60 millones de refugiados

por Libertad González el 10/02/2016

60_Million_RefugeesEl mes pasado asistí al congreso anual de la American Economic Association, del que ya hemos hablado muchas veces (por ejemplo aquí) y que este año se celebró en San Francisco. Además de presentar mi trabajo en una sesión, y de entrevistar candidatos para mi departamento, tuve la oportunidad de asistir a conferencias muy interesantes. Un ejemplo fue la que versó sobre refugiados (pueden encontrar el webcast aquí). El título de la sesión, “60 millones de refugiados”, hace referencia al informe de Naciones Unidas de 2015, que cifraba en 59.5 millones el número de personas “desplazadas a la fuerza” a nivel mundial.

Recomiendo su visionado completo, y aquí sólo resumo las notas que tomé durante la sesión con los puntos que más me llamaron la atención (pueden encontrar el resumen en inglés del organizador de la sesión, Robert J. Schiller, aquí). En primer lugar intervino Tim Hatton (de la Universidad de Essex), quien empezó por recordarnos la definición de refugiado (según la Convención de Ginebra): personas que se encuentran fuera de su país debido a un temor fundado de ser perseguidos (y que no encuentran protección en su país). Implícitamente se suele incluir en la definición a las personas que huyen de un conflicto armado, pero no siempre. A continuación presentó resultados de un análisis econométrico de los flujos de solicitudes de asilo en 19 países, de personas procedentes de 48 países diferentes (entre 1997 y 2012). Controlando por “efectos fijos” de cada par de países (destino y origen), sus resultados mostraban que, como sería de esperar, las variables más correlacionadas con la magnitud de los flujos de refugiados son aquellas que miden las situaciones de guerra, terror y abusos de los derechos humanos en los países de origen. Con respecto a los países de destino, encontraba que las políticas nacionales sobre refugiados también eran relevantes. Por último, me pareció interesante comprobar la influencia significativa de variables económicas, en particular la renta per cápita de los países de origen y destino. Esto confirma algo que ya intuía, y es la dificultad de separar los flujos migratorios económicos y no económicos.

Le siguió Susan F. Martin (de Georgetown), que centró su exposición en resaltar que millones de personas se encuentran “desplazadas a la fuerza” por razones que no pueden incluirse en “el temor de ser perseguidos”, pero que no por ello merecen menos atención. Algunas de estas razones son desastres naturales, conflictos armados, accidentes industriales o nucleares, etc. Apuntó también que el cambio climático probablemente provocará el desplazamiento de muchas más personas en un futuro cercano. Si bien existe un cierto marco legal internacional para los refugiados, esto no es cierto para todos estos otros casos (incluyendo los desplazados internos), lo que deja a millones de personas en situación de desprotección. En términos de recomendaciones de política, señaló la necesidad de disponer de más recursos para asistencia básica a los desplazados, así como más atención a las políticas de relocalización.

La tercera intervención fue a cargo de Jeffrey Sachs (Columbia), quien volvió a resaltar la línea gris que separa a los refugiados de los emigrantes. Su principal argumento fue que, si bien existen acuerdos internacionales que regulan distintos aspectos que afectan a la economía, como el comercio internacional, la cooperación internacional en tema de migraciones es casi inexistente (sólo existe un marco muy general para los refugiados, e incluso éste se encuentra bastante poco desarrollado). Esto resulta sorprendente dada la magnitud y relevancia de los flujos internacionales de personas. Su regulación se deja en manos de los gobiernos nacionales, a pesar de que el tema tiene implicaciones importantes de derechos humanos, económicas, y sociales. Muchos economistas están de acuerdo en que facilitar las migraciones internacionales daría lugar a un aumento en la producción económica global, con beneficios tanto para los migrantes como para los residentes de los países de origen y destino, y probablemente reduciría la desigualdad a nivel mundial (más aquí). Sin embargo, este tema continúa siendo muy polémico en la sociedad. Sachs se quejaba de la ausencia de unos estándares globales, e insistía en la necesidad de un régimen internacional que incluya normas, leyes e instituciones que apliquen a los migrantes a nivel global. Me pareció muy apropiado su énfasis (claramente normativo) en que se deberían reconocer los motivos económicos para desplazarse como legítimos, y casi atrevida su afirmación de que la libertad de elegir dónde vivir es un derecho humano legítimo. Su intervención fue un alegato a favor de la liberalización (acompañada de regulación y cooperación) de las migraciones internacionales.

