El Bienestar de las Naciones

Al final de mi anterior entrada prometí seguir profundizando acerca de las causas de la fortaleza del sector exportador español durante la década de los 2000. Estoy esperando obtener algunos datos a nivel de empresa que me permitan realizar un análisis más detallado que el que ofrecí en octubre. Mientras tanto, hoy me atrevo con una entrada un poco más ligera sobre un tema menos relacionado con mi área de especialización (espero que mis amigos macroeconomistas me perdonen la intromisión).

El objetivo principal de la economía consiste en estudiar y caracterizar el uso eficiente de los recursos escasos de los que disponemos para satisfacer nuestras necesidades. A pesar de que la teoría económica acostumbra a caracterizar la satisfacción de estas necesidades mediante funciones de utilidad que asignan un valor de “felicidad” a las elecciones de los agentes económicos, el particular valor numérico de esa felicidad carece de relevancia a la hora de determinar si una asignación es eficiente o no.

Sin embargo, la rama de la economía del bienestar ha desarrollado técnicas para evaluar el bienestar social asociado con diferentes asignaciones de recursos, lo cual requiere supuestos que permitan comparaciones interpersonales de utilidad o felicidad. Con todas sus limitaciones, estas técnicas abren la apasionante posibilidad de obtener índices de bienestar en diferentes países y diferentes puntos del tiempo.

Bajo ciertos supuestos (sumamente restrictivos), uno puedo mostrar que el bienestar agregado de una economía viene dado por el valor real de su producción y por tanto su bienestar per cápita se puede aproximar mediante su PIB real per cápita. Un ejemplo es el modelo clásico Ricardiano de comercio internacional, donde la utilidad de los agentes económicos depende sólo del consumo de bienes finales, no hay acumulación de capital y todos los agentes económicos tienen la misma dotación de recursos. En el mundo real, no obstante, la felicidad de los agentes económicos viene determinada por multitud de otros factores (esfuerzo laboral frente a ocio, salud, calidad medioambiental, etc.), el consumo no siempre es igual a la producción y existen notables desigualdades en el reparto de recursos entre individuos.

En un reciente artículo, dos de los macroeconomistas empíricos más originales del panorama mundial (Chad Jones y Pete Klenow, de la Universidad de Stanford) proponen un índice de bienestar que intenta ir más allá de simples comparaciones de PIB per cápita entre países y a través del tiempo. El índice tiene serias limitaciones que los autores no dudan en reconocer y que repasaré más abajo. Sin embargo, el artículo es fascinante en el sentido que la metodología desarrollada por los autores intenta aplicar algunos de los avances de la macroeconomía cuantitativa de las últimas décadas para introducir correcciones explícitas por diferencias (entre países y a través del tiempo) en consumo frente a producción, ocio frente a oferta laboral, esperanza de vida y desigualdad en la distribución del consumo entre agentes (en este último punto, los autores invocan al famoso velo de ignorancia de John Rawls para simplificar el problema de agregación en sus cálculos).

¿Qué conclusiones se derivan del estudio? En primer lugar, el índice de bienestar construido por los autores está altamente correlacionado con el PIB per cápita. Para una muestra de 134 países en el año 2000, la correlación entre ambas variables es del 95%. La Figura 1 ilustra dicha correlación.

Figura 1: Bienestar y PIB per cápita en el 2000

Sin embargo, la figura enmascara la existencia de notables desviaciones entre ambos índices. Obsérvese la Figura 2, que cambia la variable en el eje de ordenadas del índice de bienestar al ratio de bienestar sobre el PIB.

