Moneda, sí, ¿pero social?

870x489_sol_violetteHace unas pocas semanas,el Ayuntamiento de Barcelona anunció su propósito de lanzar en 2017 una prueba piloto sobre moneda social en la que participará un millar de familias del Eje Besós, uno de las zonas más desfavorecidas de la ciudad. Esta moneda será digital y su propósito será, en palabras de sus impulsores, favorecer “la activación social y económica del mercado local.” En función de los resultados, se planteará su implantación en toda Barcelona en 2019.

Tras el anuncio, nuestros comentaristas más liberales no tardaron en lanzarse a criticar la propuesta, agitando a menudo el repertorio de fantasmas habituales. Se trajo a colación desde la Ley de Gresham (como si Ada Colau fuera una sátrapa romana empeñada en devaluar el sestercio) hasta la hiperinflación de Zimbawe pasando por las inevitables referencias a Venezuela. El País incluyó en el titular de su noticia al respecto una referencia a la supuesta desaprobación del Banco de España hacia la medida; si a tan emérita e infalible institución la cosa no le gustaba, la cosa no podía ser buena, venía a decir. Pero estos y otros “hombres de paja” agitados contra la propuesta (Juan Torres hizo un muy buen análisis de ellos) olvidaban que las monedas locales se utilizan no en Caracas o La Habana, sino en ciudades tan “respetables” como Nantes, Toulouse o Bristol; olvidan que las transacciones en moneda local (el Wir) representan el 2% del PIB de Suiza; y olvidan que en Estados Unidos ha habido casi un centenar de iniciativas similares (volveremos más tarde sobre ellas). A todo este guirigay contribuyó sin duda una estrategia de comunicación poco diestra del consistorio barcelonés que no dejó claro desde el principio si se estaba proponiendo una moneda avant la lettre o una simple puesta en circulación de IOUs, es decir, de deuda que el ayuntamiento usaría para pagar salarios o hacer transferencias y que recordaban demasiado a la funesta experiencia de los “patacones” en Argentina.

¿En qué consiste?

Afortunadamente, hace solo unos días Lluís Torrens, Director de Planificación e Innovación del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona, salió al trapo y publicó un muy interesante artículo en el que además de explicar, hasta donde está definida en esta etapa inicial, en qué consistirá esta moneda social, explicaba de forma muy didáctica las tipologías y características habituales de estas iniciativas. Así que una vez pasados los días de desinformación, y pinchado el globo de la indignación barata, podemos evaluar sin apriorismos y desde la economía la propuesta de una moneda social en Barcelona. Para los que no quieran detenerse a leer o lleven prisa puedo avanzarles mi conclusión, que es similar a la de Tim Harford al respecto: No veo que la medida vaya a tener muchos costes pero tampoco muchos beneficios, al menos en el ámbito “social,” entre los menos favorecidos.

Gracias a la excelente descripción de Torrens. sabemos que la moneda que se plantea probar en Barcelona será digital y de circuito cerrado. Es decir, como ocurre con la Bristol Pound (que no es digital), se podrá comprar con ella en los comercios adheridos al sistema. Estos comercios asimismo podrán pagar a sus proveedores que también estén adheridos e incluso abonar con ella parte de los salarios de sus trabajadores que así lo quieran. La moneda se introducirá, como ha sucedido en otras ciudades, mediante una compra del ayuntamiento (en este caso financiada con los fondos del proyecto europeo Urban Innovative Action). Es decir, el consistorio depositará en una cuenta un importe en euros idéntico al importe de laies (que es así como llamaré a este nuevo dinero en honor al nombre íbero de la región barcelonesa), que estarán así respaldados con moneda de curso legal. Como explica Torrens en su artículo, los beneficiarios de distintos tipos de rentas de garantía de ingresos podrán, "a cambio de realizar diferentes políticas de inclusión social (formación-ocupación, empresa social, acciones para la  comunidad, reforma de la vivienda para permitir alquilar habitaciones, etc.),” cobrar parte de ellas en esta “moneda social.” Quedan por establecer o aclarar dos elementos importantes: Primero, si la transformación de laies en euros llevará algún tipo de comisión, que suele introducirse para estabilizar la masa de la moneda local, y si la moneda tendrá una tasa de oxidación, es decir, si podrá perder parte o todo su valor cuando haya transcurrido un tiempo desde la última transacción realizada con ella. Esta tasa se utiliza para aumentar la velocidad de circulación de la moneda local.

