Brechas de género en la infancia

por Libertad González el 07/03/2016

nenesEn San Francisco asistí a una (otra) sesión muy interesante sobre “brechas de género en la infancia”, en la que presentaron dos de las personas más relevantes de mi área (economía laboral/pública aplicada): Raj Chetty (Stanford) y David Autor (MIT).

La idea principal de sus resultados es que en EEUU, el haber crecido en un entorno desfavorecido (en una familia pobre, con una madre soltera, en un barrio “chungo” o en un colegio muy malo) está asociado con resultados negativos a medio y largo plazo (lo que ya sabíamos), pero mucho más para los niños que para las niñas. A los niños de familias de nivel socio-económico bajo les va peor en la vida que a las niñas, en muchas dimensiones. Ambos estudios concluyen con el mensaje de que a los niños les afectan más las malas condiciones (familiares o del barrio y el colegio) durante la infancia que a las niñas, en términos de resultados a largo plazo. Esto les lleva a afirmar que las brechas de género en la edad adulta tienen sus raíces en la infancia.

Chetty y sus coautores se centran en mostrar cómo las “brechas de género” en la edad adulta varían mucho a lo largo de la distribución de la renta de los padres. Entre niños/as de familias pobres, la brecha en, por ejemplo, tasas de empleo, incluso se invierte (los hombres procedentes de familia pobre tienen tasas de empleo inferiores a las mujeres).

Autor y coautores estudian dimensiones como las tasas de graduación de la educación secundaria, los resultados en tests estandarizados, los problemas de comportamiento en el colegio, y la criminalidad juvenil. Analizan pares de hermanos niño-niña (para controlar por características familiares), y tratan de entender la medida en que la desventaja relativa de los niños de origen pobre se debe a factores prenatales o a un impacto diferencial del entorno socioeconómico durante la infancia, decantándose por esta última hipótesis (ya que los hermanos de familias pobres no difieren de sus hermanas en términos de salud al nacer).

El tema me pareció muy interesante, así que he aprovechado para intentar realizar este tipo de análisis con datos españoles. La dificultad estriba en encontrar bases de datos con resultados en la edad adulta (tipo empleo o salarios), y que también incluyan información sobre el nivel educativo o de renta de los padres o el barrio en el que creció una persona. Finalmente, me he centrado en resultados educativos de personas jóvenes (que aún viven con sus padres): el nivel de estudios alcanzado por personas de 16 a 20 años en la Encuesta de Población Activa (EPA), y los resultados en los tests estandarizados PISA a los 15 años (de los que ya hemos hablado muchas veces, por ejemplo aquí).

La figura 1 muestra los datos de la EPA (2º trimestre de 2015), por separado para hombres y mujeres. El tamaño muestral es 8.144 personas. El eje vertical muestra la proporción de jóvenes que han completado la educación secundaria obligatoria en el momento de la encuesta, y el eje horizontal agrupa a las personas según el nivel educativo de sus padres.

Figura 1. Proporción de jóvenes que han completado la ESO, según el nivel educativo de los podres (EPA 2015, edades 16-20)

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Lo primero que destaca del gráfico es algo que ya sabíamos (ver aquí y aquí): los resultados educativos de los hijos están muy relacionados con el nivel de formación de los padres. Mientras que el 95% de los hijos de padres universitarios ha completado la ESO, la cifra cae al 77% entre aquellos cuyos progenitores no tienen un título de educación secundaria de primera etapa. Se trata de una escandalosa brecha de 18 puntos porcentuales.

Pero también destaca cómo la brecha de género varía con la distribución de nivel educativo de los padres. Entre los hijos de universitarios, la brecha es casi inexistente (menos de 1 punto a favor de las niñas), mientras que ésta es mucho mayor entre niños con padres de baja formación (ver figura 2). La brecha de género alcanza los 5 puntos en familias en que los padres no han completado el bachillerato.

Por tanto, los datos parecen ir en la misma dirección que los de EEUU: la procedencia familiar parece afectar más a los niños que a las niñas, al menos en cuanto a las tasas de graduación de la educación secundaria. Esto queda confirmado en un análisis de regresión con variables de control y medidas alternativas de desventaja socioeconómica de las familias.

Figura 2. Diferencia entre las tasas de graduación de la ESO de hombres y mujeres, por nivel educativo de los padres (EPA 2015, edades 16-20)

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Para intentar entender mejor los mecanismos, he mirado también los datos de PISA (años 2000-2012). En general, las niñas obtienen mayor puntuación en las pruebas de lectura, y los niños en las de matemáticas. Estas brechas, sin embargo, no varían significativamente con el nivel socioeconómico de la familia (algo que también encuentran Autor y coautores para EEUU). Es decir, parece que a nivel cognitivo (a los 15 años) la procedencia familiar no está asociada a los resultados de manera diferencial por género.

