¿Por qué seguimos votando a partidos corruptos?

 

alcalde-granadaEl largo ciclo electoral que hemos vivido, desde las elecciones europeas de 2014 hasta las nacionales del 26J, parece haber confirmado que en España, los partidos y políticos corruptos apenas sufren desgaste en las urnas. Es cierto que en las elecciones municipales y autonómicas de 2015 los partidos que gobernaban regiones devastadas por la corrupción como Madrid o el País Valenciano perdieron poder, total o sustancialmente. Pero pese al escándalo de los EREs, el PSOE pudo mantener sin muchos problemas su control de la Junta de Andalucía, y pese a sonados casos como la trama Gürtel, los papeles de Bárcenas o el uso de dinero negro para renovar su sede, el PP vio crecer su apoyo electoral en las últimas elecciones generales. Quizá el caso más paradigmático fuera el de Granada (en la foto), cuyo alcalde fue detenido por la policía acusado de corrupción. Dos meses después, el 26J, su partido, el PP, subió cinco mil votos en comparación con el 20D.

Los investigadores sociales, y los politólogos en particular, han intentado probar si este desolador paisaje es real o una ilusión producida por casos tan "curiosos" como el de Granada. La pregunta es importante el voto retrospectivo es uno de las principales mecanismos de rendición de cuentas a disposición de los ciudadanos. Sin él, las instituciones pueden permanecer gobernadas por políticos incapaces, cleptócratas o proclives a elegir políticas ineficientes. El falta de castigo electoral a la corrupción es tan preocupante que este blog ya dedicó varias entradas (esta y esta) a estudiarlo.

Lamentablemente, los datos parecen confirmar que las consecuencias electorales de la corrupción en España son más bien modestas e insuficientes para desbancar del poder a los corruptos. Pero esta fotografía es más compleja por varias razones. Una de ellas es que el tipo de escándalo importa. Como demostraban Gonzalo Rivero y Pablo Fernández-Vázquez a nivel municipal en este interesante artículo, cuando esa corrupción enriquecía al cargo electo (por ejemplo, por malversación de fondos públicos) en vez de al municipio (por ejemplo, por recalificación de suelo), el castigo electoral sí se producía. Esto nos ofrece una primera explicación para la continuidad del apoyo electoral a partidos corruptos: Los votantes mantienen a políticos facinerosos (como diría el más grande de todos ellos) porque estos les ofrecen a cambio políticas que les favorecen.

Esta conclusión se desprende también de un artículo recientemente publicado por Kostas Matakos y Dimitrios Xefteris quienes utilizan la revisión de las cuentas públicas griegas realizadas por Eurostat en 2010 como experimento natural. El gobierno del conservador Nueva Democracia (ND) había ocultado sistemáticamente la dimensión del déficit público y lo estimó en el 5%. En realidad era del 15.5%. Matakos y Xefteris argumentan que esto supuso un shock informacional que convenció a los ciudadanos de que el dinero público ya no iba a fluir por las redes clientelares mantenidas por los dos grandes partidos, ND y PASOK. Utilizando datos de las elecciones regionales de 2010, demuestran que el apoyo al bipartidismo griego cayó más en aquellas regiones con un mayor peso del sector público. Uno de cada seis votantes que votaron por partidos alternativos vivía en alguna de estas regiones.

Un aspecto muy interesante de su argumento es que esa fragmentación del voto no puede deberse a que los ciudadanos confiaran en obtener más patronaje de estos nuevos partidos, porque su conexión con el gobierno central, clave para la lubricación de las redes clientelares, era mínima. La razón parece más bien ser que cuando el grifo de dinero público se secó, los votantes se vieron "liberados"  de su dependencia, de su rol de clientes, y decidieron su voto por motivos puramente ideológicos. Sería muy interesante evaluar la importancia de este mecanismo en España, porque las conclusiones de este estudio sugieren que la irrupción de nuevos partidos en numerosos ayuntamientos el 25M de 2015 pudo deberse a la austeridad presupuestaria post-2012, y que esta irrupción tal vez revierta cuando los flujos de dinero público o el mercado inmobiliario repunten de nuevo.

Aunque triste, esta razón para el apoyo a políticos corruptos entra dentro de lo razonable para los economistas porque se basa en transferencias monetarias, preferencias y trade-offs. Pero existe una segunda explicación mucho más desasosegadora: Los votantes hacen la vista gorda a la corrupción de políticos afines por lealtad de grupo, porque comparten con ellos una identidad. Para colmo, la lealtad grupal tiende a reforzarse en situaciones de competición (como comentamos aquí), como, por ejemplo, una campaña electoral.

