De lo que no se habla: Más Fondo y Menos Formas

por J. Ignacio Conde-Ruiz el 04/02/2016

De J. Ignacio Conde-Ruiz y Juan Rubio-Ramírez

Una versión reducida de este artículo fue publicada ayer en "El País".

Desde las pasadas elecciones generales del 20-D como es natural no se discute de otra cosa que de posibles coaliciones para formar gobierno, de repartos de grupos parlamentarios, de dónde deben sentarse sus señorías en el Parlamento y muchas cosas más que al lector le pueden resultar más o menos interesantes. Las primeras planas de los periódicos están abarrotadas de fotos de los cuatro líderes políticos más populares del país. Se escriben columnas interminables sobre quién ha hablado o debería hablar con quien. Pero poco o nada se discute de qué narices deberían hablar para solucionar los problemas de los españoles. Los resultados electorales han enfatizado las formas y mandado el contenido al diván de los recuerdos.

Y el problema es que el contenido importa. Y mucho. Y de entre todo el contenido hay uno que, en nuestra opinión, resalta por encima del resto: el déficit público. Estos días hemos conocido los datos de déficit público hasta el mes de noviembre. Mientras que la nota de prensa oficial enfatiza que “El déficit conjunto de las Administraciones Públicas se reduce más de un 11% hasta noviembre, excluyendo a las corporaciones locales” pero olvida decir que será difícil, sino imposible, cumplir el objetivo de déficit marcado por Bruselas para este año. Desde hace algún tiempo venimos resaltando una herramienta que creemos útil para predecir el comportamiento futuro del déficit. El déficit sintético. Este instrumento calcula cual será el déficit hasta finales de año 2015, teniendo en cuenta los datos corrientes y suponiendo que el resto de los meses se comporten igual que el ejercicio anterior, en este caso 2014. Como tenemos datos hasta noviembre, la estimación debería ser bastante fidedigna. Pues bien, nuestro cálculos arrojan unos números rojos sonrojantes. Si diciembre del 2015 se comporta como lo hizo diciembre del 2014, es muy probable que el déficit para conjunto de las Administraciones Públicas supere el 5 % del PIB al cerrarse este ejercicio. Este dato es desolador ya que el objetivo se encuentra fijado en el 4,2 % del PIB. Es verdad que la Administración Central está cerca de alcanzar sus objetivos, por lo que es probable que el Ministro pueda sacar pecho, y como aún faltan los datos de las Administraciones Locales, los resultados podrían mejorar algo, pero es difícil escapar de la realidad: los resultados son malos se miren por dónde se miren. Y son peores aún si se posicionan en un contexto de crecimiento económico como el que nos encontramos. Crecer por encima del 3 % del PIB en tasas interanuales y tener un déficit público por encima del 5 % solo confirma algo que hemos venido diciendo desde hace tiempo y en diferentes medios. Nuestro sistema fiscal es incapaz de recaudar lo que se necesita para financiar un estado del bienestar como el que parece que quieren los ciudadanos.

Déficit Sintético

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Recordemos que nuestra deuda pública se encuentra a niveles cercanos del 100 % del PIB, por lo que si esta tendencia no cambia, nos veremos abocados a elegir entre dos soluciones muy dolorosas:  o reducir drásticamente el estado del bienestar o dejar de pagar nuestra deuda. Las consecuencias de elegir cualquiera de las dos opciones podrían ser catastróficas. El estado del bienestar del que disfrutamos no es desproporcionado cuando lo comparamos con nuestro vecinos europeos, por lo que reducirlo haría que muchos de los beneficios sociales de los que disfrutan las familias menos favorecidas de nuestra población se viesen fuertemente diezmados. El sufrimiento que esos nuevos recortes acarrearía no debe menospreciarse si tenemos en cuenta que durante la crisis partidas como la educación o la sanidad pública ya se han reducido más del 15%. Dejar de pagar la deuda nos convertiría en una “república bananera” como las que encontramos de forma asidua en Latinoamérica. No creemos que sea necesario explicar qué significa eso para el futuro de los españoles.

Para evitar tan dolorosa elección solo hay una salida. Reformar nuestro sistema fiscal. Pero no podemos permitirnos el lujo de reformarlo para recaudar menos. Debemos reformarlo para recaudar más y mejor. ¿Y qué dicen, o han dicho, los cuatro partidos mayoritarios sobre el tema? Los programas electorales de PSOE y Ciudadanos eran un sinsentido en el tema fiscal. Reconocían el agujero fiscal pero se escudaban en insignificantes retoques impositivos y la lucha contra la evasión fiscal para evitar una subida impositiva. La evasión fiscal es importante y luchar contra ella un deber, pero, por desgracia por si sola no es la solución a nuestros problemas de déficit. El PP escribió un programa bastante coherente con sus políticas. Estas niegan, por pasiva y por activa, que haya necesidad de recaudar más y por lo tanto abogan por más bajadas de impuestos. Sin duda, el programa escondía que la bajada de impuestos llevará a continuar con los recortes. Aunque a priori nosotros estamos a favor de pagar la menor cantidad de impuestos posibles, también es verdad que nos parece más importante resguardar nuestro estado del bienestar y nuestra credibilidad como país, que bajar los impuestos. El único programa que presentaba medidas encaminadas, con más o menos éxito, a aumentar la recaudación era el de Podemos. A cambio reflejaba un sinfín de medidas populistas que aumentaban el gasto exponencialmente.