Si el origen de la brecha educativa no es cognitivo, ¿qué puede ser entonces? Donde sí se observa una brecha de género decreciente con el nivel socioeconómico en los datos de PISA es en variables de comportamiento. Los chicos de familias desfavorecidas muestran actitudes mucho más negativas hacia la escuela y repiten curso con más frecuencia, y este gradiente no es tan pronunciado entre las chicas.

Parece ser entonces que, también en España, el entorno familiar ejerce una influencia importante sobre los resultados educativos, pero esto es así especialmente para los niños. Es probable que esto tenga consecuencias más a largo plazo, en términos de mercado laboral y renta, y también sobre los resultados de la siguiente generación. No sabemos bien a qué se debe esta brecha de género en la infancia, pero seguramente merece la pena prestarle más atención.

Valles marzo 7, 2016 a las 13:20

Muy interesante post.
– En familias de extracción más baja parece que las niñas (por influencia de las madres??) tienen más claro que la educación es su mejor herramienta para “salir del barro” (ascender socialmente), lo cual puede que no esté tan claro en el caso de los niños. En paralelo, en España se da el caso de la masculinización de las zonas rurales donde las niñas ven en la educación una forma de escapar del campo (aquí el influjo materno sí está estudiado).
– Los sistemas educativos pueden estar dando excesiva importancia a ciertas virtudes que quizá las niñas tengan en mayor proporción (atención, disciplina); mientras que algunos puntos fuertes (comparativamente) de los niños no se valoran en la escuela (como ejemplo citaré lo que decía un comentarista creo que de este blog en otro post antiguo “sabíamos montar y desmontar el motor de un “dos caballos” sin ningún manual y, sin embargo, nos decían que éramos “burros”).
Las familias con más posibilidades (en sentido amplio) pueden poner más medios para “centrar” a sus hijos varones y evitar el aburrimiento de la escuela, circunstancia que no se da entre las menos acomodadas.

Libertad González marzo 7, 2016 a las 14:08

Gracias por el comentario. Yo también tengo esa sensación de que el sistema educativo valora actitudes que quizá son más frecuentes entre las niñas, o, como dices, no valore ciertas capacidades más comunes entre los niños. Yo tengo dos hijos varones, y me llama la atención que en sus clases los alumnos con “problemas de comportamiento” siempre son niños.

Casandra marzo 7, 2016 a las 16:17

Una nueva discriminación por sexo … esta vez positiva para la mujer. Interesante y, como todas estas situaciones, preocupante y merecedora de investigaciones posteriores.
Para empezar se me ocurre que los hijos de familias con pocos recursos son más proclives a ser víctimas de la mala vida: delincuencia, drogas, etc. y, en este aspecto, los varones siempre han ido muy por delante.

Libertad González marzo 7, 2016 a las 16:21

Hola Casandra, en realidad nada de lo que he contado es evidencia de discriminación, sólo de diferencias estadísticamente significativas entre chicos y chicas, pero como comento, no sabemos a qué se deben.

En cualquier caso, en el artículo de Autor et al. proporcionan alguna evidencia en la dirección que apuntas (más comportamientos delictivos entre los chicos jóvenes de familias desfavorecidas que entre las chicas).

Pablo Brañas marzo 7, 2016 a las 21:25

Hola Libertad

Muy chulo!! Que pasa si respites el análisis para hijos unicos? Y si amplias el same para parejas niño niña? Creo que ambos casos, juntos y separados, te permiten decir muchas cosas!

Un abrazo, Pablo

Libertad González marzo 8, 2016 a las 06:45

Hola Pablo, gracias. Miraré de probar lo que dices. Entiendo que tu primera sugerencia se refiere a incluir sólo a niños sin hermanos en la muestra, y la segunda a inlcuir sólo a niños/as que tienen un hermano/a del sexo contrario? ¿Cuál es tu hipótesis?

Pablo Branas marzo 8, 2016 a las 22:00

hola

en caso de hijo unico, seria muy “contundente” encontrar el mismo resultado: padres q no teniendo otra opcion no educan a su unico hijo (vs unica hija)

en caso de pareja mixta, deberiamos de ver el resultado aumentado, ya que tienen la opcion verdadera de hacerlo mejor (peor) con uno que con otro.

un abrazo

Libertad marzo 13, 2016 a las 08:16

Gracias. Ya te contaré si tu hipótesis se confirma :-)

carlos marzo 7, 2016 a las 23:37

Se me ocurre que quizás sea consecuencia de otra discriminación según la cual los varones con menor formación tienen mayor accesos a puestos de trabajo que requieran menor cualificación, agricultores, ganaderos, carpinteros, fontaneros, peones de la construcción, repartidores o transportistas constituyen un nicho de trabajo casi reservado para el género másculino.

