Formación profesional a medida

37_15_gyf2Hoy quiero hablar sobre el pilar menos conocido de la formación profesional dual en España, el que forma parte del sistema de formación profesional para el empleo. El motivo para la entrada es mi reciente visita a las instalaciones de la Fundación Amadip-Esment en Palma de Mallorca. La fundación nació como una asociación de padres de niños con discapacidad intelectual, pero actualmente desarrolla actividades muy variadas, todas ellas dirigidas a la inserción laboral de los jóvenes, con o sin discapacidad intelectual. La parte en la que me voy a centrar aquí es su innovador programa de formación profesional dual, estrenado hace un año. Los responsables de la fundación son fans incondicionales de Nada es Gratis y con esta entrada quiero devolverles el cariño y alabar su magnífica labor. Además, lo quiero hacer públicamente porque tanto su programa para la inserción laboral de jóvenes con discapacidad intelectual como su programa de formación profesional (FP) son ejemplos a seguir.

Formación profesional dual para el empleo

El real decreto-Ley 1529/2012 que sentó las bases de la FP dual no creó uno sino dos sistemas de FP dual: uno dentro de la educación reglada y otro dentro el sistema de formación profesional para el empleo. En el segundo caso, los jóvenes firman un contrato para la formación y el aprendizaje con una empresa que se compromete a ofrecerles formación durante un período máximo de tres años. El objetivo de la formación tiene que ser un título de formación profesional o un certificado de profesionalidad.

La creación de dos sistemas paralelos de FP dual conlleva ciertos riesgos. El principal de ellos es el riesgo de que la remuneración prevista en los contratos de formación y aprendizaje incentive el abandono escolar. Es decir, algunos jóvenes pueden preferir la opción de un empleo remunerado a la alternativa de continuar en el sistema reglado, pasando por alto que los contratos para la formación y el aprendizaje suelen contemplar menos horas de formación que la FP reglada donde la remuneración es optativa. De hecho, en un intento de estimular la oferta de este tipo de contratos, la reforma de 2012 flexibilizó la regulación de los contratos de formación, reduciendo los requisitos para las horas de formación y permitiendo, entre otras cosas, la teleformación o la formación en el puesto de trabajo sin intermediación de un centro de formación.

No quiero infravalorar los riesgos debido a la competencia entre los dos sistemas y la posible devaluación de la formación en los contratos para la formación y el aprendizaje, pero en muchos casos estos contratos son la única vía disponible para ofrecer formación a jóvenes que no quieren continuar en el sistema reglado para terminar sus estudios secundarios o que hayan abandonado sus estudios en el pasado.

Además, estamos hablando de colectivos muy numerosos. La tasa de abandono escolar temprano está bajando desde el inicio de la crisis, pero la tasa de fracaso escolar (porcentaje de jóvenes que abandonan el sistema educativo sin la ESO) sigue estancada en niveles cercanos al 10%. Además, hay un evidente problema de stock. Entre los jóvenes de 25-29 años sin estudios post-obligatorio (ESO o menos) el porcentaje de ninis duplica tanto el porcentaje para los más jóvenes de 16-24 años (41 vs. 20%) como el porcentaje de ninis que había en este colectivo antes de la crisis. En total suman más de 700,000 ninis no-cualificados.

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Estas cifras son un claro indicio que las medidas adoptadas hasta la fecha no han sido suficientes. De hecho, como muestran los dos paneles del gráfico (extraídos de este artículo de Florentino Felgueroso) entre los jóvenes de 25-29 años menos educados el porcentaje de ocupados con un contrato de formación y aprendizaje no llega al 3% y de estos solo una minoría se está formando. Los porcentajes son algo mayores para los más jóvenes, pero ni siquiera para este grupo el porcentaje de ocupados con un contrato de formación y aprendizaje alcanza el 8% para los menos educados. El mérito del proyecto de Amadip-Esment consiste en ofrecer un programa de formación dual para estos grupos que es de calidad y que les abre la puerta a un futuro laboral estable.

El modelo de Amadip-Esment

La Fundación ofrece un programa de FP dual de tres años. Durante el primer año los alumnos dedican el 50% de su tiempo a actividades formativas en las instalaciones de la fundación y en los siguientes dos años este porcentaje se reduce hasta el 25%. Estos porcentajes son muy superiores a los mínimos exigidos por Ley (25, 15 y 15). Al final del programa los alumnos obtienen dos certificados de profesionalidad de nivel dos y durante los tres años los alumnos reciben 380 horas de formación en idiomas (alemán e inglés) que pueden convalidar en las escuelas oficiales de idiomas. Además, la formación profesional es idéntica a la formación ofrecida en el sistema de FP dual reglada; con solo 150 horas adicionales de formación los alumnos pueden obtener un título de formación profesional de grado medio. Por tanto, aquellos que desean volver al sistema reglado lo tienen mucho más fácil tras tu participación en el programa. Por el momento el programa ofrece dos titulaciones: técnico en servicio de cocina y en restauración, en el futuro Amadip quiere ampliar su oferta.