De cómo adaptar y compaginar estos programas electorales es de lo que se debería estar discutiendo. Asumir que para gastar debemos ingresar, no es una elección, como algunos parecen pensar, sino una necesidad. De no ingresar lo suficiente, los déficits y la deuda se dispararán, y más pronto que tarde se tiene que elegir entre bajar el gasto de forma radical o dejar de pagar la deuda. Otros caminos no son posibles, es aritmética pura, y malgastar el tiempo en otras cosas sólo hace que el problema se magnifique y las posibles soluciones se hagan más dolorosas para los ciudadanos.

vi23 febrero 4, 2016 a las 08:18

Es descabellado proponer que las QE del BCE se implementen a través de dinero para programas orientados a un mínimo común europeo de calidad de vida/prestaciones sociales?
De esa forma se alivia una parte de los presupuestos y la próxima burbuja que se esta alimentando podría tener externalidades positivas vía mayor capital humano y menor delincuencia

damian febrero 4, 2016 a las 09:39

Una pregunta sobre el déficit:

¿Es perdonable que el ejecutivo central critique a las Comunidades Autónomas por su falta de control del déficit, cuando su déficit es mucho mayor? No es una pregunta retórica: estoy sinceramente interesado en la respuesta. Quizá el déficit de la Administración General del Estado es más incontrolable por alguna razón que desconozco (sin ironía).

pepssss febrero 4, 2016 a las 12:13

Creo que viene motivado por que las comunidades autónomas se encargan más del gasto corriente, es decir, sanidad, educación, etc. etc, gasto que por su naturaleza mas o menos estable no debería generar déficit salvo algún bache en la recaudación y la administración central es la que soporta las políticas contracíclicas gordas, es decir, pagar el paro, partida que se supone que se moderará sola con la mejora de la economía.

Eduardo febrero 4, 2016 a las 10:12

Les sigo con atención y aprendo mucho de todos ustedes y sus aportaciones a este magnífico blog. Mi enhorabuena por ello.

Sobre lo que plantean en este artículo me surge la duda que aparece siempre que se habla de impuestos ¿Subirlos no puede suponer retraer la actividad económica y con ello perjudicar la recuperación? ¿No pagamos ya demasiados impuestos teniendo en cuenta nuestros niveles de renta? ¿Qué impuestos subirían y a quién gravarían más?

Entiendo, a la vez, que no son ustedes partidarios de tocar para nada los gastos.

Un saludo y muchas gracias.

pepssss febrero 4, 2016 a las 12:18

Supongo que deberíamos centrarnos en una reforma fiscal y no en una simple subida o bajada de impuestos, por ejemplo:

– Nuestro mercado laboral da pena -> no se puede cargar más de impuestos
– Cada año vienen 60 millones de turistas -> igual un IVA un poco más alto en lo que rodea a la estancia (bares, restaurantes, salir y compras en general) sin tocar la estancia para no perder clientes ni alimentación para no ahogar a la población no sería una mala idea.

Miguel Ángel febrero 4, 2016 a las 10:40

Solo voy a añadir una cosa, si queremos que la situación financiera como pais mejore. Y nuestra dependencia del credito se reduzca, ganando autonomía económica. Solo hay un camino, reducir deuda. Para lo que solo hay un camino, recaudar más. Dado que, como bien dices, los votos parecen dejar claro que no queremos renunciar a nada más en servicios, sino más bien recuperar los perdidos.
Y si crecemos, aumentar la presión fiscal no debiese suponer un riesgo para la actividad económica o….¿Es que este modelo económico solo fucniona con un presión fiscal baja? El entorno no deja mucho margen de maniobra, fiscalmente hablando no podemos salirnos de la categoría en que jugamos, pero mi pregunta es: ¿Cuanto puede aumentarse la presión fiscal sin penalizar el crecimiento? ¿O esto no es solo un dilema económico y depende tambien de la percepción del ciudadano? ¿Inversión y grandes corporaciones son sinonimo de facilidades fiscales y “Ayudismo”? ¿Vienen a aportar y beneficiarse o solo a expoliar? Siempre tendré la duda sobre los verdaderos efectos de los incentivos fiscales. ¿Son un atractivo a la iniciativa privada o un coladero a la evasión?

patontadas febrero 6, 2016 a las 11:10

Yo sólo querría añadir otra cosa. Si queremos que la situación financiera se reduzca es necesario reducir la dependencia del crédito, como apunta Miguel Angel, pero para mi, sólo hay un camino, y es el opuesto al de Miguel Angel, hay que reducir el gasto público, y hay que reducirlo severamente, y en cuanto se pueda, reducir impuestos, es decir, recaudar menos, que es lo que dará libertad al sector privado. Yo no quiero recuperar ningún servicio público de los que se consideran aquí básicos, porque para mi no son nada básicos, sino un despilfarro de mucho cuidado.
Y creo, para terminar, que no existe una mejora en el crecimiento de ningun país aumentando la carga fiscal via impuestos.