Evaluación

Después de esta –discúlpenme por larga- introducción podemos pasar a evaluar los efectos económicos de la propuesta. Empecemos por suponer que no hay entrada adicional de esta moneda debido a ayudas o garantías de renta sino que simplemente se sustituye parte de la masa de euros de la ciudad por laies. Después analizaremos qué sucedería al relajar este supuesto.

Existen dos elementos que debemos combinar. Primero, cuántos y qué tipo de comercios se adherirán al circuito. Torrens habla en su artículo de impulsar el comercio de proximidad y las relaciones de proveedor “de kilómetro 0.” Es cierto que resulta difícil creer que las grandes superficies querrán aceptar que una parte de su caja diaria sea en esta moneda, menos aún si hay comisión por cambio al euro: Sus proveedores no son locales y sus trabajadores pueden provenir de otros barrios (si hablamos de la prueba piloto en el Besós) o de fuera de Barcelona (si se implanta a nivel de toda la ciudad). Por tanto van a ser el pequeño comercio y las transacciones locales quienes se beneficiarán de esta moneda. Por supuesto, si aumenta el valor de la actividad local, esto será en detrimento de otra, es decir, de la actividad en establecimientos no adheridos.

Es aquí donde llegamos al segundo elemento: si la cantidad de dinero local que los consumidores y empresas tendrán en sus bolsillos será inframarginal o no. Es decir, si será inferior a la cantidad que ya gastan en los comercios o proveedores que se adherirán al circuito. Si la cantidad de laies no es inframarginal, los consumidores redirigirán sus transacciones a los establecimientos donde puedan usar esa moneda y que suponemos que serán de proximidad. En el caso de la prueba piloto o en el de ciudades pequeñas como Santa Coloma de Gramanet (donde se lanzará una moneda similar) esto es más probable. En cambio, si la moneda operara a nivel de toda Barcelona es más probable que la cantidad de laies sea inframarginal, especialmente en el caso de personas con rentas medias o bajas y empresas pequeñas, cuyo patrón de consumo es de corte más local y cuya demanda de bienes importados (o mejor dicho, de fuera del circuito) es menor.

Supongamos ahora que se añaden laies a la masa monetaria en Barcelona a través de (una parte de) las rentas de garantía de ingreso o de gasto público social. La pregunta clave es si no sería una idea mejor otorgar estas ayudas solo en euros. La respuesta es conocida: La canalización del gasto social es atractiva al gobernante porque le permite alcanzar sus objetivos pero no lo es para los perceptores, que en este caso preferirían cobrar en euros porque no están atados a ningún patrón de consumo ni se oxidan. La razón evidente para pagar en laies es canalizar el gasto en la economía local. Existe probablemente una segunda razón política: en una época tan propicia como la nuestra a la demonización de los perceptores de subsidios y ayudas sociales, que estas rentas conlleven aparejada una cierta obligación de ser gastadas a nivel local las hacen más aceptables para la población en general.

Balance

Terminemos haciendo un balance. Creo que los beneficios de las monedas locales existen y son menos difíciles de medir de lo que se cree: Por ejemplo, sabemos que el valor de los inmuebles está correlado con el nivel de actividad comercial “de proximidad.” Que el pequeño comercio cuente con una base leal de clientes puede acolcharles de shock negativos que, como hemos visto en la reciente crisis, pueden restringir severamente su acceso al crédito. Pero sería tonto negar que la mayoría de los potenciales beneficios de esta moneda local –un mayor sentido de comunidad, más solidaridad, más cercanía- parecen nebulosos desde una perspectiva puramente económica. Esto puede hacer que los despreciemos o los consideraremos de segundo orden. Y sin embargo tenemos un nombre para ellos: capital social. Un mayor volumen de transacciones y relaciones locales puede contribuir a aumentar el capital social que, como sabemos, es positivo para el desarrollo económico.

En cuanto a los espejismos de la medida: El evidente es que se está apostando por un modelo específico de ciudad que –ahí no me meteré- puede tener sus desventajas (el capital social también tiene un reverso tenebroso). En segundo lugar, aunque el laie pueda fomentar la prestación de servicios entre particulares (que podrían encontrar en él un medio de pago tan conveniente como el uso de Swish en Suecia), cuesta creer que este aumento de actividad local pueda tener un efecto positivo relevante sobre el empleo local. De hecho, y pese a que se le llame “moneda social,” no hay en el artículo de Torrens una sola mención a que este nuevo dinero vaya a servir para reducir la pobreza o a aumentar el bienestar de los hogares de renta baja. También existe evidencia que muestra que las monedas locales en Estados Unidos tienden a emerger en municipios con mayor pobreza y desempleo, pero perduran en los de población más joven y educada. Por tanto es posible que la moneda barcelonesa no llegue a ser adoptada de forma estable por aquellos a los que se dirige.

