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Beautiful Game Theory: How Soccer Can Help Economics

Captura de pantalla 2014-07-08 a la(s) 16.01.35de Ignacio Palacios-Huerta

En numerosas ocasiones en este blog conjuntamente con Marco hemos puesto de relieve como el análisis económico y el futbol pueden estar relacionados (aquí, aquí o aquí). Hoy tenemos el honor de contar con las reflexiones de Ignacio Palacios-Huerta, una de los investigadores que mejor lo ha estudiado a nivel internacional. Ignacio acaba de publicar un maravilloso libro titulado Beautiful Game Theory (Princeton University Press, 2014,) sobre el tema que ya se puede comprar, por ahora en inglés.  Quizá alguno de los lectores le conozcáis pues se ha hecho recientemente popular por sus teorías sobre los penaltis. Tras analizar más de 11 mil penaltis lanzados en el futbol profesional, encuentra que básicamente el 60% son lazados al lado derecho y el 40% restante sobre el lado izquierdo, algo que es perfectamente consistente con el llamado “Equilibrio de Nash”. De hecho, el poder evaluar las teorías de Nash en “estrategias mixtas” es lo que le motivó a empezar a recoger datos de penalties. También sorprendente  es el hecho que documenta en un trabajo con Jose Apesteguía (aquí) que en el 60% de las veces vence en la tanda de penaltis el equipo que lanza en primer lugar. Aquí tenéis un artículo suyo sobre el tema en el New York Times, y aquí su intervención en el programa Informe Robinson. Es posible que las semis o la final del mundial se decida en la tanda de penaltis, en ese caso a los equipos involucrados le vendría muy bien leer su libro, cuya introducción traducida al castellano reproducimos en este blog (previamente fue publicada en "La Maleta de Portbou").

Introducción del libro “Beautiful Game Theory: How Soccer Can Help Economics” por Ignacio Palacios-Huerta.

"La economía es el arte de sacar el mejor provecho a la vida"

- George Bernard Shaw

Hace unos años John Carlin nos contó la siguiente historia. Hacia el final de la temporada 2001-02 un grupo de jóvenes miembros de la Brigada de los Mártires de Al Aqsa se ​​reunió con un periodista del Sunday Times de Londres en el sótano de un edificio en el territorio palestino de Gaza. Los candidatos al martirio estaban hablando con el periodista en cuestión sobre el dolor de su pueblo, su deseo de morir antes que vivir como esclavos y sus sueños de oír a las madres israelíes llorar la muerte de sus hijos cuando otro miembro del grupo irrumpió en el sótano. “Manchester United 5”, anunció, “West Ham United 3. ¡Beckham ha marcado dos goles!” Los terroristas explotaron de alegría al grito de “¡Alá Akbar!” [¡Dios es grande!].

Creo que no es necesario mencionar el lugar preferente que ocupa el fútbol en el mundo de hoy, y menos ahora que ya estamos metidos de lleno en el Mundial 2014 en Brasil. Las cosas, sin embargo, eran muy diferentes hace un siglo. Como Enric González nos recordó hace unos años, la industrialización acelerada del siglo XIX legó al siglo XX dos fenómenos de masas que estaban extrañamente entrelazados: el marxismo y el fútbol. Ambos nacieron de la migración desde las zonas rurales a las ciudades, la crisis de lo divino y la alienación del nuevo proletariado. El marxismo proponía la socialización de los medios de producción y la hegemonía de la clase obrera como solución. El fútbol algo totalmente distinto: una pelota, once jugadores y una bandera. Ya más de un siglo después, no existe ninguna duda acerca de la propuesta que ha resultado más atractiva.

Como continúa Enric, de los tres ingredientes que ofrece el fútbol, ​​el más esencial para su éxito no es ni la pelota ni los jugadores, sino la bandera. Antes de que las masas se quedaran huérfanas, los ideales deportivos se basaban en el héroe. El gran atleta era un modelo de virtudes que encarnaba las aspiraciones colectivas. En la Europa continental, este fue el caso hasta bien entrado el siglo XX. Hay que hacer notar que los dos diarios deportivos más antiguos de Europa, La Gazzetta dello Sport (1896) y El Mundo Deportivo (1906), nacieron para informar sobre el ciclismo, no sobre el fútbol. La bicicleta era la reina de los sueños de los pobres. El héroe era un hombre flaco, encorvado sobre el manillar, dejando sus pulmones en caminos sin pavimentar. Pero el ciclismo, que era tan rico en la metáfora individual, carecía de la metáfora social. Aquella no era la época del individuo, sino que era de las masas, de la bandera. Y el ciclismo simplemente no acababa de poder expresar y captar el clan, el templo, la guerra y la eternidad. Todo esto, sin embargo, estaba presente en el fútbol: el clan (club de fútbol), el templo (el estadio), la guerra (el equipo de otro barrio o el club de otra ciudad u otro país como enemigo) y la eternidad (una camiseta y una bandera cuya supuestamente gloriosa tradición es heredada por las generaciones sucesivas). En el fútbol, como nos recuerda el Liverpool en Anfield Road en cada partido, nunca caminarás solo.