Por desgracia, una entrevista me esperaba, y no pude quedarme a la presentación de Semih Tumen, que habló del impacto de los refugiados sirios sobre la economía turca, ni a las discusiones de Joseph Altonji, George J. Borjas, David Jaeger, y Giovanni Peri, todos expertos en el tema, pero pueden escuchar sus intervenciones en el webcast. Espero que las disfruten tanto como yo.

7A6C febrero 10, 2016 a las 23:12

Actualmente, sesenta millones… Próximamente… África va camino de los cuatro mil millones de habitantes a finales de siglo. Creo que estas cifras dan una idea de la verdadera dimensión demográfica, económica y social que tiene la política de puertas abiertas a los refugiados.

Hander febrero 12, 2016 a las 12:37

¿Seguro que Africa va camino de los 4.000M?

Apenas ha llegado a los mil y casi todos los países muestran rápidos patrones de cambio demográfico (salvo Niger y algún otro país en el Sahel).

https://www.newsecuritybeat.org/wp-content/uploads/2015/05/Madsen-Fig1-900×578.jpg

7A6C febrero 12, 2016 a las 18:03

Son las últimas estimaciones de la ONU. Por cierto, muy corregidas respecto de las que hizo hace unos pocos años.

Jose Pablo febrero 10, 2016 a las 23:57

Es curioso un mundo donde nos parece “atrevida” la afirmación de que un ser humano debería tener la libertad de elegir donde vivir.

Cuesta entender que una persona humana (la mayor parte cualifica) que nace en Tijuana o en Ciudad Juarez no pueda “elegir” vivir a unos metros de donde nació en San Diego o en El Paso. En una sociedad que presume de “abierta” es como mínimo llamativa la capacidad de los gobiernos para limitar libertades tan básicas como esa.

Para cualquiera que haya experimentado la batalla burocrática y absurda de permisos de residencia, estatus, visas, etc… la sensación no puede ser más absurda y humillante, incluso cuando no pide nada de ese Soberano que se erige en dueño de sus pasos.

Pocas razones más hacen falta (pero las hay, muchas) para entender a los gobiernos como lo que son: enemigos mortales de los individuos.

Jaime de B. febrero 13, 2016 a las 17:47

Amigo Jose Pablo:

Los malos gobiernos son enemigos de los individuos. Los buenos gobiernos son necesarios para evitar (o cuando menos mitigar) la guerra de todos contra todos.

Lee a Hobbes.

Jose Pablo febrero 14, 2016 a las 23:13

Jaime,

no comparto el pesimismo de Hobbes sobre el ser humano y, siendo objetivos, si los gobiernos son la mejor “solución” para evitar la violencia, no queda más remedio que reconocer su estrepitoso fracaso!!.

Me resulta imposible imaginar una alternativa que hubiese causado más víctimas que los estados modernos o que hubiese construido la capacidad, indiscutiblemente violenta, de exterminar la especie: sí esa es la solución, prefiero el problema.

El proverbial lobo de tu amigo Hobbes no ha podido, ni de lejos, aproximarse a las decenas de millones de muertos (todos ellos individuos) causados por los gobiernos.

Los buenos gobiernos no existen, son un oxímoron al nivel de “inteligencia militar” o “sabrosa comida inglesa”. Hayek te explicará bien why the worst get on top (a diferencia de lo que sucede con los lobos).

RIG febrero 19, 2016 a las 23:30

La razón por la que los estados no dejan residir a cualquiera en el territorio del que son soberanos es la misma por la que tu no dejas que cualquiera viva en tu casa.

Rodrigo febrero 12, 2016 a las 22:25

El artículo cita varios otros artículos muy interesantes y ciertos. Como que una libre migración a nivel internacional ayudaría mucho a la economía global, y beneficiaría tanto a los residentes como a los inmigrantes. Sólo que no veo que esto contemple factores como inseguridad y nuevas desigualdades que se crean a partir de la formación de “guetos”. Y en cierto modo, los residentes locales de países con economías e instituciones saludables tienen todo el derecho a protestar, sobretodo cuando los logros de sus naciones son el fruto de muchas generaciones de sacrificio disciplinado. Hasta la compasión necesita ser regulada.

Jose Pablo febrero 13, 2016 a las 16:06

“todo el derecho a protestar” ¿a protestar por qué exactamente?. Tendrán derecho a protestar si alguien ocupa su propiedad o si alguien les agrede por la calle. Para eso existe el derecho y los tribunales.

