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Recomendaciones (o no) de lectura: La economía desenmascarada

En los comentarios a la (excelente) reseña del libro “El negacionismo económico”  escrita por José Luis Ferreira y publicada hace unas semanas, una de nuestras queridas lectoras nos afeó que solo prestemos atención a obras favorables a la "economía convencional" y nos retó a reseñar otras de autores “heterodoxos”, citando, en particular, “La economía desenmascarada”  (LED, de aquí en adelante) de Steve Keen.

Deseosos de calmar las preocupaciones de nuestros lectores por nuestras opiniones acerca de las tesis de economistas con "otras formas de pensar" (un precedente aquí), recogemos el guante. En este caso, para hacerlo son necesarias dos entradas (extensas) por la propia naturaleza del libro en cuestión (también muy extenso) y de la reseña (desfavorable). Si se prefiere otra más breve (y no tan desfavorable),  esta es nuestra recomendación.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Reseñar este libro no es una tarea para encargar a alguno de nuestros generosos colaboradores (son 768 páginas en la versión en castellano, que incluye una introducción de Joaquín Estefanía, y 478 en la ultima edición en inglés). Tenía que ser uno de los editores el que se encargara de una tarea tan ardua. Y entre ellos, por afinidad de temas y exposición a los eventos que motivan LED, creo que yo era el menos indicado para poner excusas.

Antes de empezar, tengo que confesar que soy lo que Steve Keen calificaría como "economista embelesado por las falsedades de la economía neoclásica". Su libro acusa a este tipo de economistas (que cuantifica en el 85% de la profesión económica) de ignorancia y de falta de atención a lo que hacen o dicen el 15% restante, y de mala fe por propagar ideología favorable a los ricos y poderosos disfrazada de ciencia económica. Por tanto, creo necesario, aún a riesgo de parecer narcisista, hacer explícitas las credenciales (relevantes) y los prejuicios (confesables) con los que me he enfrentado (literalmente) a esta tarea.

(Los dos párrafos siguientes son prescindibles. Si discrepa sobre la necesidad anteriormente expresada y/o tiene poco tiempo, sálteselos y vaya directamente al siguiente apartado).

Hacía tiempo que sufría la tentación de caer en esta lectura. Había ojeado LED en varias librerías y expositores de libros en congresos. Tenía noticias de su enorme influencia entre la heterodoxia económica y, tras haber realizado bastantes incursiones por blogs (y por las lecturas recomendadas en ellos) de economistas favorables a escuelas alternativas de pensamiento económico (todos tenemos algunos vicios), había acumulado una enorme curiosidad. Sin embargo, nunca compré el libro porque me pareció excesivamente caro para lo que prometía (37$ paperback en inglés, 27,07 euros en tapas blandas en castellano). Ahora, gracias a una excelente biblioteca cercana, he podido acceder a las dos últimas ediciones, tanto en castellano como en inglés.

Por tener una edad y una curiosidad malsanas, también he tenido bastante exposición a algunas de las escuelas de pensamiento heterodoxas que se presentan en LED como la “salvación de la ciencia económica”. Estudié teoría del valor marxista y economía post-keynesiana (inolvidable el curso de microeconomía de 1980-81 impartido por Diego Azqueta en la Universidad de Alcalá de Henares) y mi mentor, Luis Toharia (dep), al que nunca podré agradecerle todo lo que supuso en mi formación, se preocupó mucho por exponerme (intensamente) a las visiones marxistas, post-keynesianas e institucionalistas del mercado de trabajo, en especial, a las de Michael Piore, al que posteriormente puede seguir de primera mano como profesor del departamento de Economía en el que cursé mis estudios de doctorado. Entre esos cursos hubo uno sobre modelos de desequilibrio, impartido por Frank Fisher, y varias clases de Paul Samuelson, Robert Solow y Frank Hahn sobre economía post-keynesiana, que ellos debían conocer bien, sobre todo por proximidad. Desde 1991 a 2003 impartí un curso (anual) de macroeconomía avanzada en el que se dedicaban varias clases a la teoría post-keynesiana del crecimiento económico, en general, y a la controversia de Cambridge, en particular. Desde 2004 he presenciado algunas sesiones organizadas por la Union of Radical Political Economics (otro de mis vicios) durante mis asistencias (casi) regulares al congreso anual de la American Economic Association.