Figura 2: Bienestar/PIB y PIB per cápita en el 2000

La Figura 2 muestra claramente que, en términos de bienestar, la situación en muchos países subdesarrollados (en relación a los Estados Unidos) es mucho peor de lo que se infiere de su renta per cápita (a pesar de que el PIB está corregido por su poder adquisitivo). Ello se debe a una combinación de extrema desigualdad y bajas esperanzas de vida en esas economías (en especial las africanas). Por otro lado, la Figura indica que los países europeos tienden a registrar índices de bienestar significativamente superiores (en relación a los Estados Unidos) a los inferidos mediante el PIB per cápita. Ello no es sorprendente si uno tiene en cuenta que los europeos tienden a trabajar menos horas que los americanos, las desigualdades son menores en el viejo continente y la esperanza de vida es también mayor ahí. Lo que sí es un poco más sorprendente es que cuando uno ajusta por estos factores, y a pesar de que el PIB per cápita es significativamente mayor en Estados Unidos que en Europa, el bienestar de varios países europeos es prácticamente idéntico al americano.

Por ejemplo, el PIB per cápita de Francia en el año 2000 era un 70.1% del americano. Sin embargo, la esperanza de vida es un 2.5% mayor en Francia (78.9 años frente a 77 años), el número medio de horas trabajadas per cápita al año es un 26% menor (873 por 1186) y el coeficiente de desigualdad de Gini es un 31% menor también en Francia. Todo ello lleva a que el índice de bienestar francés acabe siendo sólo un 97.4% del americano, a pesar de que el ratio de consumo sobre producción es un 5.4% mayor en Estados Unidos.

El caso español es similar. En términos de PIB per cápita, España sólo alcanzaba el 64.2% del valor americano en el año 2000. El mayor ocio y esperanza de vida y la menor desigualdad españolas reducen ese diferencial al 77%.

En la Tabla 1 reproduzco los resultados para los 30 países con mayor índice de bienestar. Los datos originales están disponibles aquí (¡ojalá todos los investigadores compartiesen sus datos como lo hacen Jones y Klenow!). Me parecen particularmente destacables los casos de Suecia, que reduce el diferencial un 30% y sube en el ranking mundial 14 posiciones por razones similares a los casos francés y español, y el de Singapur, que pasa del 82.9% del PIB per cápita americano al 43.6% del bienestar americano y pierde 24 posiciones debido sobre todo a su bajo consumo en relación a la producción y a su bajo ocio.

Tabla 1: Indices de Bienestar en el 2000

Antes de concluir, es importante enfatizar, como humildemente hacen los autores, algunas de las limitaciones de la metodología empleada. En primer lugar, el índice agrega de una forma muy elegante el efecto de las variables discutidas con anterioridad, pero para llegar a esa fórmula uno debe hacer multitud de supuestos (cualitativos y paramétricos), algunos de los cuales son un pelín difíciles de digerir. Segundo, el índice intenta captar el flujo de bienestar en un momento determinado en el tiempo y no el valor presente descontado de futuros flujos de bienestar (que es lo que típicamente se maximiza en macroeconomía dinámica). Si la razón por la cual Singapur consume un porcentaje tan pequeño de su renta es para aumentar su consumo futuro, el índice “estático” subestimará el bienestar medio de un habitante de Singapur (en relación a uno en los EE.UU.) a lo largo de su vida.

En tercer lugar, cualquier intento de medir el bienestar que intente ir más allá del PIB per cápita es criticable por el conjunto de posibles determinantes de bienestar que necesariamente se dejan a un lado. Uno podría argumentar que la calidad de vida en España es más elevada de lo que sugiere el índice de Jones y Klenow porque su medida no tiene en cuenta el clima especialmente placentero de la península ibérica o su alta calidad medioambiental. Son sólo dos ejemplos: estoy seguro que los lectores nos podrán ofrecer varios más. De la misma manera, se podría argumentar que cualquier índice de bienestar que señale a los luxemburgueses como a los individuos más felices del mundo debe tratarse con cautela (a no ser que un día se destapen y ganen un Mundial de fútbol..., o se clasifiquen para uno). Sin embargo, y en defensa de los autores, la ciencia económica aún no ha ofrecido herramientas que permitan cuantificar estos otros factores. A medida que estas herramientas se vayan desarrollando, la medición del bienestar se irá perfeccionando. A la espera de dichos avances, me planteo si un enfoque de preferencia revelada (quizás usando datos de la intención de inmigrar y emigrar a diferentes países, en la medida que éstos existan) no sería más iluminador a la hora de establecer un índice ordinal del bienestar de las naciones.

