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Taxonomía de economistas: ¿A quién le importa?

En mi época de estudiante de la licenciatura de Ciencias Económicas (hace ya casi cuarenta años), la docencia de la economía se estructuraba básicamente alrededor del estudio de las ideas de economistas difuntos. Incluso asignaturas fundamentales, como la microeconomía y la macroeconomía, se impartían mediante programas elaborados alrededor de las contribuciones de las distintas “escuelas de pensamiento”.  El análisis de los problemas económicos se abordaba en un segundo plano y siempre a través de la interpretación que los profesores hacían de las enseñanzas de esos economistas. Aunque tuve la suerte de tener magníficos profesores, siempre me quedó la sensación de que la enseñanza del instrumental apropiado para analizar cuestiones económicas, el juicio sobre la relevancia, causas y consecuencias  de cada una de esas cuestiones y el conocimiento acumulado en el pasado sobre ellas no nos llegaba suficientemente entrelazados.

La modernización (o no) de la formación de los economistas, en general...

Aunque dejé mi puesto de profesor de Economía hace unos quince años, me he mantenido informado sobre la situación de los grados y postgrados de Economía en universidades españolas y, a veces, he impartido esporádicamente docencia en algunos de ellos como profesor invitado. Desde mi actual posición de outsider creo que la formación de los economistas en España ha cambiado… pero no tanto.

Ahora hay excelentes programas de grado y de postgrado en universidades y centros académicos españoles orientados, no a enseñar a pensar lo que pensaron economistas difuntos fundadores de escuelas de pensamiento cuyas principales aportaciones están bastante avejentadas, sino a enseñar cómo pensar sobre problemas económicos y a tener criterios propios basados en la aplicación del instrumental analítico adecuado a cada cuestión. En ellos, el estudio de la  Economía no se construye sobre la mera taxonomía de economistas difuntos y de sus herederos, sino que consiste en aprender a comprender y resolver cuestiones económicas.

Sin embargo, también siguen existiendo programas de estudios y asignaturas sobre "Economía adjetivada” (con indicaciones de posicionamientos a favor o en contra de determinadas escuelas de pensamiento) que reproducen las manías de la vieja y superada docencia de la economía por compartimentos estancos y donde se disfrazan creencias como ideas, ideología como conocimiento y, lo peor de todo, proselitismo (frecuentemente con ínfulas de superioridad moral) como enseñanza. Más que de formar economistas, con ellas se trata de configurar mundos mentales cerrados propios de las sectas o círculos de elegidos en los que la independencia personal del estudiante no es precisamente valorada.

y en algún caso particular

Una experiencia reciente también alimenta mi preocupación sobre la formación de economistas en España. Este año he vuelto a formar parte del tribunal de oposición al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado (ya lo había hecho a finales del siglo pasado). Esta oposición es la principal vía de entrada para los economistas que aspiran a desarrollar su carrera profesional en el seno de las Administraciones Públicas.  El tercer ejercicio de esas oposiciones está diseñado para que los candidatos demuestren sus conocimientos en micro y macroeconomía (incluidas Economía y Finanzas Internacionales) con la exposición de dos temas extraídos de un temario de noventa.

Dos cosas me han sorprendido. Una es que el perfil típico del opositor ha cambiado (muy) poco. Otra es que, tanto tiempo después, buena parte del temario (y, por tanto, de las presentaciones que realizan las opositores) sigue estructurada alrededor de la "doctrina" económica de cada “escuela” de pensamiento, en lugar de estar diseñada para indagar sobre la capacidad de los futuros economistas del estado a la hora de analizar (y asesorar sobre cómo solucionar) problemas económicos. Y que no se me interprete mal. Conozco a muchos TECOs que son magníficos profesionales y excelentes economistas. No tengo dudas de que algunos de los que aprueben la oposición en esta convocatoria también lo serán. Pero a esto no contribuye significativamente la manera en que han de encarar su preparación para superar el examen de entrada en el cuerpo.

Consejos (bienintencionados) para futuros estudiantes

¿Por qué estudiar Economía y para qué debería servir? Desde luego no debería ser para reproducir las ideas de economistas difuntos.  Como se dice (brillantemente) aquí (y lo dice una estudiante que va a iniciar sus estudios de doctorado en breve), debería ser para “coquetear con la lógica del caos glorioso de las transacciones e interacciones humanas” y para “comprender cómo las políticas pueden cambiar el mundo real, con todas sus desigualdades e ineficiencias, y cómo el mundo se configuró de esta manera”, explotando “la habilidad de hacerse preguntas, ni demasiado trascendentes ni demasiado irrelevantes, y que puedan ser respondidas con los datos y los métodos estadísticos y experimentales apropiados”.

Para conseguir estas metas, conocer cómo economistas anteriores afrontaron problemas similares es muy útil. La historia del pensamiento económico debe estar presente en la formación de un economista (confieso que yo mismo impartí clases de historia del pensamiento económico en una vida anterior), aunque probablemente no debería ser una asignatura separada del resto impartida por profesores desconectados de la actualidad de la ciencia económica.

Como regla general, cualquier idea que se nos pueda ocurrir sobre cualquier cosa ya se le ha ocurrido antes a alguien más en el pasado. Pero el análisis de cuestiones económicas relevantes no puede limitarse a la repetición de ideas (más o menos brillantes, con mayores o menores sesgos políticos) formuladas en relación con contextos económicos y sociales muy diferentes al actual. Cualquier tiempo pasado fue anterior y los economistas de entonces no dispusieron del instrumental y las evidencias acumuladas de las que se dispone hoy día. Todas las cuestiones  económicas relevantes son contextuales, es decir, dependen del momento y las circunstancias en las que se presentan. Los contextos cambian y también lo hace el instrumental disponible para analizarlos (datos, métodos estadísticos y experimentales, resultados empíricos sobre la importancia de determinadas hipótesis, etc.), y a velocidades vertiginosas tanto unos como otros.

Así pues, si Vd. querido lector está ahora pensando en iniciar estudios de Economía, o de seguir con estudios de postgrado, elija bien. Importan, sobre todo, la exposición a los métodos de análisis (matemáticas, estadística y econometría, computación y, en general, instrumentos cuantitativos) y el compromiso por la actitud científica, mucho más que otras apelaciones basadas en adscripciones (a favor o en contra) a determinadas escuelas de pensamiento (o de doctrinas políticas). No es solo cuanto aprenda o qué investigue, sino cómo lo haga. Y tenga en cuenta también que, a efectos de desarrollo de su futuro profesional como analista economico, no importa lo que piense u opine sobre una determinada cuestión, sino solo lo que sea capaz de demostrar (científicamente).

Dicho todo esto y para finalizar evitando conflictos de intereses, solo me queda confesar a qué escuela de pensamiento creo pertenecer (aunque ya lo he hecho en alguna otra ocasión). A efectos de abordar cuestiones económicas, soy un economista…de la especie “madridista”, en el pasado de la familia “Mourinhista”, luego mutado al “Zidanismo” y ahora con perspectivas de seguir evolucionando.