El evangelio heterodoxo (con anuncio de llegada de un nuevo Mesías)

LED es un libro bien estructurado.

Los dos primeros capítulos constituyen una carta de presentación en la que fundamentalmente el autor reclama para sí y unos pocos economistas (heterodoxos, por supuesto) la clarividencia de haber previsto “la Segunda Gran Depresión” y acusa a casi toda la profesión económica de complacencia, ignorancia, falta de previsión, estar adoctrinada y adoctrinar a los estudiantes de Economía, y de justificar políticas económicas que siempre favorecen a los poderosos y empobrecen el mundo. Con esta acusación demuestra gran valentía y determinación, mayores incluso que las de Winston Churchill quién, cuando le preguntaron qué pensaba de los franceses, dijo que no tenía opinión formada porque “son muchos y no los conozco a todos”.

El resto de LED son quince capítulos más agrupados en tres partes dedicadas a presentar: i) errores lógicos de la economía convencional, ii) complejidades omitidas (que no deberían serlo) en los cursos de economía y iii) maneras diferentes (a la neoclásica) de “pensar la economía”. Dentro de ellas, cada capitulo se dedica a discutir, explicar o diseccionar una idea principal.

Esta es la versión resumida de mi resumen de esos capítulos. Muchas de las frases utilizadas son copias (casi) literales de otras que aparecen en el libro (entre paréntesis, mis apostillas). Un resumen similar, algo más extenso, del propio autor está en las páginas 81-84 de la edición española.

Errores lógicos de la economía neoclásica

#3: La demanda agregada de un determinado producto no siempre disminuye con su precio. Prueba: Sonneschein-Mantel-Debreu. Consecuencia: Desacreditación del “individualismo metodológico”. No se pueden deducir leyes económicas sistemáticas partiendo del análisis del individuo aislado.

#4: No es posible deducir una curva de oferta que sea independiente de la curva de demanda. Prueba: Stigler (1957). Consecuencia: solo cuando hay competencia perfecta existe una curva de oferta. Por eso los economistas neoclásicos siempre propugnan medidas que eliminen monopolios, sindicatos y cualquier obstáculo al libre funcionamiento del mercado.

#5: Los costes de producción son normalmente constantes o bien decrecientes para la mayoría de los bienes. Prueba: Sraffa (1926). Consecuencia: Si las productividades marginales no son decrecientes, no es posible determinar cuánto produce una empresa.

#6: El análisis neoclásico del mercado de trabajo es erróneo porque (la fuerza de) trabajo no es una mercancía. (Esto no necesita prueba). Consecuencia: los economistas neoclásicos siempre abogan por medidas para desregular el mercado de trabajo y reducir los salarios y se oponen a intervenciones que aumentan los salarios bajos mientras protegen los salarios altos utilizando torticeramente la teoría de la productividad marginal, que es errónea como se demostró en #5.

Conclusión: La oferta y la demanda no funcionan como creen los economistas neoclásicos. En lugar de microeconomía, los estudiantes deberían dedicar su tiempo a otras cosas (sin especificar cuáles, por ahora).

Complejidades omitidas en la enseñanza de la economía

#7: La controversia de Cambridge (¡ya era hora!). No es posible definir el capital como un factor de producción agregado. Prueba: Sraffa (1960). Consecuencias: La tasa de beneficios no tiene nada que ver con la productividad marginal del capital; solo refleja el poder relativo de nuestra sociedad (de empresarios frente a trabajadores), así como las capacidades técnicas de las fábricas y el éxito o no de las recientes olas de inversión. La teoría neoclásica de la distribución de la renta no tiene ningún sentido.