Y así, más de un siglo después de que el deporte rey naciera oficialmente, nos encontramos con que el 5 por ciento de todas las personas que alguna vez han vivido en este planeta vió en directo la final del último Mundial entre Holanda y España. Si la idea de incluir a personas ya fallecidas hace muchísimos años puede resultar extraña, también se puede indicar que algunas fuentes llegaron a informar que puede que hasta un 50 por ciento de los seres humanos que estábamos vivos el 11 de julio del año 2010 vimos en directo esa final.

En este contexto y con esta perspectiva me gustaría hablar de un libro titulado Beautiful Game Theory. Éste es un libro de economía en el que el fútbol es el hilo conductor de todos los capítulos, pero en el que la relación entre la ciencia económica y el fútbol que se estudia no es del todo evidente. En las últimas décadas, la economía se ha extendido a muchos campos y áreas que antes se consideraban que pertenecían a la sociología, la historia, la biología, la filosofía, la antropología y otras ciencias. La economía también puede conquistar el análisis de los deportes, incluyendo el deporte rey, y, de hecho, la investigación económica ha demostrado que la economía, como ciencia, puede decir muchas cosas útiles sobre el fútbol y otros deportes. Pero esta no es la idea motriz detrás de este libro. No se trata de lo que la economía puede hacer por el fútbol. La idea es, precisamente, la contraria: se trata de estudiar lo que el fútbol puede hacer por la ciencia económica.

En los siglos XVI y XVII piedras cayendo de las torres de Pisa y Florencia contribuyeron a generar conocimientos fundamentales para Galileo Galilei (1564-1642) en sus pruebas de la teoría de la gravedad. Sir Isaac Newton (1642-1727) siguió el mismo concepto de trabajo en los siglos XVII y XVIII, pero trabajó no con datos de piedras sino con datos de manzanas que caían de los árboles. Las manzanas o las piedras contribuyeron a proporcionar la evidencia empírica necesaria para evaluar importantes teorías de la física por primera vez. Así como los datos obtenidos de piedras y manzanas han sido útiles para la física, los datos de fútbol son útiles para la economía. El fútbol reemplaza las manzanas y las piedras, y la economía sustituye a la física. Utilizando datos de fútbol, ​​en Beautiful Game Theory se presentan nuevos conocimientos sobre el comportamiento humano no conocidos hasta el momento. Esto es lo que distingue este libro de otros libros de economía y de otros libros sobre el estudio de los deportes.

Hablando de distinciones, el a menudo considerado más influyente economista y científico social de la segunda mitad del siglo XX, Gary Becker, nos recuerda que “lo que más distingue la economía como disciplina de otras disciplinas no es su objeto de estudio, sino su enfoque. ... El enfoque económico es aplicable a todo el comportamiento humano”. Esto significa que cualquier tipo de datos acerca de la actividad humana son potencialmente útiles para evaluar teorías económicas. Y el deporte es en muchos sentidos el laboratorio perfecto para evaluar dichas teorías por un amplio número de razones: nos permite obtener una gran cantidad de datos que son fácilmente disponibles, el objetivo de los participantes que compiten es a menudo poco complicado (marcar, ganar, defender, cumplir o no las normas) y los datos son muy claros. Además los participantes son profesionales con experiencia y lo que tienen en juego suele ser importante (esto es, tienen los incentivos correctos). Así pues, “si uno de los atractivos de los deportes para el espectador es ver de vez en cuando algunos aspectos universales de la lucha humana de una forma dramática, su atractivo para los economistas es ilustrar principios económicos universales de una manera interesante y manejable” (S. Rosen y A. Sanderson, Economic Journal, 2001).

El fútbol, por supuesto, no es el único deporte que puede ayudar a los economistas de esta manera. Lo que ocurre es que hay un suficiente número de situaciones en torno al fútbol que las hace dignas de estudio y presentación en un libro sobre lo que el deporte puede hacer por la economía. Hasta la fecha, por lo que yo sé, no existe ningún otro deporte que proporcione la misma cantidad de oportunidades de investigación que el fútbol. Pero me animo a predecir que en un futuro próximo los habrá.

