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Dieta Atkins para la Corrupción

por Ricard Gil el 16/03/2016

La primera vez que oí hablar de la dieta Atkins no me lo podía creer. “¿Qué? ¿Has perdido 10 kilos hinchándote a chuletón y butifarra? En serio, no me tomes el pelo.” Más de una vez esta fue mi reacción incrédula cuando un amigo o conocido me contaba su experiencia, hasta que alguien me explicó en detalle el funcionamiento de la dieta y el por qué de su éxito. El hecho detrás de su efectividad no viene en sí de comer carne, si no de dejar de consumir glúcidos. Esto que parecerá obvio a algunos, a mí (y creo que a otros muchos también) no lo era tanto a bote pronto.

La corrupción y los amiguismos son parecidos al sobrepeso en que sus remedios también varían entre métodos tradicionales, y métodos más sutiles. Los métodos tradicionales son aquellos a los que estamos acostumbrados y que responden al sentido común, como leyes que equiparan el tamaño del castigo con el beneficio sacado por el infractor, y la dedicación de las fuerzas policiales a erradicar este tipo de actividades. Estas incrementan el riesgo de los infractores y potencialmente hacen desistir a algunos de llevar a cabo estas actividades.

Los métodos sutiles (y menos tradicionales) son métodos que requieren un entendimiento detallado y profundo del origen y la naturaleza de la corrupción. Y aquí es donde espero no defraudar al lector avanzando que no tengo respuestas a esta pregunta ni recomendaciones para el caso que nos ocupa, España. Lo que sí que tengo son dos ejemplos de los Estados Unidos y de Japón, que muestran como el más sencillo cambio de regulación ha disminuido la corrupción en sectores que afectan a todos los ciudadanos directamente. A veces, la conexión es tan sutil y el efecto tan grande que yo no me he podido resistir a hacer la comparación con la dieta Atkins.

El primer caso que quiero comentar es UBER en Estados Unidos. Lo hago brevemente porque no tengo evidencia empírica sino anecdótica de los cambios ocurridos en la adjudicación de las licencias de taxis en las grandes ciudades americanas. Desde que UBER y Lyft entraron en funcionamiento en las grandes ciudades americanas, el precio del medallón del taxi (la licencia) se ha dividido por tres. Este precio refleja que los beneficios en el largo plazo de operar un taxi han disminuido debido a la competencia. Una consecuencia directa de esto es obviamente que los taxistas que pagaron años atrás 450 mil dólares no están nada contentos con UBER. La otra consecuencia directa es que hoy por hoy los costes de entrada en el negocio han disminuido, pero también han disminuido el número de entrantes nuevos y la venta de medallones. Indirectamente, esto ha disminuido la corrupción en este sector en los Estados Unidos, porque ahora los agentes de esta industria (individuos y compañías del taxi) ya no están dispuestos a “untar” a las instituciones reguladoras (o los burócratas que las dirigen) para conseguir una ventaja en la adjudicación de una licencia (que ya no es tan rentable como lo era antes). He aquí un artículo que reflexiona sobre el efecto positivo de UBER en la corrupción en este sector.

El segundo caso es para mí aún más interesante: las subastas de adjudicación de proyectos públicos en Japón. Permítanme que me centre en este caso (más que en el de UBER) porque disponemos de un estudio académico realizado por dos profesores de alto calibre, Sylvain Chassang de Princeton University y Juan Ortner de Boston University, llamado “Collusion in Auctions with Constrained Bids: Theory and Evidence from Public Procurement.” El problema de la competencia de adjudicación de proyectos públicos es un problema que se extiende a muchos países, pero ha recibido mucha atención en Japón. En ese país se hace especial hincapié en el hecho de que son casi siempre las mismas empresas las que participan en las subastas, y casi siempre las mismas las que se adjudican los proyectos. Para más inri, cada vez que existe un entrante (una empresa nueva que puja en la subasta) los precios disminuyen, así que a simple vista uno podría decir que este mercado es muy competitivo, porque en el poco probable suceso de entrada de una nueva empresa los precios bajan. Pues bien, Chassang y Ortner argumentan que en un mercado de oligopolio en colusión donde la adjudicación de negocio se obtiene vía subastas, las empresas en colusión utilizaran los precios como bastón de castigo a entrantes (si te atreves a entrar en este mercado donde mis amigos y yo somos los dueños te vamos a matar a precios hasta que desistas y te vuelvas a tu mercado de origen). Así pues, este artículo vaticina una revolucionaria predicción: si el gobierno o agencia reguladora entiende que la supervivencia del cartel depende de su capacidad de poner precios muy bajos para castigar la entrada de nuevas empresas, imponer una política de precios mínimos (limitando cuánto pueden bajar los precios) puede llegar a disminuir los precios medios de los proyectos adjudicados en subastas. A primeras, esto suena contra-intuitivo, pero si entendemos el mecanismo no es muy distinto a perder peso a base de chuletones!