En cuanto a sus costes, se ha señalado de forma sensata que esta moneda puede llevar a una subida deprecios en los comercios adheridos. La identidad de Fisher (que por cierto apadrinó una moneda local de gran éxito durante la Gran Depresión) nos dice que un aumento de la masa monetaria local llevará a un aumento del valor de las transacciones, especialmente si hay una tasa de oxidación que aumente la velocidad de circulación. Ese aumento de valor puede producirse a través de la cantidad pero también de los precios. No he encontrado sin embargo ninguna evidencia de que en otras experiencias se haya dado este fenómeno inflacionario. Probablemente porque el circuito de moneda social no es cerrado por completo. Sus clientes no perceptores de ayudas pueden comprar fuera y dentro y por tanto estos establecimientos están sometidos a la competencia. Podrían, es cierto, crear sistemas de precios paralelos (en euros y en laies), pero esto además de impopular, y quizá ilegal, puede regularse en las condiciones de adhesión y es costoso para los negocios; al fin y al cabo no vemos sistemas de precios paralelos en euros y cheques restaurante. En mi opinión los costes potenciales que no debemos ignorar son dos. Uno el asociado a la  administración y gestión de la moneda y sus cuentas asociadas, que en el caso de Bristol no son desdeñables, 50p por cada libra inyectada en el sistema. Otro problema es el de quiénes serán los beneficiarios del trasvase de transacciones que se producirá. Creo que esta crítica que se ha hecho a la propuesta barcelonesa sí está bien dirigida: Sería deseable que no se limitara (o dirigiera) desde el consistorio qué establecimientos podrán adherirse para asegurarnos de que no se está beneficiando a grupos concretos y “cercanos.”

Hay 18 comentarios
  • Interesante ... Cuando el Ayuntamiento de Barcelona page con moneda local podemos medir todos sus beneficios en la tasa de intercambio que se genere entre Monde local y Euros ..

    • Y, también, sobre todo cuando acepte cobrar en su moneda. Si no la quieren ni ellos...

  • Es muy de alabar todo el esfuerzo que has hecho para explicar todo el entramado, pero conociendo al percal, la respuesta la das en el último párrafo y tiene un nombre muy simple: clientelismo. Eso es todo que diría el poeta.

  • ¿implantar una moneda propia para incentivar el consumo local no tiene el mismo efecto que reducir las compras/"importaciones" de bienes denominados en euros? ¿sería similar al impacto de un arancel?

  • Santiago, gracias por la entrada y el tono. Solo un par de aclaraciones. 1. El modelo no está cerrado, aunque está claro que para empezar no vamos a jugar a aprendiz de brujo, aun a a costa de no desarrollar todo su potencial innovador, al fin y al cabo Barcelona será la mayor ciudad europea que desarrolle una moneda social con apoyo público. 2. Respecto a la competencia, el proyecto de Santa Coloma ya solicitó un informe a la Autoridad Catalana de la Competencia que dictaminó que el sistema debía estar abierto a cualquier comercio que decidiera adherirse (aunque no fuera del municipio). Respecto a la devaluación con el euro contamos con al menos tres posibilidades mlas allá de la confianza que oueda generar la moneda con su uso continuado en eso la ley de Gresham ayuda, no perjudica) . a) acuerdos contractuales que impidan doble tarifa euros-moneda local (como hace el sistema RES); b) que el ayuntamiento permita que se le paguen impuestos, tasas o precios públicos en moneda local como hace Bristol; y c) que la moneda local madure y se pueda canjear por euros en el futuro (sin penalización, con penalización fija o con penalización decreciente en el tiempo).

    • De momento, todo apunta a un despilfarro del dinero público.

      ¿Cuales son los objetivos *concretos* que se buscan con la introducción de esta moneda? Por lo leído, parece que se trata esencialmente de fomentar el comercio local.
      Lo que falta, y es preocupante, es que no se han ofertado explicaciones para demostrar que la introducción de esta moneda es la herramienta adecuada para lograr estos objetivos.
      Luego, antes de hacer reuniones de todo tipo sobre como introducir y gestionar esta moneda lo primero sería de hacer evaluaciones de experimentos similares (Toulouse, Bristol, etc.). No hablo de evaluaciones para ver si funciona bien, si no de evaluaciones respeto a los objetivos: permiten alcanzar los objetivos?