Hay 17 comentarios
  • Me pregunto cómo cambiaría el modelo si sustituyésemos el PIB per cápita (es decir, una medida de la media del PIB por persona) por la mediana del PIB por persona.

    Entiendo que esto es lo que intenta corregir la inclusión de la variable que recoge la desigualdad. No obstante, sería interesante ver ese ejercicio.

  • Muy interesante. Lástima que los datos sean del año 2000. ¿Como estaría la cosa ahora? En cuanto a Luxemburgo, la alta renta per cápita se debe a la enorme masa de trabajadores que viven fuera del país pero trabajan a diario en Luxemburgo. Tengo algunos amigos que han trabajado en el sector financiero por allí y por lo visto más que aburrido es deprimente.

    Un saludo

  • Ismael, una nota: el "PIB per cápita" no es una variable que se distribuye estadísticamente como los ingresos o los salarios sino el ratio de dos magnitudes (PIB y población). Por lo tanto, no es posible definir un "PIB mediano por persona" de la misma forma en la que se puede definir una "renta mediana".

  • Entiendo que esto es lo que intenta corregir la inclusión de la variable que recoge la desigualdad.

    Hombre, de hecho supongo que será mucho más riguroso hacerlo así que computando la mediana...

  • Toda la economía trata del bienestar de la sociedad. Una economía de mercado (de mercado salvaje), por ejemplo, maximiza el bienestar de la sociedad. La limitación de esto es que el mercado (salvaje) hace máximo el bienestar de la sociedad tal como la sociedad entiende lo que es su bienestar.

    Cuando esto no es suficiente, esto es, cuando es el Gobierno el que debe determinar si los súbditos son felices o no, o si los súbditos son felices aunque sin saberlo, es cuando debe aplicarse la "Economía del Bienestar" de tal forma que la élite dirigente construya una economía beneficiosa para la sociedad aunque contra la voluntad de la sociedad. Al fin y al cabo, quién va a saber mejor que el Gobierno lo que es bueno para la sociedad.

    Un experimento de juguete podemos verlo en el cine europeo. Si cometiésemos el error de dejar en manos del salvaje mercado algo tan importante para la cultura de un país como en "séptimo arte", sería el público, los ciudadanos, los que comprando las entradas de una u otra película terminarían decidiendo cómo es el cine de un país ¡Abominable escándalo! La "Economía del Bienestar", aplicada a este sector, permite en Europa que sean los Gobiernos quienes decidan qué películas realmente desean ver los ciudadanos, aunque los ciudadanos mismos no lo sepan, y permite a los Gobiernos obligar a esos ciudadanos a pagar, contra su voluntad, la producción de esas obras maestras.

    En este "pagar contra su voluntad" está la esencia de todo esto. A todos los ciudadanos del mundo les hace inmensamente felices pagar impuestos, aunque curiosamente pocos son los capaces de descubrir su propia felicidad por pagar impuestos. Por eso es necesario que haya un politburó, asesorado por un grupo de sabios, que determine objetivamente el bienestar de los súbditos y fuerce a estos ciudadanos, contra su voluntad, a ser felices.

  • Este tipo de indicadores, que pueden tener su cabida en el mundo académico, sin embargo tienen el riesgo de apartarse de la objetividad, lo que constituye un peligro cuando se trasladan al mundo político. En la medida en que incluyamos aspectos que traten de acercarse a la idea de "felicidad" -que parece ser la idea que subyace- indudablemente nos alejaremos de elementos objetivos que puedan ser objeto de medida. Así, podremos encontrarnos países con rentas per cápita reducidas en los cuales sus habitantes sean felices (por motivos de muy diversa índole, desde religiosos y culturales hasta el propio clima o su misma ignorancia) y países "ricos" con una "tasa de infelicidad" más elevada.