En un interesante artículo, Eva Anduiza, Aina Gallego y mi colega en la UB Jordi Muñoz, apuntaban la importancia de esta explicación. Utilizando encuestas online, observaban que los votantes son mucho más permisivos con las corruptelas de los políticos del partido al que se consideran más próximos. La clave parece estar cómo se evalúa la información sobre un escándalo cuando el político implicado as afín o no. Cuando lo es, se atribuye una menor credibilidad a las informaciones sobre el caso. Este efecto resulta ser más severo entre los ciudadanos menos sofisticados y educados políticamente.

Esta hipótesis parece verse confirmada en un reciente artículo de Héctor Solaz, Catherine De Vries y Roosmarijn De Greus que presenta evidencia de dos estudios, uno empírico y otro experimental. El estudio empírico aprovecha la publicación de los papeles de Bárcenas el 31 de enero de 2013. En esas fechas se estaba realizando en España el muestreo de la sexta ola de la Encuesta Social Europea. Los autores utilizan este tratamiento para comparar las respuestas de los encuestados antes y después del 31 de enero usando una estrategia diff-in-diff. Observan que el apoyo al gobierno disminuyó en cinco puntos debido al escándalo, pero que esta reducción se produjo sólo entre los encuestados que no se identificaban como simpatizantes del PP. Entre los que sí lo hacían, la reducción de apoyo fue insignificante.

Como bien indican los autores de este trabajo, este resultado puede deberse al trade-off mencionado. También podría deberse a la idiosincrasia de los votantes españoles: un relativamente menor nivel de estudios y una menor cultura democrática debidos al desmoche cultural de la Guerra Civil y a cuarenta años de dictadura.  Sin embargo los resultados del segundo estudio sugieren que no es así. En una serie de experimentos de laboratorio realizados en Reino Unido, los autores asignaron los participantes en dos grupos utilizando el llamado Paradigma del Grupo Mínimo, por el cual se genera una identidad irrelevante, como por ejemplo si te gusta más Klee o Kandinsky. En el tratamiento de control los votantes recibían información sobre una auditoria hecha de forma aleatoria sobre la gestión del participante elegido para actuar como político. En un segundo tratamiento, los votantes recibían además información sobre la identidad del candidato (si le gustaba Klee o Kandinsky). Los resultados muestran que los votantes tienden a votar a políticos de su mismo grupo, que castigan a aquellos que malversan fondos, pero no lo hacen cuando comparten identidad con estos.

Es importante distinguir entre las dos mencionadas explicaciones del voto a partidos corruptos porque sus implicaciones normativas son diferentes. Si la explicación es un trade-off entre corrupción y políticas, la información creíble sobre el desempeño de los representantes podría tener un impacto sobre el voto. Si la razón es lealtad de grupo, de poco servirá esa información porque los ciudadanos la procesarán de forma selectiva. También el comportamiento de los candidatos diferirá: en un caso, deberán hacer promesas electorales creíbles. En el segundo, les bastará invocar conceptos identitarios y convertir la elección en un "nosotros contra ellos."

Hay 10 comentarios
  • Que la corrupción es un grave problema de este país, es un hecho constatado. De ahí la idoneidad del post. Dos comentarios:

    1. En esta línea cabe destacar también el rol que los medios de comunicación tienen para la difusión de los casos y, consecuentemente, el efecto sobre los votos, como hicieron Costas-Pérez et al (2012). (Costas-Pérez, Elena & Solé-Ollé, Albert & Sorribas-Navarro, Pilar, 2012. "Corruption scandals, voter information, and accountability," European Journal of Political Economy, Elsevier, vol. 28(4), pages 469-484.)

    2. En cuanto a la hipótesis de lealtad y sesgo ideológico, quizás el trabajo de Jiménez y García (2016) sustente esa afirmación: la corrupción local penaliza mínimamente al PSOE mientras que para los municipios corruptos del PP aumenta. (Jiménez, J.L. y García, C. 2016. Does local public corruption generate partisan effects on polls? Crime, Law and Social Change)

    En cualquier caso, los resultados de los trabajos generan preocupación entre los ciudadanos honrados.

  • Parece que el titular es un tanto tendencioso. A diferencia de lo que ocurre en el experimento citado en el artículo, los políticos corruptos no terminan presentándose a las elecciones. Luego lo que se cuestiona es por qué los votantes eligen a candidatos sin imputación judicial a los que se tacha únicamente de ser compañeros de otro que sí está en esa situación.