JesusR febrero 4, 2016 a las 11:13

Yo no acabo de ver que esto sea tan urgente, porque sin necesidad de hacer nada, el año que viene cumpliríamos el Pacto de Estabilidad, ¿no?

Viendo la portada de El País de hoy, si este año crecemos un 2,8% como prevé la Comisión Europea , eso será en torno a un 1% de reducción del déficit vía ingresos, incluso algo más, teniendo en cuenta que a la hora de calcularlo como porcentaje del PIB el denominador (el PIB) sería algo mayor. De hecho la misma noticia dice que la Comisión nos calcula un déficit del 3,6% este año (entiendo que con los presupuestos actualmente aprobados, o sea, sin hacer nada más), no muy lejos ya del límite del 3% del Pacto de Estabilidad. En 2017 daban un crecimiento del 2%, creo, que vía ingresos reduciría el déficit por debajo del 3% (p.ej. hace 3 meses Fitch nos calculaba un 2,7%: http://www.europapress.es/economia/macroeconomia-00338/noticia-espana-no-reducira-deficit-debajo-2017-fitch-20151027170549.html).

Además leí también hace unos meses que Bruselas relajaba sus exigencias hasta el año que viene:
http://cincodias.com/cincodias/2015/11/17/economia/1447754671_513049.html

fanboy febrero 5, 2016 a las 10:44

pero el problema no es “cumplir” los objetivos. Es que ahora estamos en los 7 años de vacas gordas, y seguimos vaciando el granero… y eso de que duren 7 es un supuesto… ¿que margen tendremos de maniobra cuando vengan las vacas flacas y no hayamos bajado del 100% del pib?

Antonio febrero 5, 2016 a las 11:23

Subir los impuestos, cuando el paro aún continuará un tiempo por encima del 20%, no parece la mejor opción. Pensar que nuestro estado del bienestar no está sobredimensionado, cuando el paro supera el 20% cada diez o doce años, tampoco. ‘Nada es gratis’. El precio, en este caso ese desempleo recurrente muy superior al 20%, es un elefante gritando en la habitación al que todos parecen empeñarse en ignorar. Incluso el consenso de economistas, a lo que se ve.

La primera vez que el paro bajó tras subir por encima del 20%, fue gracias a la entrada en la CEE. La segunda, debido al proceso de entrada en el euro. Ahora no habrá ninguna gran transferencia de rentas desde el exterior que estimule la economía nacional, abandonada así a sus innumerables defectos estructurales que tan poca voluntad hay, no ya por solucionar, sino ni siquiera por reconocer.

Jose Pablo febrero 5, 2016 a las 21:35

Es un curioso argumento defender que el problema más grave sea cumplir o no cumplir con un número (totalmente arbitrario) fijado por “Bruselas”.

Equivale a decir que el mayor problema de España es que el valor de un índice formado por variables cuando mínimo discutibles (https://www.washingtonpost.com/opinions/gdp-a-brief-but-affectionate-history-by-diane-coyle-and-the-leading-indicators-a-short-history-of-the-numbers-that-rule-our-world-by-zachary-karabell/2014/02/21/77da5a30-718b-11e3-8b3f-b1666705ca3b_story.html) es superior a una “referencia” arbitrariamente establecida por unos funcionarios en Bruselas (sin duda con la mejor intención pero, hay que reconocer que con muy poquita “carne” en el asador).

El déficit es un “indicador” de los problemas de España, no el problema (y no su causa).

Es como tener la mano en el fuego y pensar que mi mayor problema es que un termómetro importado de China dice que la temperatura es superior a la raya que marcaron en él unos expertos que viven a 5.000 km del fuego … casi es mejor hablar de candidatos.

Quizás, no lo sé, es mejor candidato a problema económico de España (tiene muchos de otra naturaleza) que haya un 20% de paro entre la población activa y que los jubilados representen el 50% de la población ocupada (8.51 millones versus 18.09 millones).

Ese no es un problema ni de estado de bienestar ni de reforma fiscal. De hecho en el 3er trimestre de 2007 un estado de bienestar más generoso y unos tipos impositivos más reducidos generaban superávit. Que los parados fueran entonces el 8.4% y los jubilados apenas el 35% de la población ocupada (7.5 millones vs 21) quizás es más relevante que el hecho de que entonces sí cumplíamos con los déficits de Bruselas … creo yo.

carlos febrero 6, 2016 a las 19:22

A veces no queda más remedio que reconocer que algunos árboles impiden ver el bosque, de los P.G.E. 2016 destacan algunos incrementos y exageradas variaciones que apuntarían a gastos extraordinarios sobrevenidos por desastres naturales, a que el gobierno practica una política presupuestaria de caracter errático o que responde a necesidades peréntorias más propia de quién dedica el esfuerzo de todos a apagar los incendios que provoca. Esa es la responsabilidad, y no otra, cual es la de elegir sillones para que se han postulado para gobernar el común de todos los españoles.
http://elpais.com/elpais/2015/08/04/media/1438714765_632627.html

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