¿Conviene reformar el salario mínimo?

Este martes el Congreso ha aprobado tramitar una ley que propone una subida escalonada del SMI hasta los 950 euros. Esta subida parece temeraria dado el altísimo nivel de desempleo en España, pero podría ser letal para jóvenes y otros grupos vulnerables. Para explicar el porqué reponemos una entrada que pusimos en 2014. La entrada aboga por la reintroducción de un SMI para jóvenes. Además, nos recuerda que el salario mínimo es un muy mal instrumento para la redistribución. En general es mucho más eficaz un impuesto negativo sobre la renta. Por último el debate sobre la subida del SMI es una buena ocasión para debatir sobre la conveniencia de la creación de un “low pay commission” para asesorar el gobierno en materia del SMI y más en general sobre estrategias para combatir la pobreza laboral. Y aquí, les dejamos con la reposición:

Cada cierto tiempo, el salario mínimo vuelve al centro del debate. Si hace un año fue el Banco de España quien causó revuelo con su propuesta de permitir, siempre de manera excepcional, remuneraciones por debajo del salario mínimo (aquí), ahora le ha tocado el turno a la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, quien copó todas las portadas con su propuesta de limitar la aplicación del salario mínimo interprofesional (SMI) a personas con formación.

Según se desprende de sus declaraciones, se trataría de una propuesta dirigida a los ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), con el objetivo de sacarlos del limbo en el que viven. No merece la pena perder el tiempo con críticas al tono zafio de su intervención, impropio de un representante empresarial. Lo que sí merece la pena es un debate sobre el fondo de la cuestión. Como trato de mostrar en esta entrada, hay argumentos bastante sólidos a favor de una reforma del SMI. La prioridad, en mi opinión, sería la reintroducción de un salario mínimo para jóvenes.

De hecho, éste fue mi reclamo en la reciente conferencia de IZA “A Minimum Wage for Germany? Learning from European Experiences” (programa y transparencias) que tuvo lugar en Berlín en el mismo día en que se conocieron los detalles del futuro salario mínimo en Alemania que solo se aplicará a mayores de 18 años.

Datos comparativos

Las propuestas para la reforma del SMI suelen estar motivadas por la percepción de que el salario mínimo constituye un obstáculo para la contratación de determinados colectivos con problemas de empleabilidad. Por tanto, antes de entrar en el meollo de la cuestión, vale la pena revisar la evidencia.

Primero, hay que destacar que el SMI es relativamente bajo, tanto en términos absolutos, como se puede ver aquí, como en términos relativos. La ratio entre el SMI y el salario medio (el llamado indice Kaitz) ronda el 35%, un dato que sitúa a España en el tercio más bajo de los países de la OCDE, como se puede ver en esta tabla.

Datos comparativos para el indice Kaitz

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Sin embargo, la situación cambia radicalmente si nos fijamos en los jóvenes. España igualó el salario mínimo de jóvenes y adultos en 1998 y desde entonces el SMI es igual para todos los trabajadores con independencia de su edad. Esta situación contrasta con la regulación en otros países donde el salario mínimo suele crecer con la edad del trabajador como se puede ver en este gráfico

El salario mínimo de jóvenes en porcentaje del salario mínimo de adultos

Snapshot 2014-05-07 13-32-34

Un caso emblemático son los Países Bajos. En mi país natal el salario mínimo para adolescentes de 16 años es sólo un tercio del salario mínimo para mayores de 23 años. Esta cifra es equivalente a un salario bruto mensual de 512 €, netamente inferior al SMI español, y solo a partir de la edad de 19 años se invierte esta situación con el salario mínimo holandés superando el SMI.

¿Constituye el SMI un obstáculo para la contratación?

El bajo nivel del SMI para adultos ayuda a entender por qué los estudios disponibles no suelen encontrar un efecto negativo del SMI sobre el empleo de adultos. Al contrario, muchos estudios sí encuentran efectos negativos para los jóvenes.

Sin embargo, con la excepción de este estudio del Banco de España, todos los estudios empíricos son anteriores a la crisis. Por lo tanto, no incluyen los efectos de la caída en la demanda de trabajo, ni el contraste entre la caída de los salarios durante la crisis y el considerable aumento en el SMI durante el período 2004-2009.

Si estos aumentos previos a la crisis han creado obstáculos para la contratación, uno esperaría ver un pico en la distribución de salarios a la altura del SMI. Los siguientes gráficos presentan la distribución de salarios en los nuevos contratos a tiempo completo (con una duración mínima de un mes) firmados durante 2007 y 2012, respectivamente. Como siempre, hemos utilizado datos de la Muestra Continua de Vidas Laborales. El SMI está señalado por la barra vertical.

