La “normalidad” en el ajuste fiscal

de J. Ignacio Conde-Ruiz (@conderuiz) y Juan Rubio-Ramírez

Esta entrada es una ampliación de un artículo publicado en el Mundo.

El año 2013 se cerró con un déficit del 6,6% del PIB, desviándose únicamente una décima con respecto al objetivo. Siendo un éxito, el dato de déficit sorprendió a muchos analistas, pues fue mucho mejor de lo esperado. El inesperado dato se debió, principalmente, a la caída intertrimestral del consumo público en cuarto trimestre anunciada por el INE que alcanzó el -3,9%.

Enseguida salieron voces acusando al Gobierno de haber jugado con las cifras. La imputación era sencilla: se habían postergado pagos del 2013 al 2014. El Gobierno se defendía argumentando que simplemente se había producido algún cambio en la forma de contabilizar algunos gastos o en los ajustes realizados por el INE. Sea como fuere, nosotros, desde el observatorio que dirigimos en FEDEA, nos pusimos manos a la obra para tratar de entender quién tenía razón, si el fiscal o el abogado defensor. Después de varias semanas de trabajo, la falta de datos esclarecedores nos impidió pronunciarnos al respecto y nos mantuvimos prudentemente al margen.

Pues bien, recientemente, hemos conocido el dato del Consumo Público del I trimestre de 2014, y como aventuraban los más acusadores, se ha producido un sorprendente aumento según el INE del 4,4%. Esto ha disparado, de nuevo, las alarmas sobre los trasvases de gasto de un año a otro. Cansados de navegar entre datos y explicaciones incomprensibles para tratar de arrojar luz a la cuestión, hemos decidido utilizar otras herramientas para discernir la cuestión.

 

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Supongamos que los datos de crecimiento intertrimestral del Consumo Público son aleatorios y normales. Como tenemos datos desde el primer trimestre de 1995 calcular la media y la desviación típica asociadas a tal distribución normal es una tarea sencilla. En concreto, el crecimiento intertrimestral medio del Consumo Público es del 0,75 con una desviación típica del 1,46. Es decir, el Consumo Público crece tres cuartos de punto al trimestre en media y es bastante volátil. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es si una distribución normal con tal media y desviación típica sería capaz de generar dos datos como los arriba destacados. La respuesta es que, tanto el -3,9% como el 4,4% no son nada normales. La probabilidad de que el crecimiento intertrimestral sea igual o inferior que al -3,9% o igual o superior al 4,4% es, en ambos casos, menor del 0,7%.

En definitiva, sin más pruebas que las aquí presentadas, podemos decir que, desde el punto de vista estadístico, estos dos datos no son normales. Este hecho, por sí mismo, no da la razón ni a unos ni a otros, pero sigue arrojando dudas sobre la credibilidad de nuestras cuentas públicas. Puede que estos datos tan poco normales se deban, tan solo, a excepcionales ajustes realizados por el INE como dice el Gobierno y el IGAE. Pero también puede que no sea así y haya habido algún trajín contable. Difícil de aclarar. Pero lo que sí está claro es que, en momentos como los que nos encontramos, cualquier falta de normalidad (y credibilidad) puede ser muy dañina.

 

Hay 11 comentarios
  • Importante preocupación la que trata este artículo. Creo que lo mejor es publicar dos datos de consumo público, con la metodología antigua y con la moderna. Así podemos enlazar las dos series. Da la sensación de que se ha pretendido aparentar menos consumo publico y déficit público en 2013, pero eso provoca un incremento en 2014. Me parece que el compromiso por la estabilidad presupuestaria es muy importante para España. No debemos tomar medidas que pongan en cuestión la credibilidad de nuestros datos, que den la sensación de que son manipulados para cambiar el calendario de las medidas de ajuste de nuestro presupuesto. La confianza en la deuda pública española dependerá, entre otras cosas, de la credibilidad de nuestros datos y de la firmeza y previsibilidad de nuestro compromiso por la estabilidad presupuestaria.
    Reciba un cordial saludo.

  • Hola a ambos,

    Me imagino que lo de pasar-contabilizar gastos de final de año a principios del siguiente para evitar que computen en el déficit del año en curso es una práctica ya habitual de hace bastantes años (me parece recordar anteriores posts vuestros al respecto).

    El traspase éste de fondos entonces debe de computar en el déficit del año siguiente (espero no desaparezcan misteriosamente de ningún computo de déficit...). Si esto es así, a no ser que año tras año haya innovaciones metodológicas que permitan aumentar el trasvase de fondos, el resultado de cómputo de déficit contable ya no debería de ser muy alejado del real, ¿verdad?. En cualquier caso, a la hora de computar el déficit real de un año, se deberían de incorporar el traspaso de fondos de final de año, y quitar-restar los fondos que viene de hecho del año anterior, ¿no?.

    Obviamente, esto no quita que estas prácticas introduzcan ruido, con todo lo que ello supone, además de ser indefendibles des de el punto de vista de transparencia y rigor en la gestión de la cosa pública.