      Si la gente compra cada vez menos en el comercio local será que el comercio local no ofrece algo que el "comercio lejano" ofrece. ¿No sería más inteligente buscar medidas que dan más ganas a la gente comprar en el comercio local? De hecho, la Unión Europea lleva muchos años desarrollando programas para ayudar el pequeño comercio (local) a "ponerse al día" para competir mejor contra la gran distribución.

      Comprar local porque he recibido una parte de mi presupuesto en Laies (o Colaus) y no lo puedo gastar en ningún otro sitio es un poco forzar las decisiones de la gente. Si la izquierda defiende tanto la noción de libertad, ¿porque reducir la libertad de la gente a la hora de decidir que compran y donde compran?

  • No acabo de entender las ventajas respecto a la alternativa de pagar en euros:

    * Para quienes "cobran" en laies , tiene desventajas puesto que puede acceder a menos bienes y servicios que con euros.

    * Para los comercios que se adhieran ninguna que no resulte en una desventaja similar para los que no se adhieran.

    * Para el Consistorio ninguna "de primer orden" puesto que no podrá aumentar el volumen total de rentas de garantía de ingresos (no "emite" moneda). Las ventaja, en realidad, es "canalizar" hacia el comercio local parte de sus pagos que, si tuvieran libertad de hacerlo, se irían a compra en comercios no adheridos (o a ahorro).

    La medida es, por tanto, una subvención (no muy encubierta) al comercio local y es en esa "dimensión" donde habría que juzgarla: ¿se debe subvencionar el comercio "local"? (con una definición de "local" que depende de la extensión de la medida), ¿es la forma más eficiente/eficaz de subvencionar el comercio local o solo la más "vistosa"?.

    Parecería más sensato, por ejemplo, cobrar impuesto pigouvianos: peajes urbanos, impuestos en la gasolina, que al internalizar los costes del transporte (emisiones, congestiones, etc...), ayuden de forma más proporcionada y menos arbitraria al comercio local.

    Claro que esa medida tendría otro "aspecto político". No creo que haya sido un análisis de coste/beneficio (económico digo, no político) lo que haya llevado al ayuntamiento de Barcelona a adoptar una medida y no otra.

  • Y sí, es curioso que se llame "social" a una medida que, en realidad, reduce la utilidad de los perceptores de "rentas de garantía" ... ¿marketing?

  • Basándome en lo que dices y en lo que sé:
    - 50p de gastos de genstión por libra introducida (no me los esperaba tan altos!)
    - no beneficia a los más pobres (sobre esto hay consenso)
    - Atención a qué tipo de negocios locales se beneficia. Por ejemplo, cojamos Sta Coloma, ciudad que mencionas. Una ciudad con una comunidad de origen chino y paquistaní impresionante (sólo hay que ir al barrio de Fondo.) Los PEQUEÑOS negocios de esta comunidad no muestran ningún interés por esta moneda, además de porque les resulta extraña porque seguramente tienen proveedores mayoristas que no la van a aceptar. La moneda local entrará en conflicto con las políticas de integración del Ayuntamiento, porque beneficiará a negocios con otro tipo de propietarios en detrimento de los primeros. No tengo datos pero sí testimonios de profesionales en el campo que así lo predicen.
    Pues no sé, no lo acabo de ver claro...

  • Para un vendedor, cobrar el Laies (o Colaus) es interesante si puede pagar sus proveedores (y empleados) en esta moneda, o si se puede canjear en euros (muy) fácilmente (lo que implica, entre otras cosas, sin costes). Al no ser así se quedarán con cantidades de esta moneda que no se podrá utilizar.

    Al nivel fiscal tampoco está muy claro. ¿Quien pagará el IVA para una transacción hecho en Colaus? No me sorprendería si la ley establece que tiene que ser el vendedor quien pague el IVA (y no una tercera persona como el ayuntamiento).

  • No entiendo esto

    ¿Cuál es el objetivo exacto de esto? Sinceramente no entiendo nada.

    Introducir una moneda con interés negativo (aquí se llama tasa de oxidación) puede estimular el consumo, pero siempre que pueda será sustituida por euros. Porque, se tendrá que poder sustuir, si no, ¿cómo van a pagar los comerciantes a sus proveedores? ¿Habrá entonces, penalización en el pago?

    No veo un planteamiento coherente

  • Interesante artículo. Y España tiene unos 8000 municipios. ¿Qué pasaría si todos y cada uno de ellos, o uno de cada ocho, decidiera emitir su propia moneda local, social, natural, inmaculada o como quieran llamarla?

