • Santiago,
      No estoy seguro de haber entendido bien qué criticó Stern en su discurso. En todo caso, tu párrafo tiene varios errores. La economía neoclásica positiva y normativa se desarrolló antes de 1970, pero ya en ese entonces se había expandido más allá de sus supuestos iniciales y de su concentración en mercados. La expansión más allá de las interacciones sociales que definimos como mercado originó lo que se llamó imperialismo económico, fenómeno ya reconocido en 1970 aunque su auge tendría lugar en los 20 años siguientes. Esta expansión no la determinó ningún viento imperante. La determinó el potencial de la teoría del comportamiento racional para explicar otros fenómenos, incluyendo fenómenos que eran estudiados en ciencias políticas y que originó contribuciones importantes a estas ciencias.
      Nunca he leído una contribución científica de Stern y sólo he sabido de su carrera como economista asesor. Te agradeceré me refieras a algún trabajo de Stern que me permita entender mejor la historia de la economía neoclásica.

  • Comparto la fascinación que Jose Luis Sampedro provoca en quien le lee o le escucha, o, como en mi caso, le disfrutó durante todo un curso. También una cierta decepción cuando, por diversas circunstancias, uno conoce otras facetas del personaje, no todas estrictamente académicas.

    En cuanto a la nota metodológica, es difícil no estar de acuerdo con la idea (creo que popperiana) de las proposiciones falseables. Asimismo creo que el debate sobre el empleo de matemáticas en economía está, desde hace mucho, superado; aunque por mi lejana experiencia docente, hay que ser muy cuidadoso con la explicitación de los supuestos y el significado ECONOMICO de las conclusiones, pues mucha gente se “engancha” con los desarrollos matemáticos-especialmente adictivos son los gráficos- y al final se olvida de que estamos analizando un problema económico, no una partida de ajedrez.

    PS.
    En descargo sobre la supuesta obsolescencia de Sampedro debe considerarse que “su especialidad” era la Estructura Económica-que, en la época, era todo un nuevo enfoque de la Economía y no el estudio de una economía concreta como parece ser ahora, especialmente tras los escritos de Tamames y Gª Delgado- y no la Teoría Económica

  • Veo que es este un blog muy especializado, pero creo que es compatible saber de economía con no llamar "posiciones" a lo que en español denominamos cargos o empleos, y con no ofender la vista del lector escribiendo cosas como "es por ello que", expresión que, hace décadas, cualquier bachiller habría reconocido como incorrección gramatical. Lo que quiero decir es que la buena prosa sí es un argumento (el mejor de todos) y que la mala desluce cuanto se diga, incluso teniendo algo de razón.

    • LuisaGC, gracias y tienes toda la razón, la una es un galicismo y la otra un anglicismo. Son muchos años fuera y muy poco tiempo para escribir estas cosas. En fin, corregidos están. Pero que la prosa es el mejor argumento … tampoco.

      • La forma expresiva conocida como "que galicado" no es frecuente en gran parte de la península pero resulta muy habitual en América donde en absoluto tiene connotaciones negativas y es de uso cotidiano entre catalanes cuando se hablan en español. Hay formas preferibles pero ambas son correctas.
        El español y el inglés han crecido tanto en relación a otras ramas del occitano y del provenzal porque han sabido irse adaptando, sumando y uniendo en vez de limitando. De hecho el inglés actual engloba a efectos prácticos dos idiomas, el de raiz latina y el sajón.

        http://forum.wordreference.com/showthread.php?t=2002238&highlight=que+galicado

      • Querida Luisa GC

        Creo que ves pocos bachilleres de "hoy en día", que no saben ni prosa, ni verso ni nada.... En cualquier caso yo no espero de este blog leer a García Marquez sino un poco de contenido. Sigo pensando que JL Sampedro es un grande de la Literatura.

  • hola a todos

    Cierto es que ser el autor de La Sonrisa Etrusca te da pasaporte para casi todo. Don JL Sampedro se merece el Don sólo por eso y para siempre. Las conversaciones del abuelo y del niño son mucho más emocionantes que otros muchos otros miles de páginas escritos por otros tantos autores no tan geniales. Sin embargo, ser un genio en Literatura (sí con mayúsculas) no tiene nada que ver con ser bueno (ni mucho menos un genio) en cualquier otro dominio de la vida.

    La vida es así. Ya quisiera yo haber escrito 1 sola página de semejante Obra.

  • Quizá la imagen final sobre trenes y jamelgos en direcciones opuestas no sea una preconcepción sesgada. Quizá sea una hipótesis digna de consideración dada la evidencia histórica acumulada. Lo dejo en quizá.

  • Pregunta de ignorante: ¿qué se supone que estudian los "economistas no convencionales" y por qué se supone que están "marginados" (como da a entender el Sr. Sampedro)?
    Gracias

  • Tano,

    Yo veo validez en el comentario principal de JL Sampedro.

    A modo de ejemplo, podrías decirnos el título del job market paper de los candidatos que entrevistastes, y cómo van a suponer un excedente de utilidad para alguna otra persona que ellos mismo y quienes atiendan sus seminarios como recreación intelectual?

    Y no pongo en duda la brillantez de estas personas. De hecho si son entrevistados por Columbia GSB, tienen que ser brillantes.

    Gracias por el post.

  • Un conocido mio fue discípulo de un jovencísimo Sampedro y, según me cuenta, por aquel entonces ya estaba instalado en lo literario y lo "crítico" (nótense las comillas y el verbo "instalado") más que en el mainstream. Con lo que me da la impresión que por muy brillante que fuera, difícilmente podía criticar con conocimiento lo que ignoraba, no por incapacidad, sino por prejuicio. Escrito todo con afecto, por supuesto.

  • Quasimontoro, por qué tienes esa opinión de Sachs? Siempre he admirado a los economistas de nivel que optan por " ir mucho más allá de la elegancia de los modelos matemáticos y ... ayudar a toda aquella gente a salir de la terrible situación en la que vivía." Lo pongo entre comillas porque es lo que dice Sala i Martí (otro de la Columbia, la verdad Tano que tiene que ser un privilegio trabajar allí, además de un indicador de vuestra calidad profesional) de cuando Sachs le contrató para ir a Bolivia y "por primera vez vio la pobreza y miseria de verdad".

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