    Esto tiene el elevado riesgo, en mi opinión, de poner en manos de los políticos un arma realmente peligrosa, que les permitiría eludir sus obligaciones objetivas y aparentemente preocuparse por la "felicidad" de los ciudadanos, que en el fondo depende de muchos factores personales y del entorno íntimo. No creo que los ciudadanos necesitemos gobiernos preocupados por proveernos de felicidad -lo cual sería el colmo del intervencionismo y entre otras cosas sería imposible- sino preocupados por actuar en aquello sobre lo que verdaderamente pueden y deben actuar, y sobre todo que pueden ser objetivamente evaluables (gestionar eficientemente los recursos públicos que ponemos en sus manos, entre otras cosas).

    Por otra parte, suscribo completamente lo que dice Luisito.

    Un saludo,

    Manuel

  • Me sumo a los que califican el artículo como muy interesante, ¡muchas gracias!

    Sin entrar en la metodología / modelo, me surge una duda existencial en cuanto a los datos de partida. ¿El n1 de horas es nº de horas al año? Porque me parecen muy bajas, si cogemos por ejemplo España, 901 horas entre 223 días laborales (aprox) salen poco más de 4 horas al día ¿?¿?¿? Y parece ser similar en el resto de países.

    Pero obviando esto, lo que más me lama la atención es que según ese dato España es de los países donde menos horas se trabaja. Justo lo contrario de lo que se dice en muchos informes relacionados con productividad - ya saben, en España se trabaja muchas horas pero poco productivas.

    Y esto cuadra cuando miro en mi entorno, porque sinceramente muy muy poca gente que conozca realmente trabaja 8 horas al día. La mayor pare trabaja mínimo 9 , y por supuesto las extras no se pagan.

    ¿Alguien puede arrojar algo de luz sobre esto?

  • Pol:
    Frente al enfoque de los autores a los que dedicas el post, dices que "me planteo si un enfoque de preferencia revelada (quizás usando datos de la intención de inmigrar y emigrar a diferentes países, en la medida que éstos existan) no sería más iluminador a la hora de establecer un índice ordinal del bienestar de las naciones."

    Pero entonces el problema es que esa preferencia revelada puede ser muy "equivocada". Ese planteamiento podría admitir casos análogos al siguiente: aunque alguien está desnutrido, si no siente esa carencia, es como si no lo estuviera.

    Sin embargo, como bien señalas, el problema es parecido en el caso del trabajo que comentas. Hay que hacer una serie de supuestos sobre lo que significa bienestar para las personas.

    Por ponerlo en términos de la definición que das de economía ("estudiar y caracterizar el uso eficiente de los recursos escasos de los que disponemos para satisfacer nuestras NECESIDADES"). ¿Qué entendemos por "necesidad"? Si es lo que se siente como tal, no creo que sea posible en ningún caso realizar comparaciones entre países que estén un tanto alejados culturalmente. Si "necesidad" tiene un significado más "objetivo", necesitamos una teoría previa sobre el asunto.

    (Tal vez se puede sustituir "necesidades" por "objetivos" para salvar la definición, pero, obviamente, el problema planteado sobre el bienestar no se soluciona.)

  • @Avelino: creo que las horas trabajadas per capita están calculadas sobre el total de la población en edad de trabajar. España tiene una tasa de empleo (trabajadores/personas en edad de trabajar) relativamente baja, y eso explicaría que el número sea bajo en esta clasificación.

    Sobre el índice construido por Jones y Klenow, es casi idéntico al índice de desarrollo humano que hace la ONU todos los años, solo que cambiando la variable de educación por las de desigualdad y horas trabajadas. Está bien, pero tampoco me parece la mayor invención después de la rueda...

  • Gracias por los comentarios.

    A Ismael ya le contestó Kartoffel y Anónimo.

    Paco: gracias por la referencia. Por lo que veo es un índice un poco más elaborado, pero sigue habiendo mucha arbitrariedad en la forma exacta en que se tienen en cuenta los factores. Lo bonito de la metodología de Jones y Klenow es que está disciplinada por los hallazgos de la macro cuantitativa.