Pero más allá de los aspectos formales, lo que realmente llama la atención es la calidad del programa y el grado de compromiso de todas las personas involucradas. Se nota nada más entrar en sus instalaciones. La escuela de FP está ubicada en un edificio moderno y muy transparente; todos trabajan a la vista del público con maquinaria de última generación y por la tarde los alumnos de la FP dual se mezclan con el grupo de jóvenes con discapacidad intelectual.

Durante la visita me entrevisté con varias personas. Así descubrí que la fundación se ocupa de todas las vertientes de la formación y la inserción laboral. La fundación forma a sus propios formadores y también está acreditada para formar a los tutores asignados por las empresas que participan en el programa. Además, cuentan con orientadores e incluso una agencia de colocación que también presta servicios a terceros. En total los alumnos reciben unas 25 horas de orientación y tutorización, y existe un seguimiento individual de cada uno de ellos. Este seguimiento de los alumnos y la búsqueda de soluciones individualizadas es quizás el aspecto que más me impresionó. La adaptación de los programas a las necesidades de las personas es clave para la inserción de cualquier colectivo de jóvenes en riesgo de exclusión y el personal de la fundación ha sabido trasladar esta filosofía a su programa de FP dual. El resultado: alumnos muy contentos con buenas salidas laborales. Solo tuve la ocasión de escuchar a dos de ellos, pero en ambos casos los jóvenes hacían referencia a su transformación personal. La ESO se les hizo interminable y aquí encontraron su sitio trabajando y estudiando a la vez.

El proyecto de Amadip-Esment demuestra que es posible ofrecer formación de calidad al margen del sistema reglado. Además, no sólo es un buen complemento a la oferta de educación reglada, también sale más barato. Entre otras cosas porque la fundación genera casi la mitad de sus recursos con la venta de sus productos (que incluye el estupendo vino de la imagen que acompaña a la entrada). Absolutamente todo lo que se prepara en las cocinas y obradores de la escuela se vende.

En mi opinión el modelo de Amadip debería servir como ejemplo, sin embargo, los responsables de la fundación avisan que han tenido que superar muchos problemas burocráticos para montar sus programas. Problemas para ofrecer más horas de formación de las que se puede bonificar por Ley, algo que haría inviable la formación de los jóvenes más necesitados; diferencias arbitrarias en los derechos de los jóvenes, algunos con derecho a prestaciones por desempleo y otros no; la imposibilidad de firmar un contrato de tres años que contempla la adquisición de certificados de profesionalidad de nivel dos con jóvenes sin ESO, obligando a  revisar el plan de formación a mitad del camino, algo que requiere la aprobación de la autoridad laboral; y más recientemente el temor que el Estado pueda dejar de bonificar la formación a través de la Garantía Juvenil. En el caso de Amadip-Esment estas bonificaciones permiten ofrecer la formación en idiomas, algo crucial para trabajar en el sector de hostelería en una zona tan turística como Palma de Mallorca.

Esta entrada es una llamada a la administración. Debe mostrarse mucho más flexible y hacer un máximo esfuerzo para garantizar la financiación de este tipo de proyectos. El objetivo final debería ser la creación de una red nacional de programas de segunda oportunidad capaz de dar soluciones a los muchos jóvenes no-cualificados que desean formarse y que hoy en día malgastan su tiempo como ninis.

Hay 5 comentarios
  • Enhorabuena al equipo de la Fundación Amadip-Esment! Y gracias a ti Marcel, una experiencia ejemplar y excitante. Ésta y otras muchas como ella, tienen que darse a conocer y fortalecer. La red, indispensable.

  • Muchas gracias por esta entrada y, sobre todo, mi reconocimiento a los responsables del programa Amadip-Esment. Es muy agradable encontrar que, en medio del desastre en el que nuestro país se halla sumido, especialmente en materia de empleo y exclusión social, hay gente comprometida que hace las cosas "como Dios manda".

    • Probé de todo pero no llegue a pagar nada. Así que solo puedo confirmar la calidad 🙂 Además ver la mezcla de jóvenes, unos siguiendo la fp dual otros con formación más básica por tratarse de jóvenes con discapacidad, es una delicia.

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