El libro presenta once capítulos. Los primeros cinco se dedican a distintos aspectos de la llamada “teoría de juegos”. El sexto capítulo aborda la teoría de los mercados eficientes en mercados financieros, y los últimos cinco capítulos abordan varios temas económicos más amplios. A veces la línea que divide la teoría de juegos, la economía y las finanzas no siempre es clara, así que algunos capítulos también podrían pertenecer a diferentes secciones, e incluso los capítulos se podrían haber agrupado de manera diferente.

El primer capítulo es quizás el ejemplo más claro de la motivación de este libro y de lo que pretende llevar a cabo. Recordemos la película Una Mente Maravillosa, Oscar a la Mejor Película en el año 2001. Retrata la vida y obra de John F. Nash Jr., quien recibió el Premio Nobel de Economía en 1994. Tal vez se podría pensar que, después de que Hollywood haga una película del más alto nivel, y de recibir un Premio Nobel, las teorías del señor Nash se deben haber evaluado y validado en innumerables ocasiones empíricamente. ¿Cierto? Bueno, la verdad es que esto no es así, no del todo. Un conjunto de sus teorías se refiere a cómo las personas deben comportarse en situaciones estratégicas que involucran lo que se conoce como “estrategias mixtas” en las que un individuo (o empresa o banco o país) elige entre diversas estrategias alternativas cuando lo que es óptimo es no elegir siempre la misma (como en el juego piedra-papel-tijera). En este primer capítulo se utilizan miles de datos de una situación muy específica en el fútbol (un penalti) con jugadores profesionales para proporcionar la primera demostración empírica de un teorema fundamental de la teoría de juegos: el llamado teorema del Minimax. ¿Se comportan estos sujetos como predice el equilibrio de Nash?. La respuesta es que al igual que las manzanas desconocen la teoría de la gravedad pero la obedecen, los jugadores de fútbol seguramente desconocen la teoría de Nash pero la mayoría la obedecen.

En el siguiente capítulo se realiza el mismo estudio, con los mismos sujetos, pero estudiados no en la vida real (con un balón en un campo de fútbol), sino en el entorno de un laboratorio experimental jugando el mismo “juego” de un penalti pero esta vez con cartas. La idea es evaluar hasta qué punto los datos obtenidos en un laboratorio experimental son similares, o incluso estadísticamente idénticos, a los obtenidos en la “vida real” sobre el terreno de juego. Recordemos que en el año 2002 se concedió el Premio Nobel de Economía a Vernon Smith por introducir en Economía el “método experimental”, un método más propio de las ciencias naturales, para la obtención de datos y la evaluación de teorías económicas.

El siguiente capítulo estudia los determinantes de las diferencias (escasas) de comportamiento observado en el campo de fútbol y en el laboratorio en los dos capítulos anteriores, y lo que esto nos permite aprender para el diseño de los experimentos de campo. En el cuarto capítulo se presenta un estudio neuroeconómico cuyo propósito es localizar dónde se encuentran las estrategias mixtas en el cerebro humano (dónde se ubica la mayor actividad neuronal que determina el comportamiento en estas situaciones). Del mismo modo que las investigaciones neurológicas nos indican dónde se encuentra el sentido del olfato, la paciencia, el movimiento del brazo derecho, etc, ésta es la primera vez que se documenta la actividad neural en ese tipo de toma de decisiones estratégicas.

El quinto y último capítulo de esta primera parte del libro podría haber pertenecido fácilmente a la segunda mitad. La razón por la que está aquí es que se aprovecha del mismo tipo de situación (un penalti) estudiado en los capítulos anteriores. Esta vez los datos provienen de cientos de tandas de penaltis, y en éste capítulo se documenta por primera vez un sesgo de comportamiento sospechado pero hasta ahora no demostrado: el efecto de la presión psicológica en situaciones competitivas. Recordemos que, junto a Vernon Smith, el Premio Nobel de Economía 2002 también fue concedido a un psicólogo (Daniel Kahneman, autor del bestseller Thinking, Fast and Slow), precisamente por este tipo de descubrimientos. (Para el lector más futbolero, resulta que una tanda de penaltis no es un lotería 50-50 sino más bien una lotería 60-40 por el efecto causado por el orden de los lanzamientos: el equipo que comienza la tanda tiende a ir por delante, y esto “presiona” al segundo equipo, que tiende a ir por detrás tirando para empatar. Esta diferencia “no cognitiva” genera diferencias en el rendimiento de los profesionales que explican la diferencia del 60-40).