#8: La metodología de la economía neoclásica, que valida teorías en función de sus resultados predictivos y no de los supuestos necesarios para alcanzar esos resultados, es una locura. Consecuencia: La Economía no es una ciencia y sigue un programa de investigación degenerativo que más que expandir el abanico de fenómenos que es capaz de explicar, solo se ocupa de proteger creencias secundarias para defender de ataques al núcleo duro de sus convicciones. Para ello, las únicas políticas que aprueban los economistas neoclásicos son aquellas que hacen que el mundo real se parezca lo más posible a su modelo económico.

#9: El modelo neoclásico solo se preocupa de realizar análisis estáticos, que son inútiles para comprender economías dinámicas donde tienen lugar cambios frecuentes y paulatinos. Los economistas continúan siendo casi criminalmente inconscientes de cuestiones relacionadas con el análisis de sistemas dinámicos. La economía es inherentemente inestable y nunca alcanza el equilibrio. La teoría del caos y el ejemplo de William Phillips en sus intentos por construir modelos dinámicos de la economía (incluso en forma mecánica) son las vías por las que debería avanzar la economía.

#10: La macroeconomía obtiene sus fundamentos de la falaz microeconomía y, por tanto, no puede concebir que existan las grandes depresiones económicas. Por eso, los macroeconomistas más prominentes no vieron venir la última crisis. La falacia reduccionista sobre la que se construye la macroeconomía solo puede conducir a la ignorancia total. Un repaso de la historia de la macro desde Keynes hasta la actualidad, donde se señalan numerosas incorrecciones y falacias, permite concluir que la profesión económica está capturada por los capitalistas. “El hecho de que estas teorías se hayan desarrollado, en parte, gracias a fondos públicos y de empresas, mientras que los economistas no ortodoxos como yo (escribe Steve Keen) han tenido que trabajar sin la ayuda de becas de investigación, es una de las razones por las que este sinsentido que es la teoría neoclásica esté tan bien desarrollado, y sus potenciales rivales tan escandalosamente atrasadas" (sic, pag. 445, edición en castellano).

#11: Los mercados financieros calculan mal los precios de los activos y son fuente de gran inestabilidad. La hipótesis de la eficiencia de los mercados financieros no puede aplicarse al mundo real. La incertidumbre, y no el riesgo, es el principal factor que se interpone entre los inversores y un conocimiento certero del estado futuro de las empresas. Consecuencia: El rendimiento esperado de una inversión simplemente no puede saberse.

#12: Ataque a Ben Bernanke (¡se hacía esperar!), equivocado en su interpretación de la Gran Depresión de los años 1930s y nefasto en su gestión de la Gran Recesión como Presidente de la Reserva Federal. Crítica (desaforada) a Paul Krugman por malinterpretar la teoría de la deuda y de la inestabilidad financiera de Hyman Minsky e intentar reproducirla con el instrumental neoclásico.

Conclusión: La economía neoclásica es un fracaso, intelectual y en sus aplicaciones al mundo real. Aunque todavía no existe otro enfoque alternativo, sí hay otras formas de pensar que llevarán a construir una teoría económica sólidamente fundamentada y no ideológica. Una de esas perspectivas, (escribe Steve Keen) “me permitió a mí ser uno de los pocos economistas que vieron venir la Gran Recesión”.

Formas alternativas de “pensar la economía”

#13: Economistas post-keynesianos y austríacos (en total, doce de ellos) vieron venir la crisis porque incorporan explícitamente el crédito y el dinero en sus modelos de la economía (en algunos casos, dinámicos y de desequilibrio). La modelización correcta de Minsky a partir del modelo de Goodwin y los datos sobre evolución de la deuda antes de la crisis fue suficiente para prevenir lo que estaba por venir y caracterizar la transmisión de las perturbaciones financieras a través de la deflación de la deuda. Consecuencia: Una disciplina económica que sea relevante para el capitalismo deberá ser una teoría dinámica y estrictamente monetaria, en la que las finanzas jueguen un papel fundamentalmente desestabilizador.