Tener “derecho” a protestar porque a la casa que está al lado de la mia en San Diego venga a vivir (y a pagar impuestos) un tipo de Tijuana (a uno pocos km de distancia) pero no tener derecho a protestar si viene uno de Boston (a miles de km) es un “derecho” muy peculiar (a las políticas de inmigración les da, incluso, igual que el de Boston no pague sus impuestos y el de Tijuana si).

Y es por cierto discutible qué generaciones se “sacrificaron” más para construir la California actual antes de ser arrebatada a los mexicanos por la fuerza: ¿generaciones de americanos o de mexicanos? … puestos a hablar de “sacrificio”.

Y es curioso que “criterios tan compasivos y bien intencionados” no funcionaran con los nativos en Wounded Knee ni aplicasen cuando los “nuevos” eran los europeos. Al parecer, entonces, la “compasión” tenía otras reglas.

Que mis derechos sean diferentes por el color de mi piel es una idea que hace tiempo (pero no tanto) nos resulta desagradable, que mis derechos sean diferentes por mis inclinaciones sexuales empieza (afortunadamente) a resultarnos inaceptable. Espero que más pronto que tarde que mis derechos sean diferentes por el lugar en el que he nacido nos empiece a parecer también intolerable.

Libertad González febrero 13, 2016 a las 16:09

Gracias José Pablo, estoy de acuerdo contigo.

7A6C febrero 14, 2016 a las 21:49

Jose Pablo,

Estás suponiendo que la homogeneidad étnica y cultural, el capital social, la capacidad de cooperar… no tienen ninguna influencia en la actividad económica. Sólo hace falta observar el mundo para concluir que la variación de la riqueza y la pobreza obedece a más causas que la presencia o ausencia de ciertas instituciones formales.

Habría que preguntarse también porque estas últimas surgen en unos países y no en otros, y cómo de compatibles con ellas son las distintas sociedades. Por ejemplo, el imperio de la ley no actúa simplemente porque esté recogido en una constitución o exista un cuerpo de policía. En la civilizadísima Europa existen y siempre han existido barrios que son evitados por todos salvo sus residentes al no haber ninguna garantía para la integridad física.

Por otra parte, pones el derecho a emigrar por delante del derecho a decidir con quién convivir. No creo que exista ningún salto mortal de la propiedad privada a la soberanía nacional. La inmigración masiva y no selectiva impone unos costes considerables en términos de salarios, renta, servicios públicos… sobre muchos ciudadanos que pueden y deben dar su voz y voto al respecto.

Jose Pablo febrero 15, 2016 a las 18:32

7A6C, no consigo seguir tus argumentos:

No conozco estudios que relacionen heterogeneidad cultural y desarrollo económico (referencias?): la América del XIX (California en particular), la España previa al decreto de expulsión de los judíos o la Venecia del sXIV parecerían indicar lo contrario.

Sí parece que el control de las instituciones por parte de los extractores de renta tiene un impacto, negativo, muy superior a factores “culturales” (Acemoglu y Robinson http://www.amazon.com/Why-Nations-Fail-Origins-Prosperity-ebook/dp/B0058Z4NR8)

Tampoco entiendo la diferencia entre “derecho a emigrar” y “derecho a con quien convivir”. Las naciones se desarrollan en base a la expulsión, frecuentemente por la fuerza, de los habitantes originales. Se entiende mal que la “ocupación por la fuerza” sea con arreglo a derecho pero que el “asentarse pacíficamente” sea contrario a él (¿¿??).

Respecto a los “costes” que impone la inmigración:

los “costes” no los impone la inmigración si no una política de “redistribución” que elegimos voluntariamente. Esas políticas se pueden considerar adecuadas por morales o justas, pero considerarlas apropiadas si me favorecen a mi e inapropiado que favorezcan “a otros” que objetivamente lo necesitan más que yo no parece defendible.

Si las políticas de inmigración tienen como objetivo que los receptores de ayudas públicas no tengan que compartirlas con gente que las necesita más que ellos o evitar que contraten a alguien más capaz para mi trabajo, eso es un argumento que respalda la bajeza moral de esas políticas y no lo contrario.

El argumento de que los “sangre sucia” son culpables de nuestros problemas personales son, con frecuencia equivocados.