El capítulo seis, en la mitad del libro, se centra en una cuestión clave de los mercados financieros: ¿es correcta la hipótesis de los mercados eficientes? ¿Se ajustan los precios a la nueva información con total rapidez y de una manera no sesgada de manera que no se pueda obtener una rentabilidad sin riesgo? ¿Cómo se puede evaluar esta hipótesis cuando el tiempo fluye de forma continua y no se sabe ni lo que es una noticia, ni si las no-noticias son noticias en sí mismas? Avanzaré que la respuesta a este tipo de preguntas se puede encontrar mirando a los mercados de apuestas cuando en un partido de fútbol se mete un gol justo antes de los 15 minutos de descanso entre la primera mitad y la segunda. La clave es que se puede seguir apostando en este intervalo de tiempo pero el tiempo del evento en cuestión (el partido) se ha parado. Esto es, sabemos que no está ocurriendo nada en el descanso. Por cierto, conviene recordar que el último Premio Nobel en Economía se ha concedido a tres investigadores americanos (Eugene F. Fama, Lars P. Hansen y Robert J. Shiller) precisamente por sus contribuciones a la hora de responder a estas preguntas.

Finalmente, los últimos cinco capítulos se refieren a cuestiones sobre el impacto de las fuerzas sociales como determinantes de la conducta, en particular, el papel de la presión social como determinante de la corrupción (capítulo siete), la cara oculta de los incentivos en las organizaciones (capítulo ocho), el estudio de hasta qué punto el miedo es racional (capítulo nueve), el papel de los incentivos en la superación de emociones negativas (capítulo diez) y la determinación de la discriminación en mercados competitivos (capítulo final).

Las preguntas estudiadas en este libro no son preguntas “curiosas” de interés sólo para personas a las que les gusten los deportes. La idea del libro tampoco es la de entender mejor el mundo del deporte a través de la economía. Como se ha indicado anteriormente, el objetivo es justo el opuesto: el avanzar en el estudio de la economía a través del deporte, en concreto a través del fútbol. Las cuestiones económicas que se estudian se evalúan con datos que provienen del mundo del deporte de la misma manera que los físicos estudian las manzanas que caen de los árboles no porque están interesados ​​en las frutas, sino porque están interesados ​​en teorías que son importantes en la física.

No estoy del todo seguro sobre cuál es el público más adecuado para este libro. El libro es una combinación de resultados de investigación, algunos novedosos y otros ya conocidos, junto a un poco de “ciencia popular”, y a unas cuantas historias y anécdotas. La mayoría de los capítulos tienen una serie de ingredientes que pueden ser interesantes para diferentes audiencias, y ningún capítulo tiene todos los ingredientes que puedan atraer exclusivamente a un solo tipo de audiencia. Creo que debería ser de interés para lectores cultos en general (interesados en ciencias sociales), estudiantes de grado a todos los niveles (pero sobre todo el nivel superior), profesores e investigadores de doctorado y post-doctorado, y desde luego a profesionales de los deportes, deportistas y economistas del deporte. Desde la perspectiva de la educación universitaria, creo que el libro puede ser utilizado como un texto académico para enseñar economía a través del deporte, puesto que es posible enseñar economía en un número de áreas importantes y temas de la microeconomía (por ejemplo, la discriminación, los incentivos, las preferencias humanas), las finanzas, la teoría de juegos, la economía experimental, la economía del comportamiento, e incluso ciertos temas de estadística y econometría.

Aunque la mayoría de los capítulos tienen una orientación de “investigación académica”, y están estructurados como tales, son bastante accesibles y espero que estén escritos de una forma agradable y legible. Y salvo que uno esté interesado en los más pequeños detalles de la metodología específica en cada capítulo, los conocimientos matemáticos o econométricos apenas son necesarios.

Mi principal esperanza, además de presentar varios resultados de investigación novedosos, es la de poder inspirar al lector, incluidos el estudiante, el académico e incluso el responsable de gestión pública, a pensar acerca de la economía desde una perspectiva diferente y novedosa. Entiendo que este objetivo es quizá demasiado ambicioso.

Para concluir y como advertencia para el verdadero aficionado al deporte rey, no espero que este libro vaya a cambiar su forma de ver el fútbol, o su forma de pensar acerca de su equipo favorito o sobre los jugadores, o sobre una serie de situaciones dentro y fuera del terreno de juego. Sin embargo, me gustaría advertir que algo de esto puede suceder. Este es un riesgo que uno toma con este libro, y como resultado de leerlo los efectos que el fútbol y otros deportes pueden tener en su vida no necesariamente pueden resultar beneficiosos.

Este artículo está basado en el capítulo introductorio del libro “Beautiful Game Theory: How Soccer Can Help Economics”, del mismo autor, y publicado por Princeton University Press, New Jersey, US, Mayo 2014, http://press.princeton.edu/titles/10260.html.