Libertad González marzo 8, 2016 a las 06:47

Hola Carlos, interesante hipótesis. Se podría mirar si la brecha salarial entre mujeres y hombres es mayor en puestos de trabajo poco cualificados (porque haberlos, haylos realizados por mujeres, claro, aunque son otros). Esto va un poco en la línea de esta entrada.

carlos marzo 8, 2016 a las 21:03

En efecto, Libertad, algo semejante sucede de forma tradicional en lo rural y en las costas, uno de los hijos varones escoge la salida laboral que le ofrece la dedicación del padre, comienza ayudando y colaborando en la profesión de agricultor, pescador, marinero, marisquero o criador de ganado o aprendiendo el oficio y heredando la clientela y las herramientas, mecánico, electricista. Mientras tanto las hijas continuan estudiando, no quiero decir que la mujer no pueda desarrollar esas labores, sólo repaso algunas de las situaciones familiares por mi conocidas.

Tania marzo 8, 2016 a las 12:01

Un artículo muy interesante.
Siguiendo el comentario de Valles, esta diferenciación rural-urbano me parece fundamental. En el mundo rural, los niños son más proclives a ayudar en las tareas de campo que las niñas. En este sentido, pueden considerar, tanto ellos como sus padres y madres, que la educación no es un imprescindible para su supervivencia. Esta desigualdad, que viene dada por donde naces,me parece muy meritoria de análisis y políticas públicas. No sólo a nivel de diferencias estadísticas en resultados por género, sino también a nivel global. Supongo que ésto ya estará hecho, pero ver las diferencias en niños que proceden de zonas rurales y se quedan o se van de las mismas para ir al colegio en sus outputs futuros me parece muy interesante.

Libertad González marzo 8, 2016 a las 12:06

Gracias Tania. Estoy de acuerdo en que sería interesante mirar si esta tendencia es más o menos pronunciada en zonas rurales (lo haré), pero dada la muy baja proporción de la población dedicada a la agricultura en la actualidad, te puedo casi asegurar sin mirar los datos que el patrón seguro que también se mantiene en la submuestra urbana.

Inés marzo 8, 2016 a las 16:37

Hola Libertad,

Me parece que tanto el post y como la temática son muy interesantes.

Con relación a lo que han comentado otros lectores, me parece muy interesante la diferenciación entre hijos únicos y parejas de distinto sexo. En este sentido, ¿sería posible que también ejerciese alguna influencia en la brecha que mencionas del orden de nacimiento (es decir, si el primer hijo es niño o niña)? Los niños que son hijos únicos o primer hijo, ¿podrían mostrar resultados distintos de los niños con hermanas mayores? Si las niñas parecen mostrar más ‘fortaleza’ a la adversidad, ¿sería posible que -para unas condiciones socioeconómicas dadas- tener una hermana mayor ayudase a los niños a mejorar sus resultados escolares?

Libertad marzo 13, 2016 a las 08:17

Anotado para mirar, gracias! :-)

David Cuberes marzo 9, 2016 a las 18:25

Hola Libertad,

No sabía que ibas a hablar de eso! Está muy relacionado con mi entrada de ayer sobre Moving to Opportunity… Deberíamos comparar notas un día de estos… Saludos!

David

Libertad marzo 10, 2016 a las 09:49

Hola David, pues sí! :-)

Javier Rodríguez marzo 12, 2016 a las 18:02

Uf. También podría verse otro factor (coadyuvante) la feminización de la enseñanza. La mayoría de maestros son mujeres y el profesorado ya está feminizado. Y el otro factor no es el agro, es simplemente el turismo.

Alfonso marzo 15, 2016 a las 18:30

Este artículo se debería haber llamado “Tú no princesa, tú no”
(googlear si no se entiende)

Jose marzo 17, 2016 a las 21:30

Muy buen estudio. Ya hay otro en el que se analizan datos de PISA y de EPA, para mostrar que las diferencias en fracaso escolar administrativo por género son más grandes que en bajo rendimiento en PISA, y se plantea la hipótesis de que eso se debe a las distintas oportunidades laborales y obligaciones de trabajo doméstico de los adolescentes por sexo https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5144521. Además, las diferencias son prácticamente inexistentes en cuarto de primaria (PIRLS), pero en PISA son mayores.

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