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¿Cómo influye la educación en la salud?

Es bien conocido que las personas más educadas tienen mejor salud. Por ejemplo, este artículo documenta que la esperanza de vida a los 25 años de un residente en Estados Unidos de América (EEUU) en el 2000 es de 74.6 años si no ha cursado estudios universitarios, y 81.6 si los ha cursado. Ya sabemos que EEUU es muy especial en cuanto a salud, pero relaciones parecidas también se observan en Europa. Por ejemplo, este artículo de investigadores de la Universidad de La Laguna usa la Encuesta Nacional de Salud de España del 2011-12 y muestra que la probabilidad de que un individuo diga que goza de buena salud es 0.64 si su nivel educativo es primaria o inferior, 0.73 si el nivel educativo es de secundaria, y 0.82 si es universitario. Aunque este estudio utilice una variable de salud autopercibida, sus conclusiones son interesantes porque la variable de salud autopercibida suele tener muy buen poder predictivo sobre la salud objetiva y la utilización de servicios de salud.

Como los autores de estos artículos ya nos indican, no podemos utilizar esta evidencia para decir que la educación mejora la salud. Pueden haber otras variables, que el investigador no pueda controlar, y que sean las que realmente causan la correlación. Por ejemplo, aquellos individuos que están más dispuestos a invertir en el futuro tenderán a tener mejor educación y también mejor salud. Una correlación no es informativa sobre una relación causa-efecto.

La profesora Silvia Barcellos de la University of Southern California presentó este artículo en un seminario sobre la técnica de regresión discontinua que organicé con colegas del departamento de estadística de UCL (el programa está aquí por si alguien está interesado). La técnica de regresión discontinua permite estimar una  relación causa-efecto gracias a un cambio abrupto (discontinuo) en la variable de interés, en este caso, la educación. Como otros artículos anteriores sobre el tema, los autores utilizan el hecho que, por ley, los individuos que nacieron después del 1 de Septiembre de 1957 en el Reino Unido debían estudiar hasta los 16 años, en lugar de hasta los 15 años.

El primer gráfico de su estudio (que reproduzco a continuación) muestra el efecto que tuvo la ley que subió la edad mínima para dejar la escuela de los 15 a los 16 años. Como se puede ver en el gráfico, aquellos que nacieron en el cuatrimestre Septiembre-Diciembre del 1957 (“quarter birth” = 0) tienen una probabilidad muy cercana a 1 de estar en la escuela hasta los 16 años, mientras aquellos que nacieron en el cuatrimestre anterior (“quarter birth” = -1)  tienen una probabilidad de sólo 0.8. El cambio abrupto es evidente en la gráfica.

grafico_discontinuidad

Una de las ventajas del artículo de Silvia y sus co-autores (Leandro Carvalho and Patrick Turley) son los datos que utilizan: el UK Biobank, una muestra de alrededor de medio millón de individuos que tenían entre 40 y 69 años entre 2006 y 2010. Además del envidiable tamaño muestral, cuentan con datos objetivos de salud: índice de masa corporal, presión arterial, y una medición de la función pulmonar. Esto les va a permitir estimar la relación causa-efecto entre educación e indicadores objetivos de salud.

Su análisis encuentra que el aumento en educación produce una mejora en la media del índice de masa corporal y media de la función pulmonar. Por el contrario, el aumento de la educación empeora la media de la tensión arterial. Pero estos resultados son muy pequeños en magnitud, y sólo estadísticamente significativos al 10%.

Gracias al tamaño de la muestra, y a la calidad de los datos (indicadores continuos de salud objetiva), los autores pueden analizar no sólo el efecto de la educación sobre la media de los indicadores de salud, sino también efectos que dependen del nivel de salud base (es decir, nivel de salud que tendrían en ausencia del aumento en educación). Es en este análisis donde encuentran los resultados más interesantes.

Por ejemplo, encuentran que la educación reduce la tasa de obesidad (índice de masa corporal mayor a 30) en 7.5 puntos porcentuales, pero casi no hay efecto de la educación cuándo el índice de masa corporal esta por debajo de 25 (lo cual tiene sentido porque entre 25 y 18.5 se considera saludable y por lo tanto no hay de por qué cambiarlo). También encuentran que la educación aumenta la presión arterial, pero no en el rango que se considera peligroso (mayor de 90). Por lo tanto, cabe esperar que el efecto positivo de la salud en la presión arterial no se traduzca en efecto negativo para la salud.

¿Cómo explican los autores los efectos encontrados? Respecto a obesidad, pueden estimar que el aumento de educación lleva a una reducción en la ingesta de grasas, aunque no hay cambios en la cantidad total de calorías consumidas. Tiene menos éxito para encontrar una explicación de por qué la presión arterial aumenta, aunque sospechan que se deba al estrés que pueden conllevar los trabajos que hacen personas con más educación.

Me ha gustado mucho el artículo, y le recomiendo que lo lean. Es una aplicación muy interesante del método de regresión discontinua (por cierto, esta página del Banco Mundial tiene varios ejemplos de la técnica de regresión discontinua), y los datos son envidiables. Además aprendemos y/o recordamos dos cosas muy interesantes: (1) que los efectos sobre la salud no siempre van en la misma dirección, (2) que estudiar solo lo que pasa en la media puede esconder resultados más interesantes en otras partes de la distribución.