    Luisito: no acabo de entender tu comentario. Dices que “el mercado (salvaje) hace máximo el bienestar de la sociedad tal como la sociedad entiende lo que es su bienestar.” No veo por qué. La teoría económica nos enseña que, bajo ciertos supuestos, el mercado dará lugar a una asignación eficiente de recursos (Primer Teorema Fundamental de la Economía del Bienestar). Sin embargo, esa asignación no tiene porque maximizar el bienestar social (definido en referencia a una función particular de bienestar social). En cuanto al papel del gobierno, quizás tienes en mente el Segundo Teorema Fundamental de la Economía del Bienestar, pero sin duda no entiendo ese resultado de la misma manera que lo haces tú.

    Manuel: tu punto es interesante. Mi interés en el índice es sin embargo puramente académico.

    Avelino: se trata del número de horas por habitante, no por trabajador. Piensa en toda la gente retirada así como los niños (aunque dudo que los últimos consideren ir a la escuela como ocio :-))

  • Kartoffel, Anónimo, Pol,

    Sí, lo sé, sé que el PIB es una ratio entre PIB y población... ergo una media y que no hay tal cosa como una "mediana del PIB" 🙂

    Cuando hablaba de utilizar una mediana lo decía a título ilustrativo, no en sentido estricto. Y a lo que me refería es que el PIB per cápita es una medida muy grosera del poder adquisitivo del ciudadano mediano (que es del que queremos saber el bienestar o la felicidad, según los autores) y que un Gini, aunque lo corrige, también tiene sus (muchas) limitaciones.

    Así, rehago mis palabras: en lugar de utilizar un PIB per cápita probablemente habría que utilizar una medida de la renta del ciudadano mediano.

    ¿Mejor? 🙂

  • "Luisito: no acabo de entender tu comentario. Dices que “el mercado (salvaje) hace máximo el bienestar de la sociedad tal como la sociedad entiende lo que es su bienestar.” No veo por qué. La teoría económica nos enseña que, bajo ciertos supuestos, el mercado dará lugar a una asignación eficiente de recursos"

    Bueno, responder a esto requiere explicar la totalidad de la economía de mercado. Lo intentaré en unas pocas líneas. La “asignación eficiente de recursos” es un concepto que no tiene significado hasta que se defina previamente qué es lo que se trata de lograr asignando eficientemente los recursos. El lograr ese objetivo en mayor o menor medida es lo que define la eficiencia en esa asignación. Un sistema sanitario, por ejemplo, ¿Debe hacer máximos los beneficios de las farmacéuticas? ¿Debe crear el mayor número de empleos? ¿La mayor recaudación fiscal? ¿Debe mejorar las condiciones de trabajo de médicos y enfermeras? ¿Cuál es la variable que debe maximizarse? ¿O quizás tenemos un problema multidimensional que no puede caracterizarse con una sola variable?

    La teoría de mercado sostiene que toda economía es un problema unidimensional que puede caracterizarse con un solo número: el valor. Lo que la economía y la “asignación eficiente de recursos” deben hacer máximo es el valor. Así que todo se reduce a definir qué es el valor económico (y quien define ese valor).

    Una sociedad humana tiene problemas, algunos de esos problemas son económicos (sería muy largo explicar qué distingue a un problema económico de otro que no lo es). La economía puede verse como un mecanismo de resolución de problemas, de resolución óptima de problemas. Un bien económico es una solución en busca de un problema que resolver. Por eso las sociedades producen bienes económicos, porque intentan resolver sus problemas y por eso el PIB mide la fortaleza de una economía, porque mide la capacidad de una sociedad de resolver sus problemas.

    La capacidad de un bien económico de resolver problemas, su capacidad como solución, es lo que define su valor económico (algo que un mercado, que es un instrumento de medida, expresa como un precio: una variable unidimensional (y escalar)).