7A6C febrero 16, 2016 a las 22:23

Jose Pablo,

Salvo para los europeos, no me parece que el continente americano sea el mejor ejemplo de las maravillas de la inmigración, la multirracialidad y la multiculturalidad. Es un hecho documentado que la heterogeneidad étnica y cultural se relaciona con el subdesarrollo económico y el conflicto social. Hay que preguntarse por qué las instituciones extractivas rigen en unos países y son superadas en otros.

Sí es cierto que algunas minorías, como los judíos, logran prosperar incluso en condiciones de franca opresión. Quizá tenga que ver con ciertas características que facultan la capacidad de cooperar y no están igualmente distribuidas, por las causas que sean, entre todos los pueblos de la tierra. Me refiero a la inteligencia, la paciencia o la cohesión social.

No hace falta remontarse a la noche de los tiempos para fundamentar o refutar la soberanía nacional. Simplemente, se trata de un convenio aceptado por la inmensa mayoría que da derecho a los ciudadanos de cada estado a regir el destino del mismo, incluida la política migratoria. Los cálculos utilitarios “objetivos” sobre las necesidades propias y ajenas puede usted hacerlos valer ejerciendo su derecho al voto. Déjenos a los demás que también hagamos lo propio.

Jaime de B. febrero 17, 2016 a las 00:02

Jose Pablo:

Es muy revelador comprobar que incluso personas inteligentes como Vd. han sido seducidas por el discurso libertario y austrófilo. Me cuesta creer que para abrazarlo le baste a Vd. la innegable virtud de la simplicidad.

La vida civilizada se caracteriza por la existencia de normas, y detrás de ellas, mal que nos pese, tiene que haber algún tipo de autoridad. No ha existido nunca la humanidad sin gobierno. Más nos vale velar por que dicho gobierno sea de una índole que nos convenga.

Por lo que respecta a la inmigración, quiero creer que su desinterés por la propiedad colectiva (el territorio público de un país) es parejo al que siente por la individual. O sea, que defiende usted un anarquismo de linaje bakuninista, que no reconoce el derecho a la propiedad privada. ¿Me equivoco?

Reconozco a Hayek la valentía de defender sus ideas, que en general no comparto, en una época en la que triunfaban las corrientes keynesianas. Por lo demás, sus obras son muy poco originales. Su teoría de que los precios comunican información es una perogrullada señera. Lo del “orden espontáneo” es de una ingenuidad que produce ternura. Como filósofo social del liberalismo, no dice nada que no esté mucho mejor expuesto en Locke, Bentham o Stuart Mill.

Jose Pablo febrero 18, 2016 a las 05:55

Jaime:

como usted bien sabe, utilizar el “no ha existido nunca” como demostración de que algo no puede existir es lógicamente incorrecto (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia). Pero, además, es extraordinariamente derrotista respecto a la capacidad del ser humano para superar una institución capaz de causar tanto daño al individuo (guerras, políticas de hijo único, impuestos, levas, expropiaciones, exiliados, …).

Sinceramente no entiendo que ningún ser humano tenga derecho a vetar que otro ser humano viva a su lado. Entendería una “propiedad colectiva” del ser humano sobre el mundo, pero una “propiedad colectiva” que puede ejercer sobre Melilla un rumano (de momento) pero no un marroquí, me suena extraordinariamente arbitraria, sospechosa e injusta.

Pero aceptemos su premisa (que no demostración) de que un gobierno hace falta. Eso no nos lleva a que nos hagan falta en el mundo 194!!! (y con vocación de “Más”). Me parece demasiado incluso si fueran una “buena cosa” (no lo son). Nuestras mejores instituciones son ecuménicas, los mejores individuos (como los que citamos) son universales. Creo que hay en esos hechos pistas que solo ignoramos por nuestra cobardía individual, nuestros miedos y el sentido de grupo de los más primitivos entre nosotros.

PD: para evitar falacias ad-hominem, si decirle que no alcanzo a entender la libertad individual sin propiedad privada y que considero la “propiedad colectiva” el mayor enemigo de la libertad individual.

7A6C febrero 18, 2016 a las 15:47

Jose Pablo,

Tan o tan poco “extraordinariamente arbitraria, sospechosa e injusta” como la propiedad privada que ejerce sobre un terruño un fulano cualquiera y no su vecino. Sospecho que la historia de la propiedad privada no está mucho más limpia de “expulsiones, frecuentemente por la fuerza” que la historia de las naciones.

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