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¿Cómo afecta el comercio internacional a mi salud?

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Igual que Juan Francisco, también he pasado la última semana a 20 grados bajo cero en Filadelfia, asistiendo al congreso anual de la American Economic Association. Como comenté con él cuando nos cruzamos por los pasillos, no hemos asistido precisamente a las mismas sesiones, con lo que hoy me toca a mí compartir mis notas.

Dado mi reciente interés en economía de la salud, me llamó la atención la sesión sobre “Comercio internacional y salud”, en la que varios trabajos discutían el impacto de shocks a las importaciones o exportaciones sobre la salud de la población. El aumento en el comercio internacional puede afectar al bienestar de la población a través de distintos canales (efectos sobre precios, salarios, empleo, etc), y además puede afectar de manera diferente a distintos grupos (trabajadores en distintos sectores, consumidores, etc). Sin ir más lejos, hace poco hablábamos de sus efectos sobre formación familiar.

En la primera presentación, Lorenzo Rotunno nos contó cómo la importación de productos alimenticios poco saludables de EEUU ha tenido efectos importantes sobre las tasas de obesidad en Méjico, a través de cambios en los patrones de consumo de la población.

Me interesó en particular la presentación de Jérôme Adda, en la que explicaba su estudio sobre el impacto de las importaciones de China sobre la salud de los trabajadores en EEUU. Analizando la variación entre sectores y áreas geográficas, Jérôme y su coautora documentan los efectos del comercio con China sobre la salud de los trabajadores en el sector de manufacturas. Los resultados sugieren que el aumento en las importaciones de China ha afectado de manera negativa a la salud física y mental de los trabajadores, que empeoran sus comportamientos relacionados con la salud, reducen la utilización de servicios sanitarios, y sufren más hospitalizaciones. También encuentran aumentos en la mortalidad. Los efectos son más pronunciados en áreas con mayor proporción de empleos de tipo “rutinario”. Como canal principal, los autores se decantan por el efecto negativo de las importaciones sobre el nivel de renta de los trabajadores en los sectores afectados (del efecto del comercio internacional sobre los salarios ya hablamos aquí), aunque no pueden descartar qué parte del impacto se debe a reducciones en la cobertura sanitaria.

La ponencia de Peter Schott estuvo muy relacionada con la anterior. Su trabajo se centra en los efectos del aumento de las relaciones comerciales con China sobre la mortalidad adulta, tratando de explicar en particular las “muertes por desesperación” (las “deaths of despair” de Case y Deaton), que definía como los fallecimientos por suicidio o abuso de drogas o alcohol. (Del aumento reciente en la mortalidad adulta en EEUU ya les hablé hace unos meses aquí.) Los resultados sugieren que, tras la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2000, las áreas de EEUU más afectadas por el aumento en las importaciones experimentaron aumentos en las tasas de mortalidad adultas por las causas descritas.

Las conclusiones de estos trabajos ponen énfasis en cómo el aumento en los flujos de comercio internacional puede tener efectos perniciosos sobre el bienestar de los ciudadanos (la salud en particular). Sin embargo, uno de los “discussants” lanzó un comentario que me pareció muy acertado. El comercio internacional puede afectar al bienestar de la población por varios canales. Por un lado, un aumento en las importaciones puede hacer que bajen los precios de los productos que se producen a costes más bajos en otros países. Esta bajada de los precios afectaría de manera positiva al nivel de vida de los ciudadanos en su conjunto, en la medida en que sean consumidores de esos productos. Pero por otro lado, la mayor competencia internacional puede afectar de manera negativa a los trabajadores de los sectores más afectados, por ejemplo el industrial. El impacto negativo en el empleo y los salarios en estos sectores empeorarían el nivel de vida de sus trabajadores. Los trabajos presentados en esta sesión se centran en este segundo canal, pero a la hora de evaluar el impacto global del aumento en el comercio internacional, no debemos olvidar el primero. Como ya concluíamos aquí, es importante recordar que la globalización puede generar ganadores y perdedores, y pensar en posibles mecanismos de compensación para los segundos.

Libertad González

Libertad González es profesora de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. Doctora por la Universidad de Northwestern, trabaja en las áreas de Economía Laboral y Economía Pública, con intereses en temas relacionados con la familia: fertilidad, divorcio, oferta laboral femenina, y efectos de políticas públicas.