    Saludos,

    aleix

  • Como habéis mencionado, el brusco aumento de la volatilidad es muy raro y resulta altamente sospechoso que se haya producido justamente a final de año.

    La explicación del gobierno no parece muy verosímil. Si de verdad ha habido un cambio en la forma de contabilizar algunos gastos (imputación de ciertos gastos en todos los trimestres del año en vez de cargarlos todos al último trimestre), puede tener sentido la notable disminución del gasto en el IV trimestre de 2013 . Ahora bien, el fuerte incremento del gasto en el primer trimestre de 2014 no cuadra con esta teoría. Habría que pensar en otra causa y si nos remitimos al principio de parsimonia de Ockham según el cuál "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla es la correcta" lo más sensato es pensar que el gobierno ha trasvasado gastos de 2013 a 2014.

    El enfoque que usáis es puramente frecuentista, usando un enfoque más bayesiano la probabilidad de observar unos datos tan extremos en aún menor, al tener en cuenta el trimestre concreto en el que se han producido (IV de 2013 y I de 2014 y no por ejemplo I y II de 2013) y los antecedentes de "cocina" de datos del ministerio dirigido por el señor Montoro, entre otras cosas.

    En mi opinión, hoy era día de hablar de "anormalidad en el discurso real" (real de realeza). En cualquier caso, buen artículo y esperamos una actualización del artículo cuando salgan nuevos datos.

  • Dos cuestiones:

    Creo que no cambiará los resultados pero

    a) ¿No se deberían deflactar los datos?
    b) Es un periodo bastante largo. ¿Ha habido algún cambio estructural desde 1995 en la varianza de la tasa de variación intertrimestral?

  • Hola a todos,

    Parece claro que, como decís en el articulo, ha habido algún trajín en las cuentas públicas (algún gasto correspondiente a 2013 retrasado a 2014...).

    Sin embargo, me gustaría incluir una reflexión. Si, como parece claro, el gobierno ha hecho esto este año...¿Como no lo iban a hacer el año pasado? De hecho, haciendo memoria, recuerdo las mismas discusiones en marzo del año pasado.

    Por tanto, si ya el año pasado se retrasaron gastos de 2012 a 2013, no tendría tanto efecto en el "déficit real" que se hubiesen retrasado gastos de 2013 a 2014. Otro tema distinto es que la contabilidad de las cuentas publicas sea un desorden y propia de países. subdesarrollados.

    Saludos,

    Jose

  • La última vez que se hizo algo parecido fue, aparentemente, en el paso de 2010 a 2011 (cómputo del déficit de 2010) aunque, visto el gráfico, fue varios "órdenes de magnitud" inferior. ¿Qué tal va el interanual?

    Saludos.

  • Ciertamente observando el gráfico ese 4.4% es muy raro (es el mayor con diferencia de toda la serie que se muestra en el gráfico). Pero hacer inferencias con tan pocos datos es, creo, bastante peligroso, ¿no? Lo que me gustaría saber (no se puede ver en el gráfico) es si la variabilidad ha aumentado significativamente desde la crisis.

    Saludos y gracias por su información y sus reflexiones.

  • Gracias por el intento de verificar los datos oficiales. Ojalá antes de usar datos, los economistas siempre intentaran verificar su calidad, es decir, establecer su fiabilidad. Además, no debe olvidarse que la calidad de los datos también requiere, como paso previo a su recolección, tener claro las mediciones relevantes para validar la teoría.

    En finanzas públicas la fiabilidad y la relevancia de los datos disponibles hace muy difícil evaluar la solvencia del Estado, entendida como un problema de si las políticas vigentes de gastos e ingresos se podrán mantener, o por el contrario requerirán fuertes cambios para recuperarla. Para peor, el detalle necesario para esa evaluación es tal que escapa a lo que incluso el mismo gobierno es capaz de hacer con su organización grotesca que impide la identificación y el análisis racional de cada una de las políticas (algo que sin duda no extraña a economistas formados en Public Choice).

    En más de 50 años de estudiar las finanzas públicas de Argentina, hoy nuevamente en terapia intensiva, he podido comprobar que cualquier juicio sobre las dificultades mencionadas se queda corto. Uno siempre debe estar abierto a la posibilidad de haber ignorado prácticas contables y estadísticas que hacen difícil evaluar la solvencia fiscal. Por esto mismo, aun si en un momento se puede aventurar una calificación de aprobado, se debe ser explícito sobre los peligros asociados con lo que uno considera poco cierto o simplemente dudoso.

  • El aparato estadístico utilizado no perece muy robusto, en especial la hipótesis de normalidad. Por eso podría ser conveniente publicar los datos trimestrales desde 1995 para que algún lector trate de aplicar métodos más robustos, paramétricos o bayesianos, como ya se ha sugerido. La corrección por inflación sugerida por Bentolila parece bastante conveniente.

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