Obviamente, este ejercicio teórico está inspirado en un caso real. Se trata de la ciudad japonesa de Tsuchiura en la prefectura de Ibaraki, que en Octubre de 2009 pasó de adjudicar proyectos locales por subasta de primer precio sin restricción alguna al precio pujado a subastas de primer precio restringiendo el precio pujado a ser más alto que el 85% del precio predicho por el ingeniero local. El artículo usa datos entre 2007 y 2015, y utiliza las ciudades de Tsukuba e Ishiku en la misma prefectura como ciudades control que no cambiaron su política de adjudicación, en una estrategia empírica de diferencias en diferencias. ¿Resultado? Sí señor, Tsuchiura prohibió precios bajos y los costes medios de adjudicación bajaron. ¿Casualidad? No, únicamente un conocimiento muy claro de cómo la corrupción en esa ciudad sobrevivía año tras año.

En resumen, y si hay algo que aprender del caso de UBER y la ciudad japonesa de Tsuchiura, la lucha contra la corrupción no se debe basar únicamente en leyes que castiguen al corrupto cuando es agarrado in fragranti. Nuevas leyes o cambios en la regulación que simplifiquen las acciones de control de las agencias reguladoras y que disminuyan directamente los beneficios de la corrupción pueden ser suficientes e incluso más eficaces a la hora de hacer nuestra sociedad menos corrupta y más justa (¡y más eficiente!).

Ciril marzo 16, 2016 a las 10:12

Muy buen articulo y gran referencia.

Berglunds marzo 16, 2016 a las 20:04

Creía que esta era la justificación por la que el Tribunal de Defensa de la Competencia (O la extinta CMC) no permitía bajar precios a Telefonica/ Movistar. Para fomentar la competencia futura, había que limitar la competencia (por el incumbent) Al menos es lo que yo le contaba a mi suegro y a mi primo el del pueblo…

Ricard Gil marzo 16, 2016 a las 20:12

No exactamente. En el caso de Tsuchiura, uno solo veia precios bajos cuando habia riesgo de entrada. La introduccion de precios minimos supuso una disminucion de los precios medios pagados por los proyectos de construccion local.

juan marzo 16, 2016 a las 20:10

El segundo caso no pareciera un problema de corrupción sino de competencia por colusión. Las prácticas anticompetitivas de empresas no están bién y hay que evitarlas, pero no son corrupción.

Ricard Gil marzo 16, 2016 a las 20:16

Cierto. Aun asi, opino (puedo estar equivocado) que ante clara colusion que supone el sobrepago de proyectos publicos con dinero publico hace falta un burocrata corrupto que mire para otro lado.

PMD marzo 16, 2016 a las 23:30

Ricard tienes razón . El concepto de aprovecharse de un cargo público se ha quedado corto para definir la corrupción.