    La cuestión sería, creo, conocer hasta qué punto el clientelismo, que al fin y al cabo es la fuente de la corrupción política, es un valor consolidado en las sociedades democráticas. En España actualmente no hay partidos con representación parlamentaria que declaren expresamente su intención de eliminar la discrecionalidad en la contratación pública, por ejemplo. De modo que es sólo cuestión de tiempo que algún cargo de esos partidos termine salpicado por algún caso escandaloso.

    La ley podrá no legitimarlo, pero las sociedades europeas han funcionado así desde mucho antes de que la Ilustración lo declarara inaceptable. Por lo que no es de extrañar que conductas muy asenadas derivadas de herencias culturales ancestrales no terminen de ser erradicadas por las leyes establecidas al efecto. Sobre todo si tales leyes tampoco se elaboran con la firme voluntad de combatirlas. Supongo que ese es el quid de la cuestión. ¿Cuanto puede luchar contra la corrupción un estado cuyos ciudadanos tienen en el clientelismo un referente habitual de su relación con el estado?

  • Me ha resultado muy ilustrativa la confesión del autor del artículo sobre qué le resulta, como economista, "razonable" (tolerar la corrupción porque te "unten") y qué le resulta "desasosegador" (tolerar la corrupción por motivos ideológicos). El economista, como científico, debería sentirse "desasosegado" más bien hacia las prácticas de aquellos de sus colegas que hacen la vista gorda (¿por motivos ideológicos, o por "trade-offs"?) ante los datos empíricos que muestran la relativamente escasa importancia de las motivaciones "meramente económicas" en los agentes de carne y hueso, que son, al fin y al cabo, los que las ciencias sociales, incluida la economía, deberían investigar.

    • Muy interesante reflexión Jesús, a la par que deprimente. La verdad es que es tremebundo los tics que han/hemos adquirido los economistas.

  • El voto económico egotropico (Marta Frailte, et al. ) explica al 100 % el fenómeno del voto a partidos corruptos (o lo que sea que hagan, hundimiento del país incluido). Dicho brevemente: si a mi me va bien (mi rentas suben, se mantienen o bajan un poquito) ergo el partido que esta gobernado es cojonudo. En ciertos períodos los partidos no son, en absoluto, cojonudos pero las capacidades de cálculo racional de los agentes individuales sobre área económico-social son las que son: nulas.

  • Entre otras regiones devastadas, además de Andalucía, Madrid y la Comunidad(t) Valenciana (País Valenciano no es su denominación oficial, como no lo es Reino de Valencia, aunque ambas aparezcan en el preámbulo de su Estatuto de Autonomía) podría haber incluido Cataluña. A fin de cuentas, tiene el mayor peso en el PIB de España, un partido que fue hegemónico asediado por la corrupción (y con sus sedes embargadas judicialmente) y que sin embargo sigue en el gobierno precisamente por haber invocado el concepto identitario de nosotros contra ellos.

  • Estupendo artículo y estupendas referencias. Muchas gracias al autor.

    No sé si existen reflexiones parecidas sobre la rentabilidad o el coste electoral del endeudamiento público excesivo... cuestión que quizás tiene quizás ciertos paralelismos con el "coste económico" de la corrupción por cuanto sus "costes" permanecen ocultos al elector, hasta que repercuten en la carga impositiva, tiempo después.

    A este respecto, y como simple apunte, es de agradecer que datosmacro publique los datos de deuda junto con los tiempos de gobierno de los partidos.

    http://www.datosmacro.com/deuda/espana/municipios/madrid/madrid/rivas-vaciamadrid

  • Hay que tener en cuenta el grado de corrupción de la ciudadanía y el tipo de votante del partido, si considera lícito engañar y robar al Estado.
    No podemos esperar mucho castigo por parte de un comerciante acostumbrado a defraudar. Fuera de Catalunya no sé, pero aquí el pequeño comerciante es muy comprensivo con las corruptelas de sus elegidos, porque, aunque en menor medida, participa de ellas.
    Y también hay que tener en cuenta el amor por el país y por su futuro. ¿Cómo se siente el hijo de un agricultor, que después de pagar una mordida, el terreno de sus ancestros ha subido el 1000%, y de una tacada y sin trabajar ha sacado más que trabajando 5 años?
    ¡Pues agradecido!
    A ese no le vayas con milongas llenas de moral, porque ya está pensando cómo enreda a su tía para que le venda el terreno agrícola, pagar otra mordidita y así poderse comprar el BMW y vivir del cuento un par de años más.

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