La distribución de salarios en los nuevos contratos a tiempo completo

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Como se puede observar, el SMI es vinculante en menos del 2% de los nuevos contratos a tiempo completo. La baja incidencia del SMI se explica en gran parte por la alta cobertura de los convenios colectivos que suelen imponer tarifas mínimas superiores al SMI. No obstante, sorprende la ausencia de un notable aumento en la incidencia del SMI durante la crisis.

La distribución de salarios en los nuevos contratos a tiempo completo y parcial

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Este gráfico, con datos para todos los contratos nuevos, aporta la clave. La barrera del salario mínimo parece bastante permeable en España. En 2007 el porcentaje de contratos con una renta mensual por debajo del SMI a tiempo completo era del 19,3% y en 2012 este porcentaje había aumentado hasta el 31,7%. Obviamente, se trata de contratos a tiempo parcial, pero el aumento en las horas extras no remuneradas indica que se puede tratar de una manera encubierta de pagar salarios por debajo del SMI.

Para jóvenes se observa un patrón similar (véanse las transparencias), pero llama la atención que en su caso el aumento en el porcentaje de contratos con rentas mensuales por debajo del SMI es mucho menor, desde el 27,65% en 2007 hasta el 33,48% en 2012.

Argumentos a favor de una reforma

Queda mucho análisis por hacer, pero mi lectura de estos datos es que solo hay cierta urgencia para reformar el salario mínimo de jóvenes. Su nivel es relativamente alto y hay evidencia que los aumentos en el SMI hayan tenido un impacto negativo sobre el empleo juvenil, incluso antes de la crisis.  Pero esto no sería el único argumento a favor de la reintroducción de un salario mínimo para jóvenes.

España tiene un gravísimo problema de paro juvenil y muchos de estos jóvenes van a necesitar formación. Un salario mínimo para jóvenes sería un mecanismo para permitir que los jóvenes (sin cualificación) paguen una mayor proporción del coste de su formación, tanto en los contratos de formación como en el resto de los contratos. Además, con vistas al futuro, la reintroducción de un salario mínimo para jóvenes puede ayudar a reducir el abandono escolar.

Una opción sería la de volver a la situación antes de 1998, pero el proceso de aprendizaje de los jóvenes no acaba a los 18 años. Por tanto, una vez que se decida reformar el SMI sería conveniente considerar la opción de introducir un aumento escalado del SMI hasta la edad de 21 o 23 años.

También hay muchas personas sin cualificación entre los mayores de edad. Pero ya existen medidas para permitir su formación como el aumento en el límite de edad para los contratos de formación y aprendizaje hasta los 30 años. Para el resto de adultos con problemas de empleabilidad no parece que la solución adecuada pase por cambios en el nivel del SMI. Dado que muchas de estas personas tienen responsabilidades familiares, parece más razonable buscar fórmulas para reducir su coste laboral a traves de reducciones en las cotizaciones sociales como defendimos aquí y aquí.

Por último, todos los participantes en la conferencia de IZA insistían en dos puntos. Primero, el salario mínimo no es un buen instrumento para la redistribución de la renta. Hay otros instrumentos más eficaces cómo créditos fiscales (in-work benefits). El SMI solo debería servir para establecer un mínimo razonable en la distribución de salarios. Segundo, para evitar efectos indeseados sobre el empleo, es preferible que haya una comisión de expertos, como la Low Pay Commission inglesa, para asesorar el gobierno sobre la evolución adecuada del salario mínimo.

Todos estos aspectos merecen nuestra atención. Pero lo que necesitamos es un debate sereno entre expertos, políticos y representantes de los interlocutores sociales y no las boutades aisladas de alguna empresaria, y menos en nombre de una organización empresarial. De hecho, nuestras organizaciones empresariales harían bien en poner tanta énfasis en la necesidad de rebajar salarios como en su responsabilidad de participar activamente en la inmensa tarea de formar a los parados.

 

* Muchísimas gracias como siempre a Alfonso Arellano por su indispensable ayuda en la preparación de los datos.

Marcel Jansen

Marcel Jansen es Profesor Titular de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador de Fedea. Llegó a España en 2001 tras obtener el doctorado en Economía en el Instituto Universitario Europeo en Florencia. De origen holandés, Marcel es un experto en macroeconomía y economía laboral.