#14: Hay (solo) dos posibles enfoques para desarrollar un modelo monetario del capitalismo: i) construcción de modelos multi-agente por ordenador que puedan replicar determinados fenómenos macroeconómicos, y ii) descripción de la economía mediante agregados (cambio evolutivo, clases sociales, producción agregada, deuda agregada) y formalización con ecuaciones dinámicas de los modelos verbales de los grandes pensadores no neoclásicos. Se presenta un modelo monetario del capitalismo. con dinero y crédito endógeno que sigue el segundo de los enfoques anteriores.

#15: Alternativas a la hipótesis de los mercados financieros eficientes. Teorías conductitas e hipótesis de los mercados fractales e ineficientes. La utilidad de la Econofísica para detectar y explicar la volatilidad de los mercados financieros. Reformas necesarias de la regulación financiera.

#16: La economía neoclásica no es mala por ser matemática per se, sino porque es mala matemática. Muchos teoremas de la economía neoclásica tienen contradicciones lógicas, variables omitidas, falsas equivalencias y/o condiciones inexploradas.

#17: (Digresión) La mayor parte de los economistas marxistas son irrelevantes, pero Marx no lo es. La incoherencia de la teoría marxista del valor-trabajo y del origen de las plusvalías. Paseo por los economistas fisiócratas, Smith y Ricardo para poner en perspectiva la doctrina marxista y concluir que esta no puede ofrecer una alternativa a la falaz teoría subjetiva del valor de la economía neoclásica. Consecuencia: Hay que ignorar a los economistas marxistas. La resurrección de Marx solo puede producirse destilando los ricos fundamentos filosóficos de su análisis del capitalismo y aplicándolos a la reforma de la teoría económica.

#18: Puntos fuertes y débiles de las escuelas de pensamiento económico alternativas a la neoclásica: marxista, post-keynesiana, austríaca, sraffiana, la teoría de la complejidad y la econofísica, y la escuela evolucionista. Todas con puntos fuertes en áreas donde la economía neoclásica está equivocada, pero no suficientemente maduras como para fundamentar un cuerpo de conocimiento que reemplace a la economía convencional. Se puede imaginar una teoría económica del siglo XXI a partir de una combinación de las escuelas alternativas de pensamiento económico pero todavía está por llegar (Con esto el autor resucita el pensamiento de Maimónides: “Es mi convicción certera que vendrá el Mashiaj/Mesías, y aunque se retrase igual lo esperaré a diario”).

Conclusión: La economía académica no se reformará por sí misma. La revolución y un nuevo paradigma científico debe provenir desde fuera: periodistas y formadores de opinión en la blogsfera, estudiantes críticos, departamentos de economía que ofrezcan programas de estudios con otras metodologías y provean a los estudiantes de las habilidades que necesitará el economista del siglo XXI (cálculo, álgebra, ecuaciones diferenciales, dinámicas de sistemas, programación informática, historia y sociología).

Avance informativo

En la siguiente entrada ofreceré mi valoración de este intento de desacreditación de la ciencia economica. (Spoiler: Con este resumen, creo que pocos lectores se sorprenderán si avanzo que en  mi opinión LED no consigue más que otros ataques a la economía convencional, anteriores o posteriores, igualmente fallidos. En cierto modo, LED pertenece a la categoría de productos pseudo-científicos que en ciencias sociales se ha dado en llamar critical studies, que tratan -supuestamente- de enseñar a pensar "críticamente", cuando en realidad lo que hacen es todo lo posible por desviar a su (reducida e ideológicamente secuestrada) audiencia del conocimiento necesario para poder pensar con criterio propio.