    De forma que lo que define el valor de un bien es el valor del problema que puede resolver este bien, que es una solución. Podemos imaginar una sociedad con un conjunto de problemas (económicos) con un valor total de “problemicidad”. Luego probamos a aplicar las soluciones disponibles de distintas formas hasta encontrar la forma de aplicar las soluciones que más reduzca los problemas iniciales. Resolver este problema de optimización es lo que se llama “encontrar la asignación más eficiente de recursos” y es algo que solo puede hacer un libre mercado “salvaje”. (“libre” en “mercado libre” se refiere a los “grados de libertad” matemática)

    Todo el concepto de economía se sustenta por tanto en medir la importancia, gravedad o urgencia de los diferentes problemas económicos ya que el valor (que podemos suponer negativo) de cada problema es lo que define el valor económico del bien que sea solución a ese problema. Es la extrema gravedad de las enfermedades infecciosas lo que hace muy valioso al hongo Penicillium, pero ¿Quién decide si las enfermedades infecciosas son un problema grave o no? En una economía de mercado “salvaje” lo deciden los consumidores. Por eso una economía de mercado salvaje además de optimizar la máquina económica como mecanismo de resolución de problemas (algo que no puede lograrse sin el mercado) produce esa optimización de forma que sean resueltos, en la mayor medida posible, los problemas tal como los valoran los consumidores. Por eso una economía de mercado libre maximiza el bienestar de la sociedad (de los consumidores).

    Perdón por un comentario tan largo pero no soy capaz de resumirlo más.

  • Para Luisito.

    Hola, Luis.

    Suelo leer con mucho interés tus comentarios. Los encuentro instructivos, sosegados y mayormente coinciden con mi experiencia. Es decir, resultan gratificantes.
    Sin embargo el comentario anterior me ha parecido que abunda en el sofisma.

    En efecto, cuando comentas la frase: "La teoría económica nos enseña que, bajo ciertos supuestos, el mercado dará lugar a una asignación eficiente de recursos” eliges hacerlo desde una perspectiva teleológica y, en vez de analizar y desmenuzar "determinados supuestos", das por sentado que las sociedades humanas pueden organizar su supervivencia y desarrollo de formas muy variadas que dependen de los "fines elegidos" por dichas sociedades.
    Según este enfoque sería necesario definir los fines antes de apreciar la eficacia de las soluciones. Es decir, un mecanismo que sirve para negar la mayor pero que, como comprobamos repetidamente a nuestro alrededor, no resuelve.

    Mientras te leía se me ocurrió que tu cosmología es radicalmente diferente de la de aquellos que piensan que hay cosas que la naturaleza establece, fines que el ser humano tiene y reglas sociales de aplicación universal.
    Para ellos la frase que comentamos es semejante a "La fisiología establece que, bajo ciertas condiciones, el subsistema circulatorio es un modo eficiente de gestión de la combustión celular".
    Y tu comentario suena a ...."Ya....Combustión.... ¿para qué?"

    Tocas un tema muy complejo pero reconocerás que tu abordaje refleja una concepción muy peculiar del ser humano. Un ente vacío, desprovisto de finalidad en si mismo, destinado a ser moldeado por el estado (a veces se usa el término sociedad) y sin otros derechos que aquellos que las instituciones le vayan otorgando y quitando.
    Esta forma de ver las cosas está hoy firmemente asentada en muchos estados. Es parte central de la superestructrura. Pero ya ves sus resultados.

    Saludos

  • @Pol y Miguel

    Gracias por la aclaración.

    Entonces me surge la siguiente duda: entiendo que el parámetro de horas trabajadas se está empleando para medir el ocio. Pero un parámetro promedio de la población no sé si tiene sentido, porque estamos asumiendo que un individuo que trabaja 60 horas semanales ve compensada su falta de ocio por aquellos que trabajan 10 o directamente están en paro. Evidentemente las cuentas salen al hacer el promedio, pero eso no significa que el que trabaja 10 horas o el que trabaja 60 sean felices con ese nº de horas de trabajo y ocio. Y sin embargo, según esto, en promedio sí lo son ¿¿??

    Dicho de otro modo: ¿un 20% de paro o una tasa alta de jubilados, de incapacitados, de amas de casa o de niños aumentan la felicidad promedio del país? No lo veo, la verdad.