En un artículo reciente, Daniel Kaufmann afirma que la corrupción suele ser “síntoma de un fracaso institucional, que a menudo involucra a una red de políticos, organizaciones, empresas y particulares que se coluden para beneficiarse del acceso al poder, a los recursos públicos y la formulación de políticas, en detrimento del bien común”. En esta definición más inclusiva, la corrupción incluye la influencia indebida sobre leyes, regulaciones y políticas por parte de intereses empresariales y que sin duda cubren tu ejemplo.

https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2015/09/pdf/kaufmann.pdf

Creo que cada vez estamos más cerca de entender que la corrupción no es un problema, es un síntoma. Las maneras de enfrentarlas requerirá nuevas medidas como bien señalas .

http://www.wsj.com/articles/corruption-is-just-a-symptom-not-the-disease-1449174010

joan marzo 18, 2016 a las 14:50

Yo creo que llamar corrupción a cualquier fallo regulatorio es una exageración enorme. Los problemas de oligopolio se van a dar independientemente de si existe un cargo público con predisposición a la corrupción o una red o trama de corrupción. Eso no quita que efectivamente en algunos casos la corrupción pueda crear los problemas de oligopolio o competencia pero estos tienen una dinámica y unas soluciones propias.
No distinguirlo es un error importante porque para emprender acciones legales y erradicar la corrupción necesitamos evidencias muy concretas y no cualquier fallo de mercado.
Además ten en cuenta que cualquier trama corrupta bien organizada se saltaría el mecanismo ese propuesto por los académicos en un periquete. Ante la corrupción y las redes el mechanism design es bastante más limitado.
Saludos,
Joan

Fernando marzo 18, 2016 a las 00:40

Desde luego si las normas de contratación están bien hechas la corrupcion es casi imposible. El sistema anticorrupción ya está inventado. Cualquier gran ingeniería lo hace cuando compra o subcontrata. El esquema es el siguiente:

1. Detallada especificación técnica que deja muy poco a la imaginación del ofertante.
2. Tabulacion tecnica detalladisima donde se eliminan los que no crumplen tecnicamente y a los que tienen desviaciones menores se les solicitation ofertas revisadas técnica y economica para alinearlos.
3. Cuando estan al memos tres ofertas tecnicamente validas y alineadas se pasan a tabulación economica clasificandolas de mas barata a mas cara.
4. Se pasan a comite de compras que siempre se la adjudica a la mas barata.

Ricard Gil marzo 18, 2016 a las 00:58

El problema viene cuando la colusion hace que la mas barata no sea tan barata como podria llegar a ser sin colusion. Si esto sucede a menudo y nadie levanta la voz …

Ramón Garcia marzo 20, 2016 a las 11:51

Esta historia parece incompleta. El método de subastar excesivamente a la baja es inverosímil si no tiene apoyo normativo. Si el que acepta una licitación pública por un precio tan bajo se ve luego obligado a llevarlo a cabo, puede perder mucho dinero. Si fuera así, sería fácil de explotar: se trae a un amigo que vaya a la licitación, que tenga alguna empresa, y que ofrezca un precio razonable. Por tanto, supongo que si hace eso, es porque luego puede desistir sin un coste excesivo. Lo mismo que hacían (o hacen) los subasteros en España para cartelizar las subastas: cuando viene alguien de fuera ofrecen precios muy altos, pero que luego no se cumplen sin tener que perder dinero.

Ricard Gil marzo 20, 2016 a las 15:31

“cuando viene alguien de fuera ofrecen precios muy altos, pero que luego no se cumplen sin tener que perder dinero” … exactamente lo que pasaba en Tsuchiura. La solucion segun el articulo es poner un precio maximo a la subasta.

Ramón Garcia marzo 20, 2016 a las 18:53

¿No es una solución más lógica, sencilla y de sentido común exigir que las pujas en la subasta se cumplan? ¿Y que cuando no se cumplan, haya indemnización elevadas?

En cualquier sistema de subastas, las ofertas son vinculantes.

Ricard Gil marzo 20, 2016 a las 19:15

Con eso no basta para deshacer el cartel. De hecho, los pujantes que coordinan quieren que las ofertas sean vinculantes porque les ayuda a mantener la competencia a raya.

Lo que usted senala es muy importante tambien, y para eso esta el “third party opportunism” para que las ofertas sean vinculantes.

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