    • Pues que se reduciría el paro significativamente, eso pasaría: 1,000 municipios (uno de cada 8), en cada uno de ellos 5 áreas y en cada área un responsable de innovación son 5,000 nuevos puestos de trabajo ... ahí es nada: 9 millones de horas hombre año de "empujón a la creatividad".

      En el municipio de Barcelona en particular siempre queda la duda de si el Director de Planificación e Innovación del área de Derechos Sociales se coordina con la Gerencia del Area de Empresa Cultura e Innovación (donde, a pesar del nombre, no hay una dirección de innovación) y/o con el Area de Planificación Estratégica donde sí hay un Comisionado de Innovación ... si te olvidas un día tus tarjetas en casa ¿puedes coger las de cualquier otro compañero?, después de todo, el 50% de ellas lleva la palabra innovación, estrategia, planificación o social ....

      http://ajuntament.barcelona.cat/es/organizacion-municipal

  • Estimados,
    Me presento; mi nombre es Fernando Agra y soy un economista de Argentina. Muy interesante los comentarios vertidos sobre las “monedas sociales”. No tenía conocimiento sobre estas experiencias monetarias en Europa, ni en España y menos aún en Suiza. Nuestra experiencia en la materia, conceptualmente diferente a la de Uds. fue un fracaso como se menciona en el post: se trataba de emisiones de deuda (cartulares, de baja nominación y que replicaban el diseño de un billete) de algunas provincias (Uds. citan el “Patacón” que emitió la Provincia de Buenos Aires) que resultaban ser cuasi dinero y que intentaban transformar la restricción presupuestaria en una restricción “blanda”. El Patacón cotizaba con un descuento de mercado con respecto a la moneda de curso legal y era parte del salario de los empleados públicos y se permitía pagar con dichos instrumentos algunos servicios públicos, asegurando así cierto nivel de demanda que sostenía su “cotización”. Por último, no se contemplaba ninguna “tasa de oxidación” (a excepción, claro está de la fecha de vencimiento del bono).

    Continúa ...

  • Por lo expuesto en el blog, el financiamiento surge de un fondo europeo y entiendo que no sería un pasivo del ayuntamiento de Barcelona. Por otro lado, se trata de un monto fijo y circunscripto a cierto espacio geográfico dentro del ayuntamiento. El objetivo, es alentar la actividad dentro de ese espacio económico y que no derrame fuera de él, motivo por el cual, estimo no se implementaron asignaciones directas en Euros hacia los beneficiarios. (continúa)

    Me intrigan algunas cuestiones referidas a la “gobernanza” de la oferta de “laies” bajo el supuesto de que la emisión sea por los medios alternativos que se citan (rentas de garantía de ingreso o de gasto público social) y los posibles incentivos a “inconsistencias temporales” que se puedan presentar, además, de hasta qué punto no es posible observar una cotización de mercado de la moneda virtual o un diferencial de precios en los comercios adheridos.Una experiencia para seguir, aprender y compartir con mi alumnos del curso de “Dinero y Bancos”.

    Cordiales saludos !

  • Sería más fácil que cada beneficiado recibiera una tarjeta de débito, a la que el gobierno cargaría cierta cantidad de euros por mes, y que sólo se pudiera utilizar para comprar los productos indicados en los locales adheridos, sin poder retirar billetes. Eso evitaría tener que inventar monedas / denominaciones extrañas.

    • Sería más fácil que cada beneficiario recibiese dinero de curso legal y lo pudiese emplear para comprar los productos que estime oportuno en los lugares que considere conveniente, liberando, además, tiempo de gestión en el ayuntamiento para dedicarlo a problemas "reales".

      El "dinero" funciona razonablemente bien; no se entiende la necesidad de reinventar la rueda (o el billete en este caso).

      En cualquier caso, víctima de la inexorable levedad de las modas, la nueva moneda seguirá el mismo destino que la moneda de latón Hulleras del Turón con la que la empresa minera pagaba a sus empleados y que solo podía utilizarse en los economatos de la propia compañía.

      A veces, la innovación tiene más de noria girando alrededor del mismo ombligo que de saeta lanzada a la aventura del futuro.

  • Toda la parte histórica , para mi anecdótica, interesante, pero yendo a la realidad de la vida, en los tiempos del Euro, ¿esto tiene sentido? Costes, pocos o muchos, los habrá. La gente sensata, no va a querer la nueva moneda ni en pintura. Entonces, aparte de aplicar el viejo dicho de por qué lo vamos a hacer sencillo cuando podemos complicarlo, ¿No hay problemas suficientes que resolver y nos inventamos otro que no existe?

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