  • Para ellos la frase que comentamos es semejante a “La fisiología establece que, bajo ciertas condiciones, el subsistema circulatorio es un modo eficiente de gestión de la combustión celular”.
    Y tu comentario suena a ….”Ya….Combustión…. ¿para qué?”

    No, no es lo mismo. El sistema circulatorio es un mecanismo optimizado para resolver un problema completamente definido. El problema que resuelve una economía no está completamente definido. La economía debe resolver en la mayor medida posible (esto es, de forma óptima) los problemas económicos de la sociedad pero sin que sepamos cuales son esos problemas ni que peso tienen unos problemas y otros para esa sociedad.

    Por eso cualquier sistema económico debe medir continuamente el valor que la sociedad asigna a los diferentes problemas económicos y reconfigurar el mecanismo de producción (de soluciones) para mantenerlo optimizado.

    En una economía de mercado, esta medición se hace a través de las decisiones de consumo de los consumidores. Cada bien económico tiene un valor determinado para cada consumidor determinado. Cada bien tiene también un precio (que implica que otro bien debe ser entregado para obtener el bien en cuestión). Esto hace que cada bien económico tenga un valor negativo o positivo para cada consumidor concreto, en cada momento concreto. Cada consumidor consumirá los bienes que tengan, para él, valor positivo y rechazará los que tengan valor negativo.

    El conjunto de estas decisiones unitarias de los consumidores definen lo que la sociedad considera sus problemas económicos y a la vez reajusta el sistema para resolver de forma óptima esos problemas. La economía de mercado no establece cuales son los problemas económicos que definen lo que es el bienestar para cada sociedad en cada época, se limita a medir lo que la sociedad considera problemas y a proporcionar de forma óptima soluciones.

    Esto es algo "natural" que ocurre con cualquier rasgo de una sociedad no planificada desde una autoridad central. Por ejemplo: el catalán, el portugués, el italiano o el francés eran en su origen un mismo idioma. Cada uno de esos idiomas ha ido cambiando sin que una autoridad central decidiese esos cambios. Cuando los hablantes de un idioma lo utilizan deciden colectivamente qué forma tiene el idioma y cuál será su evolución. Cuando los consumidores utilizan una economía de mercado hacen lo mismo.

  • No estoy de acuerdo, apreciado Luis, con unas cuantas de las implicaciones de tu post anterior y quizás nos saldríamos del tema si me extiendo para ofrecerte mis argumentos.

    Si lo que llamamos mercado libre es algo que consiste en una masa viscosa con grumos king size no debe sorprendernos que la dinámica de fluidos no tenga respuesta ni funcione correctamente en las angosturas de las tuberías.
    No se puede llamar mercado fluido a un engendro en el cual los agentes, las moléculas, tengan un número de Knudsen desproporcionado al tamaño del sistema en su conjunto.

    Hoy lo que por inercia llamamos sistema "capitalista" no es tal (el coste público soportado obligatoriamente por la actividad privada es superior al 70% del valor de cambio de ésta), lo que llamos mercado "libre" tampoco lo es en la abrumadora mayoría de las actividades cuyos precios (obligatorios) están a salvo de los rigores del mercado y tal parece que el conjunto ha llegado al final de su ciclo vital por obesidad mórbida y declive sistémico de las capacidades de los entes rectores.

    Una hipótesis bien plausible sería que el poder político encontró hace tiempo la forma de creerse Midas y está recibiendo el precio en nuestro trasero.

    De todas formas lo que me ha encantado de tu post es el comentario lingüístico sobre la "naturalidad" evolutiva de las lenguas. Se te olvidó decir...de "algunas lenguas", las más libres del diseño político.
    Sabio como eres has evitado poner como ejemplos de tu aserto constructos pseudo académico-políticos, como el batúa o el castrapo, en cuyo desarrollo bien reciente han primado estrictamente factores económicos y de poder político.

    Saludos
    manuoquendo@yahoo.es

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